domingo, 23 de julio de 2017

20 aforismos de calima.

La propiedad ontológica de lo bello consiste en que siempre es real.

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La perfección del amor es su verdad.

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Toda conmoción en el poeta sucede con la aritmética profunda del silencio y la soledad. El poema no es consecuencia eventual de una vivencia.

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La poesía convierte lo incognoscible en territorio de la intuición luminosa.

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Como un acuífero subterráneo, invisible, permanente, fluctuante, la poesía desvive al poeta que llega a escuchar su paso bajo su cuerpo

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Cuanto más leo a los poetas del día, como decía Machado, más se hunde la lengua, la construcción ética...lo que queramos que sea Literatura.

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El alma de cada individuo es una mónada de música y plegaria. Está dentro y dicta lo que somos.

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A. Machado en <Los complementarios>: "Lo anecdótico, lo documental humano, no es poético por sí mismo". Machado, otro olvidó de este tiempo.

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Este día, con su lumbre escondida, es ya mito de un relato que debemos vivir y escribir.

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En el estertor del canto del pájaro en la madrugada suena un vaticinio de fábulas y contrapuntos.

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Nos esforzamos por disuadir el límite de lo que somos cuando somos precisamente el accidente del límite.

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El deseo de estar en nuestro ser es la palabra.

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Todo concepto es, a su vez, infinitos conceptos.

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Lo que menos, la falsedad, porque en ella las personas dejan el don de su origen en el suburbio de sus instintos.

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Nada puede tener un destino que no fuera su origen.

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Como todo ensueño contenía su amarga levedad.

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La expresión es natural al hombre; la creación literaria deviene de una consciencia distinta.

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Adjetivar el qué de la poesía es ya un silogismo.

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Suena Monteverdi al tiempo que la luz de la mañana órbita en los ojos. Por unos instantes se ha desvelado una verdad que no sé descifrarla.

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Hay quien encuentra, en poesía, el sendero y calla; quien no lo ve nunca y quien cree estar en él aun no habiéndolo transitado nunca.












domingo, 2 de julio de 2017

El ritmo celeste de Hölderlin y san Juan de la Cruz. La búsqueda infinita del interior.

SOBRE la mesa, apilados, tres libros: Hölderlin, san Juan de la Cruz y la Biblia. Trato de entender el paisaje que siluetea tras la ventana que da al Neckar. La paz de aquel cuarto era una ligazón inexpugnable con Naturaleza; algo parecido a la prisión del carmelita, oscuridad, recogimiento pero preñada de luz.  
Cuenta Wilhelm Waiblinger que al poeta alemán, le encantaba trabajar los huertos de la finca, le fascinaba realizar las faenas de la finca. Como si Hölderlin hubiera de encontrar en aquellas acciones cotidianas la cordura más preclara e irresistible. El testimonio de Bettina Von Arnim ofrece un episodio característico para entender qué era la vida y la poesía para el poeta: "Todo no es más que firmo; el destino del hombre es un solo ritmo celeste, como toda obra de arte es un ritmo único".  

Existen dos poemas que desarrollan esta idea en forma poética, a saber: "Vida más elevada" y "Humanidad más elevada". Podemos leer versos como el siguiente:

Otorgado en su interior es otorgado a los hombres el sentido
[...]

Por esto mismo, esgrimimos que una cuestión es el saber y otra el entendimiento, que una puede adquiriste con el esfuerzo y la lectura y que otra deviene de sí hacia nosotros, que una cuestión es resultado de la voluntad propia y que el entendimiento es el preclaro destino que se manifiesta en el individuo. En san Juan de la Cruz lo leemos así:

[...]
"Este saber no sabiendo
es de tan alto poder,
que los sabios arguyendo
jamás le pueden vencer;
que no llega su saber a no entender entendiendo,
toda ciencia trascendiendo".
[...]


Por último, en Proverbios (4: 18) podemos leer:

[...]
La senda de los justos es como la luz del alba
que va en aumento hasta llegar a pleno día
[...]
Porque son vida para los que las encuentran
y curación para toda carne.
[...]
Tantea bien el sendero de tus pies
y sean firmes todos tus caminos.

Hölderlin y el poeta carmelita son dos ejemplos de permanencia en el sendero, en el sendero propio de Rilke, en el trazado interior que nada turba porque está repleto de sentido único y razón, de luz y de firmezas. Como proverbios sigue uno leyendo y hallando el sentido en unos pocos libros, -doctos, como quería Quevedo-, en la búsqueda infinita del interior.


sábado, 1 de julio de 2017

Villarroel, y McCullers, fumo en la pipa de Jung.

AL PASO DE LA EDAD, enunciado de Quevedo, da unidad a los textos que se agavillan en este 2017, textos que siguen como una rueca al movimiento de un individuo que las mueve. Ha pasado una década desde que comencé a dar pábulo a este diario. Como un flujo sanguíneo incombustible, la lectura ha sido la nutritiva esencia de las palabras que hubieran querido llevar al diario y, claro está, de las que han quedado. porque un diario siempre encierra más silencios que bullicios. 
Me conformo con que estas páginas hayan sido, en algún momento de gratitud, una caja de resonancia de los textos que he ido leyendo, pues así entiendo el ejercicio literario, como una transformación contemporánea del escritor con los textos que ha leído. En ese trazado personal el lector contempla que existe un territorio permanente y unos márgenes de transformación. El tiempo del lector debe actualizar la permanente esencia de la literatura.  

Para ello, cada lector traza un itinerario de lecturas que no tiene establecido previamente sino que nace y emana de los propios libros y autores que va leyendo. Al cabo de unos años, el lector observa que el laberinto comienza a ensancharse pero que solo hay un puñado de textos oraculares y numinosos que vuelven a alumbrar allí donde no había luz ni paraje. Esos textos terminan por convertirse en la propia vida y la vida en un estuario inquieto y desasosegaste de la realidad y el deseo. 

Bien valieran estas palabras de mi admirado Diego de Torres Villarroel para aplicarlas a nuestro tiempo: "Anda tan perdido el idioma castellano, que ni en la pluma ni en los labios se encuentra". No estamos ante el prurito de un filólogo y amante de la palabra, sino de un lector del corpus de una obra en un idioma. Creo que las lecturas de las obras en nuestra lengua ofrecen un arsenal inmenso de referencias y vínculos a otras realidades literarias. Desde su origen, la prosa castellana, ahora española, ha tenido su raigambre en la literatura que otras culturas han traído a nuestra península y sería muy enriquecedor seguir esa ristra de referencias culturales y literarias en autores de nuestro tiempo. La música de la prosa española tiene en los autores hispanoamericanos una factura de mezcolanza sobresaliente y ellos fueron lectores de la tradición hispánica pero también de la nueva oleada de autores americanos, lectores del Popol Vuh y de Faulkner, del Lazarillo y de Hemingway.  

Todavía creemos que cuando uno escribe tres palabras en inglés en un texto poético, que cuando introducimos el vocablo "videojuego" o "código" o "inside" nuestro texto alcanza la altura de la modernidad. Pero, ¿han leído a Pound? Y, aún más, ¿han revisado el Diario de Colón, han pasado sus retinas por los textos de San Agustín, de Quevedo, de Borges? Autores que han ofrecido el magisterio de integrarse en su tiempo desde la permanencia y no de ser apocalípticos, como diría Umberto Eco, en su tiempo. 

En esto, como en todo, las pautas sociales establecen usos que embaucan a los escritores, a los ciudadanos que leen esporádicamente y que los que poseen el mercado editorial acentúan nada más que para vender y rentabilidad su inversión. Si uno dice que Carson McCullers o Alice Munro son la esencia de la prosa sublime, los autores no leídos acuden a copiar banalmente y sin creación a esas autoras para que puedan colocar su libro en una u otra editorial. Pero, ¿han leído el ensoñado mundo prosístico de Proust, han paseo la línea de sombra de Joseph Conrad, han sucumbido al total designio de Thomas Mann, han acudido, acaso por casualidad, a Cervantes?

Anotaciones, ideas, contratiempos que anoto en este cuaderno ora de vida ora de literatura que cumple una década exactamente en este mes de julio. Cuaderno que comenzó persiguiendo lo que Jung llamaba "el camino de lo venidero" con el que el espíritu trata de integrar el sentido y el contrasentido para alcanzar el suprasentido. En ello seguimos, por siempre, como ahora, viviendo lo no vivido.