miércoles, 1 de marzo de 2017

Toda estación tiene su viajero infinito. I (Madrid)

TODA estación tiene su viajero infinito, escribía en el cuaderno Amarillo fulgor, mientras esperaba el tren que me llevara a Madrid.  Esa noche había dormido poco, como de costumbre últimamente. 
Al cabo de unos minutos, el andén comenzó a poblarse con el personal más variopinto. 
Como es costumbre, arrojo mi atención a escuchar los diálogos ajenos, a entrometerme en las conversaciones para tratare de captar lo que Balzac llamaba la comedia humana. 

Todavía en el vagón, sentía el leve bullicio que la babilonia anterior había dejado en mi memoria. las palabras del padre a la hija advirtiéndole de que la vida era una sola llamada y una entrega; los músicos tarareando la siguiente actuación después de una noche de concierto; el señor que se disponía a echar la peonada con su nevera; el abogado que mantenía con mirada nerviosa y serpenteante su incertidumbre... me había trastocado demasiado como para dejarlas pertrechadas en el olvido. Por unos momentos, quise convertirme en ese viajero infinito que no es nadie, como Uises, que sucede en la transparencia de todo sin ser nada. 

A la llegada a Madrid el cielo, raso y turneriano, me acogió con su indudable manto de extrañeza. una extrañeza que me estimula cada vez que vuelvo a sus calles. 

Lo primero de todo, Cuesta de Moyano. Allí pude leer Cántico de Jorge Guillén en primera edición así como una primera edición, exquisita y deliciosa, de los cuentos de García Márquez. Uslar Pietri, Ortega, Galdós y alguno por añadidura pudo uno leerlos en las ediciones príncipes como si se la maquinaria del tiempo se hubiera detenido. Entre tanto y tanto, se me fue el santo al cielo y tuve que correr para poder tomarme algo en la Plaza de Santa Ana mine tras comenzaba a leer mac y su contratiempo de Vila-Matas. Porque, como le sucede a Mac,  pienso que soy un plagiario, un repetidor de textos leídos que se lleva a la vida, a sus días, el eco del espejo den que se sueña. 

lunes, 27 de febrero de 2017

Falla suena las figuras del mono adivino de El Quijote.

AYER, por la tarde, mientras F. terminaba su sueño de tarde y E. jugaba con las figuras de barro, releía el pasaje de El Quijote que tiene a Maese Pedro como eje central. Para la lectura, los niños me permitieron poner la música de Falla que se inspiró en estos pasajes. De Galeote a titiritero, de Ginés de Pssamonte al parche de tafetán en el ojo izquierdo y la prodigiosa presencia del mono adivino. 
La hilazón de este personaje en el entramando cervantino me resulta de una propiedad insólita en el autor de adelantarse a su tiempo. 
El retablillo funciona a modo de comedia del mundo, de gran comedia, de gran teatro en miniatura que sucede con la doble ironía cervantina. Puede que el mono, como un demiurgo secreto, menor, desvalido, personificando al azaroso devenir en esperpento y caricatura, funcione frente a la defensa de la voluntad que propugna don Quijote. La locura dentro de la locura, rayana en el absurdo que sacude a los hombres. 
Mientras, la música de Falla completa la escena de la tarde. El sueño de F., profundo e inquebrantable, las figuras de E. que parecieran extraídas de un libro imaginario, y la música de mi admirado Falla, rítmica, efusiva, propulsora de fantasías cervantinas. Los metales en esta composición se hacen estridencias de la locura y la cuerda, en tránsito ternarios, irrumpe y trasciende en escena deliciosa. 


Laas figuras alcanzan su plenitud de solsticio.

NO te equivoques con la supremacía; nunca fuiste lo que deseabas, tu canto errante te lo impide.

***

Con la noche, las figuras alcanzan su plenitud de solsticio.




lunes, 20 de febrero de 2017

POESÍA

          POESÍA
VOLVER a ti y estar en ti por siempre
como el cuerpo que acude a la llamada
viva y torcal del canto de la vida.

Es una paz sin sed, entre la aurora,
despojada de luz y de jardines,
este arranque de fe y sus solsticios.

En la noche, camino hacia tu ser,
ciegamente, sonámbulo de ti
y en ti sostengo el círculo de fuego.   

Volver a tu confín y desnudarse
en la fiel mansedumbre de la noche
con un decir sin verbo, en la pureza. 
[...]


jueves, 16 de febrero de 2017

Es nuestro deseo siempre peregrino en las cosas de esta vida.

La poesía es el delirio musical de la palabra y sus sentidos.

***

"Yo seré sietedurmientes de las postrimerías", decía Quevedo en sus Sueños. Y esas postrimerías llegarán de molde a la vida para su finiquito. Así, nuestro deseo es siempre peregrino en las cosas de esta vida.

***

La palabra es el firmamento interno de lo posible.

***

La fuerza lírica es una combinación de rigor y de lo irracional; pero el discurso debe ser siempre una reflexión musical de lo posible.


sábado, 11 de febrero de 2017

Antiguamente, yo sabía leer. Hoy, cuando leo, me pierdo.

ESTO declaraba Pessoa en sus Diarios, en una notas personales. Para entender este aserto en su contexto de escritura deberíamos añadir unas palabras previas en esas notas: " El modelo literario como tal lo he olvidado, prácticamente. Podría leer por aprendizaje o placer. Pero no tengo nada que leer, y el placer que se desprende de los libros es de tal clase que puede ser sustituido provechosamente por el que el contacto con la naturaleza y la observación de la vida pueden ofrecerme directamente". 

Sagaz, astuto, Pessoa pone sus palabras en la batalla de la vida y la ficción, es una definición muy cervantina de las dudas que asaltan a los lectores de todas las épocas. Especialmente en esta que vivimos, puede que la era del vacío, como decía Lipovetsky, esté en su momento álgido. 

Me siento muy cercano a lo que escribía Pessoa, demasiado quizás y eso me preocupa. Antes tenía el ímpetu de arrojarme al camino y defender lo que consideraba intocable; ahora, ante la estulticia, me quedo absorto, quietamente pessoano. 

Y puede que todo no sea más que una  invasión de la metafísica en lo cotidiano, de una reverberación de lo esencial que arranca las hibernas eventuales de lo moderno. Como dice Pessoa: "Mi peor dolor es que no consigo olvidar nunca mi presencia metafísica en la vida". 

jueves, 9 de febrero de 2017

Oído musical de la lírica y gargajadas de los sordimudos.

A MERCED de los acontecimientos, rehuye uno a su cobijo, a los pasillos sinuosos de un palacio interno que parece estar vertebrado por un hilo invisible del que solo se siente su fuego. Hay un ruido externo que me provoca desequilibrio; un estar en lo externo que detona las zonas grises de lo siniestro. Me alerto y eso me hace replegar velas y volver a escarbar en la tierra húmeda, a colmarme las manos de raíces profundas y verdaderas. ¿Que somos fugitivos y eso apenas nos salva? Y qué más hay en este paso pendenciero que ser verdadero y unitario a los ojos de los demás. La fortaleza del ser está en ser sin ser no en querer ser algo en nada. 
Se me ocurre espigar entre los libros de poesía aquellos versos que pertenecen a lo que llamamos "Oído musical de la lírica". Al menos, si algún sordimudo lírico llegase a leerlos podrá encontrar en su garganta un ritmo, una palabra, un decir puramente lírico y poético. Un aleteo leve en su vida. 

No estamos ya para gargajadas en la garganta de la poesía ni, mucho menos, para tener encima que soportar su defensa. La idea hay que mantenerla desde que uno atiende al sueño de la poesía en su vida, no me valen los giros y regates inesperados hacia otra sensibilidad. Un poema que nos construyó no puede negarse al paso de los años pues si eso sucede tú, como lector, no retes virtuoso, no has sabido contemplar el seno esencial del texto. Un texto que nos hace ser se mantiene perpetuo en nuestra memoria y jamás termina de decirnos lo que pensábamos que iba a decirnos. 

Porque el oído para la lírica en nuestra lengua se ha ido vituperando hasta llevarnos a un estrepitoso mejunje de ruidazos impresos en forma de versos. Y, además, hay quien escribe todavía copiando de los demás sin decir que sus versos no son más que afluentes de otros versos. El caso es que la copia es demasiado clara y podría uno extraer citas literales de sus poemas para ponerlos en evidencia del juzgado público. Pero prefiero callar y que sepa que estoy al liquindoi de sus fechorías.  La falta de ingenio le lleva al robo del fuego ajeno. 

Tal y como escucho a Bach para  restituirme en la música, leo a Quevedo para entender el quid de nuestra lengua en la lírica; tal y como penetro en las aguas de Wagner me arropo en los versos de san Juan de la Cruz, para no perderme en escalas que conducen al infierno cuando señalaban el cielo. 

miércoles, 8 de febrero de 2017

Puede que la negación de lo evidente constate su realidad.

***
Haz de luz, recogimiento. Entierra la verdad que anida en ti en el silencio discurso de lo bello.

***

Consume tus días con agrado; aléjate del siniestro estar. Siendo nada ya eres todo.

***

Decir y hacer, idea y acción, son reconciliables cuando el dictado del corazón es verdadero.

lunes, 30 de enero de 2017

El devenir consumado

SUCEDIÓ al término del último encuentro. Al chocar las manos advertí un frío tremebundo en su piel que se trasladó a mi corazón, al tuétano más recóndito. Su mirada se había vuelto oscura, sus palabras perversas, diabólicamente siniestro era todo él. La disarmonía se apoderó de mí. Temblé. Respiré profundo y aprendí la sospechosa lección de la apariencia.   
Todavía recuerdo la enseñanza de Gonzalo de Berceo: el diablo se transfigura en humano porque anhela su claridad e inocencia. Acude a ti, profundamente, en la limpia estación de tu liviandad y mantén firme tu fidelidad a la existencia. Somos el devenir consumado, pero debemos serlo en unidad.                    
  

jueves, 26 de enero de 2017

Qué paz cuando actúo al dictado del corazón.

PERCIBO que va quedando, desnuda y turgente, la melodía incesante de la dignidad. 

***
Qué paz cuando actúo al dictado del corazón.

***
Así en el arte como en la vida, el discurso que nace de la verdad siempre nos acerca a lo bello y armónico.

***
Y la digna estación en la existencia debiera sobrevolar cualquier atajo a lo falso. Un Ícaro que, a pesar del sol, anhele sus alas.

***

Porque me entrego puramente a lo que amo, a quien amo, cuando me retiran de su vida sin un porqué nada vuelve a su entera pureza de entonces. La causa de desarmonía es siempre siniestra.


martes, 24 de enero de 2017

Fauré y el arrullo de la muerte

FAURÉ deseaba huir del sentido macabro y siniestro de la muerte en las composiciones musicales. Anhelaba un canto que fuera "arrullo de la muerte" y que propusiera una sagaz forma  y armonía que confrontara la humanidad con la muerte misma. Replicantes en la música con arpas que representan fibras celestiales.

La muerte de sus padres amparan el comienzo y el cierre del tiempo en que fue escrita la obra. El propio músico llegaba a manifestar que la muerte era un acto de liberación cósmico. La muerte en el Romanticismo entendida como una sucesión, un rito de paso hacia la otra dimensión de la vida que, aunque desconocida, adquiere la pertenencia a lo incognoscible. Y en esa materia que la poesía trata de agarrar como un huracán contenido poco o nada poco decir. Solo la música es la única manifestación humana que nos acerca a la naturaleza nuestra, profunda, interna, que jamás conoceros. Por este motivo, escuchar música, como la de Faurè, es un acto de entendimiento y reflexión de la condición humana.  

viernes, 20 de enero de 2017

HAY una épica diaria en la escritura de diarios. Si nos arrimamos al étimo de la palabra épica podríamos incluso intuir la necesidad de narrar, sin más, el evento de vivir día a día. Sin embargo, como sucedáneo de la narrativa puede ofrecer posibilidades literarias en las que se podría experimentar y explorar fórmulas de narración. 
No necesariamente debe ser un yo el que hilvane los acontecimientos escritos. La pluralidad del yo manifiesto debería ser sinfónico y, además, desplegarse en distintos géneros literarios. En el diario cabe la intimidad de un poema que se está pergeñando junto a la redacción de un relato, la escritura envirotada de un pasaje cotidiano con el censo de las lecturas que termina uno de escribir. Sea cual sea la naturaleza de lo escrito, el diario es una suerte de diván personal que sosiega los demonios personales en forma de literatura. 
Casi diez años después de que comenzáramos esta aventura, -ya una necesidad vital-, de escribir a diario seguimos manteniendo las mismas dudas, las mismas inquietudes, acaso el mismo temblor ante la profunda blancura del silencio interrumpido.







        

jueves, 19 de enero de 2017

Música desnuda en Palestrina, delicada claridad en Tomás Luis de Victoria.

A CAPELLA, casi desnuda, es la música de Giovanni Pier Luigi di Palestrina. En su severidad constructiva emerge una profunda serenidad compositiva; cada voz es un litigio con la meditación. Con su obra aprendo que las fuentes que inciten a la composición pueden ser diversas, motetes, madrigales, canto gregoriano y composiciones propias o de otros autores contemporáneos. 
Palestrina me conduce, inevitablemente, a Tomás Luis de Victoria. Este compositor y sacerdote ensancha mi pasión por este tipo de artistas que, llegado el momento, deciden retirarse, abandonar la empresa, dedicar ya plenamente las horas al latido del corazón, a la concordia con el mundo mismo. 
Es famoso el pasaje en que el músico le escribe a Felipe II advirtiéndole de su necesidad de abandonar su tarea, volver al suelo patrio y dedicar su tiempo al tiempo de la meditación hacia la muerte. Escribió: [...]"gozar de honesto descanso entregando el espíritu a la contemplación divina".[...]  

Estuvo en el funeral de su maestro Palestrina, -¿cuál sería su mirada sobre el cuerpo difunto del viejo músico, qué coda final se le vendría como del rayo ante aquella danza del fin y del porvenir?-. Sucede que en la música de estos hombres la religión y la disciplina religiosa acaban por diluirse cuando uno escucha con sosiego los compases. Y es esa quizás una seña de identidad de las obras naturales, las que, aun teniendo en su tiempo contextos y circunstancias inevitables, resurgen más allá de sus días. Esa fidelidad a la obra que muestra no solo Palestrina y Tomás Luis de Victoria, sino muchos otros autores, era la manifestación de que existía una consciencia artística y cultural que ,dudo, exista en la  actualidad. 

    


domingo, 15 de enero de 2017

La verdad expresada con Steiner, Marcel Proust y San Agustín.

LA LENGUA posee la dinámica misma de la ficción. Cuando ella comienza su acción verbal la ficción es consustancial. Podríamos decir que cuando la lengua funciona, se concilia el funcionamiento de la forma y la idea. hablar de algo es un acto de ficción tanto como escribir una ficción, tan solo los niveles de diégesis o de profundidad o capas de realidad las distinguen. 

La lengua crea  desde su misma consciencia. Los relatos bíblicos y de otras religiones, así lo demuestran: el hombre haPor esto mismo creo en la  tenido consciencia de la fuerza de acción de la palabra sobre la idea de la realidad. Dice Steiner de forma luminosa: "toda la historia de la ficción se aloja en la gramática del pretérito". 

El discurso, por tanto, es el grial de nuestras vidas. Dependemos plenamente de lo que verbalizamos y además volcamos en el discurso los sueños, las esperanzas, los recuerdos...todo lo que nos hace realmente humanos en la tierra. 

Esto llevado al campo de las manifestaciones individuales nos conduce a la inextirpable posibilidad de decir, es decir, los juicios literarios son en su mayoría irrefutables pues lo tendríamos que hacer con otro discurso. No hay método de juicio del discurso más que el del discurso. 

En definitiva, trato de llegar a la conclusión de que no existe método alguno para refutar una manifestación estética (lírica, narrativa o dramática) que no posea o bien argumentos discursivos o bien argumentos lingüísticos. Estos últimos, con los que el estructuralismo quiso llegar a la literalidad, al hecho en sí, ha dado buenos resultados, pero no dejan de ser tanteos que se escurren en la interpretación subjetiva del lector. 

Por esto mismo creo en la instrucción individual del espíritu, es la manifestación diáfana de las obras que pertenecen al devenir de la espiritualidad común y ancestral. Así las cosas, puede uno leer a Marcel Proust con el mismo deleite que San Agustín. La materia del espíritu es inmensa y no son irreconciliables los términos de expresión, antes al contrario, son complementarios. 

Cuando San Agustín llega a Milán para aprender de San Ambrosio, manifiesta lo siguiente en el Libro V: " Y mientras habría mi corazón para captar la elocuencia con que disertaba, de igual modo entraba también la verdad con que hablaba. [...] la verdad es que aunque no me preocupaba de aprender lo que decía sino tan solo oír la forma en que lo decía mi espíritu acudía a la vez las palabras, que apreciaba, también el contenido, que descuidaba". 

Marcel Prout supo reconcilarlo todo en un pasaje de crisol: el tiempo en su propia búsqueda. Una obra que confiere al lector lo propio de la lírica, deshacer el ruido del tiempo en una sola cosa.  


sábado, 14 de enero de 2017

De la naturalidad en poesía y la mandolina de Vivaldi.

EL CONCIERTO de mandolina de Vivaldi es un prodigio y un ejemplo máximo de inteligencia creativa. No contaba Vivaldi con una tradición sólida, edificante, con la que construir sus composiciones musicales para un instrumento que irrumpía en su tiempo. Sin embargo, el equilibrio entre el órgano y la mandolina, entre sus modos de ejecución y sus timbres, otorga una propuesta renovadora y fascinante. 

Esto mismo llevado a la poesía nos puede ayudar a encontrar una propuesta personal, equilibrada, que contraiga en una misma razón creativa  lo contemporáneo y lo esencial. Para ello, debemos contener en el imaginario lo que otros hicieron con maestría al tiempo que debemos mantener una labor frenética de búsqueda continua de expresión. En ocasiones, para la poesía, la búsqueda es silencio. 

Siempre me pareció Vivaldi un compositor extraordinario, una suerte de Valéry de la música por lo que mostró en su prodigiosa capacidad creativa. La música de Vivaldi posee momentos deslumbrantes, únicos, geniales. El concierto de mandolina es uno de ellos. 

Hablaba del equilibrio en la poesía y en cómo puede uno aprender de ese proceso tratando de entender a artistas de distintas disciplinas. En la historia de la poesía hispánica uno de los periodos que me mejor supo conciliar lo nuevy lo antiguo fue el Renacimiento (puede que el mejor). Cervantes está en ese parnaso de autores que sirven de goznes entre una época y otra; pero también Manrique, Garcilaso, fray Luis. El caso de san Juan de la Cruz lo dejamos como un ínsula extraña en el devenir de nuestra lírica, por su extraordinaria y singular propuesta. Posteriormente, Quevedo, Lope y Góngora, cada cual con sus propuestas personales supieron recoger el fruto cierto de estos lírico renacentistas, no renegaron de ellos, antes al contrario, los llevaron al extremo de su expresión lingüística. 

Sea cual fuere el caso del poeta de marras, lo cierto es que busca uno perpetuamente lo que denominamos la naturalidad en poesía. Y parece que, con el tiempo, la naturalidad consiste en el encuentro de la individualidad con la pluralidad, de la voz monódica que se incardina en el sinfónico decir de lo permanente. Cuando eso sucede, en el himno gigante y extraño, el decir poético trasciende su tiempo y se desprende del autor que la germinó. 










miércoles, 11 de enero de 2017

Más frágiles, más vivos, más fieles.

LA GRACIA de escribir es como la gracia de ser, se tiene o no se tiene. Hay escritores que por más que se empeñen en querer desarrollar la gracia, el don, el talento, el genio no lo logran. Lo mismo sucede cuando uno lee que un grupo de poetas van a hablar en torno a J.R.J. aun sin que ellos hayan manifestado jamás en sus versos un ápice de la herencia juanramoniana. Pero la literatura o, en mejor decir, los vestigios y aledaños de la literatura están en ese calibre, en ese estadio de mediocridad. Solo nos queda ser cronista del derrumbe. No hay salvoconducto por la originalidad. 

Por eso mismo vuela uno a su refugio personal, solitariamente decidido a desdecir lo que le provoca estas siniestras actuaciones. Lo siniestro, ah, lo que me detona todas las malas vibraciones posibles, cada vez más derramada en más individuos que desean ser lo que jamás serán. 

Se me viene a la mente Marcel Proust, agarro el volumen y lo transcribo: «Pero cuando nada subsiste ya de un pasado antiguo, cuando han muerto los seres y se han derrumbado las cosas, solos, más frágiles, más vivos, más inmateriales, más persistentes y más fieles que nunca, el olor y el sabor perduran mucho más, y recuerdan, y aguardan, y esperan, sobre las ruinas de todo, y soportan sin doblegarse en su impalpable gotita, el edificio enorme del recuerdo». 

Y así pasa todo de hito en hito, ya me reconfortan muy pocas cosas, quizás las que siempre fueron verdaderas. me alejo de lo siniestro, de lo que nunca fue verdad y me arrojo a las manos límpidas de F. a la piel de E. al susurro de M.C. también al suculento armonizar de la noche copiosa y las música promiscua del ser.   

  

martes, 10 de enero de 2017

París, el olvido de sí y la razón oculta.

HOY he recordado aquel paseo por la orilla del Sena cuando éramos todavía fugitivos. Ibas agarrada de mi mano y llevabas el libro de Cortázar en la otra. El frío era de un rigor estatuario, nos relegaba a que los cuerpos estuvieran juntos, en socorro. A cada paso, me leías una página, un pasaje, un capítulo del libro con la cara iluminada. En el Ponte Neuf casi nos chocamos con el señor que estaba tocando la guitarra, -el tango de Gardel en la ribera es danza de luz-, pero nada nos hacía salirnos del momento de vida. La tarde completa, contemplando la anochecida en nuestro jardín preferido, es la estampa de la plenitud en nuestra memoria. Nunca estuviste tan bella como en aquella sentada de horas en la Place Dauphine.     
Cortázar nos había entregado para nosotros el episodio de la noche anterior en Polidor y el castillo sangriento seguía latente en nuestra fragilidad de frugales individuos que pensaban en la vida intacta.
Uno de los pasajes que leías de Rayuela lo recuerdo con exactitud cristalina, andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos. Era el tiempo del encuentro y ese encuentro perdura hasta estos días, estas mismas tardes en el sur que tanto se asemeja a la caída de la luz en la piedra de París.   
Creo que este episodio ha remontado hoy en la memoria por sobre los demás porque la luz es la misma de entonces y esa luz me ha hecho preguntarme por lo que somos, por lo que fuimos en ese momento y no atisbábamos. Por esto mismo, tomando del libro otro texto, voy entendiendo los pasos juntamente y como se preguntaba el escritor, por  las razones de arriesgar el presente por el futuro, entiendo que estabas ya como razón de amor, como razón de la vida que ahora nos supera y compartimos.  
(Relatos)

lunes, 9 de enero de 2017

Palabra, alma, estilo, tiempo y verdad.

LA palabra humana es el don que nos une con lo incomprensible.

***
"Busca en ti mismo la paz del alma", decía Marco Aurelio; sostén tu palabra y tus acciones en el surco de ese encuentro, me digo en silencio.

***

¿Has visto aquella barquita menuda soportando el oleaje contrariado sobre sus tablas? ¿Ves cómo se mantiene a flote, cómo busca el equilibrio, cómo desafía el vaivén cambiante de los coros y las voces de lo siniestro?

***

El estilo es el abandono de todos los estilos; la voz es la confluencias de voces en polifonía.

***

Con el tiempo, lo que menos soporto es la incoherencia ética en los hombres y eso consiste, ni más ni menos, en decir una cosa y hacer otra.

***
Cuando uno se entrega con verdad tan solo desea recibir verdad. Por eso hay selección continua en todo.






domingo, 8 de enero de 2017

El tiempo es lo que queda de este sueño y y tú eres la materia de esos sueños.

PARECE que el tiempo es en sustancia una pátina que va disolviéndose a medida que los años avanzan. Digo los años por utilizar una palabra, un vocablo, pero, con todo, la certeza de que existe una circularidad y una renovación perpetuas es cada vez más diáfana.  Nuestra materia va tomando la escansión hacia la muerte de ese tránsito y nuestra vejez puede que no sea más que un desgaste de volver a ser siempre lo que fuimos. 
No sé si me explico en abierto en el párrafo anterior, pero podríamos decir que somos como naturaleza: una y diversidad, un cambiante carrusel de seres que son siempre los mismos, el mismo. El árbol se mantiene en su idea de árbol más allá de sus circunstancias y cambiantes formas. Lo propio con nosotros, una vez adquirida la idea ética de qué pretendemos ser la consciencia anida en ese presupuesto por siempre. 
Sin embargo, a cada vuelta y cada transformación se produce un despojo  (amistades, palabras, libros, viajes, objetos, vida misma) y, al tiempo, una prístina semblanza en la consciencia comienza a tallarnos la finitud en la frente como sucede en los últimos cantos de la Commedia. Las señales son cada vez más claras, comenzamos a ver sin ver, a escuchar sin escuchar, a vivir sin tener vida. 
La invisibilidad se hace colorida y alrededor suenan los chelos con la música cautiva del ser. 

Y de repente, como advertía Dante, llega el momento de la consciencia plena, el punto en que nadie es imprescindible en tu vida, en que se evidencia si las raíces y la hondura de nuestra estancia habían sido profundas, verdaderas, blancas. El viento de las contrariedades zumba y zarandea los cuerpos. En ese estadio, todo lo que devenga será dádiva sobrante, extensión periférica. Pareciera que todo comienza a tomar su pulso exacto:  el mar, las nubes, el aire, la amistad, el puro amor providente. 

Y vivimos de hito en hito, acompasados por la figura de la noche en nuestros ojos. 





lunes, 2 de enero de 2017

Danzas y flautines en la tarde. Cancioncilla por añadidura.

ASÍ CORRE el comienzo de la nueva estación. Diego Ortiz, Luis de Millán, Mudarra, Cabezón y Pastrana van inundando la tarde con la cadencia de la música renacentista. Una música que se encontraba en un estadio que tengo para mí como muy fructífero, pues en este periodo música y poesía vuelven a reconciliarse como nunca antes lo habían hecho. 
La palabra acomodada a una cadencia muy cercana a la música de su tiempo; en paralelo, la música avanza al socaire de las composiciones líricas, como si hubiera ido creciendo en inmensidad hasta hacerse independiente. En esas etapas de acercamiento, que para verlas tendremos que esperar hasta el XIX, las dos disciplinas que adoro me han dado momentos de placer y de gozo, me siguen agrandando como lector y escuchante.  

Especialmente la pureza lírica de estas composiciones, con el tiempo, me han ido dando muestras de su gran cualidad como elemento creativo. Más allá del exacerbado sentimentalismo, anida en ellas una pureza natural, un decir pulcro, una soltura rítmica que me fascinan y que, al tiempo, me hacen volver al inicio de todo. Es lo que denomino la música del idioma, la sonoridad revivida en la palabra poética. 

El inicio es la vuelta a la palabra primera, a la búsqueda del decir propio en poesía. Difícil trabajo el del discurso propio, pues está en la naturaleza del ser ir con el cambio, acontecer a la medida en que la consciencia se transmuta. Por eso mismo, la poesía es palabra en el tiempo y nos vuelve hacia nosotros, hacia lo que comenzamos a ser.   


(Invierno 2017)



VI
Las nubes, a lo lejos,
en la llanura,
confunden a tus ojos
con la hermosura.





sábado, 31 de diciembre de 2016

La rueca incesante de la lectura y la huella indeleble en en lector: Al paso de la edad (2017)

SER LECTOR es una condición inacabable en la vida; no tiene principio ni tiene fin establecido, es la propia naturaleza de vivir la que le otorga su itinerario pues el lector termina por confundir, como decía Pastrana, "llenos de lágrimas tristes mis ojos", vida y literatura. Puede que esa confusión no sea más que el fruto natural de la vida arraigada en las artes escritas. He ahí su discurso interminable para nortear los días por donde nunca nosotros los llevaríamos en nuestras planas vidas.

Decía que la lectura es un proceso cuyo inicio es desconocido, más aún lo es su fin. No sabemos los libros que terminaremos por leer, pero sí vamos tomando consciencia de que no todos los libros son necesarios, que no todas las lecturas debieran ser cumplimientos obligatorios, porque si hay un acto de entendimiento del camino de la vida es el de enfrentarse a una biblioteca. 

Borges manifestaba que la biblioteca es cifra del infinito y estoy con él en ese aserto, ya que la biblioteca es una recopilación finita y contable de ejemplares, pero con una propuesta infinita e inasumible de vida, del tiempo de la vida en ellos. 

En la acción de leer existen miedos como en la propia vida, los miedos a estar equivocados, a no estar haciendo lo que uno debiera según sus principios. Y es así como se vuelven a releer los libros de siempre porque sabemos, al término de su luz, que podemos seguir estableciendo un diálogo con nosotros mismos. Si algo somos es un frugal paso de los días en la carne, pero cuando el mapa ético está establecido, debe uno permanecer en él por siempre. 

Abandonar el centro indudable es la traición diáfana a nosotros mismos. Estar en los cabales de las ideas que nos acogen también tiene sus consecuencias y, a veces, nos duelen las acciones de los otros, un dolor que al tiempo es gozoso, pues no de otra forma se siente la soledad y el silencio.  Leo en el Tao, capítulo 33: "Aquel que no pierde su centro, perdura". 

Hace años comencé a escribir las lecturas y lo que me suscitaban las lecturas que realizaba. Ese ejercicio se transfirió a todo lo que me sucedía, de Escribir la lectura a Las contemplaciones, del texto exacto de los otros al silabeo interno que el discurso polifónico de la vida timbra en mí. 

Y seguimos leyendo y seguiremos escribiendo al socaire de esas lecturas que se confunden con la vida y que me dejan ahora, cerca y vibrante, de E., M.C. y F., arraigados a ellos como los únicos que ofrecen amor. Como decía Muñoz Rojas en el poema "Tu oficio, poeta", estamos "para que algo quede de este latir". Así las cosas,  el iter vitae de esta aventura  queda con el siguiente croquis: 


ESCRIBIR LA LECTURA (2008-2009)

ARS VIVENDI (2010)

LAS CONTEMPLACIONES (2011)

ALMA REGIÓN LUCIENTE (2012)

MURMULLO DE LA TRANSPARENCIA (2013)

RITO DE SILENCIO (2014)

SER ALGO EN NADA (2015)

CUESTIÓN DE DESNUDEZ (2016)

Para el año próximo comenzamos 

Al PASO DE LA EDAD (Quevedo) (2017)





Cinco cancioncillas y decires

I
Prefiero el canto llano
y la humildad

a los vacuos sonidos
de la falsedad.

II
Morada de la tarde, enamorado,

la sombra de un presente
corre a mi lado.

III
A la caza de amor,
buscando en alto,

el sueño transparente
de un dios en blanco.


IV
No te despiertes nunca,

eres un sueño;
busca el centro, el origen
en el desvelo.


V

Alborea la vida

en la mañana,
los cuerpos invisibles
como del alba.
Cancioncillas y decires

martes, 27 de diciembre de 2016

viernes, 23 de diciembre de 2016

"Me siento múltiple" explicaba Pessoa a la sombra de lo que fue.

LAS contrariedades de este año se han unido a la fascinaciones de este año. Ha sido todo una suerte de reconciliación de los contrarios y pienso ahora que quizás ese sea el verdadero bozal de la vida. 
Convivir con esos vaivenes, -a pesar de no comprenderlos ni encontrarles causa-, suponen una raigambre renovada: la fidelidad a todo. 
La limpieza en el espíritu es la única condición para que la poesía pueda permanecer en la armonía constante, la que se intuye, la que se persigue a cada sílaba, la que brota sin duda de su verdad. Todo alejado de todo siniestro. 

Decía Pessoa en un pasaje puramente cervantino: "No sé quién soy, qué alma tengo.  [...] Soy distintamente otro diferente de ese yo que no sé si existe. [...] Me siento múltiple".  

 Y me recluyo en un poema de Hölderlin, pues tomo todo esto como un renacer, una invocación a la renovación en el ser. Escribió Hölerlin en el poema "La primavera":

[...]

"El hacer diario de los hombres nace con nueva meta,
siendo muchos los signos en el mundo, muchos los prodigios".

Esa es la búsqueda ahora, los nuevos signos en el mundo. Desde lo permanente, sin más aspavientos que la humilde estancia en la lectura.