
El objetivo que me mueve es poner en tela de juicio la Historia oficial que se ha escrito y defendido en nuestro país, a pesar de los avances de otras voces disidentes y disconformes con el discurso que se ha mantenido como inamovible. No hay un intelectual después de Américo Castro, Juan Vernet, García Gómez, etcétera, como Juan Goytisolo que haya profundizado en esas tierras cercadas de verdades que expulsan el tufo de la ideología católica imperante. Obras como Makbara, Don Julián o Los reinos de taifas así lo atestiguan.
El artículo que trata de frente el tema del arabismo en Crónicas Sarracianas es “Miradas al arabismo español”. En él leemos lo siguiente: “La antipatía y prejuicios de la mayoría de nuestros escritores respecto a los moros y el islam no es algo que pueda sorprendernos. Que al comentar la expulsión de los moriscos Menéndez Pelayo escriba:” No vacilo en declarar que la tengo por cumplimiento forzoso de una ley histórica, y sólo es de lamentar lo que tardó en hacerse[…] Locura es pensar que batallas por la existencia, luchas encarnizadas y seculares de razas, terminen de otro modo que con expulsiones y exterminios. La raza inferior sucumbe siempre y acaba por triunfar el principio de nacionalidad más fuerte y vigoroso”.
Esta perla que aún se puede leer en ciertos manuales y escuchar en boca de ciertos periodistas es desconcertante. Evidentemente, Goytisolo remata el párrafo con la apertura de miras con la que nos tiene acostumbrado: “el prejuicio antiislámico, señalado incluso por Menéndez Pidal, no es por otra parte privativo de España y abarca, en mayor o menor grado, la totalidad del mundo europeo". Desde esta óptica y con estos precedentes de intolerancia no me extraña que en ciertos medios de comunicación, asotanados y amilanados por el credo impuesto, llamen al escritor en tono despectivo y grosero "Goytimoro".
El artículo que trata de frente el tema del arabismo en Crónicas Sarracianas es “Miradas al arabismo español”. En él leemos lo siguiente: “La antipatía y prejuicios de la mayoría de nuestros escritores respecto a los moros y el islam no es algo que pueda sorprendernos. Que al comentar la expulsión de los moriscos Menéndez Pelayo escriba:” No vacilo en declarar que la tengo por cumplimiento forzoso de una ley histórica, y sólo es de lamentar lo que tardó en hacerse[…] Locura es pensar que batallas por la existencia, luchas encarnizadas y seculares de razas, terminen de otro modo que con expulsiones y exterminios. La raza inferior sucumbe siempre y acaba por triunfar el principio de nacionalidad más fuerte y vigoroso”.
Esta perla que aún se puede leer en ciertos manuales y escuchar en boca de ciertos periodistas es desconcertante. Evidentemente, Goytisolo remata el párrafo con la apertura de miras con la que nos tiene acostumbrado: “el prejuicio antiislámico, señalado incluso por Menéndez Pidal, no es por otra parte privativo de España y abarca, en mayor o menor grado, la totalidad del mundo europeo". Desde esta óptica y con estos precedentes de intolerancia no me extraña que en ciertos medios de comunicación, asotanados y amilanados por el credo impuesto, llamen al escritor en tono despectivo y grosero "Goytimoro".
Gracias por recuperar a Goyti. Compruebo y no me asombro de la cita de Menéndez Pelayo, que está en su Historia de los heterodoxos españoles. Yo le tengo cariño, como a los viejos rancios... Tiene otras perlas por ahí de semejante calibre. Claro, siendo de la "montaña" santanderina, y teniendo por apellido "Pelayo", este Marcelino era un cristiano viejo de pura cepa. Pobrecillo si le descubriéramos en la sexta generación un tío morisco, o peor, una abuela judía...
ResponderEliminarmás goytimoros y más goytimaris por favor que buena falta hacen. gracias por recuperar a Juana la mora!
ResponderEliminarmás goytimoros y más goytimaris por favor que buena falta hacen. gracias por recuperar a Juana la mora!
ResponderEliminar