domingo, 3 de febrero de 2008

OJO QUE TOCA, MANO QUE HUELE

VENGO PENSANDO en la relación de las artes con los sentidos, con la capacidad sensorial de los hombres. No en la estimulación que deviene una vez que apresamos la obra con los ojos, la boca, las orejas o las manos; sino en la creación misma, en la vinculación que existe entre el medio material y el resultado artístico.
Comprendo que las artes están supeditadas a un solo sentido, lo intensifica y desmesura, aunque recurran a factores secundarios. La música al oído (el genio, Beethoven, desmonta mis palabras), la pintura a la vista, la escultura a las manos (y a la vista, en gran medida), ¿y la literatura? Se puede escribir pese a la ceguera (el argentino, toca ahora), a pesar de la mudez, de la falta de audición, de extremidades, etc. ¿Cuál es la relación entre la literatura y los sentidos, la realidad sensorial para macerarla y crearla? ¿La música y la literatura poseen la misma sustancia que las vertebra? ¿Necesitan asideros la escritura y la música, más la palabra que el sonido? ¿En qué ámbito crearon Beethoven y Borges?¿Se encuentra la genialidad adyacente al trazo que sugirieron Ludwig y Jorge Luis, es decir, allí por donde no hay salvación alguna, respuesta posible, vuelta atrás existente, donde la profundidad del yo lo abriga todo y nada es ya necesario?