

Cuando evidencié que eran los cuentos de Pitol, no pude más que recordar el maravilloso relato, “El oscuro hermano gemelo”, en que se alude al escritor Justo Navarro (en la foto) y a su definición de la figura del escritor como un caso de “impersonation”. Las palabras que Justo Navarro destinó al prólogo de El Cuaderno Rojo, de Paul Auster, vienen a decir que escribir es un caso de suplantación de personalidad, de hacerse pasar por otro. El oscuro hermano gemelo de Justo Navarro es Vila-Matas, mira por dónde, y entonces comprendí que el señor lo que estaba haciendo era invitándome a su juego de ficciones. “Hola, me llamo Enrique Vila-Matas, ¿ha visto usted por aquí al mejicano Sergio Pitol o a Justo Navarro?”- no se me ocurrió otra cosa. “Pero Enrique, ¿no me reconoces? Soy Sergio, Pitol, carajo, ¡debe ser la edad, cuánto tiempo!”- emocionado, el viejo añadió a su farsa un abrazo potente. Para entonces los comensales de Balbino cayeron en el asombro ante los saludos que nos proferimos. Nosotros, Pitol y yo, quiero decir, iniciamos una conversación acompañados de vinos y mariscos. Estuvimos toda la noche haciendo referencias literarias que nos han acompañado toda la vida, versos, ideas, filósofos. Ya en mi retirada, una vez que las palabras comenzaban a resonar en la cabeza como siempre que termino una conversación, no pude más que llamar por teléfono a Justo Navarro. “¡Eh, acabo de estar con el maestro, con Pitol!”- rayando en la exasperación. “Qué bueno, Enrique, porque Pitol está aquí en Roma, revisándome Finalmusik, ¿quieres hablar con él?”.
INFORMACIÓN SANLÚCAR (semanario), 22/9/2007
Muy bueno el cuento... Por cierto, yo os vi a los dos: estaba en una de las mesas de Balbino, despachando una bandeja con tortillas de camarones y un vaso de cerveza, y acompañado de Tomás, Mari Carmen y María José...
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