jueves, 5 de febrero de 2009

Luz no usada.

La lluvia comenzó a tocar mi cuerpo. Con cada gota, mi piel se desnudaba. Alcanzó un trazo de infinito.
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Ocurre con fray Luis lo mismo que con san Juan de la Cruz, se leen los poemas en voz baja, rayano en el silencio. Y eso, a fin de cuentas, me parece lo más cercano a la poesía. La poesía debe rugir en las entrañas, pero decrecer en las palabras. Debe tildar los armónicos que subyacen con su creación, pero con la humildad y la gravidez que produce estar escuchando una fuente en medio de la naturaleza.