lunes, 27 de agosto de 2007

ESSAOUIRA

Debo la recomendación de ciertos espacios geográficos, así como la de libros, a aquellos que me vieron en ellos aun sin estar. Quiero decir que me imaginaron en esa ciudad sin estar presente a sabiendas de que terminaría gustándome. Un caso paradigmático y con el que todavía no he podido desarrollar una relación de amante repentino y esporádico está en Marruecos. Mi actitud ante Marruecos se crió bajo la alargada sombra de Goytisolo – y otros tantos- y por eso es demasiado literaria. Sin embargo, por motivos desconocidos he terminado por mantener una comunicación especial con esa tierra, alambicada ahora entre resortes familiares que me precipitan hacia Marruecos, circunstancia con la que no puedo estar más en concierto. ¡Nada más lejos para argumentar y justificar mi pardrinazgo de un ciudadanito a medias entre el suelo peninsular y marroquí! (mas sin serlo en la oficialidad de los papeluchos protocolarios). No son estas líneas más que una paráfrasis para dejar por extenso la coordenadas históricas de una tierra que espero visitar pronto.
Essaouira fue la bereber Amogdul (“la bien guardada”), más tarde, en portugués Mogdura, en español Mogadur y en francés Mogador. Hoy en día mantiene su denominación árabe que significa “lugar fortificado” y se le debe, como veremos, al sultán alaui Sidi Mohammed Ben Abadía. Essaouira se encontraba bajo el dominio de los fenicios y los cartagineses desde el siglo V a.C., y luego de los romanos, hasta el año 25 a.C. La parte marroquí del Imperio Romano fue conocido como la provincia Mauritania Tingitana con capital en Volubilis. Durante toda la época del Imperio Romano, la zona de Essaouira era especialmente famosa por su producción de púrpura.Poco antes de la caída del Imperio, los vándalos ocuparon la provincia en el año 429. El general bizantino Belisario derrotó a los vándalos en el año 533 y el Imperio bizantino pasó a dominar gran parte del país.Desde el siglo VII hasta el siglo X, la tierra essaouirense, habitada por los bereberes, estuvo luchando por independizarse del dominio de la dinastía árabe Omeya, que reinaba también en la parte ibérica del reino. Sin embargo, durante el siglo XI Marruecos fue incorporado al imperio almorávide por Yusuf ben Tasfin, fundador de la ciudad de Marrakech. Los portugueses, viajantes y “vanguardistas” en descubrimientos de las tierras lejanas, invadieron la costa marroquí en el siglo XV, extendiendo así la Reconquista al país africano. Essaouira fue conquistada entonces junto com Sebta (Ceuta), Agadir (Santa Cruz de Cap de Gué), Melilla, Asilah, Larache, Casablanca y El-Jadida. Fueron los portugueses quienes alzaron las primeras fortificaciones de la ciudad, como la famosa Scala. En el años 1578 el ejército portugués (y español) sufrió una derrota (La Batalla de Tres Reyes), en la que murió el mítico rey Sebastián I. El país nuevamente se encontró bajo el poder árabe, concretamente, bajo la dinastía alauí.El sultán alauí Sidi Mohammed Ben Abdallah, reformó completamente la ciudad de Essaouira en 1764. El nombre de este soberano identifica hoy al Museo de Artes Marroquíes, con interesantes colecciones de armas, alfombras y marqueterías. En el siglo XVIII, gracias al comercio con Europa, Essaouira vivió su época dorada. El sabio sultán la convirtió en el puerto más importante de todo el reino. Era la puerta marítima de Tumbuctú. A la prudencia del sultán se debe la instalación de los consulados extranjeros (como el de Brasil, Portugal o Dinamarca). La era estuvo marcada por una armoniosa convivencia de distintas etnias que habitaban la región (beréberes, judíos, árabes, portugueses, saharianos etc…). Mogador entonces hacía las veces de puente entre África y el resto del mundo. El declive posterior de la importancia de esta ciudad atlántica propició, en parte, el desarrollo marítimo y industrial del puerto de Casablanca. Cabe mencionar que la medina se encuentra en un constante deterioro por causas naturales y antropogénicas. La intrusión salina, el hundimiento del terreno, la erosión costera y la sobre-explotación de los recursos acuáticos contribuyen a la degradación del contexto urbano. Sin embargo, en nuestros días, Essaouira, declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO, se ha convertido en una etapa indispensable en el viaje a Marruecos. Hasta el momento, el país goza de tener siete de sus numerosas joyas declaradas como piezas del Patrimonio de la Humanidad. A parte de Essaouira, este privilegio se aplica también a lo siguiente: la Medina de Fez (admitida en 1981), la Medina de Marrakech (1985), el Ksar de Ait-Ben-Haddou (1987), la ciudad de Méknes (1996), el yacimiento arqueológico de Volubilis (1997) y la Medina de Tetuán (1997).