martes, 4 de noviembre de 2008

A NOVEL IS A WRITER´S SECRET LIFE, ...

La cita viene de antiguo y la sitúo en un triángulo secreto que linda con los sueños. Justo Navarro, Sergio Pitol y Enrique Vila-Matas, “A novel is a writer´s secret life, the dark twin of a man”, afirmó W. Faulkner. Pero la realidad es creada por la ficción y en esa posesión demiúrgica de los escritores surge una especie de contorno inaccesible, de áurea meditabunda por la que pasean solitarios e inadvertidos los secretos. Difuminado, sin trazos sólidos, se muestra ese lugar de apariciones en que se convierte la lectura. Borges lo dejó claro cuando escribió: “Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años. Puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara”.
*El texto en francés pertenece a Vila-Matas.

***
El escritor es un microcosmo que sueña con convertirse en una galaxia. Su vida, un desfile constante de destellos; sus libros, los restos calcinados de esos sueños.

***
La lectura, con Arreola, es el lugar de las apariciones de los fantasmas que habitan en los lectores. El recuerdo es el diálogo con esos fantasmas. La novela, entonces, es un espacio para los vivos y para los muertos, una mónada sobre blanco que adquirió las propiedades del negro.

***
Hoy compruebo, sentado en un café, con las páginas humecidas por el ambiente acuático y grisáceo en esta plaza de París, en Saint-Sulpice, que José Donoso reparó en la cita de Faulkner y la utilizó como umbral de la novela que leo, Donde van a morir los elefantes. El protagonista es un crítico literario, Zuleta, que, a su vez, es testigo de los desmanes que ocurren en los ámbitos académicos. Con todo, el personaje reflexiona sobre la crítica y la creación literaria.
No puedo estar de acuerdo con las palabras que inician las divagaciones del crítico y que, de la misma manera, abren la novela: “El que escribe una novela lo hace, generalmente, no porque estime que su propia vida sea novelesca, sino todo lo contrario: por un anhelo vergonzante de participar en hechos que, se figura, tuvieron esa condición”.
Evidentemente, ninguna vida es literaria si no se comienza a vivir literariamente. A partir de ahí, de ese momento en que uno decide vivir literariamente, la vida se transforma en un texto indescifrable, un texto que es un caudal demasiado inmenso para narrarlo. Se conforma el escritor con insinuar que alguna vez quiso ser literatura, como Gould quiso ser el piano, no el intérprete de la partitura ni el mediador entre una cosa y la otra, sino el piano mismo. Ser literatura, por tanto, es la aspiración de los escritores y de los que viven literariamente.

***
La literatura no existe más que en el oído sordo de la virtud verbal.

***
Vivir la literatura supone un suicidio del que nos enteramos tarde. La sangre, los libros que escribimos.

***
Una obra literaria viene a ser el cobijo de los que vencieron a la vida.

***
Leer, escribir, sístole y diástole de un mismo fenómeno coronario.