jueves, 19 de febrero de 2009

ESCRIBIR DESDE LA NADA.

Suele ocurrirme en las conferencias, seminarios o encuentros en los que todo de lo que ocurre no merece mi atención, siquiera oírlo. En español decimos nada de lo que ocurre levanta mi interés. nada cuando decimos todo, ay, José Hierro. Cuando detecto, con unos síntomas claros y evidentes, que la nada pretende que la inocule, me pongo a escribir como un poseso.
Escribo para luchar contra la insidia y para acorralarme entre tanta vacuidad. Difícil trabajo, colosal tarea esta de escapar de las tripas de la nada. Ahora, en este momento, una señora lee unas cuartillas sobre la obra de un autor que está a su lado. Jerez de la Frontera, Cádiz. El escritor calla y asiente con lentitud. La sala se inunda de tos. Ella no cesa de leer, de hacer una referencia y otra, una y otra. Escribo, escribo.

***
No estaría de más hacer un registro, una topografía de aquellos lugares en que concurren unas circunstancias benefactoras para enfrentarse a la nada. En las que no queda otro remedio que escribir. Es decir, en las que no me queda más remedio que atacar el papel con el lápiz. Cómo se hace una nota puede ser un buen título para ese catálogo. Posible lista:
1. Seminario, encuentro, simposio o congreso de literatura en los que los participantes hacen todo lo posible por exhibir sus naderías.
2. Una clase de la facultad (preferentemente de Filología).
3. Un viaje en tren, autobús, avión o barca por el mar.
4. la plaza de una ciudad.
5. la playa, la desembocadura del Guadalquivir.
6. París.
7. Un claustro de profesores, una sala de profesores.
8. Una biblioteca.
9. St. Sulpice, St. Germain-des-Prés.
10. La consulta de un médico.
11. Un café.
12. La plaza de San Marcos, en Venecia.
En estos sitios se vislumbra la candidez de una sintaxis descarnada, el usufructo fonético de lo cotidiano, la semántica altiva de la ficción, las vocales desmayadas de faringe.