martes, 5 de septiembre de 2017

Origen y destino.

Pisas la tierra justa
para llevar tu vida
hacia la nada;
y una herida, el tiempo,
levanta tu reflejo
hacia la luz que acoge

tu origen y destino. 

viernes, 25 de agosto de 2017

Agrafía y traición; si hay amor habrá encuentro.

YA de madrugada, cuando aún estoy revisando la edición del próximo libro, todo comienza a adquirir una quietud y una parsimonia que se apoderan de mí y me detienen en el proceso de escritura. Puede decirse que fue como si la agrafía misma se hubiera asomado a la noche, junto a mí, para mostrarme sus secretos. 

Estaba en ese momento culminando la corrección del libro con una paciencia flamenca, casi de orfebrería. Palabra a palabra, enunciado a enunciado, nunca antes había tenido este precisión cuando un puñado de palabras y textos irán a la estampa y a la sociedad y dejarán de ser lo que pensaba que eran. Pero sobrevino esa consciencia de fatalidad, de ausencia en uno mismo. Era como si uno mismo dejara de ser ya personaje y trama de su vida, como si alguien hubiera decidido que no se vivía más que con el cuerpo solitario, con la carne latente, pero sin la consciencia de estar en el mundo.

Esa misma tarde habíamos hablado con los amigos sobre la alta traición y, en esa conversación, había manifestado cómo prefiero la cuchillada directa en el costado, la cuchillada de sangre a la espalda, la cuchillada de César en la desesperanza de una escalinata que la silenciosa y baja traición de susurro. Los compañeros se reían y defendían que la de cuchillo duele más y que la otra, en ocasiones, no llega a nuestros oídos. En efecto, me sobrevino, como una cuchillada, la paz interna que me dictaba dejar de escribir absolutamente, ocupar la mudez y leer.

Decían los amigos que la historia de la traición y de las cuchilladas fascinaba a Borges y que muchos relatos están sustentados en esa dicotomía de la dignidad, tanto del que traiciona como del que es traicionado. ¿Qué haces si adviertes la traición, cómo reaccionas, traicionando?", me decían. Yo seguía defendiendo la traición a cuchillo y decía que hay asuntos que el hombre, a la postre, soluciona con los puños, como un boxeador, con los puños de la consciencia, de mantenerse en su actitud y en su criterio, de mostrar que, aun a riesgo de estar equivocado, era verdadera su postura.


F. M. me decía que la impostura es una maldad del siglo XXI y que la mayoría de individuos, tanto en el trabajo como en su ocio, se entregaban en cuerpo y alma al mejor postor, sin importarles lo que habían dicho de ellos, ahora sus reyes admirados, ni de aquellos. Le decía a F.M. mientras miraba a J. , que había comprobado demasiadas veces cómo alguien degradaba a otro individuo cuando ahora corre a sus brazos, que había atestiguado cómo se manifiesta una postura ética cuando ahora se hace justamente lo contrario. "¿Dónde está la integridad, la consciencia, la llamada ética del ser de uno?", le decía yo a los compañeros. J., con seriedad, afirmaba, "quizás eso que dices sea una causa de la falta de literatura en estos tiempos", hay que ser "nadie" para poder decir algo singular, espeté de pronto.

"Importa solo la falsa sensación de estar ensanchando la vanidad. ¿Cuántas veces alguien no ha dicho de X que es un farsante, un lelo, un impuro, un patán y, pasado el tiempo, se ha convertido en su amigo, compañero, dador de vanidad?", me impelía V. con estas sentencias encerradas en preguntas. Y, cómo no, llevado todo esto al campo artístico, al literario, la cuestión se dispara. 

Tras el silencio que todos defendimos en ese punto, F.M. dijo, con la voz queda, "¿qué difiere publicar un libro en una editorial a publicártelo tú mismo? ¿Para qué publicar en tiempos de penuria? ¿Si nos dan una sala para realizar una exposición de pinturas qué diferencia habría con la de exponer en una galería de arte? ¿La cantidad de individuos que lo leerán, los que irán a ver tus pinturas? ¿Es ese número el que otorga verdad a la obra, calidad estética a lo creado?" y seguía, como si fuera un rosario de reflexiones encadenadas, "cada cual que mantenga su consciencia limpia e inmaculada cuando habla de literatura, escriba o lea, pero sobre todo cuando escribe y además lo lleva a la sociedad".


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El tiempo de lo venidero no me deja recordarte.

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La música es el único y diáfano algoritmo del alma que lo concilia con el cosmos.

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Porque no puedas ver en tu espíritu la unidad no pienses que no existe ni la unidad ni el espíritu.

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Están los que dicen y enjuician y los que callan y alumbran sin más. De los segundos trato de ser acólito, cada vez hay más siniestros.

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El poeta no depende del juicio de sus contemporáneos pues la poesía no es contemporánea a ninguna vida de ningún hombre.

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Perdí la mirada que ahora tiene mi hijo pero trato de advertir en la suya la memoria que fui. F. me reconstituye y me devuelve al origen.

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La duda de Bergson, la confusión de San Juan, la paradoja de Parménides, pero siempre el corazón cristalino y diáfano a quien uno admire.

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Todos los hombres valen como hombres, todos guardan la virtud de la pluralidad y en ella refulge nuestra condición. La danza de la realidad.

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La pureza de los actos se agranda si se corresponde con la virtud de las palabras que la preceden.

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En «Confesión» Tolstói dice que la vanidad es la señal del ser derruido: entregado a sí, que cree tener la verdad, sin amigos de luz.

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La lámpara del cuerpo es el ojo, decía San Mateo, por eso hay que mirar con la límpida humildad del que desea la verdad y el amor.

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El juicio al ser querido no puede estar sujeto a la apariencia, ni al leve reflejo de lo que ven los ojos. Si hay amor habrá encuentro.

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Tolstói, en "Confesión", cuatro formas de estar en la vida: la ignorancia, el epicureísmo, la fuerza, la debilidad.Conversión a lo plural

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Busca el origen en el lenguaje de lo invisible, que ya no es lenguaje sino aritmética azul y sentencia del tiempo.

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Como decía Hölderlin y recuperó Heidegger más tarde: "¿Para qué poetas en tiempos de penuria?". Porque estos tiempos son de penuria.

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El silencio acontece cuando la voz prístina de nuestro ser se funde en el acontecido morir hasta el infinito.


miércoles, 16 de agosto de 2017

Toda vida no será más que su relato. 5 aforismos.

EL RIGOR del silencio es arteria central.
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Todo está en ti y nada eres al mismo tiempo.
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La poesía es una gravedad que irrumpe en la recoleta morada del ser del mortal. 
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TODA vida no será más que su relato. 
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El silencio acontece cuando la voz prístina de nuestro ser se funde en el acontecido morir hasta el infinito.   
(2008)

viernes, 11 de agosto de 2017

Sentencias y donaires con Vicente Aleixandre

LA poesía traslada el corazón a la lengua.

La lengua es un violín dulce que suena a cedro perpetuo.

El cedro es perpetuo por el romance de la noche y el talle del arpa.

El arpa escondida y remota desliza la gravedad del círculo a la vida.

La vida es unidad en ella, destrucción y amor, espada y fin.

jueves, 10 de agosto de 2017

Confesión de Tolstói, todo lo importante está fuera de mí, fuera de lo pienso que soy.

BUSCABA mi estimado Lev la verdad del campesino para conseguir entender cómo refulge lo sagrado en cada realidad, a cada paso de la vida. Y leo Confesión, poseído, como decía el doctor Samuel Jhonson, "cansinamente", me entrego al texto. Al término de cada página me asomo a la ventana para contemplar la tierra, en este caso, el mar que me acompaña desde la infancia. Y miro a los hombres como acontecimientos únicos y singulares; escucho a los que hablan en el surco del tiempo, ya en el lado etéreo de la vida. Leer es conversar y la conversación silenciosa conduce a la búsqueda.

En ese territorio me hallo a solas, leyendo, escribiendo, contemplando la verdad que refleja lo sagrado, pero intento desgajar de mi razonamiento todo lo razonable, trato de alejar de mí lo que pensamos que es verdad y ciencia: "En mi búsqueda de respuestas a la cuestión de la vida, experimentaba el mismo sentimiento que el hombre que se ha perdido en un bosque".

En un bosque, un sendero, la inmensidad del mar las certezas científicas y lo que pretendemos establecer como razón única se desvanecen. Mientras tanto Tolstói se vale de algunos textos de Shopenhauer, de Sócrates, de Salomón y de la sabiduría india. Al citarlos él los estoy leyendo yo en un ejercicio cervantino de lectura. Leo con deleite pues esta lectura va desmontando los anclajes de antaño y me renueva y reconcilia con lo que trato de entender.

Todo es vanidad, me digo, todo vanidad. Engañarse a uno mismo no tiene sentido, antes al contrario, de este modo se alimenta la vanidad, la estulticia individual más cegadora. Amo la condición humana, pero no a mí; adoro el momento estelar de la vida, pero no mi vida; todo lo importante está fuera de mí, fuera de lo pienso que soy.


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Piensa, el que se aleja del centro indudable en poesía, que otros los que se apartan; como el mar, todo es transformación y permanencia.

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La armonía de vida para el poeta reside en su raíz primera e invisible, el origen al que acude siempre que vive, siempre que escribe.

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Los ojos del poeta contemplan siempre un vacío lleno de ideas.

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He perseguido el rastro de tu fuego en la noche el fulgor de tu mano con el sueño del fauno, el temblor de tu cuerpo sobre el campo tendido
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sábado, 5 de agosto de 2017

Este día, con su lumbre escondida, es ya mito de un relato que debemos vivir y escribir.Rulfo, Machado, Góngora y Proust.

LOS OJOS del poeta contemplan siempre un vacío lleno de ideas.

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He perseguido el rastro de tu fuego en la noche el fulgor de tu mano con el sueño del fauno, el temblor de tu cuerpo sobre el campo tendido.
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[...] Montmartre: el cementerio, Lapin Agile danzando la noche con los cuerpos entornados, el sí de las camelias [...]

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Uno lee en Juan Rulfo: "sienten la tatema del sol"; y la realidad se trastoca, se tatema para siempre en la memoria del estío sucesivo.

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Polifemo, Góngora: Odisea, Teócrito, Ovidio, Pontano, Marino, Stigliani, <imitatio (y) emulatio>, ¿Dónde las fuentes de ahora?

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Los aforismos del día bien pudieran llamarse, a lo Azorín, ilusiones y sentencias de un pequeño filósofo.

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Toda conmoción en el poeta sucede con la aritmética profunda del silencio y la soledad. El poema no es consecuencia eventual de una vivencia
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La poesía convierte lo incognoscible en territorio de la intuición luminosa.

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Como un acuífero subterráneo, invisible, permanente, fluctuante, la poesía desvive al poeta que llega a escuchar su paso bajo su cuerpo

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Cuanto más leo a los poetas del día, como decía Machado, más se hunde la lengua, la construcción ética...lo que queramos que sea Literatura.


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[...] Trae la noche el solsticio de tu cuerpo de salmo y de pronto una luz sucede ante tus ojos como canto torcal hundido en mansedumbre [...]

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El alma de cada individuo es una mónada de música y plegaria. Está dentro y dicta lo que somos.

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A. Machado en <Los complementarios>: "Lo anecdótico, lo documental humano, no es poético por sí mismo". Machado, otro olvidó de este tiempo.

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El episodio proustiano de todos los veranos. Asfixia, madrugada, leer en el voraz recogimiento de la noche.
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Este día, con su lumbre escondida, es ya mito de un relato que debemos vivir y escribir.

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En el estertor del canto del pájaro en la madrugada suena un vaticinio de fábulas y contrapuntos.

sábado, 29 de julio de 2017

Teología y álgebra en el pentagrama. Aforismos (2007). El ritmo en la poesía es una forma de hacer presente el tiempo.

ME he dado cuenta que dentro de un diario se convocan todos los géneros literarios. En mi caso, excepto el dramático, pero eso también tendría muchos matices, ya que no pocas veces el monólogo aparece emboscado en forma de reflexión o pensamiento. Diríamos que, formalmente, el diario está formado por retales narrativos, aforísticos e, incluso, líricos, cuando uno no encuentra su voz su palabra, su decir fluctuante y solo acude al verso o, en mejor decir, al intento de escribir algo parecido a un poema. 
Así las cosas, ya que han pasado una década continuada de escritura, sin desmayo, con casi tres mil textos que forman el río subyacente de este Trópico, encuentra uno sorpresas que se habían ido excluyendo de la memoria; una de ellas es la creación continúa de aforismos o, en muchos casos, sentencias que apetecen arrinconadas, desperdigadas o en piélagos desaparecidos por el arrastre de la marea narrativa. Así, como un espeleólogo voy reuniéndolos, agavillados solo por el tema o el día de creación, en este verano, en una suerte de corriente alterna al año de 2017 titulado "Al paso de la edad". 

En estos tiempos, en que las modas nivelan los mercados literarios, han surgido de nuevo los aforismos. Hay quien ve en ellos un trabajo menor del intelecto, pero siempre recuerdo cuándo aprendí el valor y la altura de un aforismo y de una sentencia: con Nietzsche. Fue el primer libro que leí de Nietzsche, una recopilación de aforismos, en una edición seleccionada por Andrés Sánchez Pascual en edhasa. Corría el año 2000, por lo tanto, diecisiete años del primer acercamiento serio al género. Después llegaron en tropel Séneca, Epicteto, Marco Aurelio, Diego de Torres Villaroel, Stravinsky, etc. Pero el que me llevó a la consciencia plena de esta creación fue el filósofo alemán. Recuerdo que, tras leer el libro de aforismos, sobre todo los relacionados con la música, leí El nacimiento de la tragedia, libro que mantengo en la memoria como uno de los más luminosos y preclaros del autor alemán. No todo de él me agrada, pero el inicio apegado al mundo clásico sí me fascina. Incluso Gómez De la Serna y poetas como Oliverio Girondo o el propio Borges revolvieron las reflexiones sobre el acontecer aforístico pasados los años. No digamos más sobre la Biblia o el propio Don Juan Manuel o la tradición de los libros orientales que entran gracias a Alfonso X, todos ellos como el Calila e Dimna, Bocados de oro o el propio Quijote, que macera el refranero popular con la sentencia de altura. 
Todo esto venía a cuento de que leyendo lo que había escrito en julio de 2007 he ido encontrando tanteos con el género y acercamientos que habían llegado gracias a unas lecturas solventes con el género y cuando no existía el aluvión actual y las modas de paso. 
A veces, la brevedad es certera andanza. Otras tantas, insoportable necedad. Sólo quien imprime a su discurso una conjetura sintáctica engolada en el pensamiento puede recoger ciertos frutos. El fructífero decir de la paciencia, de las encinas meditabundas.

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El poema, si es prodigio, se asemeja a la música y a la idea. Si tentativa, se desvanece sin más ni más.

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Llueve. La naturaleza se despoja de sus acuíferos.
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Todo lo que podamos nombrar no existe. Sólo lo innombrable es lo esencial.
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El poema debe aspirar al silencio que antecede al silencio, eso es todo.
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El ritmo en la poesía es una forma de hacer presente el tiempo.
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Es un ir hacia algo, un desvanecerse de la realidad hacia no se sabe dónde.
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El poema grandioso es el que transforma su ritmo en el ritmo especular del ser del lector.
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Es posible que el ritmo sea anterior a la palabra. Acaso su sustento y su anclaje al mundo.

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La poesía es el género de lo cristalino.
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La música es un fragmento de nuestro origen y por ello es irreconocible. Solo nos cabe el regocijo.
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Si la composición musical debe erigir un templo en el oído, la poética debe ser su habitante.
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La vida es una imposibilidad desde su esencia.
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Estas palabras provienen de tu ausencia.

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Todo el día mortal, pero trayendo a la memoria la vida de Montaigne.
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Hoy he dejado de ser y he sido más yo que nunca.
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Variaciones de un tema sin fin, la vida.
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No confundamos la eternidad con agotar el mundo de lo posible.
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Asistimos a la vida para algo más que a la muerte.
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Las más de las veces la virtud está en la renuncia.
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Si la música ha sido siempre una mágica combinación de teología y álgebra, la palabra es solo pentagrama.

(Trópico de la Mancha, 2007-8)

jueves, 27 de julio de 2017

Meditación y delirio con Miguel de Molinos y 13 aforismos de antaño.

EXPLICA Miguel de Molinos, con suma claridad, que la meditación y la contemplación son distintas. Complementarias, integrantes de un proceso común pero de naturaleza dispar. Mientras que la meditación es un artificio del espíritu, que se desarrolla con la sensibilidad, la contemplación es un proceso interior, puro, desnudo de todo. 
Esta dicotomía que establece el autor místico puede llevarse a la poesía; por un lado están los poetas que poseen el oficio de crear poemas. Hombres leídos, que han sabido extraer los rudimentos competitivos de la creación lírica y que llegan a ofrecer una creación digna, servil al hecho material de crear un poema. Por otro lado, está la creación pura. La que no responde a la moda, a la eventualidad y que, si lo hiciera, termina por traspasarla. La poesía que brota y conmueve y en la que todo queda subyugado al elemento esencial del poema. Incluido el autor, que sobra desde el comienzo. Estos autores nunca afirman "yo escribí un poema dedicado a...", ya que saben que, en cierta forma, el poema vino, llegó, deslumbró, se hizo forma tras las lecturas y la contemplación, no la meditación. 

Una región de paz, de absoluta libertad creativa y ética es la que se vislumbra en la lectura de estos poemas últimos que señalo. Como una voluntad divina que sobreviene y que el poeta, como vaso, a la manera de Bécquer, capta y expone. Todo ego queda recluido y eliminado en la contemplación, pues el poeta está ya en la corriente alterna de la realidad, en el tiempo invertebrado de la poesía, en la posición deshumanizada de ser en una vida sin estar siendo. 

La renovación del espíritu es el movimiento natural del hombre con inquietudes. Cuando uno comprende que la mutación es lo constante, comienza a alborear sobre el raciocinio una evanescente presencia de claroscuros, una necesidad de cuestionar las verdades que se demuestran con ecuaciones y algoritmos.


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ESTA forma de escribir es una forma de estar conmigo, de ser yo. Y con ser basta.
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LA  Poesía arranca de lo humano el silencio auroral de la belleza.

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NOMBRAR lo que no existe es tarea de los mortales. Ser poeta es la suma mortalidad.

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LA palabra luminosa es un despertar a lo que somos.
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Escucho a Bach y escucho el universo.
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Sólo en la música es donde el ser encuentra el haber sido perpetuo.
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Puede ser que morir no sea más que dejar de oír el ritmo del mundo.
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Quintaesenciado, el mar es con la lluvia un solo cielo.
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No seas y serás más que todo lo que es.
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No pienses y vendrás a ser todo.
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Muda tu verbo y dirás el infinito.
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Ama de alma, contemplarás la existencia.
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Entrega tus dones a la religión de la belleza y vendrá a tu ser el espejo de la verdad.