
Invito a la refrescante lectura de este libro ya señalado en entradas anteriores, por la frialdad de sus argumentos y por la impecable forma en que está escrito. Un discurso que pretende extenderse por temas que han pertenecido a bandos y concepciones distintas. Desde luego, comparto el capítulo inicial, “Un catolicismo político”, palabra por palabra: “Y es más: el español que abandona su fe católica, no parece que se convierta, como ha venido diciéndose tradicionalmente, en un ateo, sino, más bien, en un anticatólico o ateo militante de talante religioso […] El ateísmo o el agnosticismo han sido posibles en otros universos mentales, mas no han sido tan fáciles en el nuestro”.
Todavía los rescoldos están recientes y avivan, en gran medida, las actitudes de generaciones absorbidas por las estridencias franquistas que siempre fueron bienvenidas por la Iglesia. Estas tribulaciones de orden ideológico están muy cercanas a lo que ocurre en otras sociedades que profesan religiones distintas y que desde aquí tildamos de fundamentalistas y belicosas, pero también es cierto que “ el pensar y actuar al margen de lo religioso ha sido una actitud europea reciente, pero no una actitud hispánica; y cuando aquí aparece, por fin, en torno o después de la Ilustración, no ha sabido o ha sido incapaz de hacerlo de modo pacífico o con expresiones relativamente beligerantes, sino siempre de manera mucho más violenta que en otras partes". Esa situación de inaceptabilidad ( perdón por el polisílabo) de otras formas religiosas o laicas con que se ha vivido y se vive durante siglos en este país ha provocado que se mantenga una lucha abierta contra todo lo que no pertenezca a esa cosmovisión, a saber, islámicos, hebreos, herejes luteranos, ilustrados y ateístas, afrancesados, liberales, masones, etc.
Con estas referencias intento señalar un tema que siempre expongo cuando me encuentro en una conversación con amigos: para que este país comience a funcionar debe separar inmediatamente el Estado de la cuestión religiosa; ya sé que hubo intentos en otras épocas, pero los intentos han quedado remilgados hasta lo que tenemos hoy: ministros que juran su cargo con la mano puesta en la Biblia, asignaturas de religión católica en las escuelas públicas, subvenciones públicas a la Iglesia, invasiones de procesiones por las calles sin ningún derecho durante toda una semana, en definitiva, minucias que pertenecen al grave problema de la conciencia religiosa que anuda los días de este suelo hispánico.
*Ilustración, San Vicente Ferrer curando a un endemoniado. Fragmento de un retablo que se halla en el Museo San Pío V.
Vaya entrada... es todo un ensayo. Tendré que leer ese libro de Jiménez Lozano... La delacion familiar de Servet era una actitud muy extendida entre los judaizantes de la época.
ResponderEliminarLa densidad de tu entrada daría para muchos comentarios, pero solo quiero darte un apoyo noticioso actual a lo que en él se afirma. La pasada Conferencia interreligiosa celebrada en Madrid hace una semana fue inaugurada por dos reyes: el español y el saudí.
Dejando a un lado algunas otras cuestiones y explicaciones, está claro que el Rey va en calidad de representante de los católicos, como viene sucediendo desde hace siglos en España...
Muchas gracias, querido Jaime.
ResponderEliminarSalud.