domingo, 30 de mayo de 2010

El propio Borges definió la música como una misteriosa forma del tiempo. Asoció música a tiempo; sublevó la música al definirla como reflejo del tiempo.
Creo, sin embargo, en otra concepción que, desde los versos de Borges, me conduce a otra esfera. Quiero decir que la música no es misterio ni tiempo ni forma ni reflejo. Es como el río de Heráclito que tanto adulaba al poeta argentino, es diversa y permanente, quieta pero fluctuante, transparente pero divinamente turbadora. Ser en plenitud. Es quizás la estancia en la que habitan los dioses; mirador privilegiado de la humanidad.


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Pienso que, de algún modo, ya estamos muertos. Muertos de la noche, de los versos, de la memoria, del amor redimido con el que transigimos esta marcha a la nulidad. Muertos, acaso, porque la vida desasida jamás volveremos a retomarla y porque deja de pertenecernos cuando se la entregamos al otro que nos habita y nos perdura.
Esos días que permanecen en la memoria, intocables, como un libro que jamás leeremos al completo, pero que ocupa un lugar en los anaqueles. Los días de las noches, las noches en que la luna es un magma, un acorde del universo luminoso y locuaz, porque siempre hablaron los astros.

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En esa estancia de la muerte que poseemos, he querido dejar algunas palabras desbocadas de todo entendimiento. Como una pintura expresionista, desvaída de trazos concretos y de objetos que devengan de otro, he querido dejar, en el resguardo de un cajón, un puñado de versos, algunas consideraciones metafísicas y un diario. Todo ello sin olvidar el verso de Borges, “Piensa que de algún modo ya estás muerto”.

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Este diario se está inclinando, cada vez más, a la desnudez. No a la desnudez del verbo con que se escribe, sino del alma. Va tomando su propio cuerpo y el barro en él es ya letanía y deseo. He querido desgajarlo de elementos externos que lo escondan, a pesar de que también lo alimenten. Pero, como toda vida misteriosa y solitaria, quiero que lata su corazón en el silencio para poder escucharse a sí mismo y para poder escucharme a mí mismo.