jueves, 31 de julio de 2008

ESCRIBIR LA LECTURA

El calor aprieta al mediodía y las lecturas se hacen soporíferas. Una botella de agua y un lápiz sobre la mesa detallan la primitiva manía de leer que subyuga en estos días en que la tarde se extiende como la piel de una serpiente. La rutina diaria consiste en leer un año completo de Diario, de Jules Renard, e intentar escribir la lectura. Exactamente eso, escribir la lectura. Consiste en responder escribiendo a las frases que considere más afiladas. Así leo en el año de 1894: “Sólo hago vida social cuando tengo ganas de aburrirme”. Así escribo en 2008: “Efectivamente, el aburrimiento no puede ser mayor; si la distracción social consiste en buscar el socorro de la calle y de las mesas de las cafeterías para dejar que hable el viento, me quedo abriendo páginas de libros como un loco. Al menos la locura es un mal identificable y clásico”.
Hay muchas más anotaciones que merecen el subrayado, de hecho, así los dejo en el libro, pero no las escribiré aquí. La cosecha de este año se concentra entre febrero y mayo. Sin embargo, no puedo resistirme a transcribir lo que leo el día 22 de febrero: “Te amo como a esa frase que he dicho en sueños y que ya no puedo recordar”. Y escribo: “Si te amara como en sueños jamás podría decírtelo; por lo menudo, todo intento de decir el olvido queda en aspiración errante”.

*
Yo sé quién soy”-respondió don Quijote- y sé que puedo ser, no sólo los que he dicho, sin todos los Doce Pares de Francia, y aun todos los nueve de la Fama…”. Con estas palabras le contesta Don Quijote a su vecino Pedro Alonso cuando éste lo lleva de vuelta a la aldea al verlo tirado en el camino y maltrecho. Dejo para otra ocasión la interpretación fisolsófica del ser y sus posibilidades.
En 1914, Pessoa se arma con toda la seriedad de la ironía y proclama en la intimidad de su Diario: “No sé quién soy, qué alma tengo. Cuando hablo con sinceridad, no sé, con sinceridad, de qué hablo. Soy distintamente otro diferente de ese yo que no sé si existe”. No sé si Pessoa había leído el Quijote por esas fechas, en el Diario (Gadir) no se hace referencia alguna, así es que me las tomo, estas dos notas, como una afluencia de unos contrarios que delatan el horizonte incierto del conocimiento de uno mismo. ¡Qué irónica expresión la de ambos! En la ironía reside la existencia de todos y de uno, esto es, del espíritu humano en todas sus posibilidades. Es más, no existiría la ironía sin los contrarios que se necesitan.

*
De las lecturas, la poesía es la más necesaria. En ellas, Hölderlin ocupa un lugar de privilegio. El episodio es escalofriante. En 1806 es ingresado en una clínica siquiátrica, en Tübingen, declarado loco. Tenía treinta y seis años. Algo más tarde es acogido en la casa del carpintero Zimmer, donde vivió hasta 1846. Es decir, treinta y siete años en una habitación sobre el Neckar junto a unos papeles en que escribía, un piano y visitas esporádicas que no reconoce. Llegó a olvidar su nombre o a fechar poemas con cien años de antelación. Del libro Poemas de la locura (Hiperión), extraigo un verso del poema 46, titulado "El Espíritu del tiempo":
“En el paso de los años se alcanza la permanencia”.
¿A qué transparencia llegó este poeta de la condición humana, de las constantes espirituales y perpetuas?