sábado, 1 de marzo de 2008

LAS EDADES Y LA MUERTE

Es la primera vez que escribo sobre la muerte de un familiar en esta bitácora. En otras ocasiones me he referido a la de un escritor o un personaje que merecía mi atención. Sin embargo, hoy la muerte la he visto frente a frente, con sus fríos y desvelos, su noche y su infinito. Hoy me he acordado, por azar, de una pintura de Brueghel, "el viejo", que expongo junto a estas letras. También de varias elegías poéticas: Miguel Hernández, Alberti, Lorca,... Por encima de todos, unos versos de Antonio Machado me han percutido en mi duelo nocturno con el sueño. Al igual que estos, Quevedo se me ha vuelto hoy más transparente que ayer y que mañana. Cuando he estado junto a la difunta atestigué que en un amanecer "junto/ pañales y mortaja" y vi que la presencia de Encarnación no será más que "presentes sucesiones de difunto".
La muerte nunca viene a tiempo, aunque cuando alguien escala hasta la condición de nonagenaria, la muerte, el tiempo y la vida se hacen un todo. Este fin de semana la he visto encarnarse con sus patas de caña y trastocar la apariencia de lo real. En un golpe tierno se nos ha ido, como del rayo, la “chacha”, Encarnación, porque, con Antonio Machado:
“un golpe de ataúd en tierra es algo
completamente serio”

Seguirán el silbo de sus ocurrencias y el timbre de su piel diluidas en la memoria de su familia. La imagen fija de una letanía que ya será inherente a su silueta de tacto apergaminado; la que ahora sostengo en este tiempo que ya corre, vuela y desaparece.