miércoles, 25 de mayo de 2011

Hasard objectif. Cuando tomo conciencia del azar objetivo me quedo muy trastocado, podría decirse enmimismado. Hoy ha sucedido, de nuevo, cuando pude dialogar con un amigo sobre libros y delirios, porque si dos terminan señalando el azar objetivo es toda palabra fervor de la poesía. Cuando acabé de conversar, me senté en el sofá y comencé a comprobar si tenía alguna marca en la piel (aparte de la que me acompaña de continuo), alguna extrañeza en la mirada o si el olfato se había trastocado. Alguna vez, después de este ejercicio de sincronicidad, como decía Jung, mi olfato contuvo, por unas horas, unas propiedades extraordinarias. Incluso el oído se agudizó y se despertó en mí la capacidad de escuchar más allá de lo que es audible. Por último, el Tao. Es el único libro que se puede leer con el azar objetivo inoculado. Lo que el individuo desea y lo que el mundo le ofrece.


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Luz angosta. Cielo de ciprés. Aire sobre las ramas. El pájaro entona sus elegías. Yuxtaposición del mundo en la retinas. Todo proviene de un orden, quizás el agua que golpea en los canales. Te tengo ciudad sometida a la razón de la belleza y es eso cúpula y guerra de lo justo.