sábado, 18 de agosto de 2007

FERIA BASURA

Tenía preparado para esta semana un artículo que comenzaba en Siena y terminaba en Xalapa -o en Veracruz-, tierra del escritor mejicano Sergio Pitol. Sin embargo, corría el peligro de extraviarme de nuevo de lo que en Sanlúcar llamamos “temas locales”, ese acueducto de denuncias en que se mezclan churros, merinas, chivos y cabras.
Después de este regateo al primer párrafo, comienzo a darle pábulo al asunto. Un compañero de vida (llamo de vida a quienes han hurgado hasta las entrañas de mi rutina) decidió una tarde pasear junto al amor en la otra banda. Como tiene por costumbre, se dirigió a Bajo de Guía para embarcarse hasta el Coto. Toda vez que llegaron a la orilla de la playa que se supone en el desembarco, entraron en ese estado de desencanto y convulsión que provoca el aterrizaje en la desidia de los hombres. El panorama es el siguiente: cajas de corcho por doquier, suciedad en el agua, anzuelos, maderas, hierros, restos de gasolina y decenas de botellines de cervezas y güisqui alrededor de lo que parece una botellona. Rápidamente me envían las fotos (que se pueden ver en la bitácora) con la intención de que escriba sobre el tema porque él ha ido en otras ocasiones y el terreno no era el mismo, la dejadez no lo inundaba todo. Escribo esto no para aplacar con la crítica a unas siglas políticas, sino a los ciudadanos que han dejado las playas colmadas de basura.
Pasó el fin de semana y cuando me dispuse a comprar el periódico y a encargar a mi librero algún libro lo primero que hace es darme la mano en señal de bienestar. “Tienes razón en cuanto a la chabola del libro”, todos los años la misma historia. Caigo en la cuenta de que se refiere al artículo de la semana pasada en que pasé de soslayo por el tema de la feria del libro. El librero me traslada sus inquietudes avivado por mis disquisiciones, “¿por qué no se hace una feria del libro con todos sus aliños, es decir, conferencias, recitales, actuaciones musicales? ¿Por qué no se cuenta con los libreros de la localidad? ¿Por qué dura tantos días una feria cuando, normalmente, suelen durar una semana o diez días a lo sumo? ¿Qué impuestos paga? ¿Qué tipo de libros se venden ahí?”. El movimiento de mi cabeza no necesitaba palabras para dejar clara la evidencia de sus preguntas, pero como el tema me toca de cerca, le contesté que la feria del libro no le importa a nadie, que la chabola del libro terminará en cabaña y que ya verá como la virgen, sus santos alfombrados y sus benditos de boquilla gozan de la protección divina del dinero.
(INFORMACIÓN SANLÚCAR -18/08/2007- Sanlúcar de Barrameda)