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miércoles, 26 de junio de 2013
LA agrafía es el estado natural del ser.
jueves, 2 de mayo de 2013
PUEDE leerse en un libro menudo, que leí cuando era niño y que, por diversas circunstancias, ha terminado hoy de nuevo entre mis manos. En él leí, hace ya décadas, el siguiente fragmento. Está subrayado con lápiz, con unas líneas que bordean los fondos de las letras y que muestran y reflejan al lector incipiente y sorprendido de entonces.Leía:
"el secreto era saber que su verdadera naturaleza vivía, con la perfección de un número no escrito, simultáneamente en cualquier lugar del espacio y del tiempo".
Ese número no escrito, sinécdoque de la armonía, es la búsqueda que late tras mis lecturas y los protoscritos que realizo. Pienso en una trama que va de la lectura a la escritura y a la vida. En ese trasiego se haya una incógnita que quizás contenga mi rostro.
***
Ese número celeste se representa esta tarde en algunos poemas soberbios de Claudio Rodríguez. Ni Don de la ebriedad ni Alianza y condena suenan esta tarde. Está por delante, rezagado en la mesa junto a otros volúmenes, El vuelo de la celebración. Me estoy refiriendo a los poemas y en especial a los versos que transcribiré a continuación. Todos ellos me llevan a una hermenéutica profunda, de resemantización de mi propia palabra de mi propio ser. Son versos scomo del aire, puros, cristalinos, que no necesitan de más glosa más que los silencios que los bordean y en los que deseo vivir.
En el poema "Un viento" leemos:
"Dejad que el viento me traspase el cuerpo
y lo ilumine. Viento sur, salino,
muy soleado y muy recién lavado
de intimidad y redención, y de
impaciencia. Entra, entra en mi lumbre,
ábreme ese camino
nunca sabido: el de la claridad".[...]
En el poema "La contemplación viva" leemos:
"estos ojos seguros,
ojos nunca traidores,
esta mirada provechosa que hace
pura la vida, aquí en frebrero
con misteriosa cercanía. Pasa
esta mujer, y se me encara, y yo tengo el secreto,
no el placer, de su vida,
a través de la más
arriesgada y entera
aventura: la contemplación viva.
En el poema "Música callada" seguimos leyendo:
"Madera de temblor, sonando en cada veta
fresca, de ocre dorado,
en cada nudo vivo, cerca al tabaco mate,
con su prudencia rumorosa, dando
un toque de aire puro. Y estoy dentro
de esa música, de ese
viento, de esa alta marea
que es recuerdo y festejo,
y conmiseración. Rumor de pasos,
con sigilo sorprendente ahora
en las estrías de este suelo, nunca
ciego,de castaño.
Y oigo de mil maneras
y con mil voces lo que no se escucha.
Lo que el hombre no oye. Y toco el quicio
muy secreto del aire, y va creciendo
la armonía, junto con el dolor.
Y oigo la piedra, su erosión, su cántico
interior, sin golondrinas
desdeñosas, sin nidos,
porque el nido está dentro, en el granito,
y ahí calienta, y alumbra, hoy en junio,
la cal viva.
Y por último, y entre tros versos señeros de pureza, "Salvación del peligro":
"Esta iluminación de la materia,
con su costumbre y con su armonía,
[...]
con la alegría del conocimiento,
[...]
Peligrosa la huella, la promesa
entre el ofrecimiento de las cosas
y el de la vida.
Miserable el momento si no es canto.
Disección:
CANTO DE LA SEMILLA,
DIARIO 2013,
LAS CONTEMPLACIONES,
SED DE ESPACIO
domingo, 1 de noviembre de 2009
San Sebastián y el río de sombra.

Aquí, en San Petersburgo, en el Museo del Ermitage, observo un cuadro. Como el personaje de Thomas Berhnard en Maestros Antiguos, me he situado todos los días en el mismo ángulo, en la misa posición. No recurro a las interpretaciones académicas al uso, ni a las elucubraciones de los especialistas en pintura, ni siquiera reparo en el autor, en sus profundas genialidades. Sólo observo y enmudezco por el silencio de las estatuas.
San Sebastián soportando tres flechas con el estoicismo más crudo, en primer plano. Otras dos están clavadas en el brazo izquierdo, en el tríceps. Justo desde ese lado, el cuadro se abre a una luz enturbiada, que se oscurece cada vez más a medida que observamos el cuadro hacia su lado derecho. En ese lado, junto al pie derecho del mártir, hay un perro o un cordero con la boca semiabierta. Eso imagino a pesra de no estar seguro, pero quiero imaginar eso, un perro, un cordero.
San Sebastián soportando tres flechas con el estoicismo más crudo, en primer plano. Otras dos están clavadas en el brazo izquierdo, en el tríceps. Justo desde ese lado, el cuadro se abre a una luz enturbiada, que se oscurece cada vez más a medida que observamos el cuadro hacia su lado derecho. En ese lado, junto al pie derecho del mártir, hay un perro o un cordero con la boca semiabierta. Eso imagino a pesra de no estar seguro, pero quiero imaginar eso, un perro, un cordero.
En este óleo, la naturaleza se desvirtúa gracias a la pincelada larga y extensa, cargada de oscuridad y escasa policromía. Sus manos atadas al tronco del árbol, que se intuye detrás de su cuerpo, son unas manos que sostienen una corona. Su pecho se muestra impoluto presto a la saeta del verdugo. Sólo su rodilla izquierda, ligeramente flexionada, muestra un ápice de debilidad. Ni siquiera la mirada que lanza a los cielos, una mirada que encierra un enigma, parece estar intranquila por la afrenta que tendrá que soportar.
El cuadro se encontró en el estudio del pintor en 1576, pero su percepción de la realidad y la plasmación del autor son, evidentemente, de una modernidad sobresaliente. Creo que Tiziano logró percibir el mundo tal y como sería con Goya o con Turner o con el propio Picasso. Sea cual sea la correspondencia, recordé el poema de Luis Cernuda sobre otro cuadro del pintor, pero también los versos de Antonio Colinas: “He visto arder tus oros en los otoños de Murano […]”.
El cuadro se encontró en el estudio del pintor en 1576, pero su percepción de la realidad y la plasmación del autor son, evidentemente, de una modernidad sobresaliente. Creo que Tiziano logró percibir el mundo tal y como sería con Goya o con Turner o con el propio Picasso. Sea cual sea la correspondencia, recordé el poema de Luis Cernuda sobre otro cuadro del pintor, pero también los versos de Antonio Colinas: “He visto arder tus oros en los otoños de Murano […]”.
El oro ardiendo en el mar, vistos desde el mar de Murano. Por eso parece que se funden en el fondo del cuadro el mar y las llamas de una vida, la fuerza de la fe frente a la incontenible muerte. En primer plano los atributos masculinos. En perspectiva, la naturaleza conjugando sus estaciones totales. Todo símbolo: un cuerpo que apaneas vale nada, porque ya no siente, porque ya forma parte del simbólico engranaje de la idea.
***
Algo parecido sucede con los relatos de Onetti. Si algo consigue Vargas Llosa al escribir sobre Onetti es que uno acuda de inmediato a los libros del uruguayo. He querido leer algunos relatos agrupados en sus Cuentos completos (Algafuara). He leído “Un sueño realizado”, “Bienvenido, Bob” y “El infierno tan temido”. En los tres sucede lo mismo que en cuadro de Tiziano: las realidades se superponen gracias al talento del artista. Tiziano a través del uso del color y del pincel; Onetti, despojando de toda banalidad la literatura.
La escritura de Onetti es una sucesión literaria que jamás concede una línea al verbo sin concepto. Es decir, Onetti traza en estos tres relatos la superposición del mundo objetivo, el mundo ficcional y el mundo que ficcionan sus personajes. En esos niveles, la literatura es un sueño realizado.
***
La poesía es mudanza en la quietud. La poesía es la quietud mudada.
***
Cuánto daría porque mis palabras fueran una música indeclinable que sonara como una sentencia antigua. Cuánto daría por escribir un verso que acumulara la vida toda, como lo hace un pentagrama que desaparece sin ser noatado. Monte silencioso, accidente de la nada que irrumpe desgajando los amarres con los sentidos, con los confabuladores de la realidad.
jueves, 10 de julio de 2008
TRAZOS DEL IMAGINARIO
Estaré sin escribir en esta bitácora unos días; me marcho al resguardo de la Sierra de Huelva movido por la invitación de unos amigos entrañables. Sin duda, en las charlas apasionadas que mantendremos surgirán entradas orales que bien merecerán un espacio, al menos, para compartirlo con otros interesados. Iván y M. José son unos buenos conversadores que comparten la imantación por la literatura y la visión poliédrica que ofrecen los libros. Para entonces llevaré conmigo el moleskine y registraré en él, como un notario de la desrutina los acontecimientos que acontezcan en las rúas oxigenadas de Cortegana.*
Anhelo tanto el silencio, que cuando Juan Antonio se refirió a él al mencionar su lugar de descanso, me estremecí. Hay pocas cosas que me estremezcan: el amor, el silencio y la música. El amor asociado al trasiego de la soledad, es un rescate y una tentación, intimidad y entrega al otro; el silencio como el amparo del lenguaje, de la literatura en sus extremos; la música como el devenir de lo inasible en la mente del hombre a pesar de su filtración por los sentidos.
*
Siempre que acudo a la sierra me inclino por llevar conmigo algún libro de poesía, sin saber por qué motivo la narrativa o el ensayo no me apetecen. En cualquier caso a lo mejor estamos ante unas condiciones que el topos predispone para el alma, quizás el espacio determina la intervención del tiempo, o a la inversa. Bachelard intuyó algo parecido al calor del psicoanálisis y escribió La Poética del espacio. Sea cual sea la tentación, recuerdo a Claudio Rodríguez merodeando por el campo cuando era un zagal y recitando de memoria El don de la ebriedad; me acuerdo de Horacio, de fray Luis, de Garcilaso, de Neruda o Miguel Hernández, entre muchos. También espero encontrarme a Nabokov cazando mariposas o a Horacio Quiroga asentado a la intemperie dialogando con una anaconda gigante. Nada más lejos de la realidad, nada más cerca. Cosas del imaginario, posibilidades de la ficción. ¿Qué sería de mí sin estas disquisiciones?
Disección:
ARTÍCULOS,
LECTURAS,
MÚSICA,
POESÍA,
SED DE ESPACIO
martes, 13 de noviembre de 2007
ARTIFICIOS RESPIRATORIOS

"¿Y qué es en definitiva la biografía de un escritor sino la historia de las transformaciones de su estilo? ¿ Qué otra cosa, salvo esas modulaciones, se podría encontrar en el final de ese trayecto?"
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"Tardewski dice que la naturaleza ya no existe sino en los sueños. Sólo se hace notar, dice, la naturaleza, bajo las formas de la catástrofe o se manifiesta en la lírica. Todo lo que nos rodea, dice, es artificial: lleva las señas del hombre."
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"Tardewski citando Kant: La paloma que siente la resistencia del aire piensa que podría volar mejor en el vacío."
RESPIRACIÓN ARTIFICIAL, RICARDO PIGLIA
(Cuadro de Frans Hals [1584- 1666], citado de continuo en la novela)
Disección:
ARTÍCULOS,
FILOSOFÍA,
LECTURAS,
SED DE ESPACIO
jueves, 18 de octubre de 2007
REGIONES
Comenzó como un brote de sarpullidos acompañados de una fuerte picazón por todo el cuerpo y terminó, la experiencia digo, como un carrusel de melancolías aunadas por la debilidad del hombre.La reacción fue inmediata, supuse por la ligereza con que se propagó. Así que no tuve más remedio que salir del piso, dejar la biblioteca a solas, desacompañar a mis papeles de entonces y, por supuesto, abandonar la lectura que de un tiempo a esta parte vengo digiriendo. Siguieron las erupciones cutáneas propalando por mi epidermis la extraña sensación de una metamorfosis en vivo, de una transmutación de mi cuerpo a algo parecido a la piel de un reptil. Por unos instantes parecía que me estuviera invadiendo una posesión zoológica que no dejaba que mi cuerpo funcionara como es debido, ni que mi cabeza siguiera razonando como era costumbre. Una vez en el hospital, pude apreciar las erupciones que la muerte aguarda para nosotros: gente enferma y pálida como un saludo final. Sin embargo, y en la sala de espera, no paró de resonar en mis adentros las líneas que ratos antes había leído de Juan Benet en Volverás a Región. Recordé con una claridad meridiana las descripciones de esos páramos, veredas o cañadas reales inundados del solipsismo más tozudo y de una frigidez oceánica. Aún no logro recordar por qué aparecieron las líneas de ese libro en esos momentos, pero creo que rápidamente intenté atestiguar su presencia y relacionarlas conmigo dado el cambio de región en mi piel. Obviamente, no pienso que volver a la región que se dibujó en mis cueros sea una idea clarificadora, pero motivado por ello, comencé a contar el número de sarpullidos con la intención de encontrar un paralelismo entre “Región” y mi región efímera.
El esfuerzo fue en vano. Me aburrí pronto en la tarea, sobre todo porque era difícil mantener la concentración en esos estados febriles y, sobre todo, porque tampoco había hecho acopio de los lugares o veredas de la región benetiana. No era posible la comparación.
A pesar de la imposibilidad, del posterior pinchazo de la enfermera en mi trasero, el mareo repentino, la pastilla apaciguadora y la entrevista con el doctor, logré encontrar en esa suerte de analogía un alumbramiento. Supuse que si en un futuro me volviesen a brotar esas malditas erupciones cutáneas no lo harían por los mismos sitios y adquiriendo las mismas formas. A Región tampoco vuelve uno de la misma manera y por los mismos caminos. “Es cierto, el viajero que saliendo de Región pretende llegar a su sierra siguiendo el antiguo camino real – porque el moderno dejó de serlo- se ve obligado a atravesar un pequeño y elevado desierto que parece interminable”. Entendí que Benet nunca estuvo en Región y que ésta es solo producto de la ficción. Mis erupciones desaparecieron, ¿acaso no lo son, ficción digo, ahora en la memoria?
INFORMACIÓN SANLÚCAR (semanario) 20/X/2007
Ilustración, La memoria de Magritte
lunes, 8 de octubre de 2007
RENACIMIENTOS
Para los que estén buscando una escapada a los museos ya tienen la excusatio non petita más idónea. El otoño comienza en Madrid con una exposición en el Thyssen que recoge más de doscientas obras del Renacimiento alemán entre pinturas, grabados, orfebrerías, etc. De entre todos los seleccionados destacan Lucas Cranach (1472-1553) y Alberto Durero (1471-1528), así que el acontecimiento merece la pena. La exposición se titula Durero y Cranach. Arte y Humanismo en Alemania. Con este título no hay quién se resista a viajar por eso que Emilio Lledó llama los surcos del tiempo.(Adán y Eva por A. Durero)
domingo, 23 de septiembre de 2007
GEOMETRÍAS DEL AIRE
(Marismas)Dejo a la vista y para su disfrute la obra de un pintor sanluqueño que se llama Manuel Ángel Gallego de Prada. Este pincel es un compañero de vida y casi todas las cosas que me han ido sacudiendo en la vida las ha presenciado, así que mi afecto hacia él es notable. Ello no me exime de ser un férreo crítico de lo que hace y de que su exigencia sea la brújula de sus obras. Aprovecho la circunstancia, además, para crear una nuvea sección de la bitácora en la que dejaré referencias, digresiones, sobre las pinturas que me resultan más sugerentes. Para ello utilizaré parte de un verso de Rubén Darío: "sed de espacio...".
Le pedí al autor unas palabras para que me orientaran en la observación del cuadro, he aquí:
"Es una obra de técnica mixta sobre madera. Los viajes en avión a Canarias, que pasan por el curso del río y su desembocadura, han influido. La organización agraria y fluvial a esa altura se ve de forma geométrica. Es la mezcla perfecta entre lo hiperrealista y lo abstracto. Ver el mundo de lejos hace que no se vean las imperfecciones de lo cercano, de lo humano".
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