jueves, 17 de julio de 2008

MONTÍCULOS EN LA LLANURA

Una cita es como un encuentro con la belleza indescifrable. Necesitas detenerte con más calma, aplicar la contemplación, enfoscarte en la reflexión detenida de sus elementos lingüísticos. Una parada en un universo que nunca atisbaste, en definitiva. Incluso hay novelistas que basan su quehacer apoyándose en las citas, pongo por caso a Vila-Matas, a quien venero desde antiguo.
Una cita es como un montículo inesperado en una llanura, una atalaya que surge de repente entre el boscaje de palabras y sintagmas que desciframos en una novela, un poema o cualquier otro libro. En muchas ocasiones, la justificación de un poemario, el epicentro de toda una novela que cuenta cientos de páginas, la síntesis de un tratado de filosofía se sitúa en un puñado de palabras que nunca fuimos capaces de pensar y escribir hasta ese momento en que las leemos.
Dicho esto cito lo siguiente pensando en mi entrañable compañero Iván: “Aquí se fundará la fenomenología pura o trascendental no como una ciencia de hechos, sino como una ciencia de esencias (como ciencia “eidética”); como una ciencia que quiere llegar exclusivamente a conocimientos esenciales y no fijar, en absoluto, hechos; el pensamiento que se encarna en juicios que van desde la universalidad fáctica (empírica) hasta la universalidad esencial, ésa es la reducción eidética.Edmun Husserl, Ideas (Relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica), FCE, 1993, Méjico.
*Ilustración, Martin Heidegger hablando con E. Husserl.