
Días antes de que viniera la fiebre compré varios libros de un autor que ocupa ahora mis horas de lecturas, Antonio Tabucchi. Después de disfrutar la historia de Pereira y de indagar en la obra literaria de este autor italiano, terminé comprando La cabeza perdida de Damasceno Monteiro, Tristano Muere y Sueños de sueños. Decidí empezar a leer el último de los indicados justo antes de que la fiebre comenzase a ejercer sobre mí su inextricable manía de azotar el subconsciente con sus técnicas de alelamiento y tontuna.
Todo fue empezar a leer el libro y, como por encanto, dejé de distinguir las fronteras entre lo real y lo soñado; y creo que a partir de entonces jamás sabré descifrarlas. No sé ciertamente si estuve en el campo siguiendo junto a Federico García Lorca a un perro que nos conducía a la muerte; si disfruté con Toulousse- Lautrec de los prostíbulos parisinos de la bohemia; si deambulé por Marsella agarrado del brazo de Rimbaud cuando le amputaron una pierna o si fui testigo en Viena de cómo Freud decidió pasearse por aquella ciudad bombardeada disfrazado como una de sus pacientes, Dora.
También soñé que estuve nadando por el río y que llegué a cruzar la otra banda. Una vez que estuve allí me asediaron unas náyades que quisieron extraerme de cuajo mis sentimientos para lanzarlos al mar; decían que era una práctica habitual y común de antaño. Cuando terminé con el libro, mi sorpresa fue aún mayor. Se añade a la edición que manejo una pequeña obra titulada Los tres últimos día de Fernando Pessoa. Un susto me recorrió todo el rostro y aún no he sido capaz de habitar con Pessoa ni con Caeiro ni con Soares ni con el maestro Reis los sueños que Tabucchi escribió de sus últimas noches imaginarias.
(Ilustración, "Los demonios", Fuseli)
Yo también he experimentado que un libro se me meta en los sueños...y la pregunta que me hago es si en una de esas me voy a trasladar a una realidad paralela y me va a gustar más que esta y me voy a querer quedar......La Quijote II.
ResponderEliminarBesos
Pilar