domingo, 5 de agosto de 2007

DIÓGENES BARRAMEDUS

A veces llega uno a la exasperación y lo convierte todo en mierda. No hay más remedio que decir las cosas a las claras cuando se repiten en este pueblo las mismas situaciones de asquerosidad ciudadana. Perdonen que comience hoy así, de esta forma quizás abrupta y desmedida para un sábado que reposa en el hedor de los contenedores, en la putrefacción del derrumbe masivo de nuestra sustancia más pretérita.
Y empiezo así, con la mierda y oliendo a mierda porque acabo de regresar de Italia y nada más echar un vistazo al pueblo, el olfato se me ha envirotado, las cejas se han arqueado de forma supina (y eso que mis cejas son poderosas, pobladísimas) y las manos se han dislocado en la escritura de esta metáfora del cagajón.
La política es ese habitáculo vacuo pero repleto truhanes, deshonestos y rapaces de las tretas más insospechadas – y así hay que decirlo abiertamente, sin remiendo-. La historia de Alí Baba y los cuarenta ladrones encierra una metáfora que le viene a nuestra ciudad como anillo al dedo. ¡Han dejado al Ayuntamiento más seco que una mojama! Y cuando digo Ayuntamiento me refiero a los ciudadanos, al dinero público que se ha desvirtuado en su uso por el anterior gobierno. ¿Dónde están los euros pactados para los presupuestos? ¿Por qué no aparecen? ¿Cómo se le puede deber dinero a todas las entidades y no comunicárselo a los verdaderos implicados, los ciudadanos?
El PP, en su legislatura anterior llegó al extremo de la sinrazón a un pueblo que ahora está malherido, sangrante e intentando salir de una sequía económica sin precedentes. No se pudo llevar peor gestión de una de las ciudades más singulares de la zona andaluza. Las consecuencias comienzan a sacar la cabeza y a enseñar los dientes. Así nos va, oliendo de nuevo a mierda en el verano, echando a los turistas a otros pueblos de la costa, dejando a los comercios sin sus plusvalías veraniegas, alojando en la mente de los visitantes la sensación de un pueblo acatetado, indigno de su historia, alejado de lo que fue no hace mucho, aladrillado hasta el cuello, y convertido en un crisol de despropósitos que termina, para colmo, en el eterno retorno de la basura en la calle y la mierda en la boca. ¡Pues una mierda!