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lunes, 19 de enero de 2009

CONVERSACIONES CON EL LICENCIADO II.

Sólo me interesaba una. La eterna.

***
Las historias están ahí para que se narren. Es una propiedad científica la del escritor. Hace falta que llegue el científico que las dote de razón. El sonido de una hoja en blanco.

***
En su oído cabían todas las historias, pero sólo me escuchaba al hablar del paraíso. El resto era cosa del demonio.

***
El licenciado se presenta en la mesa del bar con un par de libros que acaba de sacar de su viejo maletín. Dice que viene de hablar con el profesor Fouto, ilustre magnate del conocimiento, ficción enconada, iridiscente artilugio meriniano.
-No me diga que ha vuelto a comprar libros, licenciado.
-¡Ah, no…! Hoy los he robado. Llevo años viendo a Walser en aquella estantería del fondo y no he podido resistirme.
-¿Robado, me dice?
-Sí, he cogido el libro y lo he guardado en la maleta, como el que no quiere la cosa, con toda la suspicacia de un ladrón de Conan Doyle. ¡Mostrándole en las narices al dueño el robo para que no piense que es un robo, vamos!
-¿Conan Doyle? Será Poe, La carta robada, ¿no?
-Joven, se está volviendo usted más impertinente cada día.
-Lo siento licenciado.
-…
-¿A dónde va, licenciado?
- A pagar el libro, al lugar del crimen. A devolver el libro.
- ¿Y qué le dirá?
-Entraré como si nada hubiese ocurrido. Lo sacaré de la maleta y lo dejaré en su lugar.
-Licenciado –en voz baja-, los cuerpos muertos huelen a lo lejos.
- Ya -susurrando-, pero las páginas de un libro huelen a eternidad.

domingo, 18 de enero de 2009

CONVERSACIONES CON EL LICENCIADO.

-Mire joven, lleva toda la tarde dándole vueltas a lo mismo. La cuestión es única, ¿comprende? No hay más que una salida, una respuesta inexorable que o la toma o la deja. Ahora bien, si usted decide finalmente responder con ella, debe hacerlo con todo, es decir, con su vida. En definitiva, ¿usted es escritor?
-Escribo en una bitácora.
-¿Bitaqué? ¡Querrá decir un blog!
-Bueno, bitácora o blog, lo mismo da. Lo importante es la escritura.
-La escritura, la escritura…
-Me refiero a que escribo a pesar de que sea en una bitácora. Escribo ficción, todo en ella es ficción, aunque pasada por el cedazo de la autobiografía.
-La autobiografía, joven, es la escritura de la vida. La vida nunca puede escribirse sin ficción porque forma parte del pasado. Y el pasado pertenece a la memoria. En la memoria se igualan lo que fue y lo que pudo ser.
-Por eso mismo, escribo con un personaje que lee, que escribe cuando lee, después de acabar un libro. Algunos piensan que ese sujeto que ha subrayado, que ha marcado un pasaje en una obra o que ha ido a un hotel a ver una biblioteca, soy yo.
-¿Usted está seguro, joven?
-La literatura me hace dudar de ello…Algunas veces, esa escritura la confundo en mis propios sueños: sueño lo que escribí, lo que quise que pasara. Fíjese, licenciado, el pasado día soñé lo que Tabucchi le contestó al padre en Réquiem, ¡tuve el sueño de otro!
-Vaya, joven. Déjeme ver sus ojos, sus manos,… ¿Qué hace?
-Escribir. Debo darle vida. Lo escribo.
-…
-Necesito que usted me acompañe al negro sobre blanco, licenciado.