sábado, 1 de agosto de 2020

La mañana con Boecio y mandolinas de levante

BOECIO, autor de un libro excelso y favorito para uno, La  consolación de la Filosofía, escribió uno de los pocos tratados que han abordado la música como materia central y única en la historia del pensamiento. Me refiero a su libro Sobre el fundamento de la música. En este volumen, Libro I,  podemos leer enunciados tan enjundiosos como este, secuencias que quedan en la memoria inmeiata como asideros para la reflexión:

"A partir de aquí puede reconocer también lo que no en vano quedó dicho por Platón: que el alma del mundo está conjuntada a base de un convenio musical. Cuando, en efecto, mediante lo que hay en nosotros conjuntado y convenientemente ensamblado captamos aquello que en los sonidos está ajustada y convenientemente conjuntado, y nos deleitamos con ello, nos damos cuenta de que nosotros mismos estamos configurados a imagen y semejanza".

Siempre que acudo a Boecio, Adorno, Stravinsky o a Plotino, -que han abordado el asunto de la naturaleza musical de frente-, termino en las páginas de Eugenio Trías, La imaginación sonora. Estos autores inciden en la poco estudiada relación entre música y pensamiento, límite del signo musical como forma de entendimiento del mundo, de uno mismo. Como bien recuerda el propio Trías es extraño, al menos, que Heidegger en ningún pasaje de Ser y tiempo dedicara la más mínima incursión hacia el arte musical, aun teniendo a Rilke como poeta de mayorazgo. Recuperamos aquí las preguntas que expone Trías en el "Preludio" a su "Coda filosófica":

"¿Proporciona algo más relevante que emoción, sentimiento y placer, o "placeres de la inteligencia" (como se afirma en el Filebo platónico)? ¿Enriquece nuestro conocimiento (de nosotros, del mundo), y lo hace sin recurso a lenguaje, a palabras, a discursos?"

Mientras tanto, entre página y lectura, sigue sonando la música de Vivaldi, Los conciertos de Mandolina y la mañana se hace río y suceso del límite y ensancha no sabemos qué territorio de nuestro ser.  
  
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Cuando ya ha sucedido la flor, cuando la noche desbroza el confín de tu figura.

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La vida de cada uno es el reflejo de lo que percibe que es la vida de cada uno.
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Todas las mañanas con Bach para exaltar al corazón y hacerme uno con el tiempo y con la alegría de los cotidiano.
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El dictado del corazón, la concordia que traza el sendero del que venimos y nos hace ser, sin más ni más.
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Anhelo volver a los pasos en que cada día era un aleteo hacia uno mismo.
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Leer como del alba, en el sosiego implícito de estarse uno mismo en la vida sin más.
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Paradojas del ahora: cuando la Cultura y la Educación quedan reducidas a planes de contingencia.
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El tiempo sucede a pesar de su inexistencia.
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Todo acontece a pesar de tu consciencia.
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