viernes, 12 de octubre de 2007

¿ESPAÑA?

NO HACE falta que Rajoy protagonice un vídeo defendiendo el día de la Hispanidad ni que los adversarios políticos digan que ha cometido una brutalidad digna de otros tiempos para que me siga importando bien poco o casi nada eso de la patria, la nación y las banderas que los políticos predican desde sus atriles. Quiero decir que no me identifico con la idea de España que tiene el PSOE, pero eso no me lleva a afirmar que esté de acuerdo con la idea de España que mantiene el PP, más bien, si contra mi voluntad tuviera que situarme estaría más alejado del nacionalismo español que defienden los populares. Por eso mismo, porque son ideas y las ideas prefiero elucubrarlas en otro guiso y con otros aliños, entiendo que lo que propone Rajoy es un tipo de nacionalismo de la misma especie que los que crítica. Se trata, eso de lo español tal y como lo defiende Rajoy, de un macro-nacionalismo que engulle a otros nacionalismos, esto es, micro- nacionalismos. Como no comulgo con ningún tipo de identificación política y territorial, creo que eso de los himnos y de las madres ilegítimas que nos crecen cada año es una falacia intelectual a la que nadie, todavía, ha sabido darle forma cabal.
La España, esa España de la que hablan los políticos, ha sido una gran puta desde el principio de los tiempos en su suelo peninsular, así lo digo, y así me imanta una tierra. Por este motivo, por la fusión continua de razas que atraviesa nuestros genes, por el prodigio del paso de culturas milenarias por estos lares, debo confesar que si algo me agrada de todo esto de los días nacionales es la mezcolanza de una tribu impura, repleta de mixturas, prodigiosa por su incapacidad de identidad y única por su indudable antigüedad. De esta forma, si Rajoy quiere celebrar su día de la patria, no me parece una postura a la que le podamos reprochar algo. Ahora bien, ¿quién le ha dicho que “lo que todos sabemos”, eso que nos ha llevado a “esta situación”, proviene de una idea de España que nadie comparte?
El desaparecido Claudio Guillén tiene un libro titulado Múltiples Moradas. Este volumen comienza con un epígrafe en el que me he revolcado demasiadas veces: “El sol de los desterrados”. En él se cuenta una anécdota de Diógenes, el cínico. Se trata del famoso encuentro en Corinto de Diógenes con Alejandro Magno, quien se acercó a él y le dijo: “Pídeme lo que quieras”. Y Diógenes contestó: “No me quites el sol”. Pocas incidencias a lo largo de los tiempos demuestran de forma tan feroz cómo el hombre, desde sus inicios, ha evidenciado la necesidad de la libertad bajo el sol y el rechazo del poder y de las instituciones sociales a través de un jefe supremo. Así que me envuelvo en los versos de Brassens: “Cuando la fiesta nacional/ yo me quedo en la cama igual/ que la música militar/ nunca me pudo levantar”.
INFORMACIÓN SANLÚCAR (semanario) 13/X/2007