martes, 9 de agosto de 2016

AMARILLO FULGOR

AMARILLO fulgor se titula el último cuaderno que he comenzado a escribir a mano. Comencé en febrero de este año y el título, como es costumbre, está escrito en la portada en letras de molde. 
La primera nota que hice en ella no la recordaba y, esta misma mañana, al leerla, me he quedado extrañado con esta manía grafómana de anotar y escribir. las palabras a las que me refiero es un verso de Góngora: "anima el fresno al fresno". A continuación, escribií: "El acero del fresno". 
¿Qué hubo en ese encuentro entre un lector y Góngora? El cuaderno tan solo se convierte en el lugar de apariciones del lector que trata mostrar su huella misteriosa, tan misteriosa que ya es irrecuperable por siempre. Porque leer lo que un lector escribe guarda la misma significación que leer un libro, nunca llegaremos a atisbar, aun siendo nosotros mismos, lo que quisimos leer en esas palabras. 

A todo esto Umberto Eco lo llamaba "sobreinterpretación" y puede que este acto sea el fundamento y la nutrición de los lectores. No dejamos de sobreinterpretar lo que pudo, lo condicional de las palabras, los tiempos subjuntivos, los futuribles. No nos conformamos con el relato mismo de lo sucedido sino con las posibles significaciones del mundo edificado en el papel. 

Amarillo fulgor del dulce octubre,
arrimas con pasión el instrumento
a la lengua furtiva de la tarde.
Pierdes todas tus hojas en invierno
y ahuyentas las serpientes con tu cuerpo.
La miel que exudas verde te convierte
y danzan las melíades cantando
la florida presencia de los soles    
[...]