lunes, 3 de agosto de 2009

Entre el cielo y la tierra.

Cuando escribo me preocupan más las palabras que dejaré sin decir que las mencionadas; la realidad guardada en estas últimas más que la que intento desvelar.

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En ocasiones Kertész me deja encallado en una galera de la que tardo unas horas en salir. Desde luego, pocas palabras bastan para dislocar la sensibilidad o desvanecer los criterios que uno pretendía mantener erectos frente a las tempestades. Rodeado uno de esas condiciones, resulta todo una bella dispersión de pareceres y mejunjes de la conciencia. Kertész: “Nuestro condicionamiento metafísico depende, en gran parte de nuestro condicionamiento terrenal”.
El observatorio es la cualidad de la literatura, el alambique en que se vierten memoria, deseo, realidad y ficción. Cuál sea su resultado depende de las manos de un hombre, del alfarero meditabundo y sostenido. Leer el moldear el barro, escribir crear su sustancia.
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Sólo un hombre contiene la verdad, aunque toda verdad es manifiestamente humana.