jueves, 25 de septiembre de 2008

NOCHE DE GRAN PESIMISMO.

Sonreí al tiempo de terminar lo que Vila-Matas había escrito en su Dietario voluble a finales del 2007. Al levantar la mirada, un compañero de trabajo sostuvo su seriedad más allá de toda impudicia. Yo permanecí esbozando una sonrisa. Por momentos parecía un duelo. Poco importa, después de explorar el abismo, poco importa.

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En RNE han hecho referencias a unas definiciones que en el DRAE están descuidadas. Entre ellas se encuentra ñu: “1. m. Antílope propio del África del Sur, que parece un caballo pequeño con cabeza de toro”. Un caballito pequeño, con cabeza de toro… ¿Qué realidad nombra el diccionario, bajo qué impropiedades?

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Leo en la Tentación del fracaso, de Julio Ramón Ribeyro (Seix-Barral, 2003) una entrada escrita en francés el 24 de febrero de 1958, perteneciente al Segundo Diario Limeño con interludio ayacuchiano (1958-1960). No sólo me llama la atención que esté escrito en francés, sino la frase que la inicia: “ Je ne conçois ma vie que comme un enchainement de morts succesives…”. Enredado en los anexos finales, aparece en la edición una versión libre que traduce estas misteriosas palabras del autor de La palabra del mudo: “No concibo mi vida más que como un encadenamiento de muertes sucesivas. Arrastro tras de mí los cadáveres de todas mis ilusiones, de todas mis vocaciones perdidas. Un abogado inconcluso, un profesor sin cátedra, un periodista mudo, un bohemio mediocre, un impresor oscuro y, casi, un escritor fracasado. Noche de gran pesimismo".


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A veces el fracaso es una tentación a la que debemos acudir necesariamente para asegurarnos de que es en él donde mejor nos entendemos.