sábado, 23 de mayo de 2020

Eres una pequeña alma que sustenta un cadáver

LA sentencia que funciona de título pertenece a Epicteto aunque proviene ya de Platón. Esa perspectiva es idónea para entendernos, para entenderse en este mundo que nos ha tocado y en cualquier otro. 

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En muchas ocasiones, acudo a un fragmento de Marco Aurelio que, con la templanza que manifiesta de costumbre, nos ayuda a situarnos allá de donde nunca debemos salirnos: el camino de uno mismo. 

"NO consumas la parte de la vida que te resta en hacer conjeturas sobre otras personas, de no ser que tu objetivo apunte a un bien común; porque ciertamente te privas de otra tarea; a saber, al imaginar qué hace fulano y por qué, y qué piensa y qué rama y tantas cosas semejantes que provocan tu aturdimiento, te apartas de la observación de tu guía interior", nos expone Marco Aurelio en en Libro III  de Meditaciones.


Y, de vez en cuando, surge un poema, un incipiente brote que, normalmente, no acaba más que en piedra indeterminada, en figura sin rostro...pero entiendo que ya es suficiente, a veces, dejar sin más una idea, unos versos sueltos de todo sin pertenecer a nada. 


EN lo definitivo de mis días
nada encuentra su cuerpo y su figura:
ni el pasado revive sus razones
ni existe un porvenir, -el falso sueño-,
que transforme el presente en un olvido.

Todo es ya un nuevo día permanente
en el que debes ir a por los bienes
verdaderos y bellos de la vida;
rehúsa de los falsos elementos
que desvían la llama silenciosa
prendida en el interno sol naciente.

En las Meditaciones, Libro octavo,
nos dice Marco Aurelio:
"procura sostenerte con agrado
en el confín diario de tus días";
y guarda en equilibrio tus palabras
sobre el mundo, para los hombres,
porque ellos también serán mortales.

Solo hallarás en ti aquel desvelo
que reina sobre el orden de belleza
y que te hace tan vivo pero fugaz
tan fugazmente vivo en la certeza.