lunes, 24 de mayo de 2010

Ayer, frente al mar en lucha, el cielo mostraba sus propiedades cerúleas. Era intenso, casi rayano en la limpidez de la transparencia. Las dos estampas eran complementarias, el mar embravecido; el cielo intonso e inmaculado. De repente, un ave cruzó el horizonte. Era una de esas aves migratorias que se instalan en Doñana por un tiempo. Parecía agotada después de cientos de kilómetros contra el viento. Y la imagen fue tan poderosa, tan cristalina y natural.
El día en que consiga escribir algo parecido a ese paisaje, estas letras podrán darse por rectas palabras del origen. Porque ayer todo era la realidad traspasada, era una realidad que invitaba a formar parte de ella.
El poeta, entonces, es ese animal migratorio que, de vez en cuando, atraviesa un horizonte con un puñado de palabras en el pico. Palabras sin ser notadas, surgidas del viento y salvadas de la tierra, pero indispensables.

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La figura del poeta actual es colectiva. Forma parte de saraos, grupúsculo y otras raleas. Se deja llevar por los actos en bares, recintos y otras ferias. Se identifica con un colectivo en que hay poetas impostados, pero nada importa siempre y cuando el nombre quede en el grupo.
Los integrantes de esos grupos se leen entre ellos (algunos no leen otra cosa) y no escatiman en elogios ni en benevolencias. Publican a destajo, a pesar del plano verbo que los ampara. Los hay que se inclinan por una vertiente religiosa muy acuciada, otros lo hacen por la posmodernidad modernizada en postmoderna postpoesía. Un ramillete persiste en los maestros que lo hicieron poetas repitiendo sus sagrarios.
Uno, que considera al poeta un individuo con todas sus consecuencias en la plenitud de la soledad, no sabe cómo actuar, ni cuáles son los rifirrafes de turno. Ante algunas circunstancias, que nada tienen que ver con la poesía, responde como lo hace ante un personaje del medio social de medio pelo, sin desprecio, pero con la indiferencia de la nada.

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En la diversidad, encontrarás tu voz. En ella, refulgirá clara y pertinaz las personas del verbo por el que debes declinarte. En su refugio, por que serás invitado a un refugio, hallarás la palabra y el fuego y serán uno. Y te apartarás de todo sin decir nada para volver a convocar el mundo. Cuando te sientas en la casa del ser, cuando tus dones otorguen la presencia real de la realidad, serás consciente luz. Al abandonarte te habrás creado.