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martes, 30 de septiembre de 2014

VIDA y literatura en un mismo cauce, ¿qué si no? Meandros. Verso y prosa, expresión y reflexión, lengua y pensamiento, estado y deseo, materia y forma, idea y armonía. Contrarios siempre. 

Las contemplaciones 

Murmullo de la transparencia 

Rito de silencio 

Ser algo en nada

Canto de la semilla

Cuestión de desnudez 

sábado, 20 de septiembre de 2014

EL otro cuaderno muestra un retrato de Castiglione realizado por Rafael en 1519. Siempre me fascinó ese retrato: las manos recogidas en una secuencia semiespiritual y carnal al tiempo, la vestimenta y la paleta de grises y blancos en la escena, la barba más modernista que cualquier modernismo, casi sugerida, la pose serena, sostenida del personaje y, sobre todo, la mirada de lapislázuli del individuo. Toda la figura resume un espíritu y, eso mismo, en la pintura, es una virtud innegable. 
Más allá de la admiración casi religiosa por Sanzio, al comprobar que el cuaderno quedaba ilustrado por ese retrato, no pude más que comprarlo. Estuve un tiempo considerable delante del cuadro, solo, injustamente solo, pues ningún turista prestaba atención ni a la importancia de Castiglione, ni a la pintura en sí. 
Destaca el blanco de su camisola en el entorno grisáceo que la rodea. Por sobre todo, la contenida y nítida mirada estoica: las pasiones quedan sumidas en una serenidad que el cuadro transmite. Esta pintura comunica el entendimiento de una idea de la realidad, la de la armonía y la contemplación.

Cuando me encontraba en el Louvre contemplando el cuadro me senté a escribir. Lo hice en el Cuaderno del caminante y en él dejé algunas anotaciones. Sin embargo, comencé a leer lo que de antiguo estaba entre las páginas del cuaderno. Hay en ellas unas palabras de Paul Valèry, a saber: "Nuestro propio espíritu, nuestra -conciencia, nuestra memoria, nuestra- vida no son más que una probabilidad, a cada instante". 

Quizás la pintura forma parte de esa galería de actos que conforman la consciencia. La entelequia de estar vivos, de ser vivos, resulta una especulación constante con lo vivido. En esos reflejos, las lecturas, la pintura, la música, las artes todas tienen un lugar de privilegio pues no solo ocupan ese espacio imaginario, sino que lo conforma y establece sus dimensiones y sus mecanismos. Vivir en el arte es entregarse a los actos del arte. 


martes, 13 de mayo de 2014

DE NUEVO aquí. Leyendo, leyendo. Anotando, pues escribir es todavía una gusanera de emociones contrarias. Anotando aquí, escribiendo acullá. Abro un volumen de Thomas Mann, acaso el novelista que últimamente más me emociona y me colma de placer ético y estético, y leo algunos de sus párrafos majestuosos. Luego a Víctor Botas, al poeta que de tan singular debiera haber callado justamente y haberse recluido, si la vida lo hubiera permitido, en sí mismo. Sin más voces ni más ecos. Y también a Kingsley y con este me entorno de misterios, de contornos que precintan la razón primera. Releía anoche la Biblia, "Job murió colmado de días". Recuento los días conmigo, en mí, con las sílabas prendidas de la lectura. Hoy, ahora, al recuerdo,  siento un clamor de inocencia en que quisiera estar por siempre.   

jueves, 8 de mayo de 2014

¿SE atrevería un incipiente estudiante de música a componer sin nociones de composición? Para ello, tal Adrian Leverkhün, no bastan las buenas ideas, las magníficas pretensiones o los insondables deseos; ni haber leído mucho sobre músicos y teoría musical, ni siquiera haber escuchado, a lo largo de una vida, las obras inconmensurables de la música (toda aquella digna de ser añadida a este membrete); tampoco la supuesta sensibilidad y la grácil vanagloria. Cualquier músico honorable, cuando comienza a desmenuzar una partitura con el movimiento de sus pupilas, sabe si con ella y en ella habrá música en acción o no. La gran abstracción significativa depende de la técnica compositiva. Para los genios, una manera simple de razonar la música hasta su momento; para la mayoría, los únicos resortes con que poder crear.  

Lo mismo sucede con la poesía y con las demás artes. La experiencia lectora es la única que otorga un baremo y una sopesada mirada sobre el texto literario. Leer es realmente lo que hace la literatura, la acción que convierte la literatura en lo que es. Si hubiera toda una biblioteca repleta de libros pero sin lectores, ¿existiría esa literatura? ¿sería posible que los escritores sucesivos pudieran escribir? No es necesario conocer todo cuanto se ha escrito, eso es una falacia, tan solo y al menos las cimas de la expresión poética de los temas esenciales. Se confunden en estos tiempos la expresión con la creación, la frugal palabra con la permanencia, el escaparate con la soledad. 




El encuentro con la belleza, la gran belleza, conlleva tiempos de parálisis, pues el murmullo de la transparencia toma de golpe una forma armónica que supera toda articulación y raciocinio. 




martes, 6 de mayo de 2014

UN día, otro día; y otro, otro...otredad sumada, cuando el resto somos nosotros mismos.

Hoy no me apetece escribir ni mu, nada, ni la punta. Do re mi fa sol .

L
e
o

Juego

L
e
o

Juego

L
e
o

Vivo

L
e
o

lunes, 5 de mayo de 2014

YA está rubio el trigo coronando
la mañana. Sobre las lomas,
cercando los viñedos,
el dorado nacer de los trigales;
y su música almidonada;
y su anchura de mar en calma.
[...]

viernes, 2 de mayo de 2014

NO es aporía ni silogismo, tampoco una mera paradoja sin más, ni siquiera una boutade contemporánea no tener claro qué fue antes si la poesía o el poema. Quizás, como en las disquisiciones filosóficas, debiéramos dejar de utilizar términos de clasificación temporal como ese "antes" que utilizo a consciencia y hablar de la literatura como un todo orgánico, sin principio ni sin, que nació ella misma de sí misma, de un solo principio que comparte el resto de manifestaciones en cualesquiera de sus convenciones y géneros y que, cuando se parte de este designio provoca eso que denomino el centro indudable, esto es, la inexplicable razón perpetua, evidente, sonora, real de la literatura en la literatura. Creo que tras casi siete años escribiendo en este diario he tratado de responde a la misma pregunta, a la cuestión que ayer me abordaba cuando comenzaba a vivir. 
Es la cuestión palpitante en la literatura para las líneas en que uno trata de desentrañar el qué de la literatura. El escritor, dejando a un lado su labor creativa, de soledad fructífera y silencios armoniosos, siempre tiene por delante un misterio. Participa del mismo, él se convierte en bifurcación de ese misterio y se convierte en vaso en albatros, en voltaje, en pálpito, en ser demiúrgico. Sea cual sea esta naturaleza, es provocada por una transformación de la palabra. Ese misterio es el de la génesis de la creación literaria. Y es misterio porque es extraordinario, informe, indescifrable, poliédrico y permanente más allá de las épocas y etapas de la humanidad; es misterio porque va revelándose en cada sílaba, palabra, sintagma, enunciado, párrafo, texto independientemente de los demás, relacionándose con los demás, dialogando, reescribiendo, en todo caso actualizando en cada manifestación qué es la Literatura.   
Pareciera que es connatural con el devenir de su evolución el hecho de crear -no de expresar, comunicar-, sino de la creación literaria. Entendida así, la literatura es un verdadero misterio presente a diario en quien se coloca con un papel, su cuerpo, un artilugio punzante para escribir y va evidenciando la naturaleza proteica de las palabras para ir más allá, cargar de sentidos múltiples sus significados y provocar, para colmo, placer, entretenimiento, gozo u ocio activo en otro ser, otro individuo, que denominamos lector.



domingo, 27 de abril de 2014

DE NUEVO en este camino secreto del diario. Así lo tomo desde hace unos meses, como un baremo personal de lo que rindo al cabo de los días, las lecturas, el amor, la belleza contemplada, acaso el devenir del cosmos. Aquí estoy y estoy en la tristeza esperanzadora de vivir, de vivir entendido como una polifonía sobrecogedora para mi corto entendimiento, como una sucesión finita de lo bello que no alcanzo a comprender, pero sí a atisbar su verdad, justicia y belleza. estas secuencias son cenizas de todo ello, humareda de poco valor y mensajes que tengo para mí como bálsamos secretos. Poco a poco, se van anteponiendo otras acciones y con E. todo se trasladó del lado de la sangre, pero sigue existiendo algo permanente dentro de uno, una fuerza teleológica de entendimiento que no puedo soslayar y que, casi siempre, termina en la palabra y en la música, en el pensamiento y en la acción verbal, en la serena laguna de la música y en el cifrado suceder de los vocablos. 
No soy, al fin, más que esto; para los demás, esto mismo, una imagen y una idea que ni siquiera conozco, que no soy capaz de describir y de la que no conozco su dimensión y su anchura.     

viernes, 25 de abril de 2014

¡QUÉ bello el trigo y qué bella la mañana toda! Atravesaba las lomas y contemplaba la quietud de los árboles desnudos, esparcidos, solitarios, por el campo. Sin bosques, sin arboledas, únicamente ellos postrados hacia la luz; los árboles se mantienen en esa perenne postura vertical, compuesta de raíces escondidas y secretas hacia la tierra y con las ramas hacia  las nubes. Son una lección para el que los contempla pues ellos trazan la estancia entre lo oculto y enraizado en la tierra y lo deslumbrante del cielo, se convierten en el itinerario visible de la oscuridad a la luz. Entre un territorio y otro, sus cuerpos: mullidos, fatigados, entregados al devenir de la intemperie. De ellos, lo que importa, lo que otorga el fruto no es visible, pues se encierra en la oscuridad de la tierra... ¡qué bello el trigo aterciopelado sobre las lomas acompañando a estos árboles tan vivamente solitarios! 

jueves, 24 de abril de 2014

AYER me llegaron unas palabras manuscritas de agradecimiento y de complicidad. Era de nuevo A. M. con quien, -azares y vericuetos de la lectura de por medio-, comparto condición y, sobre todo, fervor por los libros y la lectura. Sus palabras venían anotadas en una postal, desde Francia, desde la campiña francesa, con un rostro de Zeus que nos sirve de espejo. "Kopf des Jupiter", 1.Jh.n.Chr. Está en el Kunsthistorisches Museum Wien, para mí, siempre el museo de mi admirado Thomas Bernhard y de su personaje en Maestros antiguos. En esto reparé más tarde, a la noche, cuando revisé los detalles de la nota y leía menuda letra en negro. Jalonan ciertas inquietudes personales.  
Me agradan tanto estas notas, breves, suspicaces, inteligentes y secretas, cargadas de símbolos que descifro con la lentitud y la parsimonia de una laguna diáfana, en calma, pero con las corrientes infinitas de los libros por de dentro. 

El viaje personal es un viaje vertical: de profundidades hacia la inmensidad que contenemos. La horizontalidad deshecha todo tipo de contemplación y de riqueza solitaria, está motivada. Lo sensitivo prepondera sobre lo intuitivo, lo establecido es la carta de razón frente a lo que va siendo y dejando de ser. Tabular no es comprender, es tan solo un sistema, un orden que no comporta conocimiento.  
Sin embargo, cuando uno emprende la verticalidad comienza a deshacerse, a existir en la soledad fecunda, a escuchar lo que antes no había atisbado, a intuir lo que nunca pensó que pudiera contemplar. La senda está escondida, es el arranque que puede no darse nunca y nunca ser transitado. Bifurcaciones, confusiones. En ella no hay pasos, ni guías, ni voces externas: una polifonía tan solo que nos invade y nos armoniza. 
Por el contrario, la horizontalidad es un paisaje falso, de aglomeraciones que confunden, de razones científicas que limitan, que comienzan donde antes otro había acabado. Por el contrario, cada secuencia personal hacia lo profundo, hacia el vértice del origen es incalculable, indescriptible, pues de cada hombre puede percibirse una verdad que desemboca en otras mayores, concéntricas, justamente bellas, verdaderamente justas cuyos ecos acaban, en pocas ocasiones, en la poesía y en la música.  





 

martes, 22 de abril de 2014

HOY cumplo treinta y tres años y lo he celebrado con M.C. y E. a la tarde, dando un paseo parsimonioso por el parque que está cerca de nuestra casa, de Villas de Murano.  En el parque hemos contemplado: varios pájaros, la tierra húmeda, el aire azotando un árbol con un nido, niños, muchos niños que jugaban con E., adultos imbuidos en minucias (como estas mismas letras), palabras al viento, gritos, un señor leyendo una novela, perros enlazados, nubes con forma de horizonte infinito, la caída de la luz, papeles por el césped y quizás nuestras figuras ensombrecidas en el asfalto. Faltan elementos, pero quizás estén todos. Lo he vivido todo como un conjuro de la realidad.  

Mío es el ejemplar numerado con el "0133" de los mil veintiséis ejemplares de la edición de Conjuros en la editorial Taifa. Me acompañó al parque, lo llevaba en el bolso. En un momento en que las dos estaban en el columpio, leí el poema que principia el libro, el poema titulado "A la respiración en la llanura":

"[...] Tened calma
los que me respiráis, hombres y cosas.
Soy vuestro. Sois también vosotros míos".

Me quedé respirando el parque; quietud, sosiego, estación llameante.

Obviamente, cuando llegué a casa, retomé la lectura de Parménides. Hubo dos pasajes que volvieron a intrigarme, pero, sobre todo, la velada sugerencia que nos suscita el texto. Cuando el yo lírico es acogido por la diosa, esta le aclara, en primer lugar, que no ha sido "el hado funesto", es decir, la muerte, la que lo ha conducido a aquel reino. Esta es una de las claves para trabajar con el poema: el yo lírico llega allí, a donde solo se puede llegar muerto, estando vivo. Es el recorrido, como Heracles, como Orfeo, del inframundo, la vivencia del tiempo cíclico.  
Esta referencia expresa es colmada de máximo simbolismo cuando, anteriormente se dice: "camino de múltiples palabras de la deidad, el que con respecto a todo lleva por él al hombre que sabe".

Este último sintagma es un conjuro de Parménides en su poema: el hombre iniciado, el que posee la calma, el que respira y es respirado, el que es de la realidad y contiene la realidad toda.
 

sábado, 19 de abril de 2014

EL ARTE no es la mera representación de una realidad, tan siquiera de múltiples realidades. No hay representación ni reproducción por muy realista que un novelista o un poeta deseara serlo. El arte no está sometido a los impuestos de la realidad; el arte propio, individual, que permanece y golpea en el territorio del lector allegado con la fuerza proteica de un origen desconocido, pero recordado en el proceso de la lectura. Es por esto por lo que considero que el escritor debe mantener siempre veneración por lo que escribe, un cuidado esencial en su palabra, ya que esta actitud con el verbo es la manera ética de edificarlo, de ser en la palabra, de transfigurarse cuando hemos desaparecido con  el nacimiento de la obra. Escribir es un proceso de invisibilidad, de ir deshaciéndose en el texto, de convertirse en texto mismo.  

La literatura posmoderna (y lo que leo de los contemporáneos) se perdió en el camino de las originalidades sacrificando el de las formas lingüísticas y, por ende, de pensamiento, pero a poco que uno lee a Platón o a Aristóteles, a Shopenhauer o Nietzsche, a Virgilio o a Dante o a cualesquiera de lo escritores predilectos cae en la cuenta de que la palabra es un surco en la memoria, un encuentro dador de vida y de muerte. Se sobrepone el afán de vanidad por el de la palabra verdadera, se destaca al individuo por encima de lo nombrado, cuando el arte de la escritura es el arte de la desaparición del ego. Se piensa que aquello de la expresión justa y exacta (ay, J.R.J.) es canción de otro tiempo, arcaica meditación de alcoba.  

Dialogamos en la noche, cuando la madrugada entona su canto. M.C. me indica que quizás para ser un lector agudo de poesía, tanto como para ser escritor, es necesaria una sensibilidad inhabitual, poco frecuente, una suerte de cosmovisión de la realidad demediada entre lo innato y lo artístico. Reflexiono sobre esto mismo y trato de buscar aristas por las que rebatirle el argumento, pero me hes imposible no aceptar, finalmente, el grueso de su teoría. La formación, la erudición no forman parte de la educación poética, pues la poesía comparte sustancia con la música, con la referencia sobrenatural de la música hacia el mundo. Agolpa en la palabra lo que la música hace naturalidad, con sus insuficiencias, con sus imposibilidades, pero ella, la poesía, cuando es necesita de otro estado para volver a ser en el lector.  

  

miércoles, 16 de abril de 2014

domingo, 6 de abril de 2014

NO me abandona la edición prístina de La Lámpara maravillosa de Valle-Inclán. Leo y releo los pasajes que alimentan el pulso de la prosa inclaniana. Diríase que cualquier página es una lección de fábula y palabra con que el lector resulta suspendido en un reino de resonancias insulares: "La belleza es aquella razón inefable que por la luz descubrimos en las cosas para ser amadas, y para crear, porque amor es la eterna voluntad del mundo". 
Belleza, luz, amor, creación, voluntad...términos y axiomas de la ética y estética de Ramón María. Las lee uno tratando de establecer conexiones secretas entre los vocablos, de encimar las argucias semánticas que, tras su forma escénica y morfológica, el autor gallego transgrede. Esa es la intuición que me queda como lector maravillado, la de estar envuelto en una lámpara -lámpara maravillosa- que refleja mi sombra, que refleja mi suerte en la luz del mundo. 

Este diario es una suerte de fuerza continua que poco importa a nadie. Tres o cuatro secretos lectores, 
-¿qué cambiaría si fueran miles? Nada-; tengo el compromiso con el que fui, pues en los tiempos actuales, tan solo me interesa leer. Activamente, leer. Y releer, por ejemplo, a Unamuno, a Valle-Inclán y a Baroja. Por supuesto, leer y releer Unamuno, Vall-Inclán y Baroja, por ejemplo, sin preposiciones que personalizan su obra, sino leerlos totalmente y vivirlos.  En ello estamos, pues, en esa confabulación del compromiso ficticio. Darle cuerda a estas líneas como lo hacía Unamuno, en la habitación de París, -soledad tremenda-, escribiendo el texto para publicarlo en francés, Comment on fait un roman. En el lúcido prólogo al texto, como acostumbra Don Miguel, puede uno leer lo siguiente. Leerlo y quedarse pétreo de cuerpo pero vivo de espíritu: "Eso que se llama en literatura producción es un consumo, o más preciso: una consunción. El que pone por escrito sus pensamientos, sus sueños, sus sentimientos, los va consumiendo, los va matando. En cuanto un pensamiento nuestro queda fijado por la escritura, expresado, cristalizado, queda ya muerto y no es más nuestro que será un día bajo tierra nuestro esqueleto. La historia, lo único vivo, es el presente eterno, el momento huidero que se queda pasando, que pasa quedándose, y la literatura no es más que muerte. Muerte de que otros pueden tomar vida". 

Escribir es colocarse no ante la palabra sino en la palabra misma. Ser palabra misma, su forma y su ser.  En este sentido, recuerdo el pasaje de Baroja en Camino de perfección.  En un momento dado de un diálogo intenso y tenaz, un personaje afirma algo (con la retranca y el estilismo barojianos) con lo que queda en acuerdo y en paz: "Lo que sí creo es que el arte, eso que nosotros llamamos así con cierta veneración, no es un conjunto de reglas, ni nada; sino que es la vida: el espíritu de las cosas reflejado en el espíritu del hombre. Lo demás, eso de la técnica y el estudio, todo es es m..."



sábado, 5 de abril de 2014

SER un hápax legómenon en el himno gigante y extraño; lex parsimonia de Ockham.  Naturalidad en todo. Belleza. Principio de verdad innegable. Justicia respirada. Ezra Pound y el voltaje. Che più d´un giorno è la vita mortale...

lunes, 31 de marzo de 2014

LA mañana se va estableciendo con el aroma de la levedad. E. ha dormido seguidamente durante la noche; uno, que no puede dormir cuando el estado físico no le acompaña, ha estado leyendo Las pasiones, el libro dedicado a Giacomo Leopardi en edición de Fabiana Cacciapuoti. El volumen es una galería de las inquietudes y de los demonios personales del excelso poeta. Al término del libro puede afirmarse que Leopardi estaba apasionado por la hondura misma del hombre, por todos los recovecos, materiales y emocionales, del hombre de su tiempo y del hombre más allá de sus circunstancias concretas. Esa combinación entre la finitud y la permanencia que impregna cada uno de los poemas y de las paginas de Zibaldone di pensieri.  

John Keats, en carta a Benjamin Bailey, defiende la veracidad de las emociones y de los sueños ante el raciocinio positivista. Tengo por cierto que, en ese abismo que media entre la razón humana y lo que denominamos intuición (trópico de las musas) reside la naturaleza de lo musical y, por ende, de lo poético. En esa misiva escribió el poeta: "lo que la imaginación capta como belleza tiene que ser verdad...así exista previamente o no".  Es todo una declaración epistemológica del mundo desde la fidelidad estética. Desde este credo el poeta lanza y arroja sus acciones hacia lo incierto, como manifestaba Hölderlin. A partir de ese punto, todo es belleza consumada, reino de verdad y estación deseada y deseante. 




jueves, 27 de marzo de 2014

HOY, una extrema levedad.

*** 

El don de los muertos. Leyendo algunos pasajes de un libro excelente, Le Don des morts. Sur la littérature de Danièlle Sallenave. El don de la literatura es el don que nos hacen los muertos para ayudar a vivir a los vivos. 


jueves, 20 de marzo de 2014

LA única vez que pude hablar con Eugenio Trías fue poco antes de su muerte. Estábamos escuchando unas palabras de Guillermo Carnero sobre el jardín inglés y el jardín francés. El discurso del poeta había recorrido los meandros de lo sublime hasta la aparición del Romanticismo en Europa y en España. Trías mantenía una atención llamativa; mirada fija y penetrante, cabeza erecta como estatua de antaño. 
Cuando terminó Carnero con la galería de pinturas prerrománticas europeas, Trías se acercó. Uno estaba, en esos momentos, cerca de los. Aún recuerdo la lábil pero emocionada voz del filósofo cuando nos dijo, casi en susurro, que se estaba quedando sordo. Aquella declaración me dejó, lo recuerdo vivamente, desconcertado, como en una nebulosa extraña y difusa de la razón. Recordé, justo entonces, sus libros sobre la música, su insuperable trilogía sobre la fascinación de la música en occidente y su vínculo con la filosofía del límite. 
Sordo, estaba sordo y ya solo comprendía los dictados del corazón, los que hacen que la vida se envuelva con el cedazo de la humildad y la belleza armoniosa en los hombres. 

Los dos libros sobre Leopardi. Uno, titulado Las pasiones, con la traducción y un epílogo de mi querido Antonio Colinas.  El otro, el recentísimo Leopardi de mi admirado Citati. Toda la noche en Nápoles, sin soslayar la dimensión altísima de la noche.  Con la poesía de Giacomo pero, sobre todo, enredado en el Zibaldone, en la edición que compramos en Milán, ¿la recuerdas?   

domingo, 16 de marzo de 2014

IDUS de marzo. Roma, Piazza del Popolo. Estamos tomando un spritz. Dialogamos, debatimos sobre la condición humana y, sobre todo, como la rutina carcome lo lúcido del individuo hasta apagarlo y reducirlo a un insecto. Plutarco recoge el pasaje en que un vidente advirtió a Julio César de la carga trágica de esa fecha para su vida. Hablábamos de Julio César y derivamos en la acerada luz que, a nuestro alrededor, convertía la aritmética de la plaza en una ensoñación.  

En los calendarios más antiguos, esta fecha suponía el comienzo del año nuevo, del ciclo lunar que principiaba un nuevo año. Celebraciones, mamuralias y demás rituales se sucedían en estas fechas. Pareciera que los suelos antiguos todavía desprenden restos fatuos de esos rituales pues, aquí, en Roma, el visitante se siente poseído por fuerzas de la consciencia extraordinarias, por una invasión de la memoria y el imaginario colectivo de una potencia extraordinaria. Estar en Roma es estar en los idus de marzo de la antigüedad, pero también en el Barroco exacerbado y en la ciudad que nutrió a pintores y músicos de todas las épocas. Estar en Roma en un ensanchamiento del ser, de las palabras que se pronuncian, pues todas adquieren una levedad inusitada, ante el cauce inmenso del tiempo en esta ciudad, quizás del tiempo eterno de la piedra encendida. 

sábado, 15 de marzo de 2014

LEYENDO

***

Platero y yo está colmado de poesía lírica. Toda la noche alrededor de un verso entre sus páginas. Pertenece al texto LIX, titulado "Anochecer":

"el confuso recuerdo de lo apenas conocido"