martes, 22 de julio de 2008

DIARIO 1887-1910, JULES RENARD.

Llevo leídas un puñado de páginas de Diario 1887-1910, de Jules Renard que acaba de publicarse en DeBolsillo en una magnífica edición -hasta el momento- y mejor traducción de Joseph Massot e Ignacio Vidal-Folch.
El libro es sorprendente por el ingenio que le imprime el autor francés a cada entrada de su Diario. Eso me ha llevado a reflexionar sobre las entradas que uno escribe en esta bitácora y sobre la falta de ingenio y de literatura que hay en ellas. Evidentemente, utilizo libros, citas, autores y diverso material literario para escribir, pero dudo de que buena parte de las entradas escritas hasta el momento sea literatura. Esa es mi aspiración primera; dado lo cual, debería comenzar de nuevo la bitácora, borrar todas las entradas y seleccionar con un filtro más preciso aquellas que merezcan publicarse. En ese caso, pienso ahora, a lo mejor no llego a publicar ninguna.

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Porque la tentativa de escribir es como un suicidio en falso, como aquellos que en lugar de echarse la soga al cuello rompen sus fotografías, “¡Cuántos han querido suicidarse y se han conformado con romper sus fotografías!”, dice Renard el 29 de diciembre de 1888. Aunque en realidad me siento como un enano rodeado de gigantes, de gigantes poderosos que jamás igualaré de ninguna de las maneras. Eso debo controlarlo, someterlo a las aguas templadas de la asimilación. Al fin y al cabo no seré nada, y nada seré al fin y al cabo. “No serás nada. Por más que hagas: no serás nada. Comprendes a los mejores poetas, a los prosistas más profundos, pero aunque digan que comprender es igualar, serás tan comparable a ellos como un ínfimo enano puede compararse con gigantes”, escribe Jules el 23 de noviembre del mismo año”. Y hoy, más que nunca, siento que estas palabras son inútiles y que no deberían aspirar a nada, porque pertenecen a la nada y de ella no podrán escaparse. Ni siquiera sé por qué las dejo en este espejo público sin pudor alguno, sin la vergüenza que ahora me abriga al releerlas.
Siento la necesidad de convertirlo todo en un capítulo irónico, que desmigaje las palabras que quiero como salen los astros, por la fuerza de la naturaleza y sin concebir qué hombre se alumbrará, qué hombre se inmutará, qué hombre querrá saber de todo esto.
*Ilustración, Compañía General Fabril Editora - Los Libros del Mirasol - Impreso en Argentina, 1962 - Traducción de Emma P. Zappettini - Selección de Juan Paredes.