
El Gran Teatro del Mundo, eso es, una interpretación. Cuando Calderón de la Barca escribió el auto sacramental que utilizaba personajes alegóricos, es decir, personajes que representan más allá de lo que son, símbolos escondidos de lo que el mundo muestra, estaba trazando el futuro. Acertó de lleno. Ése es nuestro sino, enmascararnos en un personaje.
No en vano “personaje” significa “individuo de la especie humana” y proviene del teatro griego -etrusco y latín-. En eso nos ha convertido esta sociedad devoradora de individuos. El individuo ha desaparecido, es una entelequia, sólo queda la alegoría de lo que fue: el trabajador, el esposo, el alcalde, el estudiante, el parado, etc. Una galería de protagonistas descabezados y desprovistos de cualquier efecto personal. Quien anda sólo termina perdido, quien pretende transitar por su decisión se precipita al contragolpe social.
Un Gran Teatro del mundo en que juegan con nuestro dinero hasta desplumarnos. Una pose, en último estado. Una palabra de los políticos;pobres diablos, a los políticos ya sólo les queda las palabras en la mentira, vuelven a sus instintos.
Mientras tanto el mundo se convierte en una aldea global, pero de analfabetos envejecidos. En una pandilla, mejor, juveniles ritos de violencia.
A la postre, poco importa haber leído nada, haber estudiado nada, haber escrito algo, ser un hombre machadianamente bueno. Poco importa haber levantado una vida y defenderla. El Teatro sigue y cambia de función. Los asistentes ya sólo asisten. Dormidos, impávidos. Ni un aplauso en el foro. Más bien el silencio, como en La casa de Bernarda Alba. Silencio.
¡Bravo!
ResponderEliminarGracias, amigo.
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