martes, 17 de octubre de 2017

El ser del hombre es el ser del tiempo. Escribir sin leer es como vivir sin ser.

Comencé, hace un tiempo, a ir espigando las sentencias, los aforismos, las facecias, las ocurrencias, los breves textos que iban almendrando este trópico. Nunca había tenido la intención de hacer ese trabajo porque no tenía consciencia de que hubiera una suerte de veta creativa o estímulo hacía lo breve, pero por circunstancias que no vienen al caso, comencé a poner los ojos del entomólogo entre las páginas de este diario.

Considero que escribo en el diario de la manera más libre que encuentro, sin atender a géneros literarios preestablecidos, sin responder a las hormas encalcetadas de los géneros, que tanto amo, por cierto.
Tras una cata desde los comienzos de este diario, allá por el 2007, hace una década, encontré el reluciente fervor hacia la sentencia y el aforismo que, en ocasiones, trataba de acercarse la afán de la creación poética y que, en las más de las veces, ocupaba el sitio de la imposibilidad creativa de un poema. En resumidas cuentas, ante la falta de ingenio en la edificación poética, surgía el aforismo como el lugar de apariciones de la idea que se gestaba.
Así las cosas, J.R.J. me dejó un título que resume, así lo creo, la esencia de todos estos textos, Suprema moralidad, ya que el poeta onubense afirmaba: "Ser breve, en arte, es, ante todo, suprema moralidad. 

Aquel proyecto queda ahora en este Trópico como una vertiente más, Junto a las Cancioncillas y decires, y ahora el nonato Nocturnalia, voy espigando aquí y acullá y recopilando los textos breves de las composiciones más extensas. He aquí otro ramillete de distinta suerte y conmoción. 

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La valentía es un afluente de la voluntad. Querer ser es el recorrido del ser.

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Sigo pensando que el conocimiento profundo de la literatura es el que puede transmitirse como fuego que hiela; leer como sístole y diástole.

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Así en la vida como en la literatura. Igual que no hay sucedáneos en las lecturas tampoco en las amistades. Eres quienes te rodean.

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El canto rayano en la víscera, que debe ser bello y armónico, traslada un alud estético de verdad. Sigo meditando en el centro indudable.

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Todo es levedad pero la levedad no está en todo.

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En Cádiz, donde el cielo y el mar son unidad.

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Duermen. Comienzo a leer como si perteneciera s un conciliábulo secreto. Sí, lo es, la lectura como afrenta al silencio de la nada.
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El ser del hombre es el ser del tiempo.
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Quizás la poesía haya perdido el ímpetu lírico porque los individuos, los mortales han dejado de profundizar e ellos mismos.
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La consciencia diáfana arroja la geometría celeste a la palabra poética.
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Deseo y temblor, un mismo equilibrio sin aritméticas; fugaz y permanente, inconcebible. LLameante de helada. Solo tú, en ti, poesía.
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Los avances intelectuales en la sociedad se producen en el espíritu de un solo hombre; luego, se expande, como volcán, al resto.
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Leer es un hallazgo permanente del cristalino reflejo de nuestra fugacidad; la búsqueda, la transformación a la pluralidad que nos acoge.
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La libertad creativa en poesía no es más que el encuentro numinoso con el centro indudable.
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Escribir sin leer es como vivir sin ser.
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La poesía dirige al hombre desde la lengua hacia lenguaje, de su ecuación finita al tanteo con el conocimiento luminoso.
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En las obras de los siniestros va también la suciedad de espíritu y el gris de su condición. Tiemblo cada vez más. Toco las piedras.
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En poesía el qué se transfigura en en el cómo; y el cómo no es más que una forma del qué. Podría decirse lo mismo de Filosofía.
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Hoy eras roja, noche, expandida en el círculo de mis ojos, tañías una música secreta de figuras y símbolos. Hoy, tan eminente y fugitiva.
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La belleza conduce a la belleza, imantada de signos y símbolos, la poesía deviene en verdad si es bella su presencia.
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En cualquier texto de Quevedo o J.R.J, de Rilke o Eliot, de T.Mann o Proust es evidente la veneración a la literatura. Ahora todo es falacia
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Despertamos en el campo, los cuatro: el canto del pájaro, el sigilo del mar, la tierra sonora en zozobra de lentitud y el corazón palpitante
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«Vanitas vanitatis» o cuando el peso de tu levedad es más ancho y ajeno que el sonido de la permanencia.

martes, 3 de octubre de 2017

SI la literatura no existiera esta sociedad mo se molestaría en inventarla

"SI la literatura no existiera esta sociedad mo se molestaría en inventarla. Se inventarían lasa cátedras de literatura y las páginas de crítica de los periódicos y las editoriales y los cocktails literarios y las revistas de cultura y las becas de investigación, pero no la práctica arcaica, precaria, antieconómica que sostiene la estructura", añado yo, de la práctica literaria de leer y escribir.

Este pasaje pertenece a Prisión perpetua, libro del argentino Ricardo Piglia, uno de mis más admirados escritores. El pasaje lo tenía subrayado y anotado en la libreta desde hace, justamente, una década, pues la primera edición en Anagrama es de octubre de 2007. 
La había guardado co celo, para mostrarla justo cuando cayera en la consciencia, de lo que sucede a mi alrededor, de que la literatura, como tal, hubiera quedado relegada, aún más, a lo frugal y accesorio.

Es cierto, la podía haber revertido hace años, pero hoy me siento con una melancolía "negra", de tuétano y espanto. Por eso acudo a los libros y a sus páginas, a los subrayados de siempre, a los que terminan por reflejar la sombra de mí mismo. 

  




martes, 26 de septiembre de 2017

La estirpe de Orfeo.

DICE PESSOA, en sus Diarios (Gadir): "Soy un poeta impulsado por la filosofía, no un filósofo con cualidades poéticas". En esto, como en otras cuestiones, coincide con Antonio Machado. La poesía oscila el alma hacia lo invisible, "el alma del poeta se orienta hacia el misterio".  Toda vez que la poesía ha provocado el giro invisible del alma del poeta, este queda, ya en su vida toda, inducido por la visión diáfana de lo latente en la condición humana. 
Esta estirpe de poetas ya la marcó Dante, todo comienza en Virgilio. Por mi parte, lo sitúo todo en Orfeo. Esa inclinación humana en que la lengua comienza a aglutinar conocimientos que no son lingüísticos, esa intuición musical de acercamiento polifónico al mundo es lo que denomino "la estirpe de Orfeo".

Bécquer es órfico tanto como Hölderlin. En ese estadio de la creación las lenguas se diluyen en favor de la consciencia total, cósmica. 

Suena una música oculta en el tiempo de la lectura; convertir el corazón en el tañido uniforme de esa música es la existencia. 

domingo, 24 de septiembre de 2017

21 grafitis y alguna letra de reflexión. El canto de lo perdido y el rostro de lo siniestro.

¿QUÉ otra cosa es verdad en la vida que el desengaño precoz y su fugacidad? De Rilke sobreviene la manía de estar solo, pero en una soledad nutricia y estacionaria que respira solo cuando comienzo a escribir. Como un individuo transformado, la vida se inocula, ella misma, en el discurso de lo literario. El cedazo de la vida que diluye sus límites es la ficción, pues la poesía es el grado máximo de ficción al que aspira el poeta.

El tejido de los días se va ensamblando a fuerza de desengaños. Acontecimientos que nos llevan al enfado, ni al odio, ni a la iracundia, antes al contrario, hacia una paz perpetua por el hecho de haber tomado posesión y distancia de lo que no convienen vivir.  

La amistad, el concepto, con Montaigne, reside en la más alta estima para uno; ella es la que revierte el espíritu individual en polifonía, la que principia en el silencio unívoco de un solo hombre los ecos imposibles para la vida. La amistad, con el amor, son condiciones de nuestra especie y ello palpita en el tuétano visible de nuestros días.

¿Qué otra cosa es verdad...?Comenzaba con unos versos de Quevedo que apuntan realmente hacia la meditación cotidiana que estos meses me sacude. El desengaño y la constatación de que es difícil encontrar a un hombre puro, perspicaz y entregado. Nos queda y aún más refulgente, la lectura, leer como sístole y diástole, vivir la piel de nuestra familia, disfrutar con el sentido primero de las cosas.
Ese sentido no existe, es tan solo el ensueño y el deseo de que exista.

En ese itinerario de vida prosigue uno: escribiendo, leyendo, amando a verdad llena. Poco más cabe y poco más interesa. El fracaso literario del que habla Ribeyro es un espejismo que refleja a un hombre solo tratando de hacer la humanidad. Será siempre un fracaso escribir, construir y edificar un texto literario que se encamine a dicha aspiración. Deberíamos cambiar el sentido de lo que entendemos por fracaso para revertirlo en oportunidad de verdad.

El movimiento es conocido: llega uno a la hartura de vanidades, a la desesperación de los ególatras, a la mísera constatación de que en literatura, en este país, todo se lleva hacia el convenio propio. Lo más doloroso está en el degradante manejo que hacen de la literatura. Para ellos, los autores son la literatura, sus obras son la literatura, aun a sabiendas de que no llegaron ni a las orillas de las misma.

Me escribía un compañero hace unos días y me preguntaba por mis ausencias en ciertos lugares en que esperaba que estuviera. "Nada me interesa ya", le dije sonriendo, "y cuando digo nada lo hago en efecto, no de boquilla". Terminé a lo argentino y a carcajadas con él: "Vos me conocés", dije sonriente. 
Si hay algo que me levanta sospechas en el espíritu me aporto sin más miramientos; no creo en la convivencia y contumacia con lo siniestro y malévolo, mucho menos en literatura, que es donde abundan. Dejémosle ir, como decía Borges, al canto de lo perdido.

Y de esta forma, con la credencial de la propia fidelidad, va sumando uno días y desengaños que fortalecen. El mundo se forja en nuestra consciencia en la relación que existe entre lo que decimos y hacemos, hasta que caemos en la cuenta de que decir es una acción palpable tanto o más que la acción supuestamente física. Decir y manifestar y expresar desde la voluntad limpia es la mayor acción del espíritu y del hombre; deshacerlo posteriormente en hechos y renuncias dibuja el rostro de lo siniestro.

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Traer lo humano a tu tiempo eso es la poesía.
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La noche, como vestal, es diáfana en el suceso de su piel. Como una cítara antigua, el sonido de la noche penetra y transforma.
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La belleza y el amor no llegaron a mis ojos sino con mis hijos. Con ellos la transformación del individuo en río de sangre y humildad.
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Ribeyro, el escritor peruano, lo llamaba "la tentación del fracaso"; escribir es una tentativa consciente hacia el fracaso absoluto siempre.
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Somos una extrañeza para el tiempo.
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Se transmite una experiencia falsa si no se vive la lectura, se comunica una profundidad vacía si no se ha recorrido la esencial Literatura.
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Huyo de los que anteponen lo que Lipovetsky llama "la era del vacío" a la propia lectura.
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Las leyes de la contemplación son distintas a las de la acción. Entre unas y otras está nuestra posición ética y estética en el mundo.
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Todavía resuena en la memoria fugitiva la leve morada de la noche. Sueño y vida, sucesión y confín.
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Recelo del texto que no es meditación de la lengua y el hombre; desdeño las "romanzas" de los que se creen modernos. Falsos e impostores.
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No es razón el decir de la mañana, solo creencia.
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Todo es reencuentro y ensoñación aunque creas que diriges el destino. El único pálpito que nos orienta es la verdad del corazón.
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El camino en que Dante sitúa al personaje en su Commedia es la propia oscuridad de nuestros pasos. Y un guía: belleza, humildad, verdad.
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Como acto de la lengua la poesía es acto del pensamiento.
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No es poeta quien quiere, tampoco quien envidia serlo. Es poeta el que posee el corazón limpio y la inteligencia de la palabra.
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Aprendí a decir la verdad a los ojos para comprobar el reflejo verdadero del amor en mi corazón. La falsedad es opaca y siniestra.
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Leer es el artificio más cercano a la naturalidad del hombre. Sus cualidades son las propias del ser humano.
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A la tarde, Montaigne y Cervantes; por la noche, Heidegger y, antes de despertar, unos versos de Muñoz Rojas. Leer para vivir sin mí.
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La libertad, en la creación literaria, no es una condición, es la naturalidad estética que trasluce la ética.
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El trémulo frágil del pájaro en el árbol, la víspera insólita de la mañana a La Luz, la vida sucediendo en el cristal ahumado de la memoria.
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martes, 5 de septiembre de 2017

Origen y destino.

Pisas la tierra justa
para llevar tu vida
hacia la nada;
y una herida, el tiempo,
levanta tu reflejo
hacia la luz que acoge

tu origen y destino. 

viernes, 25 de agosto de 2017

Agrafía y traición; si hay amor habrá encuentro.

YA de madrugada, cuando aún estoy revisando la edición del próximo libro, todo comienza a adquirir una quietud y una parsimonia que se apoderan de mí y me detienen en el proceso de escritura. Puede decirse que fue como si la agrafía misma se hubiera asomado a la noche, junto a mí, para mostrarme sus secretos. 

Estaba en ese momento culminando la corrección del libro con una paciencia flamenca, casi de orfebrería. Palabra a palabra, enunciado a enunciado, nunca antes había tenido este precisión cuando un puñado de palabras y textos irán a la estampa y a la sociedad y dejarán de ser lo que pensaba que eran. Pero sobrevino esa consciencia de fatalidad, de ausencia en uno mismo. Era como si uno mismo dejara de ser ya personaje y trama de su vida, como si alguien hubiera decidido que no se vivía más que con el cuerpo solitario, con la carne latente, pero sin la consciencia de estar en el mundo.

Esa misma tarde habíamos hablado con los amigos sobre la alta traición y, en esa conversación, había manifestado cómo prefiero la cuchillada directa en el costado, la cuchillada de sangre a la espalda, la cuchillada de César en la desesperanza de una escalinata que la silenciosa y baja traición de susurro. Los compañeros se reían y defendían que la de cuchillo duele más y que la otra, en ocasiones, no llega a nuestros oídos. En efecto, me sobrevino, como una cuchillada, la paz interna que me dictaba dejar de escribir absolutamente, ocupar la mudez y leer.

Decían los amigos que la historia de la traición y de las cuchilladas fascinaba a Borges y que muchos relatos están sustentados en esa dicotomía de la dignidad, tanto del que traiciona como del que es traicionado. ¿Qué haces si adviertes la traición, cómo reaccionas, traicionando?", me decían. Yo seguía defendiendo la traición a cuchillo y decía que hay asuntos que el hombre, a la postre, soluciona con los puños, como un boxeador, con los puños de la consciencia, de mantenerse en su actitud y en su criterio, de mostrar que, aun a riesgo de estar equivocado, era verdadera su postura.


F. M. me decía que la impostura es una maldad del siglo XXI y que la mayoría de individuos, tanto en el trabajo como en su ocio, se entregaban en cuerpo y alma al mejor postor, sin importarles lo que habían dicho de ellos, ahora sus reyes admirados, ni de aquellos. Le decía a F.M. mientras miraba a J. , que había comprobado demasiadas veces cómo alguien degradaba a otro individuo cuando ahora corre a sus brazos, que había atestiguado cómo se manifiesta una postura ética cuando ahora se hace justamente lo contrario. "¿Dónde está la integridad, la consciencia, la llamada ética del ser de uno?", le decía yo a los compañeros. J., con seriedad, afirmaba, "quizás eso que dices sea una causa de la falta de literatura en estos tiempos", hay que ser "nadie" para poder decir algo singular, espeté de pronto.

"Importa solo la falsa sensación de estar ensanchando la vanidad. ¿Cuántas veces alguien no ha dicho de X que es un farsante, un lelo, un impuro, un patán y, pasado el tiempo, se ha convertido en su amigo, compañero, dador de vanidad?", me impelía V. con estas sentencias encerradas en preguntas. Y, cómo no, llevado todo esto al campo artístico, al literario, la cuestión se dispara. 

Tras el silencio que todos defendimos en ese punto, F.M. dijo, con la voz queda, "¿qué difiere publicar un libro en una editorial a publicártelo tú mismo? ¿Para qué publicar en tiempos de penuria? ¿Si nos dan una sala para realizar una exposición de pinturas qué diferencia habría con la de exponer en una galería de arte? ¿La cantidad de individuos que lo leerán, los que irán a ver tus pinturas? ¿Es ese número el que otorga verdad a la obra, calidad estética a lo creado?" y seguía, como si fuera un rosario de reflexiones encadenadas, "cada cual que mantenga su consciencia limpia e inmaculada cuando habla de literatura, escriba o lea, pero sobre todo cuando escribe y además lo lleva a la sociedad".


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El tiempo de lo venidero no me deja recordarte.

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La música es el único y diáfano algoritmo del alma que lo concilia con el cosmos.

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Porque no puedas ver en tu espíritu la unidad no pienses que no existe ni la unidad ni el espíritu.

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Están los que dicen y enjuician y los que callan y alumbran sin más. De los segundos trato de ser acólito, cada vez hay más siniestros.

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El poeta no depende del juicio de sus contemporáneos pues la poesía no es contemporánea a ninguna vida de ningún hombre.

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Perdí la mirada que ahora tiene mi hijo pero trato de advertir en la suya la memoria que fui. F. me reconstituye y me devuelve al origen.

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La duda de Bergson, la confusión de San Juan, la paradoja de Parménides, pero siempre el corazón cristalino y diáfano a quien uno admire.

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Todos los hombres valen como hombres, todos guardan la virtud de la pluralidad y en ella refulge nuestra condición. La danza de la realidad.

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La pureza de los actos se agranda si se corresponde con la virtud de las palabras que la preceden.

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En «Confesión» Tolstói dice que la vanidad es la señal del ser derruido: entregado a sí, que cree tener la verdad, sin amigos de luz.

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La lámpara del cuerpo es el ojo, decía San Mateo, por eso hay que mirar con la límpida humildad del que desea la verdad y el amor.

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El juicio al ser querido no puede estar sujeto a la apariencia, ni al leve reflejo de lo que ven los ojos. Si hay amor habrá encuentro.

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Tolstói, en "Confesión", cuatro formas de estar en la vida: la ignorancia, el epicureísmo, la fuerza, la debilidad.Conversión a lo plural

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Busca el origen en el lenguaje de lo invisible, que ya no es lenguaje sino aritmética azul y sentencia del tiempo.

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Como decía Hölderlin y recuperó Heidegger más tarde: "¿Para qué poetas en tiempos de penuria?". Porque estos tiempos son de penuria.

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El silencio acontece cuando la voz prístina de nuestro ser se funde en el acontecido morir hasta el infinito.


miércoles, 16 de agosto de 2017

Toda vida no será más que su relato. 5 aforismos.

EL RIGOR del silencio es arteria central.
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Todo está en ti y nada eres al mismo tiempo.
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La poesía es una gravedad que irrumpe en la recoleta morada del ser del mortal. 
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TODA vida no será más que su relato. 
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El silencio acontece cuando la voz prístina de nuestro ser se funde en el acontecido morir hasta el infinito.   
(2008)

viernes, 11 de agosto de 2017

Sentencias y donaires con Vicente Aleixandre

LA poesía traslada el corazón a la lengua.

La lengua es un violín dulce que suena a cedro perpetuo.

El cedro es perpetuo por el romance de la noche y el talle del arpa.

El arpa escondida y remota desliza la gravedad del círculo a la vida.

La vida es unidad en ella, destrucción y amor, espada y fin.

jueves, 10 de agosto de 2017

Confesión de Tolstói, todo lo importante está fuera de mí, fuera de lo pienso que soy.

BUSCABA mi estimado Lev la verdad del campesino para conseguir entender cómo refulge lo sagrado en cada realidad, a cada paso de la vida. Y leo Confesión, poseído, como decía el doctor Samuel Jhonson, "cansinamente", me entrego al texto. Al término de cada página me asomo a la ventana para contemplar la tierra, en este caso, el mar que me acompaña desde la infancia. Y miro a los hombres como acontecimientos únicos y singulares; escucho a los que hablan en el surco del tiempo, ya en el lado etéreo de la vida. Leer es conversar y la conversación silenciosa conduce a la búsqueda.

En ese territorio me hallo a solas, leyendo, escribiendo, contemplando la verdad que refleja lo sagrado, pero intento desgajar de mi razonamiento todo lo razonable, trato de alejar de mí lo que pensamos que es verdad y ciencia: "En mi búsqueda de respuestas a la cuestión de la vida, experimentaba el mismo sentimiento que el hombre que se ha perdido en un bosque".

En un bosque, un sendero, la inmensidad del mar las certezas científicas y lo que pretendemos establecer como razón única se desvanecen. Mientras tanto Tolstói se vale de algunos textos de Shopenhauer, de Sócrates, de Salomón y de la sabiduría india. Al citarlos él los estoy leyendo yo en un ejercicio cervantino de lectura. Leo con deleite pues esta lectura va desmontando los anclajes de antaño y me renueva y reconcilia con lo que trato de entender.

Todo es vanidad, me digo, todo vanidad. Engañarse a uno mismo no tiene sentido, antes al contrario, de este modo se alimenta la vanidad, la estulticia individual más cegadora. Amo la condición humana, pero no a mí; adoro el momento estelar de la vida, pero no mi vida; todo lo importante está fuera de mí, fuera de lo pienso que soy.


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Piensa, el que se aleja del centro indudable en poesía, que otros los que se apartan; como el mar, todo es transformación y permanencia.

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La armonía de vida para el poeta reside en su raíz primera e invisible, el origen al que acude siempre que vive, siempre que escribe.

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Los ojos del poeta contemplan siempre un vacío lleno de ideas.

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[...]
He perseguido el rastro de tu fuego en la noche el fulgor de tu mano con el sueño del fauno, el temblor de tu cuerpo sobre el campo tendido
[...]




sábado, 5 de agosto de 2017

Este día, con su lumbre escondida, es ya mito de un relato que debemos vivir y escribir.Rulfo, Machado, Góngora y Proust.

LOS OJOS del poeta contemplan siempre un vacío lleno de ideas.

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[...]
He perseguido el rastro de tu fuego en la noche el fulgor de tu mano con el sueño del fauno, el temblor de tu cuerpo sobre el campo tendido.
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[...] Montmartre: el cementerio, Lapin Agile danzando la noche con los cuerpos entornados, el sí de las camelias [...]

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Uno lee en Juan Rulfo: "sienten la tatema del sol"; y la realidad se trastoca, se tatema para siempre en la memoria del estío sucesivo.

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Polifemo, Góngora: Odisea, Teócrito, Ovidio, Pontano, Marino, Stigliani, <imitatio (y) emulatio>, ¿Dónde las fuentes de ahora?

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Los aforismos del día bien pudieran llamarse, a lo Azorín, ilusiones y sentencias de un pequeño filósofo.

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Toda conmoción en el poeta sucede con la aritmética profunda del silencio y la soledad. El poema no es consecuencia eventual de una vivencia
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La poesía convierte lo incognoscible en territorio de la intuición luminosa.

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Como un acuífero subterráneo, invisible, permanente, fluctuante, la poesía desvive al poeta que llega a escuchar su paso bajo su cuerpo

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Cuanto más leo a los poetas del día, como decía Machado, más se hunde la lengua, la construcción ética...lo que queramos que sea Literatura.


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[...] Trae la noche el solsticio de tu cuerpo de salmo y de pronto una luz sucede ante tus ojos como canto torcal hundido en mansedumbre [...]

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El alma de cada individuo es una mónada de música y plegaria. Está dentro y dicta lo que somos.

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A. Machado en <Los complementarios>: "Lo anecdótico, lo documental humano, no es poético por sí mismo". Machado, otro olvidó de este tiempo.

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El episodio proustiano de todos los veranos. Asfixia, madrugada, leer en el voraz recogimiento de la noche.
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Este día, con su lumbre escondida, es ya mito de un relato que debemos vivir y escribir.

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En el estertor del canto del pájaro en la madrugada suena un vaticinio de fábulas y contrapuntos.

sábado, 29 de julio de 2017

Teología y álgebra en el pentagrama. Aforismos (2007). El ritmo en la poesía es una forma de hacer presente el tiempo.

ME he dado cuenta que dentro de un diario se convocan todos los géneros literarios. En mi caso, excepto el dramático, pero eso también tendría muchos matices, ya que no pocas veces el monólogo aparece emboscado en forma de reflexión o pensamiento. Diríamos que, formalmente, el diario está formado por retales narrativos, aforísticos e, incluso, líricos, cuando uno no encuentra su voz su palabra, su decir fluctuante y solo acude al verso o, en mejor decir, al intento de escribir algo parecido a un poema. 
Así las cosas, ya que han pasado una década continuada de escritura, sin desmayo, con casi tres mil textos que forman el río subyacente de este Trópico, encuentra uno sorpresas que se habían ido excluyendo de la memoria; una de ellas es la creación continúa de aforismos o, en muchos casos, sentencias que apetecen arrinconadas, desperdigadas o en piélagos desaparecidos por el arrastre de la marea narrativa. Así, como un espeleólogo voy reuniéndolos, agavillados solo por el tema o el día de creación, en este verano, en una suerte de corriente alterna al año de 2017 titulado "Al paso de la edad". 

En estos tiempos, en que las modas nivelan los mercados literarios, han surgido de nuevo los aforismos. Hay quien ve en ellos un trabajo menor del intelecto, pero siempre recuerdo cuándo aprendí el valor y la altura de un aforismo y de una sentencia: con Nietzsche. Fue el primer libro que leí de Nietzsche, una recopilación de aforismos, en una edición seleccionada por Andrés Sánchez Pascual en edhasa. Corría el año 2000, por lo tanto, diecisiete años del primer acercamiento serio al género. Después llegaron en tropel Séneca, Epicteto, Marco Aurelio, Diego de Torres Villaroel, Stravinsky, etc. Pero el que me llevó a la consciencia plena de esta creación fue el filósofo alemán. Recuerdo que, tras leer el libro de aforismos, sobre todo los relacionados con la música, leí El nacimiento de la tragedia, libro que mantengo en la memoria como uno de los más luminosos y preclaros del autor alemán. No todo de él me agrada, pero el inicio apegado al mundo clásico sí me fascina. Incluso Gómez De la Serna y poetas como Oliverio Girondo o el propio Borges revolvieron las reflexiones sobre el acontecer aforístico pasados los años. No digamos más sobre la Biblia o el propio Don Juan Manuel o la tradición de los libros orientales que entran gracias a Alfonso X, todos ellos como el Calila e Dimna, Bocados de oro o el propio Quijote, que macera el refranero popular con la sentencia de altura. 
Todo esto venía a cuento de que leyendo lo que había escrito en julio de 2007 he ido encontrando tanteos con el género y acercamientos que habían llegado gracias a unas lecturas solventes con el género y cuando no existía el aluvión actual y las modas de paso. 
A veces, la brevedad es certera andanza. Otras tantas, insoportable necedad. Sólo quien imprime a su discurso una conjetura sintáctica engolada en el pensamiento puede recoger ciertos frutos. El fructífero decir de la paciencia, de las encinas meditabundas.

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El poema, si es prodigio, se asemeja a la música y a la idea. Si tentativa, se desvanece sin más ni más.

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Llueve. La naturaleza se despoja de sus acuíferos.
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Todo lo que podamos nombrar no existe. Sólo lo innombrable es lo esencial.
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El poema debe aspirar al silencio que antecede al silencio, eso es todo.
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El ritmo en la poesía es una forma de hacer presente el tiempo.
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Es un ir hacia algo, un desvanecerse de la realidad hacia no se sabe dónde.
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El poema grandioso es el que transforma su ritmo en el ritmo especular del ser del lector.
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Es posible que el ritmo sea anterior a la palabra. Acaso su sustento y su anclaje al mundo.

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La poesía es el género de lo cristalino.
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La música es un fragmento de nuestro origen y por ello es irreconocible. Solo nos cabe el regocijo.
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Si la composición musical debe erigir un templo en el oído, la poética debe ser su habitante.
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La vida es una imposibilidad desde su esencia.
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Estas palabras provienen de tu ausencia.

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Todo el día mortal, pero trayendo a la memoria la vida de Montaigne.
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Hoy he dejado de ser y he sido más yo que nunca.
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Variaciones de un tema sin fin, la vida.
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No confundamos la eternidad con agotar el mundo de lo posible.
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Asistimos a la vida para algo más que a la muerte.
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Las más de las veces la virtud está en la renuncia.
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Si la música ha sido siempre una mágica combinación de teología y álgebra, la palabra es solo pentagrama.

(Trópico de la Mancha, 2007-8)