viernes, 25 de enero de 2008

IGLESIA POLÍTICA

DEFINITIVAMENTE, la Iglesia debería presentarse a las elecciones generales o bien declarar abiertamente su apoyo al Partido Popular. No puede estar montando una manifestación pública mensualmente para posicionarse en contra del actual Gobierno y exigiendo el voto para el partido de la oposición. Pienso que, en lo que llevamos de Democracia, jamás se ha visto un apoyo tan incondicional de la Iglesia al Partido Popular. Repito que en la trayectoria democrática, sin obviar de ninguna manera el periodo nefasto de la dictadura.
Aprovecho estas circunstancias para ahondar en los límites de la política y de la creencia. Si bien es cierto que la trayectoria de la Iglesia en Occidente ha sido la de delfín político, parece que ahora se mezcla más que nunca la cuestión personal de la fe y la imposición de la misma. La intolerancia de la Iglesia a aceptar otras formas de vida deviene de su maniqueísmo exacerbado, de su creencia en que posee la Verdad Absoluta. Por eso cuando se manifiestan en Madrid a favor de un tipo de familia más, -no el único ni el mejor- y algunos no estamos de acuerdo con su propuesta, rápidamente se sienten perseguidos, atacados, acorralados. ¿Por qué, si no han sufrido carga policial y han tenido la posibilidad de declarar de forma pública sus preferencias? Algo parecido ocurre ahora en Sevilla, cuando se han reunido los obispos en un congreso para defender un modelo de familia y pedir el voto de los ciudadanos.
Veo la situación, paradójicamente, desde la indiferencia a la fe católica y de todo tipo de modelo de familia, cristiano o no, homoparental o heterosexual, etc. Lo que sí detecto es la mixtura de la creencia personal en una forma de vida con la imposición de la Iglesia de su estilo de vida. Hasta que eso no cambie, hasta que la Iglesia no acepte que hay o existen diferentes formas posibles de asimilar el tiempo que corre, nunca tendrán el beneplácito de los que no profesamos religión alguna más que la del amor, la literatura, el alcohol y poco más. Por ese motivo, me parece escandaloso que la Iglesia persiga modificar el voto de los ciudadanos porque se ven perseguidos por los políticos. A lo mejor es que no están acostumbrados, nunca lo han estado, a dialogar y asimilar con el otro; siempre se han visto con la potestad para imponer sus ideales, sus costumbres, sus castigos miles. Creo que le ha llegado a la Iglesia el momento de evadirse de vértebra ególatra a fin de que no terminen por crear un nuevo partido político. Si esto no es así, no tiene más que manifestar públicamente -tal y como anuncian el fin de la democracia- que van a votar al PP. Entonces veríamos las cartas sobre la mesa, aunque al trasluz todo se sabe.