jueves, 27 de noviembre de 2008

EL MOVIMIENTO PERPETUO DE LA FECUNDIDAD.

La literatura es una cuestión de fecundidad. No por ello todos los lectores terminan fecundando páginas en blanco, algunos son estériles al caso. Pero la mayoría logran hablar o comentar oralmente lo que acaban de leer, y lo lanzan al viento dejando la posibilidad de que otra ovulación mental las atrape y las procese hasta convertirlo en materia de la ficción. La literatura es, por tanto, una cuestión propia del instinto más primitivo de los hombres, aquella que profesa la inconformidad de alojarnos solos en el mundo.

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…-Dijo.
Y ante aquellas palabras no tuve más remedio que volver a la encarnadura del libro, a las páginas que me convertían en una limaza que dejaba su rastro a fin de recordar el tiempo perdido.
Leí entonces que Heidegger defendía tres cualidades -si alguna vez las tuvo- del ser en El ser y el tiempo, a saber, es el más universal de los conceptos, es indefinible y es el más comprensible de todos.
Quise llevar a la experimentación esta propuesta sobre el sentido del ser. Si es el más universal, osado soy si pretendo condensarlo aquí, en esta inmediatez que me abriga. Así que me abandono a lo que soy con la citación de lo universal. Por otra parte, no puedo ser la predicación del ser, así que no soy, no quiero participar, bajo mi voluntad, del ser indefinible. Por último, en todo caso, cuando digo “Hoy soy una paloma multicolor o Escribir es un sacrificio pétreo”, al no descifrar el ser, debo sentirme un enigma, porque mis palabras buscan la escapada hacia la comprensión.
…- seguía diciendo.
Por cuestiones de salud, abandoné la reflexión con las ideas muy claras. Debía terminar esa charla y llevarme conmigo todas las incertidumbres del ser. Porque cuando digo estoy cansado de este mundo, no sé muy bien si me dejo a un lado o yo mismo estoy incluido en él.

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Rápidamente me acordé del cuento de Monterroso que abre Movimiento perpetuo, sí ,un cuento en mi opinión: “La vida no es un ensayo, aunque tratemos muchas cosas; no es un cuento, aunque inventemos muchas cosas; no es un poema, aunque soñemos muchas cosas. El ensayo del cuento del poema de la vida es un movimiento perpetuo; eso es, un movimiento perpetuo”. Ya obnubilado por la clarividencia, decidí leer el cuento unas doscientas veces para encontrar en él un mensaje cifrado, introducido por Monterroso tras leer a Heidegger.
La vida, un ensayo. Un cuento, los inventos. Un poema, los sueños. El ensayo del cuento del poema de la vida, un movimiento perpetuo. Un perpetuo movimiento.
A partir de entonces comencé a establecer las misteriosas relaciones que guardan estas predicaciones. Son universales, son indefinibles y comprensibles al mismo tiempo. La literatura, la vida. Es.

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Fecundidad, del latín fecunditas. En su cuarta acepción significa reproducción numerosa y dilatada. “Hoy me siento bien, un Balzac; estoy terminando esta línea”, escribe Monterroso en “Fecundidad”. A lo mejor el secreto lo dilató el de Tegucigalpa en este cuento. Por ejemplo, el ser es la fecundidad del ser.

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Mañana me sentiré fenomenal; un Monterroso; concluiré esta línea. El ser es la aspiración del ser. La escritura, pensar qué se escribiría si se escribiese, como dice Vila-Matas.