martes, 2 de diciembre de 2008

EN EL FESTÍN DE ESOPO.

En la mesa, un festín: la prosa y el pensamiento de Octavio Paz que emana tras la lectura de Lévi-Strauss o el nuevo festín de Esopo. El tiempo, en esa lectura, se envuelve en la circularidad del mito; todo lo que toca con el verbo lo transmuta en primogénito, incestuoso, laberíntico, espíritu; algo que es nada y es todo.
Explica Octavio Paz que este libro surge tras la lectura de Lévi-Strauss y que el polígrafo francés sobrevive al devenir de la evolución etnolingüística porque nunca optó por una posición unívoca hacia el estructuralismo.
En la mesa, mientras dialogan Paz y Lévi-Strauss, dejo que las palabras vayan tejiendo esa solidaridad con la finitud humana. Me levanto de la mesa, pidiendo disculpas, y agarro un libro del francés que se titula Mito y Significado. Leo lo siguiente en el apartado referido a la Música y el Mito: “La música destaca los aspectos referidos al sonido ya presentes en el lenguaje, en tanto la mitología subraya el aspecto del sentido […]”. Luego viene a explicarnos que la relación entre la música y el lenguaje es espinosa porque, si bien comparten la existencia de sonidos, que por sí mismos no poseen significado, en el lenguaje existe la palabra para solventar el problema. En la música no hay palabras, hay frases, oraciones.
Esta visión eminentemente estructuralista de la música, me ha servido en buena medida para entender que la escritura de Octavio Paz es un discurso musical apoyado en los sonidos de la lengua pero cuyas palabras se establecen para conseguir eso que, en definitiva, llamamos arte. La opinión de Octavio Paz en este ensayo es una respuesta artística que procede a continuación de la lectura a levantar los límites del significado. Por este motivo, fui raudo a leer a Strauss, quería escuchar la melodía primera, para entender a continuación las variaciones sobre el tema del mejicano. De esta manera la lectura se convierte en un proceso bifocal, bifurcado, ambidiestro que plantea una encrucijada: el arte es transmutable en ensayo, en poesía. La crítica y la lectura no son más que posibilidades de esa transmutación. La poesía en sí es una lectura de la tradición, digo. Y a continuación afirmo que la literatura es la lectura del espíritu. El lenguaje son los sonidos, las novelas son las palabras, la poesía el significado. El arte procura la mixtura de estas tres sustancias bajo el dominio enigmático de un creador.


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Quiero destacar el apéndice de la obra. Este apéndice está dividido en seis apartados. El primero es una defensa del concepto de formalismo más allá de las restricciones lingüísticas. El segundo está centrado en las aportaciones de Chomsky. El tercero aboga por un análisis de la mitología en Méjico. El cuarto procura una interpretación de los mitos desde la perspectiva lingüística, en que los mitos son frases o partes de un discurso que comprenden a todos los mitos de una civilización. Parada y fonda. En este sentido Paz propone la lectura de Góngora no como una poesía que está después de Garcilaso y antes que Rubén Darío sino un texto en relación dinámica con otros textos, no un texto aislado sino participante de un sistema de textos.
Así, al considerar la poesía como un sistema más que como una historia, la significación no depende de la cronología ni de nuestro punto de vista, más bien se alza dentro de las relaciones que mantiene con otros textos y del resultado de ese movimiento. Puede que la obra de Quevedo refulga en los versos de Vallejo o de Borges y es ahí, en ese estar ahí, el movimiento que debemos interpretar. En definitiva, explica Paz, “ La idea de de Lévi-Stauss nos invita a ver la literatura española no como un conjunto de obras sino como una sola obra. Esa obra es sistema, un lenguaje en movimiento y en relación con otros sistemas: las otras literaturas europeas y su descendencia americana”.
Al recibir esta invitación no puedo más que aceptarla con gratitud, con la benevolencia del que escribie leyendo, del que desgarra de su lectura las posibilidades de la ficción.


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La poesía trasciende el lenguaje…dice Paz: “toda frase dice algo que puede ser dicho por otra frase, todo significado es un querer decir que puede ser dicho de otra manera. La frase poética no es un querer decir: es un decir irrevocable y final, en el que sentido y sonido se funden”. No puedo dejar de adquirir estas palabras para volverlas a escribir yo mismo. La inteligencia se hace presente, estructuralismo y poesía, pero escrito por un poeta. Lenguaje y pensamiento, pero trazada la virtud desde la posición artística. Así pues hay un antagonismo entre la matemática y la poesía que reside entre los significados múltiples y variables de la palabra poética y el significado unívoco de la matemática. Pienso ahora en los versos de fray Luis o San Juan de la Cruz, aspiraciones místicas que surgen de la inmovilidad finita del hombre hasta la hondura múltiple y desparramada del significado, de la aspiración a la armonía de las esferas.


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Un círculo finito con aspiraciones rectilíneas, es la poesía mística.