martes, 30 de noviembre de 2010

No quiero esta vida, no quiero presenciar lo que presencio ni dar testimonio de lo que testimonio; no quiero embadurnar mis ojos con las algas de la banalidad y la paradoja de ser vivo, porque sólo verán tus ojos. No quiero ni deseo las propiedades de este hombre que me sobrevive, que escribe, lee, ama, siente como un búfalo; no admiro a los que se sienten plenos, porque son falacias de la materia; no envidio a los que dicen sin ser en sus palabras, porque serán avenidos de la nada. Para los que piensan que la vida discurre entre sus vacuas actividades, deseo la ignonimia; para los que dijeron alguna vez quiero fundirme con lo nunca dicho, aquí tienen su hospedaje, porque nadie nunca entenderá lo que es hasta que no se establezca en la parábola de sí mismo.

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Borges se obsesionó con un verso de Virgilio, Ibant oscuri sola sub nocte per umbram…creyó en él como el más cristalino escrito jamás. Borges, según algunos testimonios, memorizaba los poemas o los versos que formaban parte de él, incluía en su acervo lingüístico los giros sintácticos de otros escritores. Desde hace tiempo memorizo más que leo y siento un gozo incomparable cuando reproduzco, por mi boca muerta, los versos de los grandes espíritus.