viernes, 10 de octubre de 2008

LOS GIRASOLES EN MAYO.

No sabe uno ni debería saber lo que le va ocurrir desde el momento en que abre los ojos y comienza su tránsito por el mundo. En el pasado los sueños, las pesadillas olvidadas que han surtido de emociones la noche en que dormitamos y rendimos culto al inconsciente; los aires que traspasan la nariz y que se adentran por los conductos más torcidos de la noche. Por eso no sabe uno ni debería saber cómo ejercitará el azar sus mecanismos, ni cómo lo fortuito se terminará acoplando en el devenir, triste y melancólico, de los días que nos devoran.
Nada más terminar el café, decidimos ir al cine con la intención de cobijarnos en una sala en la que la crisis y otras piruetas bursátiles quedaran a un lado. Teníamos en la cabeza ir a ver la película de José Luis Cuerda, Los girasoles ciegos. La película tiene como base el texto de Alberto Méndez. Lo cierto es que salimos de la casa con poco tiempo de margen, con toda la prisa de dos desesperados, como si la película se fuera a terminar con nuestra ausencia. Cierto es que Kafka decía que el cine no terminaba de gustarle porque el cine es una mirada obligada sobre la realidad, el cine escoge la mirada sobre esa realidad por nosotros. Kafka, el cine, la desesperación.
Ya en la taquilla, se nos colaron dos jóvenes que querían entradas para Sangre de Mayo, la película de Garci. Para colmo de males, la joven era conocida de la cajera, y eso agudizó nuestros nervios. Le pedimos dos entradas para Los girasoles ciegos para las 18.40; la cajera nos preguntó si queríamos a la 18.45. De inmediato pensamos que el horario estaba equivocado, pero ya estábamos entrando.
Sentados, prácticamente solos en la sala, los compases de Bocherinni comenzaron a brotar con la fuerza de la época dieciochesca. Se iniciaba Sangre de mayo.
La cajera nos había dado las entradas equivocadas y M.C. me miró con la sonrisa de saberse presa, deliciosamente presa, del azar, de las redes invisibles y delicuescentes que traza en nuestros pasos esa palabra que en una suerte de palímdromo viene a decir raza. La raza del azar.