miércoles, 7 de octubre de 2009

Del 98 al barroco.

Hoy han llegado unos libros que compré en Internet. Entre los títulos de Emilio Carilla, Casalduero o Shepard, destaco uno con tan solo indagar en su índice. Del 98 al Barroco, de Guillermo de Torre. En este volumen dedica el autor unas páginas al análisis de las memorias, los diarios y los epistolarios desde la perspectiva de los géneros literarios. El Diario, como tal, sale mal parado, ya que los juicios que su actitud propende por el artículo en cuestión no son muy benefactores. Ahonda Guillermo de Torre en ese error continuo que se empecina en no leer un Diario como una ficción.
Si hay un género en que la ficción opere con más vehemencia es el Diario. Las páginas de un diario son la soga que ajusta la vida a la muerte. Incluso podemos tomar el diario como el territorio en que fluyen incesantemente la literatura y la vida en concierto. Cuando eso sucede, la ficción es de tal finura y excelencia, que parece oculta. En esa transparencia sucede la literatura.

***
André Gide llegó a decir que Francia era un país parco en grandes novelista, pero excelentes en memorialistas y moralistas. No creo que el carácter, entendido como un reflejo de la identidad colectiva, acentúe o no la tendencia a escribir determinados tipos de libros. Lo que sí tengo en alta consideración son las lecturas que realizan los escritores. Un escritor debe encontrar su tradición, aunque sólo domine su lengua materna, en una literatura con un acervo profundo y diverso en lenguas. En muchas ocasiones, escucho o leo en entrevistas que los autores jóvenes siguen a tal o a cual autor español. Incluso algunos citan, como un rosario, a poetas borrachos, novelistas geniales de Norteamérica o a algún que otro escritor de culto por el mero de acontecimiento de nombrar a los autores que todo escritor debe nombrar para que lo tomen en serio.
Es inconfundible el influjo que ejerció Proust en Muñoz Molina, en Beatus Ille, por ejemplo.. O el que aún pervive en Javier Marías, de Lawrence Sterne, o las proclives invitaciones fictivas de Vila-Matas que exhalan el aroma de las páginas de Pérec, Borges o Rilke.
La renovación de una literatura tiene que nutrirse de otras literaturas escritas en otras lenguas. ¿Qué fue el Boom hispanoamericano? La unión de la prodigiosa generación de escritores que leyeron a los autores norteamericanos y clásicos con la frescura y la inteligencia con que nadie antes lo había hecho. ¿Qué fue Cervantes? Un lector prodigioso.
Un escritor debe ser ante todo lector, un lector que vea en las páginas antiguas los mecanismos del futuro, que visione, con la fuerza proléptica de su retina, el hilo insinuado en la literatura, el murmullo que debe tomar forma en las palabras.
***
Cuando el caos te vuelva a convocar
y las formas esparzas recobrando la forma
de la vigilia del mortal;
cuando mudes de las certezas,
-un egoísmo, fuego que enmudece-,
con la piedad de un sueño amanecido;
cuando de ti sólo percuta,
impenitente,
una palabra verdadera;
cuando sólo soportes esta vida,
evanescente visitante,
y denuncies los vicios de la tarde
en que te fue negado ver el rostro
de tu memoria,
-de los versos que emanan de tu ausencia-,
contemplarás tu sombra iluminada
por los ocasos agrios de la piedra
en que está inscrita
el manantial sereno de la muerte.