martes, 7 de agosto de 2007

DE PURO CONTENTO

Culminé la lectura de El mal de Montano durante las horas de viaje en tren y avión que me ha dispensado el viaje a tierras venecianas y florentinas. A la altura sensitiva que se situó el mismo viaje se acoplaron los resortes de un libro que me ha maravillado y me ha enseñado a construir literatura de una forma diferente pero necesaria. Huelga decir que dentro de mis preferencias literarias últimas, Vila-Matas Pasavento posee un lugar de privilegio en ese parnaso que todos nos construimos a imitación del Dante.
Las páginas de este libro revocan a los rincones más insospechados de la lectura. Está construido bajo un telar de citas literarias y de soportes metaficcionales que se retroalimentan entre sí, esto es, es un libro escrito bajo el hechizo de la literatura, influido por la literatura, con intenciones puramente literarias y que, en última instancia, detonan en el lector el impulso incontrolable de seguir leyendo y escribiendo, según el caso.
A lo largo de sus páginas, se presenta toda una galería de libros de los que se espiga las letras que más han sorprendido al narrador. Esto no es nuevo en Vila-Matas, ya desde Bartleby lo utilizaba claramente. Sin embargo, a pesar de la originalidad del punto de partida con esos escritores del no, el escritor Montano ha sabido dar la vuelta de tuerca incluso a su propia propuesta literaria. Y eso solo lo pueden atornillar los grandes de la literatura.
En este sentido, algo similar le ocurre a Javier Marías. La escritura de Marías es de un poderío de fácil imantación. Así, los dos tomos de su novela en marcha hasta ahora publicados, sobrevuelan obras anteriores como Corazón tan blanco, Mañana en la batalla piensa en mí o Negra espalda del tiempo.
“ Me pregunto también por qué debo pedir disculpas por ser tan literario si a fin de cuenta la literatura es lo único que podría llegar a salvar el espíritu de una época tan deplorable como la nuestra[…] precisamente, porque la literatura nos permite comprender la vida, nos deja fuera de ella. Es duro, pero a veces es lo mejor que puede pasarnos. La lectura, la escritura buscan la vida, pero pueden perderla precisamente porque están enteramente concentradas en la vida y en su propia búsqueda”.

El mal de Montano, Enrique Vila-Matas