viernes, 11 de abril de 2008

CUATRO POETAS EN GUERRA, IAN GIBSON

IAN GIBSON (Dublín, 1939) ha dado a la estampa una serie de obras que viene a ocupar el espacio que la crítica española todavía no ha desarrollado. Me refiero a la redacción de grandes biografías o grandes estudios de conjunto tal y como la tradición anglosajona nos tiene acostumbrado. No es momento aquí de hablar de la Vida del doctor Samuel Johnson, de James Boswell -recientemente publicada- como modelo insuperable de biografía; pero sí de señalar la escasez de estudios que aborden, a través del ensayo, una época, una vida o una obra. Quizás José Carlos Mainer y Jordi Gracia se acercan con éxito a esta estirpe de estudios literarios. De todas formas, ahí quedan las investigaciones sobre la Guerra Civil española y otros periodos de relevancia de J. Elliott, Gabriel Jackson, Hugh Thomas, S. Payne o Benassar.
A pesar de la mirada sesgada que mantiene Gibson en todas sus obras, identificada plenamente con las causas republicana y comunista, las obras sobre Lorca, Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca (1989), y sobre Antonio Machado, Ligero de equipaje. La vida de Antonio Machado (2006), son fundamentales para comprender la dimensión de la obra y de la vida de ambos poetas. La labor de documentación que desarrolla Gibson es metódica y ejemplar, así como las interpretaciones que realiza al calor de los versos más emblemáticos.
Cuatro poetas en guerra. A. Machado, Juan Ramón Jiménez, F. García Lorca y Miguel Hernández (Planeta, 2007), sigue la estela de los libros anteriores, aunque ahora el nuevo libro queda cohesionado mediante el análisis de las figuras de cuatro de los grandes poetas del pasado siglo en nuestra lengua. A través de sus vidas y de sus versos traza Gibson una obra escrita con entusiasmo y tino. Ofrecen sus páginas brillantes interpretaciones sobre versos que han pasado por las manos de la crítica más rancia, opiniones esclarecedoras de sus pareceres que se publicaron en la prensa de la época, cartas y epistolarios con poetas exiliados y de otros lenguas, las opiniones de los dirigentes políticos sobre el quehacer de los literatos, etc. Un ensayo que viene a matizar, en buena medida, muchas de las características fosilizadas ya en los libros de texto. Y, por sobre todo, a constatar que los poetas señalados mantuvieron un compromiso vital con las circunstancias que golpeaban sus vidas.
En este sentido, quiero destacar el capítulo dedicado a J. R. Jiménez, quizás, en principio, el poeta menos comprometido con causa alguna. Sin embargo, Gibson ejecuta un minucioso acercamiento, en pocas páginas, a la postura que mantuvo hasta su muerte el poeta moguereño. Sus declaraciones a la prensa, sus cartas con Corpus Bargas e incluso su decisiva presencia en tierras hispanoamericanas son recogidas por el autor de este ensayo que recomiendo a todos aquellos que quieran deleitarse con una nueva imagen de poetas demasiado cargados de tópicos que se repiten como un bucle infinito.