A la noche, ya en la calma del final del día, termino de leer a L. Sterne; me quedo traspuesto por la reflexión que me provoca justo en este tiempo de plena meditación vital. Pareciera que Dante tenía razón y que a estas edades se produce una emboscada: un descenso hacia la luz.
Ahora, en la mañana, hay una posición de la luz en el horizonte; alborea a lo lejos, sobre las lomas que mellan el cielo. Ahí está: un azul amoratado con la marisma en la raíz de la estampa. Cruzan los pájaros el paisaje, vibra el vuelo de la luz al corazón en una sola música.
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