jueves, 1 de agosto de 2019

Cuando Proust fue Montaigne y lo escribió Cervantes.

EN EL ARRANQUE de En busca del tiempo perdido de Proust se produce un hecho fabulosos que pasa desapercibido por la prodigiosa magdalena. El acto consiste en la relación entre sueño y lectura, entre el deseo de continuar leyendo un libro y el cansancio físico que nos conduce al sueño profundo. Proust lo convierte en un acontecimiento cervantino de realidad y ficción:
"Durante mucho tiempo me acosté temprano. [...] no había cesado de reflexionar sobre lo que acababa de leer, pero esas reflexiones habían cobrado un cariz algo particular, me parecía que era yo mismo aquello de lo que hablaba la obra".

Un Montaigne aparecido en plena prosa de Proust escrito por Cervantes y corregido por Kafka.

***
En un poema de amor de Quevedo, que sigue restituyéndome en la poesía, puede uno leer toda la teoría simbolista de la poesía posterior, incluido a Bécquer en nuestras letras:

[...]
"Voz tiene en el silencio el sentimiento"
[...]

[Poema: ´Peligros de hablar y de callar y lenguaje en le silencio´].

Y trato de leer los poemarios actuales, las novelas de este día, pero a poco que las abro en la librería para leer el primer párrafo de cualesquiera de ella o cualquier poema de un libro, caigo en la abstención más absoluta, en el desencuentro, en el hastío. Y esto puede ser ya un reflejo de la sociedad en la literatura más profunda que nunca, pero sobre todo es la especulación hecha ya actuación de la estulticia y de la falta de lectura. 



miércoles, 31 de julio de 2019

Una ilusión del bien para la propia existencia.

CON LA VIVEZA con que penetra el levante en su primer repunte acudo al cuaderno que mantengo en la mesa desde junio para volcar algunos poemas incipientes, ideas, fragmentos, retales que surgen entre el bullicio de lo cotidiano. Una serie titulada "Matinales" que ya van siendo escritas en las primeras horas del día, cuando la luz aún es todavía sortilegio de la noche. Al fin conforman una pequeña serie de poemas escritos en la primavera pasada. 
Vuelvo al cuaderno, a la prosa extensa que acompañan el pensamiento, como decía Unamuno. Es julio de 2019 y comencé este escritura en julio de 2007. Casi de forma continuada no he dejado de escribir en este cuaderno y, las más de la veces, motivado por las lecturas. 
Llega el punto en que la vida va tornándose hacia uno mismo y es mejor escuchar, callar, contemplar que decir sin rienda ni suerte por el mero hecho de salir a lo público. Aun así, hemos regresado a este espacio con brío y con nuevas perspectivas de escritura. Esos ángulos nuevos son el incipiente reflejo de una vida cambiante, vita nuova, de Dante. Prosa y poesía en una misma evocación de la palabra primera en el hombre. 
Para concluir este primer tanteo de verano acudo a Simone Weil toda vez que Quevedo me devuelve a la poesía tras leer a los poetas de mi tiempo. Qué poca prestación, qué poca virtud y qué desdeñable palabra  poética la de los poemas actuales. Decía que Simone Weil me deja un par de enunciados con los que principio el día: "El placer es la ilusión de un bien a su propia existencia". 


jueves, 11 de abril de 2019

Hay pensamientos colectivos pero no una poesía colectiva.

AGARRO el libro de Paul Valéry que tengo en el despacho de trabajo, en Lebrija. Es mediodía y descanso mientras espero que comencemos la jornada estival. He escogido el volumen de Valéry y de Hesse para escribir la lectura, para comenzar el ejercicio que me insufla vida y libertad en medio de tanta paradoja y socarronería de la vida. 
Hoy la tarde es clara, diáfana en su cielo por el leve poniente que la sacude. Me asomo al ventanal y observo las nubes pintiparadas, la silueta del blanco sobre el fondo palpitante y nítido. Todos mis sentidos advierten la presencia salina de las marismas. Entre tanto, pienso y reescribo: 

"Hay pensamientos y sermones colectivos, pero no hay una poesía colectiva", escribe Hesse en Lecturas para minutos.

Al poco de la lectura de Hesse abro el volumen de Valéry, los Cuadernos

"La literatura no es el instrumento ni de un pensamiento completo ni de un pensamiento organizado". 

Y en esto pongo mis pensamientos más templados, en la disputa actual que existe entre lo que se proyecta a la sociedad que es literatura y lo que uno opina y vive de la literatura. 

Puede que este territorio de posturas enfrentadas no sea más que la característica propia de este tiempo.  El individuo desustanciado, sin principios establecidos en su cultivo interior, en función de unas lecturas, una experiencia cultural, sino de las eventuales opiniones. El imperio de la doxa, podríamos afirmar, que tenemos en la escena de la sociedad actual.  

Y todo es, en definitiva, afán de pureza. Por este motivo, leo lírica española de tipo popular: 

"Recordad, mis ojuelos verdes
que a la mañana dormiredes" 

Sea cual su naturaleza, la esencia del poema está cercana a lo que describía Valéry: 

"El poema, esa vacilación prolongada entre el sonido y el sentido". 

Entre uno y otro el individuo que la edifica, la hacina, la socava con la palabra y el magma de la vida.  

miércoles, 10 de abril de 2019

La superioridad del acaso y la inmortal claridad.

TENGO para mí que la obra literaria de un autor debe mantener un recorrido de pura cadencia. Qiere decir esto que sumar obras, libros que procedan más del afán personal que de la imperante naturaleza literaria no es más que intervenir en la literatura con parámetros y actuaciones de la condición humana. Un libro es el espíritu de un individuo que hace arqueología de la naturaleza humana en público, a la luz, con la incandescente llama de la palabra. Cuando sucede al contrario, el libro es un artefacto ridículo y soez. Y ahora, en este tiempo, resulta que cualquiera puede construirse una obra literaria. Paradojas de este tiempo. 

DE Diligencias de Trapiello tan solo puedo decir que no soporta el diapasón y la candidez literaria de Troppo vero o La manía, por ejemplo. Las primeras cien páginas de Diligencias bien vale para echarlas al chamarilero más cercano para venderlas de estraperlo o de cajetín. Esperemos que remonten las páginas venideras y no nos lleven a la desesperación y el abandono. 

H. HESSE, en El juego de los abalorios, determina que la actitud humana cuya expresión es la música clásica [...] aspira a una misma condición de superioridad del acaso". 

Y transcurre el día, tras capítulos de alcoba, observación de la condición humana escuchando a Beethoven en sus Sonatas para piano con las que trato de hallar el solsticio y la templanza para sentir el aire cándido y terapéutico de la vida en sí. 

domingo, 17 de marzo de 2019

La razón peregrina de nuestros días.

TODO va entrando en un nuevo confín del tiempo. En realidad, ese confín del tiempo es uno mismo. Como un cofre o una caja de madera que uno abre pasados los años, -invocado por no se sabe qué razón peregrina-, vuelve uno a sus temas de siempre, a su sino, a su círculo de arena que nunca desaparece. Y el tiempo, el sucedáneo que entendemos como tiempo, nos va acechando hacia la nada infinita. Ese empuje de los días cada vez me atosiga más. En este suceder me preocupan E. y F. Observo sus manos frágiles y su pureza derramada a cada momento. Me cuesta, en ocasiones, contener la templanza de la emoción al verlos junto a mí. Últimamente me entiendo como una fantasmagoría que va haciéndose invisible lentamente. 

Sucede lo propio con la literatura. El interés por lo que se escribe actualmente más que aburrirme me provoca recelo y ofuscación. Porque escribir no es solo publicar, se ha perdido el pudor ético en la literatura, en los que hacen el mundo editorial y literario. Dicen una cosa y hacen la contraria. 
En este sentido, ando interesado como ciudadano por el recorrido que la relación de la literatura con la sociedad y, en general, con la cultura, se va sucediendo. El estado es ahora de vestigio. 

Y este diario sigue su curso, sinuoso por momentos, abierto al monte por lo pronto, al monte luminoso de la paz con uno mismo. Cada episodio de la vida parece que se va macerando en una suerte de melancólica acogida que se sabe finita antes de acontecer. Y así andamos, de un lado para otro de los que rodean nuestros pasos pero con la percepción florecida de que queda menos de lo que fue.   



 

miércoles, 20 de febrero de 2019

AFIRMO.

AFRIMO que quien tenga la cualidad de hacer verosímil el pasado que nunca fue está creando una nueva realidad y, al tiempo, relegando la verdad de lo sucedido a una posible secuencia literaria. Por tanto, equipara así la vida a la literatura.

Y hoy suena, de nuevo, la obertura de Tanhäuser de Wagner mientras escribo estas notas pasajeras de diario. Es tiempo vespertino y torcal ahora en mis manos, leve sonido de los huesos esgrimiendo palabras en un papel. Puede que, con el tiempo, alguien asome a estas letras, a estas conjeturas de un hombre solo. Y puede que encuentre quizás un motivo que hilvane esta sospechosa y errabunda manía de escribir. 

Porque leer se ha puesto al rojo vivo y desnudas las ideas hacen daño al oído del grito y la sinrazón. Se ha perdido la humildad y el conocimiento como gozo estricto en sí mismo, ahora solo vale la mecánica del yo a cada paso. Así, la literatura, el cuerpo escrito de la condición humana, va diluyéndose en su noche y desmemoria. Y acabará todo como un velo y una raíz desnuda, sin más adornos que la propia ausencia. Porque, en definitiva, todo se halla en nosotros.  

viernes, 15 de febrero de 2019

Poesía, hoy y siempre


Adjetivar el qué de la poesía es ya un silogismo. No existe la superación en las artes, menos aún en la poesía. No es superior Virgilio a Dante, ni este que Borges ni Cervantes. La superación opera sobre formas fosilizadas que han dejado de decir: cosa contraria le sucede a la poesía.
La poesía es la superación del pensamiento articulado por lo que no hay tiempos en la poesía. La palabra poética es transformación y permanencia.
La poesía es una reconciliación momentánea, en el tiempo y en el espacio, del hombre con el mundo. Depende de la armonía que habite en el poema, de la fidelidad de la palabra establecida, así de misteriosa y edificante será al leerla. Por eso el proceso de lectura y escritura, acaso de transmisión de lo poético, es similar a una dramatización de lo literario en que intervienen unos personajes que se igualan, con la ficción, y que participan y actúan en la obra.
La poesía es, antes y después, condensación de la infinitud. Ella nace sin comunicar nada: se intuye, se prevé en la memoria y por eso Platón defendió lo visionario con tanta vehemencia y por esto mismo dejó al margen al poeta: su estancia es de otro territorio. Es una visión que no comunica: solo es. El silencio es el contorno de la creación, de lo que va siendo amorfo. Los griegos rodearon esa materia intuida de musas para que otorgaran el orden que quedara fijado por las artes, pero quizás la memoria primordial proviene de ese silencio que envuelve y precede; los poemas puros contienen la memoria originaria, la que contiene a la humanidad y la revela parcialmente. Un poema es una memoria colectiva del silencio universal.
¿Puede existir en lo contemporáneo? Sin duda, pero cada cual tiene una idea de qué es la poesía conformada a partir de las lecturas que ha realizado, de las manifestaciones concretas que ha experimentado como lector. El lector contemporáneo parece que obvia la tradición y lee tan solo a sus allegados. Esa falta de lecturas y de experiencia lectora se trasluce en los poemas: no hay ritmo, no hay música, no hay recursos, no hay reflexión, no hay experimentación…tan solo una expresión, en líneas cortadas, que hablan de los desahucios, de los partidos políticos, de las religiones, de las cervezas y los cubatas, de los videojuegos, de las masturbaciones, etc.
Creo, sinceramente, que se equivocan de género literario. Quizás habría que mostrarles que hay géneros literarios más adecuados para expresar lo que quieren expresar, porque la creación poética es otra cosa. La expresión es natural al hombre; la creación literaria deviene de una consciencia distinta. bor. El lector contemporaaneo eb, de las manifestaciones concretas que ha experimentado como lector. El lector contemporaaneo eb

miércoles, 6 de febrero de 2019

No hay medida en el tiempo de poesía.

VA creciendo enero sinuoso y frío. Recuerdo el invierno en París y eso me traslada a Rilke. "No hay medida en el tiempo [...] ser artista quiere decir no calcular ni contar: madurar como el árbol[...]". 

Y madura uno con el peso de su levedad hacia un confín secreto del que solo intuye su territorio. 
Leía ayer, de nuevo, La lámpara maravillosa de Valle-Inclán y reescribía, en el cuaderno menudo, algunos de los principios que sintetizan los apartados. 
La distinción entre meditación y contemplación es el vector principal del libro. Todo él es una disquisición práctica y ética de la contemplación como la superación de sí mismo, como el ejercicio de dejadez en el mundo para ser el mundo, de transgredir el idioma y la sintaxis de ordinario que nos hace creer entender el mundo.Ante el entendimiento narrativo del mundo, la consciencia unitaria del mundo: un solo nivel de realidad que aglutina todo el devenir. 

No existen subordinaciones al acontecer desde la contemplación: todo es uno y en sí, todo es matriz y unidad, origen y ser natural. 

la poesía es una corriente infinita en que se edifica el ser hacia un culmen. En ese trasiego puede que el silencio termine por conmover las raíces del poeta, puede que acabe de terminar con su consciencia hasta hacerla una, invisible y muda, quizás más verdadera. Silencio y soledad como los arcos de piedra brillante que alumbran la entrada, el umbral de piedra hacia la piedra musical de poesía.


lunes, 4 de febrero de 2019

La dejadez mortal del espíritu.

HAY una lentitud extraña en todo, un devenir demasiado aciago en que no hallo estímulo ni nervio. Como una música de salmo, una monodia que retumba perdida en la piedra de cúpula o de vid en albariza; y a todo este páramo unas ganas incipientes de escribir, escribir como entonces aun con el freno de la memoria. Observo con parsimonia cómo sucede todo: el pensamiento de uno,  las palabras de otro, el mirar desvaído de los menos, la exaltación del que se piensa principal, la dejadez mortal de otros tantos, también la virtud en virutas contadas. 

Como una escena diría, eso es, una toma a lo lejos de lo que sucede y hacia la que vamos acercándonos sin querer participar de ella, sin desear formar parte de su paisaje ni tan siquiera verla o apreciarla en lo minúsculo. Puede que todo sea ya un ejercicio o llamada de vuelta al centro, a la tierra húmeda del ser. Como escribía san Agustín en Confesiones: "y volví mi atención a la naturaleza del espíritu". Una ceguera, tal vez, una vela pátina que va despojándose del mundo para mostrarme el mundo en sí. "y no apartaba mi mente palpitante de la realidad incorpórea hacia contornos, hacia colores y hacia abultadas dimensiones. Y porque no podía ver eso en mi espíritu pensaba que no podía ver el espíritu". La lucha del espíritu, la levedad pujante, el origen todo, el amado confín de la mansedumbre.
Voy, por último, a los Cuadernos de Valèry y le con asombro: 2 El cuerpo es un espacio y un tiempo en los cuales se desarrolla un drama de energías".  

viernes, 18 de enero de 2019

Poesía del individuo.

"Hay pensamientos y sermones colectivos, pero no hay una poesía colectiva", define Hermann Hesse en Lecturas para minutos. Encuentro en esa afirmación una forma muy ajustada de lo que opino sobre el fenómeno literario; más aún, la pobreza literaria actual tiene en esta confusión uno de sus males más virulentos. 
El sermón, el panfleto, la orgía política y social de pensamientos, la mixtura de ideas, pertenecen todas al prejuicio banal de lo superfluo. Y se trasladan al ámbito artístico sin más dilación que la que otorga la ignorancia y el desprecio por la cultura que nos ha hecho ser de esta forma. 

Comencé a escribir un cuaderno titulado El pastor en la roca; está encima de la mesa del trabajo, es verde oliváceo, marítimo, y presenta decoraciones con las partituras de Schubert, con motivos de Der Erlkönig, un lieder delicioso y de cuerpo entero. El cuaderno lo agarro cada cierto tiempo como quien espera el alba de la lentitud y de la armonía. Escribo en él fragmentos, ideas, notas de lectura, poemas incipientes que la mayor de las veces terminan en nada, en magma apagado o flor marchita. Sin embargo, en esa decrepitud del cuaderno hallo la mansedumbre del tiempo, acaso la vital sugestión de parecer mortal y vivo, latente y concorde en el mundo. 

***

Para concluir la mañana, al filo del mediodía recito en susurro los siguientes versos de un autor que en nuestra literatura no ha alcanzado, todavía, la dimensión que poseen sus obras, Claderón de la Barca.

SEGISMUNDO- (Jornada tercera. Escena 10), La vida es sueño, Calderón de la Barca.

"Cielos, si es verdad que sueño,
suspendedme la memoria
que no es posible que quepan
en un sueño tantas cosas"

Si es verdad que este sueño y este desvelo
de la vida es desmemoria

martes, 15 de enero de 2019

Confín de invierno.

ESTÁ el invierno lento, recogido en su seno
de hojas derramadas como fruto en sazón;
tan abierto a sus fauces de niebla y de rocío
que el cuerpo recupera la piedra de su estatua.

Y serpientes, las manos, y sarmientos, los pies,
abrigo de oración y plumaje al espíritu,
todo el gris se recoge en la cuerda sonora
de tus ojos llorosos porque el tiempo no existe.

Y eres, serás la sombra y refugio del alba
a la del alba tienes la hora, confín de vida.
[...]



lunes, 7 de enero de 2019

Il cimento dell´armonia e dell´inventione, Vivaldi y todas las mañanas del mundo.

LA MAÑANA comienza con el engranaje de la Luz angosta y reticente del invierno.  Suena el concierto de Mandolina en do mayo RV 425 de Vivaldi. Esta música invade el salón y las habitaciones de la casa mientras E. Y F. Corretean entre juguetes, libros, y el espontáneo fervor de vernos la familia juntos en la mañana disfrutando de la mismo. 
La obra de Vivaldi siempre me ha fascinado sobre todo porque la popularidad de sus partituras había oscurecido y difuminado la capacidad artística de este músico extraordinario. Más allá de sus más de quinientos conciertos hubo dos detalles de su biografía que me resultaron muy interesantes. 
Desde que muere, en 1741, como sucede con otros grandes artistas, su obra permanece en el subterfugio de lo desconocido. A su muerte, en la catedral de Viena, acude el coro de niños de la misma en la que se encuentra, en un episodio digno de Zweig, un jovencísimo Joseph Haydn. 

Muere Il Prete Rosso y la inmensidad de su obra (sacra, vocal, concertística) comienza a subsistir solo en la consciencia de otros grandes músicos que habían advertido, en su tiempo, la belleza inconfundible de una obra que edificaba al ser humano. Fue, sobre todo, Bach el que había transcrito algunas de las obras de un cura, -que ofició poca misa, que había participado en el esplendor de la música veneciana, que supo acomodarse a la música programática sin par,- el que sin saberlo ayudó, ya en el XIX a que se recuperar las obras de un tal Antonio Lucio Vivaldi. 
Supuestamente asmático, a tenor de sus propias declaraciones, Vivaldi era un violinista sobresaliente, de gran capacidad interpretativa que rozaba el virtuosismo. Siempre me pareció  Il cimento dell'armonia e dell'inventione un título sugerente y perspicaz para una obra poética o un libro de ensayos. 


Corretean,  con risas y desencuentros infantiles, los niños por la casa y sigue de continuo la música de Vivaldi tomando su atmósfera y su confín.  A veces mueven sus cuerpos menudos al ritmo de la música, otras tantas se desentienden y siguen con sus juegos. Sea cual sea la relación, la semblanza que quede en su memoria de estos caítulos pasajeros nos quedarán la belleza palpable de la música en los ojos. 

sábado, 5 de enero de 2019

El razonamiento del mundo es eminentemente lingüístico. Cuanto menos se lee más disminuimos nuestro ser en el mundo. Y no es cuestión de sumar páginas y volúmenes vacuos y serviles, sino de entrever en el texto esencial la verdad que somos, amarga levedad y dulce estar en nada.
***
El oro de la tarde y  la azucena,
la oración en el pecho, padre nuestro,
el largo meditar sobre la piedra
en el confín amado de tus hechos. 
[...]

jueves, 3 de enero de 2019

¿Cómo compones? Leyendo. De lo antiguo algo nuevo.

VERDAD es que en la búsqueda se halla la incógnita más que la respuesta. Y así cuando uno sigue leyendo los textos de los siglos pasados, sobre todo los que produjeron las mejores composiciones y en los que se aglutinaron los mejores escritores, hay una constante que se repite desde la antigüedad hasta nuestros días: todos fueron grandes lectores, lectores de raza, lectores omnívoros, lectores caninos, como decía el Doctor Samuel Jhonson. 

Por esto mismo, ahora que ando revisando la biografía de Antonio Sánchez Jiménez, Lope El verso y la vida (Madrid, Cátedra, 2018), he ido a dar con unos versos de La Dorotea, acto IV, escena 3, que inciden en el ejercicio de la escritura y la lectura, a saber: 

"¿Cómo compones? Leyendo,
y lo que leo, imitando;
y lo que imito, escribiendo;
y lo que escribo, borrando;
de lo borrado, escogiendo".   

Ya Bartolomeo Ricci en 1541 publicó un libro que vertebró el concepto profuso en el Renacimiento de imitatio. El autor en De imitatione estableció, a grandes rasgos, tres tipos: el seguir (sequi), es decir, la imitación no transformadora; el imitar (imitare) y el emular (emulare). 

Ante estos procedimientos, siempre recuerdo unas palabras de Petrarca en Epistolae Familiares.
 que son luminosas: «[el poeta] ocultará su imitación de modo que no parezca similar a ninguna, y así traerá de lo antiguo algo nuevo".
De lo antiguo algo nuevo ese es el ejercicio coronario de la literatura, leer para escribir, leer para poder imitar emulando, para propalar nuestra débil voz en la armonía poderosa de la literatura esencial.

Toda la literatura acaso ha sido un ejercicio permanente de lo que se denomina imitación oculta, con vaivenes en ese diálogo de evocación que, a veces, ha necesitado enseñar las costuras, los hilvanes de lo que se copia para darle una vuelta de tuerca al asunto, tal que Cervantes o Borges. 

"Compones, leyendo, imitando, escribiendo, borrando, escogiendo"... en esta gradación y recorrido que escribe Lope se encierra buena parte de su proceder como autor ceremonial y moderno, de consciencia sobre el fenómeno literario como algo orgánico, pero podría servir para resumir las cartas de Rilke a un joven poeta, los prólogos y ensayos de Borges, la altura de Cuatro cuartetos de T.S.Eliot o la magna narrativa de Thomas Mann. 

Son tantos los senderos que un escritor debe recorrer antes de comenzar a escribir que me lleva al espanto los que manifiestan que la originalidad, lo novedoso, los rompedor es lo que hace la literatura. Encuentro un punto muerto del ámbito literario que, quizás, se empareja a la decadencia cultural general no solo de nuestro país sino de la propia cultura occidental. Poseemos una cultura ancestral, milenaria que nos ha edificado así como individuos, con valores e ideas, con libros y creaciones artísticas que nos conducen hacia un estar en el mundo armoniosamente. Todo lo que atenta contra la tradición, sin saber leer que es de ella desde donde se vuelve a nacer y a construir, es un monumento inequívoco de ignorancia.  







miércoles, 2 de enero de 2019

“Buscad leyendo y hallaréis meditando.” Todo se halla en nosotros (2019)

ESCRIBIR LA LECTURA (2007-2008-2009)

ARS VIVENDI (2010)

LAS CONTEMPLACIONES (2011)

ALMA REGIÓN LUCIENTE (2012)

MURMULLO DE LA TRANSPARENCIA (2013)

RITO DE SILENCIO (2014)

SER ALGO EN NADA (2015)


CUESTIÓN DE DESNUDEZ (2016)

AL PASO DE LA EDAD (2017)

DE PÚRPURA Y NIEVE (2018) 

TODO SE HALLA EN NOSOTROS  (2019)
...
Comienzo la escritura del 2019 recuperando a dos escritores que siguen estando presentes en el ejercicio rutinario de la lectura. Por una parte, Valle-Inclán y por otra, San Juan de la Cruz. Puede que sean los dos escritores que han jalonado nuestras letras por uno y otro costado de la literatura española.  Afirmaba el carmelita: “Buscad leyendo y hallaréis meditando.” Y ese doble ejercicio, que deviene uno de otro, ha sido la guía de no pocas líneas que han ido edificando este diario de escritura, lectura y vida. Así, Valle-Inclán, en su libro más preclaro, La lámpara Maravillosa, afirmaba: "El centro es la unidad y la unidad es la sagrada simiente del Todo". Por esto mismo, Vallé-Inclán decía que todo se halla desde siempre en nosotros. Tomando esta sentencia como resorte, para el año 2019 vamos a titular la escritura "Todo se halla en nosotros", ya que resuelve con satisfacción y unidad el curso mantenido de esta bitácora. 

En otro orden de cosas, hemos de manifestar que el año 2018 ha sido un año de brevedad y concisión para la escritura. Ha sido un ejercicio consciente y proyectado desde el primer momento; deseábamos darle respiro, pausa, marea a este diario después de varios años. Sin embargo, nos inunda ahora un brío renovado que nos acerca a la narración, a la estampa de situaciones cotidianas que se ensalzan y elevan para hacerlas de letra negra y fondo blanco. 

Es nuestro deseo abandonar la brevedad del aforismo, la concisión y el liróforo de la breve afirmación para trasladar más sangre y tierra y respiración a estas palabras y este individuo que las traza en la nada permanente.  


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[...]
Para llegar a ser en la mirada
pura y cristal, sarmiento transparente, contienes en tu vida la certezay la asunción del profundo latido de la muerte. [...]
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“Mas el resplandor de naturaleza alegra sus días”
Poema en plena consonancia con “Vida más elevada”.
"A lo mejor no he vivido como debía", pensaba Iván cómo un arabesco de luz, mortal y tremebundo.
"El jardín y la representación" (Madrid, Siruela, 2010). El jardín como representación del mundo, de las ideas en un proceso semiótico denso y polisémico.
“La dulzura florida de las estrellas”




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Se murió de amor y en su tumba estaban todas las cartas que se había escrito él mismo ,para él, con su YO en mayúsculas.


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Eres el suceso de tu levedad.


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Pues amarga la verdad es difícil entender que el individuo es un haz de paradojas; pero existe una consciencia leve y prístina que nos empuja hacia la unidad misma de cada uno.


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A ese hilo de Ariadna lo hemos llamado en nuestra cultura, ética: límpida, concorde, armoniosa, acuífero transparente que nos sustancia.


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Leyendo a Hölderlin, en la soledad nutricia de la noche, rodeado de naturaleza, releo con parsimonia y deleite el poema titulado “Visión” de sus <<Poemas de la locura>>:


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Toda la madrugada con Tólstoi, como si la noche lo acallara todo y fuera el mismo León el que susurraba las páginas de Iván Ilich.


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Estoy con Octavio Paz en que "creación y reflexión con vasos comunicantes". Puede que pensar el mundo sea hacerlo nuevo y que, al edificarlo, con Heidegger, "solo la palabra otorga ser a las cosas".


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A veces el fracaso es una tentación a la que debemos acudir necesariamente para asegurarnos de que es en él donde mejor nos entendemos.


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No todo lo pensado es producto de la realidad.


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Está pasando en educación como en poesía: cada vez hay más pseudoperitos que aspirantes, más entendidos que humildes. El silencio para unos; el trabajo de verdad para otros; la íntima satisfacción ética siempre para todos.


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El conocimiento se asimila a humanismo improductivo. En esta paradoja sustantiva se ejecuta la nueva consigna educativa: hacer es conocer. Entendimiento del que, al menos desde Parménides, se ha demostrado toda su falacia durante los siglos que nos han moldeado en cultura y ser.


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La Literatura: depauperada en la renovación y la reflexión educativas. Es esencial la lectura de textos que lleven al individuo a una nueva dimensión de la lengua y a forjar un pensamiento propio. No o cualquier cosa es Literatura, los sucedáneos son una irresponsabilidad ética.


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...noviembre y la luz angosta de la claridad en los ojos.


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Hay un punto abisal, un cerco a la línea de sombra en la vida que hace que cada cosa sea satélite de todo ya para nunca.


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La lectura no solo edifica lo que es un individuo sino que lo asienta en la gravedad ética del mundo.


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Uno amplía su experiencia literaria solo con los textos que ha leído. Es una experiencia individual, plena, retóricamente lítote.


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Haz de tu pensamiento el lugar de apariciones de la razón luminosa.


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El origen nutricio de cada uno eleva los días a símbolos y transparencias.


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Desdeñar el valor de tu lengua en forma y sentido, en comunicación y ortografía, en texto y voz, es prodigar el vacío de tu propia vida. La llama de la ignorancia y el descrédito del conocimiento conducen a un enorme y vacuo sinsentido.


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Los votos de los andaluces son todos legítimos y constitucionales. El que subestime el voto de un individuo por otro no es demócrata. Y tras los resultados, todo lo que no sea palabra, debate, diálogo, razón, en política es inadmisible, peor aún llevarlo a la acción primitiva.


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En cada individuo existe el delirio y la templanza de la carne pero no el el sueño contenido del corazón.


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Quien desconoce la tradición desconoce la originalidad.


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Nuccio Ordine en “Clásicos para la vida”, al calor de un fragmento de Platón, del “Banquete”, afirma: “El saber no es un don sino una laboriosa conquista”. Prosigue: “Una aventura que [...] presupone siempre la necesidad de un esfuerzo que nadie puede realizar en nuestro lugar”.


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La retórica visual del jardín en el espléndido libro de Michael Jakob


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Como salvaguarda del centro indudable la palabra de "La lámpara maravillosa" de Valle-Inclán:"El enigma bello de todas las cosas es su posibilidad de ser amadas infinitamente". Prosigue en lúcida secuencia: "Ásperos son los caminos para desnudarse de la percepción cronológica".


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Recuerdo, al leer los poemas de Rimbaud: "Yo: una ficción de la que a lo sumo somos coautores. Yo es otro". Acudo al volumen de Kertész, "Yo,otro" y recupero la pregunta de Wittgenstein:"¿Sabes o solo crees que te llamas L.W? en "Sobre la certeza". Sueño diletante del yo.


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La edad conduce a la lentitud soberana del límite.


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Cuando caminas el incógnito sendero del ser...


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“Nace bárbaro el hombre, redímese de bestia cultivándose. Haze personas la cultura y más quanto mayor. [...] Es muy tosca la ignorancia. No ai cosa que más cultive que el saber”, B. Gracián,(1601-1658)”Oráculo Manual...”. El fanatismo y el odio como evidencias de la ignorancia.


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Escucho perplejo por la radio a un “escritor” que publica en una editorial de gran tirada. Viene a decirnos que él escribe un texto y que luego su editora lo mejora en todo: desde la sintaxis hasta la adjetivación, la estructura y unidad. Excusa que ella conoce mejor al lector.


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Anotó, voy haciendo acopio de los datos y circunstancias de la vida de Rimbaud, escribo la lectura. Leo los poemas, voy asumiendo el relato de su intrépida vida, escribo en los márgenes de “Obra completa bilingüe” (Siruela)


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Todo es sucedáneo de la realidad.


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Kertész recupera unas palabras de Shopenhauer en “Diario de una galera”: “Ni nuestros actos ni el curso de nuestra vida son obras nuestras; sí lo es, en cambio, lo que nadie considera como tal: nuestra esencia y nuestra existencia”. Y como advierte el propio Kertész...


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“El lugar del ser humano queda ocupado por la especie, el individuo es aplastado por lo colectivo como por una manada de elefantes que huye despavorida”.


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Lo realmente preocupante del asunto de los deberes es que para algunos padres (y para algunos políticos), el trabajo intelectual disciplinado fuera de horas de clase es un castigo y les parece noble confesarlo. Obviamente, tal conducta los delata.


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Con Unamuno, releyendo "Cómo se hace una novela". El yo como "metablema" y diálogo con "Confesiones" de San Agustín («mihi quaestio factus sum»), y de aquí a Hugo de San Víctor, místico del XII. Este libro deja en evidencia a los hipermodernos del día en mercadeo literario.


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