
Si beatifican la muerte de una serie de religiosos están dividiendo la memoria en dos mitades irreconciliables e innecesariamente sesgadas. La impronta que la religión católica está inyectando en sus actuaciones se acerca, cada vez más, a un fundamentalismo rayano en la costumbre de las sociedades arcaicas. Un chamán desde el Vaticano estipula que sus muertes son más importantes y significativas que cualquier otra por la simple razón de que son religiosos, esto es, poseen una creencia. Pero una creencia dirigida e impuesta, en la que no cabe ningún tipo de discrepancia so pena de ser extraviado de la verdad. De siempre, la religión se cree en posesión de una Verdad universal que siquiera conocen o , así parece, no hacen el intento de ir en su busca; parten, más bien, de la seguridad de encontrarse en ella. Es un mal endémico de estos tiempos defender las verdades, es un síntoma de sinrazón y mentalidad obstruida por la soberbia humana.
En este sentido, se está iniciando una reconciliación con tiempos pasados en que “tiempo” y “pasado” no son términos convenidos por los ciudadanos, sino que se proyecta una propuesta “política” muy apegada a una manera de entenderla, entre otras posibles. Es denigrante que el “pasado” quede resumido y macerado a la manera que la visión de una entidad política o religiosa proponga. ¿Acaso murieron, unos y otros, todos, en defensa de alguna institución; no fueron las instituciones y entes ideológicos quienes arrojaron al campo la dignidad, la honra ya enervada de campesinos, trabajadores y libre andantes por causas inocuas a sus vidas?

En estos ajustes de cuentas, en estos restablecimientos “legales” o “espirituales” con otros tiempos poco importa el conocimiento de la Historia; así que mientras unos revisen los acontecimientos estableciendo leyes de memoria y otros beatifiquen en sus sedes, sigamos leyendo, escuchando a familiares y buscando el surco que conduce a una verdad de la que sólo sabemos cómo acercarnos, palparla u olisquearla. No se impone el pasado a los hombres como tampoco se debe imponer el futuro, es decir, la visión de ambos compuestos del hombre.
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