lunes, 18 de febrero de 2008

PENSAMIENTO SALVAJE

Voy a utilizar las palabras que a continuación transcribo como bálsamo ante tanta desmesura dialogal en estos “prototiempos” electorales en que cada uno muestra sus inclinaciones ideológicas sin tomar en cuenta la posición del otro y su validez. Como mi asombro ante tanta inverosimilitud es continuo, no puedo más que decir con Lèvis-Strauss: “La actitud más antigua, y que descansa sin duda sobre fundamentos psicológicos sólidos en vista de que tiende a reaparecer en cada uno de nosotros cuando nos hallamos en una situación inesperada, consiste en repudiar pura y simplemente las formas culturales –morales, religiosas, sociales, estéticas- que están más alejadas de aquellas con las que nos identificamos. ‘Costumbres de salvajes’, ‘eso no es cosa nuestra’, ‘no debiera permitirse eso…’, etc., y otras tantas reacciones groseras que traducen este mismo estremecimiento, esta misma repulsión en presencia de maneras de vivir, de creer o de pensar que nos son ajenas. Así la Antigüedad confundía todo lo que no participaba de la cultura griega bajo el mismo nombre de ‘bárbaro’; la civilización occidental utilizó después el término ‘salvaje’. […] En los casos evoca un género de vida animal, por oposición a la cultura humana. En los dos casos no se quiere admitir el hecho de la diversidad cultural; se prefiere arrojar fuera de la cultura, a la naturaleza, todo aquello que no se conforma a la norma bajo la cual se vive”.

Claude Lèvi-Stauss, “Raza e historia”, Antropología estructural dos, Méjico, Siglo XXI, 1979.