miércoles, 22 de noviembre de 2017

Gadamer y Horacio.

RECUERDO, ahora que vengo de una librería y he expurgado lo que hubiera de poesía, lo que afirmaba Gadamer en Poema y diálogo: "La palabra poética se distingue radicalmente de las formas efímeras del lenguaje, que sirven, por lo demás, de soporte al proceso comunicativo". 

En este aserto existe toda una teoría de la palabra como comunicación y de la palabra como creación y poesía. En los últimos tiempos es fácil testimoniar que los "escribidores" de poesía han determinado que el lenguaje poético debe despojarse de todo el abalorio lírico, de construcción de la lengua, de edificación del pensamiento para asentarse en lo que Gadamer llama "las formas efímeras del mensaje". 

Parece ser que los que se llaman poetas ahora no han leído lo que afirmaba Horacio en Odas, 3, 30, 1: "Exegi monumentum arre perennis", esto es, he levantado un monumento más duradero que el bronce. Basta leer unas primeras líneas de cualquier libro de poesía de ahora, de cualquier editorial, para caer en la cuenta de que el paradigma de permanencia ha sido transmutado en eventual mensaje vacío. 

viernes, 10 de noviembre de 2017

Quevedo en Horacio, Baudeliare describe el grial de Wagner y Liszt recuerda cuando tocó ante Beethoven. Leopardi con Montaigne.

Retirado en la paz de estos desiertos, escribió Quevedo, para edificar la imagen del poeta que vive en el mundo de la poesía que, en última instancia, no deja de ser una vivencia plena en el interior del aeda. 
La poesía es, a un tiempo, recuerdo y leyenda. Leo el texto de Baudelaire sobre Wagner en El arte romántico, el poeta francés determina la inmensidad de los espacios interiores, del espíritu peregrino que anhela los espacios sagrados de vasto vaso de la inmensidad. En ese espacio se produce una poética, la misma que Leopardi canta, de molde en poesía, ante el infinito. 

Podríamos decir que el éxtasis consiste en una vida sin acción, sin recuerdos, en que todo sucede en una suerte de aleph. La fusión interna conduce a la inmensidad interna. Y, en ella, el poeta encuentra un renovado estar para la palabra: libre de símbolos, la palabra poética que brota de la inmensidad interior nombra como dadora de realidad, reconfigura la realidad. 

Termino de leer Arte poética de Horacio o, en otras palabras, Epístola a los pisones: "Escritor sigue la tradición o crea algo que tenga coherencia", subrayo entre tantas otras cuestiones y sentencias  que me despierta interés. 

Apartado, como gustaba a Montaigne, de todo; alejado de aquello que trata de ser literatura pero que no se alza más que en chiflada ociosidad de este tiempo, contemplo. Y medito, con parsimonia, también con benevolencia. 

La noche precipita la idea de que existe una armonía en un momento de la vida que se desarrolla en nuestros días y que si nos adherimos a ella y la escuchamos y nos incorporamos a su timbre y volumen la poesía adquiere el cariz de mito personal en el alumbre de la inmensidad. 

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Vivir una biblioteca es escribirla.

VIVIR una biblioteca es escribirla. Por eso, de vez en cuando, ejerzo de instrumento del azar y agarro de las baldas libros que, aparentemente no guardan afinidad electiva alguna pero que, cuando comienza uno a leerlos en polifonía, espigando aquí y acullá, muestran conexiones, enlaces secretos que antes no se habían podido advertir. Y es el lector el que se convierte en el lugar de apariciones de las intertextualidades.

Llego a casa con ¡Viva el latín! Historia y belleza de una lengua útil de Nicola Gardini junto con Berta Isla de mi queridísimo Javier Marías con 4321 de Auster y con un menudo, pero inmenso, libro de Alberto Manguel titulado Mientras embalo mi biblioteca. A todos ellos arrimo dos relecturas de estas semanas Poética del espacio de G. Bachelard y La música como pensamiento de Mark Evans Bonds.

Lucrecio dialogando con Manguel mientras leo los textos en latín que cita Gardini y que ilustran a los ojos y el espíritu le valor mismo de la palabra y su dicción.

lunes, 6 de noviembre de 2017

El enigma de lo bello.

TOMO prestado el título de mi admirado Valle-Inclán para edificar las líneas de esta tarde, de este día que trata ya de dar figura al otoño. Estoy con F., jugueteando, leyendo a una mano alzada, escribiendo. He dejado el teclado de E. encendido para que F. pueda tocarlo, experimentar con los sonidos. A pesar de la disonancia, y al calor de las páginas de Valle, comienzo a escuchar a Glenn Gould o, en mejor decir, a Bach transmutado en Glenn Gould. Este pianista nos da una lección preclara de la ética-estética que tanto falta en la literatura actual.
Con Glenn Gould mantengo una admiración desmedida, lo mismo que con el escritor Thomas Bernhard quien, en efecto, me descubrió por entero la dimensión de este intérprete hecho música, hecho piano él mismo en una sola figura. Tararea Gould, en una suerte de heterodoxia, la partitura mientras ejecuta la composición, podríamos decir, en una paráfrasis religiosa, que con Gould la música fluye en cuerpo y alma. 
Algo parecido siento al leer mientras la vida sucede. Dice Valle-Inclán en "exégesis trina": El enigma bello de todas las cosas es su posibilidad para ser amadas infinitamente". Valle reformula en "La lámapara maravillosa" los principios tácitos y permanentes de nuestra cultura platónico-cristiana, lo bueno es bello y verdadero; y, añado más, lo bueno y bello es reconocible por su cualidad de Verdad. 

Sucede con los individuos, puede uno atisbar de qué sustancia están hechos. Toda vez que los prejuicios se clarifican, queda el hacer del individuo frente a los otros y, como decimos en este diario, su palabra, porque entendemos que decir es acción. 

F. lo revuelve todo, trata de distraerme al paso de las páginas, toca con furia las teclas negras del teclado, se revuelve a cada paso para recordarme que sigue aquí, conmigo, todo él. 
Y mientras todo sucede y ocurre y acontece el discurso de la literatura va advirtiendo las líneas del tiempo del que no debemos despegarnos, del paradigma de bondad y belleza que las páginas de Valle, escritas a pulso de maestro, ejecutadas en la armonía semántica más procaz, dictan al corazón. 

"Amar es comprender", sentencia en mitad del breve texto sentencioso. Y esa idea que es ya acción la tarareo como Glen Gould tocando el piano, no, haciéndose Bach él mismo en cada pentagrama de vida que va orquestando con el enigma de lo bello.

jueves, 2 de noviembre de 2017

Poesía, hoy y siempre

Adjetivar el qué de la poesía es ya un silogismo. No existe la superación en las artes, menos aún en la poesía. No es superior Virgilio a Dante, ni este que Borges ni Cervantes. La superación opera sobre formas fosilizadas que han dejado de decir: cosa contraria le sucede a la poesía.
La poesía es la superación del pensamiento articulado por lo que no hay tiempos en la poesía. La palabra poética es transformación y permanencia.
La poesía es una reconciliación momentánea, en el tiempo y en el espacio, del hombre con el mundo. Depende de la armonía que habite en el poema, de la fidelidad de la palabra establecida, así de misteriosa y edificante será al leerla. Por eso el proceso de lectura y escritura, acaso de transmisión de lo poético, es similar a una dramatización de lo literario en que intervienen unos personajes que se igualan, con la ficción, y que participan y actúan en la obra.
La poesía es, antes y después, condensación de la infinitud. Ella nace sin comunicar nada: se intuye, se prevé en la memoria y por eso Platón defendió lo visionario con tanta vehemencia y por esto mismo dejó al margen al poeta: su estancia es de otro territorio. Es una visión que no comunica: solo es. El silencio es el contorno de la creación, de lo que va siendo amorfo. Los griegos rodearon esa materia intuida de musas para que otorgaran el orden que quedara fijado por las artes, pero quizás la memoria primordial proviene de ese silencio que envuelve y precede; los poemas puros contienen la memoria originaria, la que contiene a la humanidad y la revela parcialmente. Un poema es una memoria colectiva del silencio universal.
¿Puede existir en lo contemporáneo? Sin duda, pero cada cual tiene una idea de qué es la poesía conformada a partir de las lecturas que ha realizado, de las manifestaciones concretas que ha experimentado como lector. El lector contemporáneo parece que obvia la tradición y lee tan solo a sus allegados. Esa falta de lecturas y de experiencia lectora se trasluce en los poemas: no hay ritmo, no hay música, no hay recursos, no hay reflexión, no hay experimentación…tan solo una expresión, en líneas cortadas, que hablan de los desahucios, de los partidos políticos, de las religiones, de las cervezas y los cubatas, de los videojuegos, etc. 

Creo, sinceramente, que se equivocan de género literario. Quizás habría que mostrarles que hay géneros literarios más adecuados para expresar lo que quieren expresar, porque la creación poética es otra cosa. La expresión es natural al hombre; la creación literaria deviene de una consciencia distinta. bor. El lector contemporaaneo eb, de las manifestaciones concretas que ha experimentado como lector. El lector contemporaaneo eb

martes, 17 de octubre de 2017

El ser del hombre es el ser del tiempo. Escribir sin leer es como vivir sin ser.

Comencé, hace un tiempo, a ir espigando las sentencias, los aforismos, las facecias, las ocurrencias, los breves textos que iban almendrando este trópico. Nunca había tenido la intención de hacer ese trabajo porque no tenía consciencia de que hubiera una suerte de veta creativa o estímulo hacía lo breve, pero por circunstancias que no vienen al caso, comencé a poner los ojos del entomólogo entre las páginas de este diario.

Considero que escribo en el diario de la manera más libre que encuentro, sin atender a géneros literarios preestablecidos, sin responder a las hormas encalcetadas de los géneros, que tanto amo, por cierto.
Tras una cata desde los comienzos de este diario, allá por el 2007, hace una década, encontré el reluciente fervor hacia la sentencia y el aforismo que, en ocasiones, trataba de acercarse la afán de la creación poética y que, en las más de las veces, ocupaba el sitio de la imposibilidad creativa de un poema. En resumidas cuentas, ante la falta de ingenio en la edificación poética, surgía el aforismo como el lugar de apariciones de la idea que se gestaba.
Así las cosas, J.R.J. me dejó un título que resume, así lo creo, la esencia de todos estos textos, Suprema moralidad, ya que el poeta onubense afirmaba: "Ser breve, en arte, es, ante todo, suprema moralidad. 

Aquel proyecto queda ahora en este Trópico como una vertiente más, Junto a las Cancioncillas y decires, y ahora el nonato Nocturnalia, voy espigando aquí y acullá y recopilando los textos breves de las composiciones más extensas. He aquí otro ramillete de distinta suerte y conmoción. 

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La valentía es un afluente de la voluntad. Querer ser es el recorrido del ser.

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Sigo pensando que el conocimiento profundo de la literatura es el que puede transmitirse como fuego que hiela; leer como sístole y diástole.

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Así en la vida como en la literatura. Igual que no hay sucedáneos en las lecturas tampoco en las amistades. Eres quienes te rodean.

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El canto rayano en la víscera, que debe ser bello y armónico, traslada un alud estético de verdad. Sigo meditando en el centro indudable.

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Todo es levedad pero la levedad no está en todo.

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En Cádiz, donde el cielo y el mar son unidad.

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Duermen. Comienzo a leer como si perteneciera s un conciliábulo secreto. Sí, lo es, la lectura como afrenta al silencio de la nada.
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El ser del hombre es el ser del tiempo.
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Quizás la poesía haya perdido el ímpetu lírico porque los individuos, los mortales han dejado de profundizar e ellos mismos.
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La consciencia diáfana arroja la geometría celeste a la palabra poética.
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Deseo y temblor, un mismo equilibrio sin aritméticas; fugaz y permanente, inconcebible. LLameante de helada. Solo tú, en ti, poesía.
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Los avances intelectuales en la sociedad se producen en el espíritu de un solo hombre; luego, se expande, como volcán, al resto.
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Leer es un hallazgo permanente del cristalino reflejo de nuestra fugacidad; la búsqueda, la transformación a la pluralidad que nos acoge.
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La libertad creativa en poesía no es más que el encuentro numinoso con el centro indudable.
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Escribir sin leer es como vivir sin ser.
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La poesía dirige al hombre desde la lengua hacia lenguaje, de su ecuación finita al tanteo con el conocimiento luminoso.
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En las obras de los siniestros va también la suciedad de espíritu y el gris de su condición. Tiemblo cada vez más. Toco las piedras.
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En poesía el qué se transfigura en en el cómo; y el cómo no es más que una forma del qué. Podría decirse lo mismo de Filosofía.
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Hoy eras roja, noche, expandida en el círculo de mis ojos, tañías una música secreta de figuras y símbolos. Hoy, tan eminente y fugitiva.
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La belleza conduce a la belleza, imantada de signos y símbolos, la poesía deviene en verdad si es bella su presencia.
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En cualquier texto de Quevedo o J.R.J, de Rilke o Eliot, de T.Mann o Proust es evidente la veneración a la literatura. Ahora todo es falacia
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Despertamos en el campo, los cuatro: el canto del pájaro, el sigilo del mar, la tierra sonora en zozobra de lentitud y el corazón palpitante
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«Vanitas vanitatis» o cuando el peso de tu levedad es más ancho y ajeno que el sonido de la permanencia.

martes, 3 de octubre de 2017

SI la literatura no existiera esta sociedad mo se molestaría en inventarla

"SI la literatura no existiera esta sociedad mo se molestaría en inventarla. Se inventarían lasa cátedras de literatura y las páginas de crítica de los periódicos y las editoriales y los cocktails literarios y las revistas de cultura y las becas de investigación, pero no la práctica arcaica, precaria, antieconómica que sostiene la estructura", añado yo, de la práctica literaria de leer y escribir.

Este pasaje pertenece a Prisión perpetua, libro del argentino Ricardo Piglia, uno de mis más admirados escritores. El pasaje lo tenía subrayado y anotado en la libreta desde hace, justamente, una década, pues la primera edición en Anagrama es de octubre de 2007. 
La había guardado co celo, para mostrarla justo cuando cayera en la consciencia, de lo que sucede a mi alrededor, de que la literatura, como tal, hubiera quedado relegada, aún más, a lo frugal y accesorio.

Es cierto, la podía haber revertido hace años, pero hoy me siento con una melancolía "negra", de tuétano y espanto. Por eso acudo a los libros y a sus páginas, a los subrayados de siempre, a los que terminan por reflejar la sombra de mí mismo. 

  




martes, 26 de septiembre de 2017

La estirpe de Orfeo.

DICE PESSOA, en sus Diarios (Gadir): "Soy un poeta impulsado por la filosofía, no un filósofo con cualidades poéticas". En esto, como en otras cuestiones, coincide con Antonio Machado. La poesía oscila el alma hacia lo invisible, "el alma del poeta se orienta hacia el misterio".  Toda vez que la poesía ha provocado el giro invisible del alma del poeta, este queda, ya en su vida toda, inducido por la visión diáfana de lo latente en la condición humana. 
Esta estirpe de poetas ya la marcó Dante, todo comienza en Virgilio. Por mi parte, lo sitúo todo en Orfeo. Esa inclinación humana en que la lengua comienza a aglutinar conocimientos que no son lingüísticos, esa intuición musical de acercamiento polifónico al mundo es lo que denomino "la estirpe de Orfeo".

Bécquer es órfico tanto como Hölderlin. En ese estadio de la creación las lenguas se diluyen en favor de la consciencia total, cósmica. 

Suena una música oculta en el tiempo de la lectura; convertir el corazón en el tañido uniforme de esa música es la existencia. 

domingo, 24 de septiembre de 2017

21 grafitis y alguna letra de reflexión. El canto de lo perdido y el rostro de lo siniestro.

¿QUÉ otra cosa es verdad en la vida que el desengaño precoz y su fugacidad? De Rilke sobreviene la manía de estar solo, pero en una soledad nutricia y estacionaria que respira solo cuando comienzo a escribir. Como un individuo transformado, la vida se inocula, ella misma, en el discurso de lo literario. El cedazo de la vida que diluye sus límites es la ficción, pues la poesía es el grado máximo de ficción al que aspira el poeta.

El tejido de los días se va ensamblando a fuerza de desengaños. Acontecimientos que nos llevan al enfado, ni al odio, ni a la iracundia, antes al contrario, hacia una paz perpetua por el hecho de haber tomado posesión y distancia de lo que no convienen vivir.  

La amistad, el concepto, con Montaigne, reside en la más alta estima para uno; ella es la que revierte el espíritu individual en polifonía, la que principia en el silencio unívoco de un solo hombre los ecos imposibles para la vida. La amistad, con el amor, son condiciones de nuestra especie y ello palpita en el tuétano visible de nuestros días.

¿Qué otra cosa es verdad...?Comenzaba con unos versos de Quevedo que apuntan realmente hacia la meditación cotidiana que estos meses me sacude. El desengaño y la constatación de que es difícil encontrar a un hombre puro, perspicaz y entregado. Nos queda y aún más refulgente, la lectura, leer como sístole y diástole, vivir la piel de nuestra familia, disfrutar con el sentido primero de las cosas.
Ese sentido no existe, es tan solo el ensueño y el deseo de que exista.

En ese itinerario de vida prosigue uno: escribiendo, leyendo, amando a verdad llena. Poco más cabe y poco más interesa. El fracaso literario del que habla Ribeyro es un espejismo que refleja a un hombre solo tratando de hacer la humanidad. Será siempre un fracaso escribir, construir y edificar un texto literario que se encamine a dicha aspiración. Deberíamos cambiar el sentido de lo que entendemos por fracaso para revertirlo en oportunidad de verdad.

El movimiento es conocido: llega uno a la hartura de vanidades, a la desesperación de los ególatras, a la mísera constatación de que en literatura, en este país, todo se lleva hacia el convenio propio. Lo más doloroso está en el degradante manejo que hacen de la literatura. Para ellos, los autores son la literatura, sus obras son la literatura, aun a sabiendas de que no llegaron ni a las orillas de las misma.

Me escribía un compañero hace unos días y me preguntaba por mis ausencias en ciertos lugares en que esperaba que estuviera. "Nada me interesa ya", le dije sonriendo, "y cuando digo nada lo hago en efecto, no de boquilla". Terminé a lo argentino y a carcajadas con él: "Vos me conocés", dije sonriente. 
Si hay algo que me levanta sospechas en el espíritu me aporto sin más miramientos; no creo en la convivencia y contumacia con lo siniestro y malévolo, mucho menos en literatura, que es donde abundan. Dejémosle ir, como decía Borges, al canto de lo perdido.

Y de esta forma, con la credencial de la propia fidelidad, va sumando uno días y desengaños que fortalecen. El mundo se forja en nuestra consciencia en la relación que existe entre lo que decimos y hacemos, hasta que caemos en la cuenta de que decir es una acción palpable tanto o más que la acción supuestamente física. Decir y manifestar y expresar desde la voluntad limpia es la mayor acción del espíritu y del hombre; deshacerlo posteriormente en hechos y renuncias dibuja el rostro de lo siniestro.

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Traer lo humano a tu tiempo eso es la poesía.
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La noche, como vestal, es diáfana en el suceso de su piel. Como una cítara antigua, el sonido de la noche penetra y transforma.
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La belleza y el amor no llegaron a mis ojos sino con mis hijos. Con ellos la transformación del individuo en río de sangre y humildad.
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Ribeyro, el escritor peruano, lo llamaba "la tentación del fracaso"; escribir es una tentativa consciente hacia el fracaso absoluto siempre.
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Somos una extrañeza para el tiempo.
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Se transmite una experiencia falsa si no se vive la lectura, se comunica una profundidad vacía si no se ha recorrido la esencial Literatura.
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Huyo de los que anteponen lo que Lipovetsky llama "la era del vacío" a la propia lectura.
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Las leyes de la contemplación son distintas a las de la acción. Entre unas y otras está nuestra posición ética y estética en el mundo.
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Todavía resuena en la memoria fugitiva la leve morada de la noche. Sueño y vida, sucesión y confín.
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Recelo del texto que no es meditación de la lengua y el hombre; desdeño las "romanzas" de los que se creen modernos. Falsos e impostores.
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No es razón el decir de la mañana, solo creencia.
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Todo es reencuentro y ensoñación aunque creas que diriges el destino. El único pálpito que nos orienta es la verdad del corazón.
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El camino en que Dante sitúa al personaje en su Commedia es la propia oscuridad de nuestros pasos. Y un guía: belleza, humildad, verdad.
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Como acto de la lengua la poesía es acto del pensamiento.
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No es poeta quien quiere, tampoco quien envidia serlo. Es poeta el que posee el corazón limpio y la inteligencia de la palabra.
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Aprendí a decir la verdad a los ojos para comprobar el reflejo verdadero del amor en mi corazón. La falsedad es opaca y siniestra.
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Leer es el artificio más cercano a la naturalidad del hombre. Sus cualidades son las propias del ser humano.
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A la tarde, Montaigne y Cervantes; por la noche, Heidegger y, antes de despertar, unos versos de Muñoz Rojas. Leer para vivir sin mí.
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La libertad, en la creación literaria, no es una condición, es la naturalidad estética que trasluce la ética.
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El trémulo frágil del pájaro en el árbol, la víspera insólita de la mañana a La Luz, la vida sucediendo en el cristal ahumado de la memoria.
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martes, 5 de septiembre de 2017

Origen y destino.

Pisas la tierra justa
para llevar tu vida
hacia la nada;
y una herida, el tiempo,
levanta tu reflejo
hacia la luz que acoge

tu origen y destino. 

viernes, 25 de agosto de 2017

Agrafía y traición; si hay amor habrá encuentro.

YA de madrugada, cuando aún estoy revisando la edición del próximo libro, todo comienza a adquirir una quietud y una parsimonia que se apoderan de mí y me detienen en el proceso de escritura. Puede decirse que fue como si la agrafía misma se hubiera asomado a la noche, junto a mí, para mostrarme sus secretos. 

Estaba en ese momento culminando la corrección del libro con una paciencia flamenca, casi de orfebrería. Palabra a palabra, enunciado a enunciado, nunca antes había tenido este precisión cuando un puñado de palabras y textos irán a la estampa y a la sociedad y dejarán de ser lo que pensaba que eran. Pero sobrevino esa consciencia de fatalidad, de ausencia en uno mismo. Era como si uno mismo dejara de ser ya personaje y trama de su vida, como si alguien hubiera decidido que no se vivía más que con el cuerpo solitario, con la carne latente, pero sin la consciencia de estar en el mundo.

Esa misma tarde habíamos hablado con los amigos sobre la alta traición y, en esa conversación, había manifestado cómo prefiero la cuchillada directa en el costado, la cuchillada de sangre a la espalda, la cuchillada de César en la desesperanza de una escalinata que la silenciosa y baja traición de susurro. Los compañeros se reían y defendían que la de cuchillo duele más y que la otra, en ocasiones, no llega a nuestros oídos. En efecto, me sobrevino, como una cuchillada, la paz interna que me dictaba dejar de escribir absolutamente, ocupar la mudez y leer.

Decían los amigos que la historia de la traición y de las cuchilladas fascinaba a Borges y que muchos relatos están sustentados en esa dicotomía de la dignidad, tanto del que traiciona como del que es traicionado. ¿Qué haces si adviertes la traición, cómo reaccionas, traicionando?", me decían. Yo seguía defendiendo la traición a cuchillo y decía que hay asuntos que el hombre, a la postre, soluciona con los puños, como un boxeador, con los puños de la consciencia, de mantenerse en su actitud y en su criterio, de mostrar que, aun a riesgo de estar equivocado, era verdadera su postura.


F. M. me decía que la impostura es una maldad del siglo XXI y que la mayoría de individuos, tanto en el trabajo como en su ocio, se entregaban en cuerpo y alma al mejor postor, sin importarles lo que habían dicho de ellos, ahora sus reyes admirados, ni de aquellos. Le decía a F.M. mientras miraba a J. , que había comprobado demasiadas veces cómo alguien degradaba a otro individuo cuando ahora corre a sus brazos, que había atestiguado cómo se manifiesta una postura ética cuando ahora se hace justamente lo contrario. "¿Dónde está la integridad, la consciencia, la llamada ética del ser de uno?", le decía yo a los compañeros. J., con seriedad, afirmaba, "quizás eso que dices sea una causa de la falta de literatura en estos tiempos", hay que ser "nadie" para poder decir algo singular, espeté de pronto.

"Importa solo la falsa sensación de estar ensanchando la vanidad. ¿Cuántas veces alguien no ha dicho de X que es un farsante, un lelo, un impuro, un patán y, pasado el tiempo, se ha convertido en su amigo, compañero, dador de vanidad?", me impelía V. con estas sentencias encerradas en preguntas. Y, cómo no, llevado todo esto al campo artístico, al literario, la cuestión se dispara. 

Tras el silencio que todos defendimos en ese punto, F.M. dijo, con la voz queda, "¿qué difiere publicar un libro en una editorial a publicártelo tú mismo? ¿Para qué publicar en tiempos de penuria? ¿Si nos dan una sala para realizar una exposición de pinturas qué diferencia habría con la de exponer en una galería de arte? ¿La cantidad de individuos que lo leerán, los que irán a ver tus pinturas? ¿Es ese número el que otorga verdad a la obra, calidad estética a lo creado?" y seguía, como si fuera un rosario de reflexiones encadenadas, "cada cual que mantenga su consciencia limpia e inmaculada cuando habla de literatura, escriba o lea, pero sobre todo cuando escribe y además lo lleva a la sociedad".


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El tiempo de lo venidero no me deja recordarte.

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La música es el único y diáfano algoritmo del alma que lo concilia con el cosmos.

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Porque no puedas ver en tu espíritu la unidad no pienses que no existe ni la unidad ni el espíritu.

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Están los que dicen y enjuician y los que callan y alumbran sin más. De los segundos trato de ser acólito, cada vez hay más siniestros.

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El poeta no depende del juicio de sus contemporáneos pues la poesía no es contemporánea a ninguna vida de ningún hombre.

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Perdí la mirada que ahora tiene mi hijo pero trato de advertir en la suya la memoria que fui. F. me reconstituye y me devuelve al origen.

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La duda de Bergson, la confusión de San Juan, la paradoja de Parménides, pero siempre el corazón cristalino y diáfano a quien uno admire.

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Todos los hombres valen como hombres, todos guardan la virtud de la pluralidad y en ella refulge nuestra condición. La danza de la realidad.

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La pureza de los actos se agranda si se corresponde con la virtud de las palabras que la preceden.

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En «Confesión» Tolstói dice que la vanidad es la señal del ser derruido: entregado a sí, que cree tener la verdad, sin amigos de luz.

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La lámpara del cuerpo es el ojo, decía San Mateo, por eso hay que mirar con la límpida humildad del que desea la verdad y el amor.

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El juicio al ser querido no puede estar sujeto a la apariencia, ni al leve reflejo de lo que ven los ojos. Si hay amor habrá encuentro.

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Tolstói, en "Confesión", cuatro formas de estar en la vida: la ignorancia, el epicureísmo, la fuerza, la debilidad.Conversión a lo plural

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Busca el origen en el lenguaje de lo invisible, que ya no es lenguaje sino aritmética azul y sentencia del tiempo.

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Como decía Hölderlin y recuperó Heidegger más tarde: "¿Para qué poetas en tiempos de penuria?". Porque estos tiempos son de penuria.

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El silencio acontece cuando la voz prístina de nuestro ser se funde en el acontecido morir hasta el infinito.


miércoles, 16 de agosto de 2017

Toda vida no será más que su relato. 5 aforismos.

EL RIGOR del silencio es arteria central.
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Todo está en ti y nada eres al mismo tiempo.
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La poesía es una gravedad que irrumpe en la recoleta morada del ser del mortal. 
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TODA vida no será más que su relato. 
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El silencio acontece cuando la voz prístina de nuestro ser se funde en el acontecido morir hasta el infinito.   
(2008)