jueves, 7 de agosto de 2008

ESTO Y LO OTRO.

La lección de la filosofía es la siguiente: no debes decir nada que no contenga algo. Que eso se consiga es harina de otro costal. Sin embargo, la literatura debe decir algo y decirlo bien. Añado ahora que debe decir algo, decirlo bien (en el sentido lato del término) y con sustancia: un pensamiento, una cosmovisión, una reflexión sobre los días.... En palabras de Renard: “La forma no puede ir por un lado y el fondo por otro. Un mal estilo es un pensamiento imperfecto.
Un pensamiento imperfecto está larvado por la consecución de un mal estilo; la literatura imperfecta es aquella que aúna un mal estilo con un pensamiento romo. Haz y envés de un mismo soliloquio vacuo.

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Puede haber elementos literarios en textos que no sean literarios, pero esa presencia no justifica que nos encontremos ante la literatura. Esos retales aspiran a ser unos compases de una sinfonía. Por eso en esta búsqueda de la literatura debemos nutrirnos de las formas literarias y de los pensamientos humanos.

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La literatura se consigue cuando se termina de escribir la última corchea de un pensamiento que no acaba cuando lo hace ella, pero que existe gracias a ella. La literatura es un estar en ella, jamás la poseemos hasta siempre. Quizás esta circunstancia, ese desvelamiento se asimile a lo que llamamos iluminación, inspiración. No existe, sólo parece que se percibe.