domingo, 15 de enero de 2017

La verdad expresada con Steiner, Marcel Proust y San Agustín.

LA LENGUA posee la dinámica misma de la ficción. Cuando ella comienza su acción verbal la ficción es consustancial. Podríamos decir que cuando la lengua funciona, se concilia el funcionamiento de la forma y la idea. hablar de algo es un acto de ficción tanto como escribir una ficción, tan solo los niveles de diégesis o de profundidad o capas de realidad las distinguen. 

La lengua crea  desde su misma consciencia. Los relatos bíblicos y de otras religiones, así lo demuestran: el hombre haPor esto mismo creo en la  tenido consciencia de la fuerza de acción de la palabra sobre la idea de la realidad. Dice Steiner de forma luminosa: "toda la historia de la ficción se aloja en la gramática del pretérito". 

El discurso, por tanto, es el grial de nuestras vidas. Dependemos plenamente de lo que verbalizamos y además volcamos en el discurso los sueños, las esperanzas, los recuerdos...todo lo que nos hace realmente humanos en la tierra. 

Esto llevado al campo de las manifestaciones individuales nos conduce a la inextirpable posibilidad de decir, es decir, los juicios literarios son en su mayoría irrefutables pues lo tendríamos que hacer con otro discurso. No hay método de juicio del discurso más que el del discurso. 

En definitiva, trato de llegar a la conclusión de que no existe método alguno para refutar una manifestación estética (lírica, narrativa o dramática) que no posea o bien argumentos discursivos o bien argumentos lingüísticos. Estos últimos, con los que el estructuralismo quiso llegar a la literalidad, al hecho en sí, ha dado buenos resultados, pero no dejan de ser tanteos que se escurren en la interpretación subjetiva del lector. 

Por esto mismo creo en la instrucción individual del espíritu, es la manifestación diáfana de las obras que pertenecen al devenir de la espiritualidad común y ancestral. Así las cosas, puede uno leer a Marcel Proust con el mismo deleite que San Agustín. La materia del espíritu es inmensa y no son irreconciliables los términos de expresión, antes al contrario, son complementarios. 

Cuando San Agustín llega a Milán para aprender de San Ambrosio, manifiesta lo siguiente en el Libro V: " Y mientras habría mi corazón para captar la elocuencia con que disertaba, de igual modo entraba también la verdad con que hablaba. [...] la verdad es que aunque no me preocupaba de aprender lo que decía sino tan solo oír la forma en que lo decía mi espíritu acudía a la vez las palabras, que apreciaba, también el contenido, que descuidaba". 

Marcel Prout supo reconcilarlo todo en un pasaje de crisol: el tiempo en su propia búsqueda. Una obra que confiere al lector lo propio de la lírica, deshacer el ruido del tiempo en una sola cosa.  


sábado, 14 de enero de 2017

De la naturalidad en poesía y la mandolina de Vivaldi.

EL CONCIERTO de mandolina de Vivaldi es un prodigio y un ejemplo máximo de inteligencia creativa. No contaba Vivaldi con una tradición sólida, edificante, con la que construir sus composiciones musicales para un instrumento que irrumpía en su tiempo. Sin embargo, el equilibrio entre el órgano y la mandolina, entre sus modos de ejecución y sus timbres, otorga una propuesta renovadora y fascinante. 

Esto mismo llevado a la poesía nos puede ayudar a encontrar una propuesta personal, equilibrada, que contraiga en una misma razón creativa  lo contemporáneo y lo esencial. Para ello, debemos contener en el imaginario lo que otros hicieron con maestría al tiempo que debemos mantener una labor frenética de búsqueda continua de expresión. En ocasiones, para la poesía, la búsqueda es silencio. 

Siempre me pareció Vivaldi un compositor extraordinario, una suerte de Valéry de la música por lo que mostró en su prodigiosa capacidad creativa. La música de Vivaldi posee momentos deslumbrantes, únicos, geniales. El concierto de mandolina es uno de ellos. 

Hablaba del equilibrio en la poesía y en cómo puede uno aprender de ese proceso tratando de entender a artistas de distintas disciplinas. En la historia de la poesía hispánica uno de los periodos que me mejor supo conciliar lo nuevy lo antiguo fue el Renacimiento (puede que el mejor). Cervantes está en ese parnaso de autores que sirven de goznes entre una época y otra; pero también Manrique, Garcilaso, fray Luis. El caso de san Juan de la Cruz lo dejamos como un ínsula extraña en el devenir de nuestra lírica, por su extraordinaria y singular propuesta. Posteriormente, Quevedo, Lope y Góngora, cada cual con sus propuestas personales supieron recoger el fruto cierto de estos lírico renacentistas, no renegaron de ellos, antes al contrario, los llevaron al extremo de su expresión lingüística. 

Sea cual fuere el caso del poeta de marras, lo cierto es que busca uno perpetuamente lo que denominamos la naturalidad en poesía. Y parece que, con el tiempo, la naturalidad consiste en el encuentro de la individualidad con la pluralidad, de la voz monódica que se incardina en el sinfónico decir de lo permanente. Cuando eso sucede, en el himno gigante y extraño, el decir poético trasciende su tiempo y se desprende del autor que la germinó. 










miércoles, 11 de enero de 2017

Más frágiles, más vivos, más fieles.

LA GRACIA de escribir es como la gracia de ser, se tiene o no se tiene. Hay escritores que por más que se empeñen en querer desarrollar la gracia, el don, el talento, el genio no lo logran. Lo mismo sucede cuando uno lee que un grupo de poetas van a hablar en torno a J.R.J. aun sin que ellos hayan manifestado jamás en sus versos un ápice de la herencia juanramoniana. Pero la literatura o, en mejor decir, los vestigios y aledaños de la literatura están en ese calibre, en ese estadio de mediocridad. Solo nos queda ser cronista del derrumbe. No hay salvoconducto por la originalidad. 

Por eso mismo vuela uno a su refugio personal, solitariamente decidido a desdecir lo que le provoca estas siniestras actuaciones. Lo siniestro, ah, lo que me detona todas las malas vibraciones posibles, cada vez más derramada en más individuos que desean ser lo que jamás serán. 

Se me viene a la mente Marcel Proust, agarro el volumen y lo transcribo: «Pero cuando nada subsiste ya de un pasado antiguo, cuando han muerto los seres y se han derrumbado las cosas, solos, más frágiles, más vivos, más inmateriales, más persistentes y más fieles que nunca, el olor y el sabor perduran mucho más, y recuerdan, y aguardan, y esperan, sobre las ruinas de todo, y soportan sin doblegarse en su impalpable gotita, el edificio enorme del recuerdo». 

Y así pasa todo de hito en hito, ya me reconfortan muy pocas cosas, quizás las que siempre fueron verdaderas. me alejo de lo siniestro, de lo que nunca fue verdad y me arrojo a las manos límpidas de F. a la piel de E. al susurro de M.C. también al suculento armonizar de la noche copiosa y las música promiscua del ser.   

  

martes, 10 de enero de 2017

París, el olvido de sí y la razón oculta.

HOY he recordado aquel paseo por la orilla del Sena cuando éramos todavía fugitivos. Ibas agarrada de mi mano y llevabas el libro de Cortázar en la otra. El frío era de un rigor estatuario, nos relegaba a que los cuerpos estuvieran juntos, en socorro. A cada paso, me leías una página, un pasaje, un capítulo del libro con la cara iluminada. En el Ponte Neuf casi nos chocamos con el señor que estaba tocando la guitarra, -el tango de Gardel en la ribera es danza de luz-, pero nada nos hacía salirnos del momento de vida. La tarde completa, contemplando la anochecida en nuestro jardín preferido, es la estampa de la plenitud en nuestra memoria. Nunca estuviste tan bella como en aquella sentada de horas en la Place Dauphine.     
Cortázar nos había entregado para nosotros el episodio de la noche anterior en Polidor y el castillo sangriento seguía latente en nuestra fragilidad de frugales individuos que pensaban en la vida intacta.
Uno de los pasajes que leías de Rayuela lo recuerdo con exactitud cristalina, andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos. Era el tiempo del encuentro y ese encuentro perdura hasta estos días, estas mismas tardes en el sur que tanto se asemeja a la caída de la luz en la piedra de París.   
Creo que este episodio ha remontado hoy en la memoria por sobre los demás porque la luz es la misma de entonces y esa luz me ha hecho preguntarme por lo que somos, por lo que fuimos en ese momento y no atisbábamos. Por esto mismo, tomando del libro otro texto, voy entendiendo los pasos juntamente y como se preguntaba el escritor, por  las razones de arriesgar el presente por el futuro, entiendo que estabas ya como razón de amor, como razón de la vida que ahora nos supera y compartimos.  
(Relatos)

lunes, 9 de enero de 2017

Palabra, alma, estilo, tiempo y verdad.

LA palabra humana es el don que nos une con lo incomprensible.

***
"Busca en ti mismo la paz del alma", decía Marco Aurelio; sostén tu palabra y tus acciones en el surco de ese encuentro, me digo en silencio.

***

¿Has visto aquella barquita menuda soportando el oleaje contrariado sobre sus tablas? ¿Ves cómo se mantiene a flote, cómo busca el equilibrio, cómo desafía el vaivén cambiante de los coros y las voces de lo siniestro?

***

El estilo es el abandono de todos los estilos; la voz es la confluencias de voces en polifonía.

***

Con el tiempo, lo que menos soporto es la incoherencia ética en los hombres y eso consiste, ni más ni menos, en decir una cosa y hacer otra.

***
Cuando uno se entrega con verdad tan solo desea recibir verdad. Por eso hay selección continua en todo.






domingo, 8 de enero de 2017

El tiempo es lo que queda de este sueño y y tú eres la materia de esos sueños.

PARECE que el tiempo es en sustancia una pátina que va disolviéndose a medida que los años avanzan. Digo los años por utilizar una palabra, un vocablo, pero, con todo, la certeza de que existe una circularidad y una renovación perpetuas es cada vez más diáfana.  Nuestra materia va tomando la escansión hacia la muerte de ese tránsito y nuestra vejez puede que no sea más que un desgaste de volver a ser siempre lo que fuimos. 
No sé si me explico en abierto en el párrafo anterior, pero podríamos decir que somos como naturaleza: una y diversidad, un cambiante carrusel de seres que son siempre los mismos, el mismo. El árbol se mantiene en su idea de árbol más allá de sus circunstancias y cambiantes formas. Lo propio con nosotros, una vez adquirida la idea ética de qué pretendemos ser la consciencia anida en ese presupuesto por siempre. 
Sin embargo, a cada vuelta y cada transformación se produce un despojo  (amistades, palabras, libros, viajes, objetos, vida misma) y, al tiempo, una prístina semblanza en la consciencia comienza a tallarnos la finitud en la frente como sucede en los últimos cantos de la Commedia. Las señales son cada vez más claras, comenzamos a ver sin ver, a escuchar sin escuchar, a vivir sin tener vida. 
La invisibilidad se hace colorida y alrededor suenan los chelos con la música cautiva del ser. 

Y de repente, como advertía Dante, llega el momento de la consciencia plena, el punto en que nadie es imprescindible en tu vida, en que se evidencia si las raíces y la hondura de nuestra estancia habían sido profundas, verdaderas, blancas. El viento de las contrariedades zumba y zarandea los cuerpos. En ese estadio, todo lo que devenga será dádiva sobrante, extensión periférica. Pareciera que todo comienza a tomar su pulso exacto:  el mar, las nubes, el aire, la amistad, el puro amor providente. 

Y vivimos de hito en hito, acompasados por la figura de la noche en nuestros ojos. 





lunes, 2 de enero de 2017

Danzas y flautines en la tarde. Cancioncilla por añadidura.

ASÍ CORRE el comienzo de la nueva estación. Diego Ortiz, Luis de Millán, Mudarra, Cabezón y Pastrana van inundando la tarde con la cadencia de la música renacentista. Una música que se encontraba en un estadio que tengo para mí como muy fructífero, pues en este periodo música y poesía vuelven a reconciliarse como nunca antes lo habían hecho. 
La palabra acomodada a una cadencia muy cercana a la música de su tiempo; en paralelo, la música avanza al socaire de las composiciones líricas, como si hubiera ido creciendo en inmensidad hasta hacerse independiente. En esas etapas de acercamiento, que para verlas tendremos que esperar hasta el XIX, las dos disciplinas que adoro me han dado momentos de placer y de gozo, me siguen agrandando como lector y escuchante.  

Especialmente la pureza lírica de estas composiciones, con el tiempo, me han ido dando muestras de su gran cualidad como elemento creativo. Más allá del exacerbado sentimentalismo, anida en ellas una pureza natural, un decir pulcro, una soltura rítmica que me fascinan y que, al tiempo, me hacen volver al inicio de todo. Es lo que denomino la música del idioma, la sonoridad revivida en la palabra poética. 

El inicio es la vuelta a la palabra primera, a la búsqueda del decir propio en poesía. Difícil trabajo el del discurso propio, pues está en la naturaleza del ser ir con el cambio, acontecer a la medida en que la consciencia se transmuta. Por eso mismo, la poesía es palabra en el tiempo y nos vuelve hacia nosotros, hacia lo que comenzamos a ser.   


(Invierno 2017)



VI
Las nubes, a lo lejos,
en la llanura,
confunden a tus ojos
con la hermosura.





sábado, 31 de diciembre de 2016

La rueca incesante de la lectura y la huella indeleble en en lector: Al paso de la edad (2017)

SER LECTOR es una condición inacabable en la vida; no tiene principio ni tiene fin establecido, es la propia naturaleza de vivir la que le otorga su itinerario pues el lector termina por confundir, como decía Pastrana, "llenos de lágrimas tristes mis ojos", vida y literatura. Puede que esa confusión no sea más que el fruto natural de la vida arraigada en las artes escritas. He ahí su discurso interminable para nortear los días por donde nunca nosotros los llevaríamos en nuestras planas vidas.

Decía que la lectura es un proceso cuyo inicio es desconocido, más aún lo es su fin. No sabemos los libros que terminaremos por leer, pero sí vamos tomando consciencia de que no todos los libros son necesarios, que no todas las lecturas debieran ser cumplimientos obligatorios, porque si hay un acto de entendimiento del camino de la vida es el de enfrentarse a una biblioteca. 

Borges manifestaba que la biblioteca es cifra del infinito y estoy con él en ese aserto, ya que la biblioteca es una recopilación finita y contable de ejemplares, pero con una propuesta infinita e inasumible de vida, del tiempo de la vida en ellos. 

En la acción de leer existen miedos como en la propia vida, los miedos a estar equivocados, a no estar haciendo lo que uno debiera según sus principios. Y es así como se vuelven a releer los libros de siempre porque sabemos, al término de su luz, que podemos seguir estableciendo un diálogo con nosotros mismos. Si algo somos es un frugal paso de los días en la carne, pero cuando el mapa ético está establecido, debe uno permanecer en él por siempre. 

Abandonar el centro indudable es la traición diáfana a nosotros mismos. Estar en los cabales de las ideas que nos acogen también tiene sus consecuencias y, a veces, nos duelen las acciones de los otros, un dolor que al tiempo es gozoso, pues no de otra forma se siente la soledad y el silencio.  Leo en el Tao, capítulo 33: "Aquel que no pierde su centro, perdura". 

Hace años comencé a escribir las lecturas y lo que me suscitaban las lecturas que realizaba. Ese ejercicio se transfirió a todo lo que me sucedía, de Escribir la lectura a Las contemplaciones, del texto exacto de los otros al silabeo interno que el discurso polifónico de la vida timbra en mí. 

Y seguimos leyendo y seguiremos escribiendo al socaire de esas lecturas que se confunden con la vida y que me dejan ahora, cerca y vibrante, de E., M.C. y F., arraigados a ellos como los únicos que ofrecen amor. Como decía Muñoz Rojas en el poema "Tu oficio, poeta", estamos "para que algo quede de este latir". Así las cosas,  el iter vitae de esta aventura  queda con el siguiente croquis: 


ESCRIBIR LA LECTURA (2008-2009)

ARS VIVENDI (2010)

LAS CONTEMPLACIONES (2011)

ALMA REGIÓN LUCIENTE (2012)

MURMULLO DE LA TRANSPARENCIA (2013)

RITO DE SILENCIO (2014)

SER ALGO EN NADA (2015)

CUESTIÓN DE DESNUDEZ (2016)

Para el año próximo comenzamos 

Al PASO DE LA EDAD (Quevedo) (2017)





Cinco cancioncillas y decires

I
Prefiero el canto llano
y la humildad

a los vacuos sonidos
de la falsedad.

II
Morada de la tarde, enamorado,

la sombra de un presente
corre a mi lado.

III
A la caza de amor,
buscando en alto,

el sueño transparente
de un dios en blanco.


IV
No te despiertes nunca,

eres un sueño;
busca el centro, el origen
en el desvelo.


V

Alborea la vida

en la mañana,
los cuerpos invisibles
como del alba.
Cancioncillas y decires

martes, 27 de diciembre de 2016

viernes, 23 de diciembre de 2016

"Me siento múltiple" explicaba Pessoa a la sombra de lo que fue.

LAS contrariedades de este año se han unido a la fascinaciones de este año. Ha sido todo una suerte de reconciliación de los contrarios y pienso ahora que quizás ese sea el verdadero bozal de la vida. 
Convivir con esos vaivenes, -a pesar de no comprenderlos ni encontrarles causa-, suponen una raigambre renovada: la fidelidad a todo. 
La limpieza en el espíritu es la única condición para que la poesía pueda permanecer en la armonía constante, la que se intuye, la que se persigue a cada sílaba, la que brota sin duda de su verdad. Todo alejado de todo siniestro. 

Decía Pessoa en un pasaje puramente cervantino: "No sé quién soy, qué alma tengo.  [...] Soy distintamente otro diferente de ese yo que no sé si existe. [...] Me siento múltiple".  

 Y me recluyo en un poema de Hölderlin, pues tomo todo esto como un renacer, una invocación a la renovación en el ser. Escribió Hölerlin en el poema "La primavera":

[...]

"El hacer diario de los hombres nace con nueva meta,
siendo muchos los signos en el mundo, muchos los prodigios".

Esa es la búsqueda ahora, los nuevos signos en el mundo. Desde lo permanente, sin más aspavientos que la humilde estancia en la lectura. 

lunes, 19 de diciembre de 2016

Suena Cabezón, suicido de lo banal.

QUATRO FAVORDONES


Contrapunto en la calma de la tarde
mientras repaso el canto de tu música.
Cabezón, y tan ciego, solo el ojo
de tu alma te hizo feroz polifemo
mas tu única luz en pentagrama
socorre al mundo de su vulgar esencia.

[…]

sábado, 17 de diciembre de 2016

UN día empecé a leer seriamente y contemplé al mar ido con el sol.

UN DÍA empecé a leer seriamente, dice Pessoa, cuando me cansé de entregarme a mí. Lo escribía Pessoa en sus Diarios (Gadir, 2008). En estas páginas hay pasajes deslumbrantes, tanto o más que los que me conmocionaron en Libro del desasosiego. En el diario, a demás de eventualidades, Pessoa entra en ocasiones en pequeñas trifulcas de pensamiento que deja tan solo anotadas, sugeridas, como el escultor que deja la obra a media terminar. A partir de ellas la plurisignificación comienza a operar. 

Decía que, en estas páginas, he hallado frases cristalinas, a saber: "Soy un poeta impulsado por la filosofía, no un filósofo con cualidades poéticas". A continuación, redondea la frase: "Me fascinaba observar la belleza de las cosas y dibujar lo imperceptible, lo minúsculo, que define el alma poética del universo". 

Palabras muy cercanas a las de Antonio Machado:

El alma del poeta
se orienta hacia el misterio.
Sólo el poeta puede
mirar lo que está lejos
dentro del alma, en turbio
y mago sol envuelto.


Quizás la misma sustancia que podemos leer en el poema de Hölderlin "El ser del espíritu":

"No se oculta a los hombres el ser del Espíritu".
[...]

Como afirmaba Rimbaud en el poema L´Eternité: 
"Ha sido encontrada. 
¿Qué?- La Eternidad.
Es el mar ido
con el sol".



jueves, 15 de diciembre de 2016

Somos el olvido consumado

LA LECTURA se incuba. La lectura se hace oval en nuestro ser; una suerte de osario sobre el que disponemos nuestros pasos venideros.

***

No olvidemos que persona y máscara, desde el mundo antiguo, se funden en una misma identidad.

***

Somos el olvido consumado. 

***

En puridad, estamos en una sociedad negligente (nec legens), que no lee. 

***
Unos llegan, otros se van...de algunos no logro entender qué fueron. 

martes, 13 de diciembre de 2016

En el paso de los años se alcanza la permanencia, escribió Hölderlin a los ojos de Fischer.

FISCHER, cuando visitó a Hölderlin en Tübingen, -parece ser que la última visita que recibió el poeta-, le rogó que le escribiera unos versos de forma espontánea. El episodio dice que Hölderlin le preguntó en primer término por el tema. "[...] He de escribir sobre Grecia, sobre la Primavera o sobre el Espíritu del Tiempo?". Fischer le habría sugerido el último de los temas propuestos. De ahí nace el poema intitulado "El espíritu del Tiempo", fechado un 24 de mayo de 1748. 

Con este poema aprendí una consigna que mantengo en estas paginas y con la idea misma de la literatura: el arte es transformación y permanencia tal que la propia condición humana.  
Del mismo modo, la enseñanza del primer verso es crucial: 
"La vida es la tarea del hombre en este mundo". 

La orientación semántica hacia la propia ética-estética en el verso es inconfundible. Puede que el verso más cristalino de todos sea el siguiente: 

"En el paso de los años se alcanza la permanencia"

Este poema me lleva a las páginas de Carl Gustav Jung sobre "El tiempo de lo venidero" que con tanto fervor. he ido asimilando y leyendo estos años. En El libro rojo de este autor puede uno leer lo siguiente: 

"Tu visión devendrá más clara solamente cuando mires dentro de tu corazón. 
Aquel que mira afuera, sueña. Quién mira en su interior, despierta".

En efecto, es el rigor del sentimiento puro, la alta visión de lo sublime lo que conduce a la mirada del corazón. Quizás la poesía misma, auténtica, no es más que el discurso que deviene de la mirada interior que hace despertar al poeta y convocar a belleza. Por eso es indudable su esencia, por eso es permanente y pura. 

Por desgracia, predomina la mirada externa, la que sueña. En este sentido, dice Hölderlin en un poema titulado "Amistad", que "El espíritu noble no es a la amistad ajeno". Entiendo este poema como una suerte de discurso sobre la fraternidad, sobre la relación entre hombres asentada en la pureza, en el diálogo entre miradas interiores. 

Cada vez creo que la amistad es una enseñanza que concluye en la fraternidad entre mortales. Por este motivo, quizás, sea tan escasa, tan proclive a las idas y venidas. De la misma forma que es difícil hallar la amistad nutricia, es fácil encontrarse con la negrura de lo siniestro en los otros. 

También la ingratitud es humana y la sinrazón una condición de nuestra miseria. Hólderlin:

"Cuando conócense los hombres por su valor interno
pueden con alegría llamarse amigos.
[...]Los hombres gustan de las armonías
y a la confianza se sienten inclinados, viviendo para conocer".

No llegó a escribir Höilderlin un poema a la inversa, sobre el encuentro en los otros de la falta de valor interno. El poeta estaba recluido, en soledad sonora, y solo discurría en él el luminoso estado de la soledad y el silencio; cuando lo leemos se nos ilumina, a nosotros, ahora, en la transformación, en paladar oculto que calla y otorga. 


domingo, 11 de diciembre de 2016

Retales y azucenas en la mañana. Susurro de J.R.J.

VOLVER a ti y estar en ti por siempre
como el cuerpo que acude a la llamada
viva y torcal del canto de la vida.

En una paz sin sed, entre la aurora
despojada de luz y de jardines
en la noche, camino hacia tu ser
ciegamente, sonámbulo de ti.
[...]

jueves, 8 de diciembre de 2016

Nietzsche aconseja hallar el deber y R. Gaya acude a San Juan de la Cruz.

NADIE comprende el estado de la creación, ni los hijos, ni la mujer, ni los padres. Lo explicaba muy bien Ramón Gaya cuando hablaba de la soledad del creador y de la pura incomprensión que reside en los allegados con respecto a la obra artística. Estoy con él en que nadie comprende la dimensión de la obra aunque crea suponerlo, en que nadie, tan solo un creador auténtico, puede consagrarse a ello. 
Y para poder edificar en el arte es necesaria la soledad profunda, el vacío social y el encuentro polifónico con uno mismo.
Una descripción del estado vital que me conduce a Niertzsche: "Creo, además, que no venimos a la vida a ser felices, sino a cumplir con nuestro deber, y podemos considerarnos dichosos si logramos hallar cuál es ese deber".

las virtudes del pájaro solitario puede que no sean más que esa exactitud en la búsqueda y el encuentro de ese deber. Como escribió San Juan en una estrofa de una una de sus Coplas:

[...]
De paz y de piedad
era la ciencia perfecta,
en profunda soledad
entendida vía recta
era cosa tan secreta
que me quedé balbuciendo
toda ciencia trascendiendo.

[...]

La ciencia perfecta que otorga la paz interna, el camino recto, la cosa secreta que puede alzarse como el deber anunciado e incomprendido. 

domingo, 4 de diciembre de 2016

Las ideas se tienen; en las creencias se está.

LAS IDEAS se tienen; en las creencias se está. La poesía es un acto de fidelidad, por tanto, no se abandona nunca, no se duda nunca de ella pues no posee rostro ni contorno. El que duda nunca estuvo; el que cambia, solo tenía una idea, no estaba en ella.

Todo tiene su tiempo bajo el cielo y la poesía es acento de eternidad

AYER escribí unas líneas en el cuaderno amarillo, el que se titula Amarillo fulgor. En ese cuaderno recojo impresiones varias, desde meras subjetividad hasta líneas tomadas de otros autores. También se añaden algunas ideas que quedan a medias, como estas líneas, algún esbozo de poema, que casi nunca germina y  las hostilidades, esto es, cuestiones sobre lo que parecía ser en su principio una cosa y han resultado otra. Así, puede que la vida resulte toda una hostilidad permanente, a la manera de Kierkegard y que, como gustaba citar al filósofo con un pasaje de Eclesiastés: “Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo: su tiempo de nacer y su tiempo de morir”. 
Y la realidad se sucede en esa vaivén de nacimientos y muertes, acaso de renovaciones que viene  a trastocar lo que nosotros habíamos proyectado a priori sobre ese asunto. Después llega su tiempo de muerte y termina todo, incluso algo que estimábamos como bello y necesario. 

De la indolencia a lo siniestro podríamos llamarla, porque el camino a la inversa se me antoja casi imposible. Lo siniestro impera y eso me asusta y me hace que me esconda todavía más del submundo literario en que ha resultado todo. No solo literario sino que en todas las esferas de la sociedad hay una preponderancia de lo siniestro, de lo mediocre, de lo que trata de alzarse como relevante. No hay gratitud hacia lo edificante en esos ámbitos, es más, se copia y se hace lo que los demás y no se dice ni se menciona a quien inventó. Como decía Borges, una literatura de segunda mano, pero que no sufre reelaboración ni despliega homenaje.       

"Siempre has escrito sobre lo que deseabas ser, lo que jamás fuiste, lo que no serás nunca".

Como decía Pessoa en sus Diarios: [...]"Si no hay en cada uno de mis versos un acento de eternidad, habré malgastado el tiempo de los dioses en mí". 
Estas palabras aleccionadoras siempre me han llevado a aplicar una consciencia profunda sobre la creación literaria, sin concesiones a otras bagatelas y queriendo leer con parámetros literarios, sin prejuicios de ningún tipo, solo ejecutando la experiencia literaria que se hace con la lectura. 

Publicarás hoy, pero serás un gran vacío mañana. Verás tu vanagloria hinchada en estos días, pero ni un eco furtivo de tu palabra en el tiempo. Si trasladas a la gente una mentira por ser agradable y querer sobrevivir en ese mundo adyacente a lo esencial terminarás con la tierra en la boca, mudo, hueso profundo y silente. Decía mi admirado Pessoa una palabras que utilizo para cerrar este capítulo:  "Pero el público no comprende ideas complejas. hay que limitarse a darle ideas simples, generalidades vagas, es decir, mentiras, aunque tengan su origen en verdades; y es que ofrecer como simple lo que es complejo,m dar sin distinciones lo que es necesario distinguir, ser general donde importa especificar para definir, y ser vago en materias en las que lo fundamental es la precisión; todo esto es lo mismo que mentir".

martes, 29 de noviembre de 2016

San Agustín lee a Cioran y termina en desmayo mientras J.R.J. los lleva por el centro indudable

PARA EL CASO, el lo mismo. El hombre comienza a razonar lo que le sucede y lo que cree que acontece a su alrededor. En el punto en que decide manifestar y expresar esa experiencia acude a la palabra. La palabra es la estación primera ya que es natural al mortal el verbo. Sin embargo, a poco que profundiza en esa experiencia, sea del pelaje que sea, cae en la cuenta de que la palabra posee sus propios mecanismos de entendimiento y que esos mecanismos no se corresponden con el hecho en sí. 
El hecho en sí posee su naturaleza y esta no es verbal y, por tanto, no puede comunicarse a través de los rudimentos sintácticos.
He aquí, llegado a este punto, el momento en que el poeta viene a manifestarse. Si la condición no es natural, habrá un halago y una condescendencia con todo lo que es sin más, la experiencia en sí es ya una totalidad. Por contra, el poeta urge a comunicar la experiencia porque no puede hacer otra cosa más que estéticamente ser en su ética. 
En este paradigma, la excepción, el culmen reside en callar y ser silente aun evidenciando que es poeta. No todos los silencios valen lo mismo, no todos los que deciden callar un día son poetas, no todos los que escriben, por el hecho de escribir, son poetas. Estamos en un territorio de círculos concéntricos, complejos, incomprensibles a priori
Y estos son los casos de San Agustín y de Cioran, por poner dos hombres de tiempos distantes y concepciones diversas. Uno y otro acuden finalmente al verbo, mas  manifestando la falsedad primera de esa palabra. San Agustín utiliza una expresión feliz tomada de Josué 1,8: "no se apartaban de sus bocas, pero solo en cuanto al sonido y al ruido de la boca: su corazón, por lo demás, estaba vacío de verdad". 
Cioran en El libro de las quimeras expresa lo siguiente: "la suspensión total del tiempo: el mundo se crea en nosotros. [...] Éxtasis divino: en nosotros empieza el tiempo. La sensación del primer instante...Luego, los instantes que caen en el tiempo como las lágrimas en el alma".

Prefiero hablar, de un tiempo a esta parte, de incapacidad verbal mejor que de insuficiencia. El verbo puede manifestar y comunicar al máximo para nosotros unos círculos de la realidad, pero no todos. Los concéntricos y polifónicos se le escapan, no les pertenece y, por tanto, existen otras edificaciones que pueden acercase más a su naturaleza, por ejemplo, la música. 

Finalmente, pienso que entre uno y otro existe otra vertiente de esta indagación en el ser: es la estética. En ella entra la poesía como alta manifestación. No hay más que acudir a un poema de J.R.J. o de Rilke para percatarse de esto mismo. Sin embargo, en estas construcciones, anida un propósito de belleza y verdad con el artificio poético. La propia condición plurisignificativa de estos discursos ha hecho que se tomen como expresiones ulteriores de la condición humana, pues exceden los significados primarios e inmediatos de las palabras para colocarlas en el Tiempo. 
En un poema predilecto para mí de J.R.J., "Desde dentro", podemos leer los siguiente: 

[...]
no tiendo ya hacia fuera
mis manos. Lo infinito
está dentro. Yo soy
el horizonte recojido.
Ella, Poesía, Amor, el centro
indudable.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Decires, sentencias en la madrugada sola

CONOCER la fuerza de la existencia reside en ser tu propio límite.

***

Escribir es el arte de evitar la fosa momentánea de la vida.

***
Goza humanamente, con el delirio de la tierra y los párpados de un dios.

***
Ruptura interior: escisión sonora de la unidad sublime. 

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Lo era todo, dice J.R.J., naturaleza, amor y libro. 

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La noche es la plena carne de la luz envuelta en su misterio

viernes, 25 de noviembre de 2016

Expresión luminosa del caos

DECÍA Heráclito, "el oscuro", que la realidad la conforman los contrarios en perpetua oposición. Lo concreto se hace múltiple, cambiante, diverso. Lo nombra todo como la realidad de los opuestos.
Para Heráclito, la razón es la que conduce a una síntesis armónica de esa realidad de los opuestos. 
Así, el arte puede que sea la expresión luminosa de las tensiones y transformaciones del caos y la armonía en un individuo que se proyecta al cosmos.   
Plotino, Bergson acudieron a esta propuesta de Heráclito. Aunque Parménides viniera a contravenir estos parámetros, quizás en la concepción artística funcionan con una clarividencia abrumadora. En último término, los dos filósofos bordeaban, desde ángulos diversos, la misma realidad. Y en sus disparidades se halla la esencia de la mortalidad que nos acoge.