martes, 9 de febrero de 2010

Thomas &Tomás.

Notas de lectura. Hay obras que necesito escribirlas a medida que voy leyéndolas. Escribirlas para entenderlas y pensarlas. Escribir la lectura, sístole y diástole.
Es un ejercicio que me ha enseñado a leer y a escribir,-torpemente, todo sea dicho-, con una capacidad distinta. Nunca hubiera leído a Márai sin haberlo escrito, ni a Kertész, ni a Renard, ni a Pessoa, sin haberlos escrito, nunca.
Así ocurre, por ejemplo, con Bernhard, así ocurre cuando termina la primera parte de El origen, titulada Grünkranz. Hay unas frases demoledoras, tanto como las bombas que destruyen el internado y los edificios colindantes. Las palabras, envueltas en una cadencia sintáctica musical, terminan por adherirse a la realidad que está nombrando.
Existe en esta autobiografía del autor de marras una evocación a las relaciones que establecen las palabras y la realidad, el recuerdo y el pensamiento que está siendo.
Dice Bernhard: “De la suerte de Grünkranz y de su mujer no he podido saber nada más, y tampoco he oído hablar nada nunca de mis compañeros de colegio”. Estas palabras de Bernhrad me han conducido a los razonamientos de Platón acerca de la relación entre lenguaje y realidad. “Nada nunca de mis compañeros de colegio…”, quiere decir que toda la realidad referente a sus compañeros de colegio reside en la memoria y, es más, sólo es posible indicarla como sólo le es posible indicar al lenguaje la realidad que nombra. De ahí el subtítulo del volumen: Una indicación
Lo mismo sucede en un pasaje posterior que pertenece a la segunda parte, Tío Franz. En un momento en que el narrador recopila los recuerdos como un ramillete de sensaciones contrarias: zumbas, retumbos, llantos, detonaciones, bombas…, dice: “Y hasta hoy tengo esos sueños”. De nuevo, evidencia el trasiego que conduce por sus palabras a través del recuerdo actual. Todo se hace más evidente cuando Bernahrd escribe: “En este lugar tengo que decir otra vez que anoto o incluso sólo esbozo o indico sólo cómo sentía entonces, no como pienso hoy […] y la dificultad es, en estas notas e indicaciones, convertir el sentimiento de entonces y el pensamiento de ahora en notas e indicaciones que correspondan a los hechos de entonces”. Estas últimas palabras, estas sentencias, dejan en claro la aspiración literaria de este monumento autobiográfico. Esas cursivas no son nuestras, las utiliza el propio autor: sentía y pienso, así conjugados, el pasado, recuperado a través del sentimiento; el presente, sugerido a través del pensamiento, acción que ordena los sentimientos de entonces con las palabras de ahora. Porque, evidentemente, en aquel entonces Bernhard no contaba con las palabras y el uso de la sintaxis necesarios. Ha sido el artificio literario, la indagación lingüística la que ha hecho posible que hoy yo, Tomás, lea, con estas palabras y no otras, con esta sintaxis, y no otra, la autobiografía de Thomas.
Con estas indicaciones de segunda mano, con estas indicaciones de una indicación, me doy cuenta de la profundidad de la obra que tengo por delante. Eso me frena y me rehace. Me conmociona y, al mismo tiempo, me reduce a la incapacidad más absoluta, la de no poder seguir escribiendo.