miércoles, 27 de julio de 2011

Después de una conversación demasiado larga y redundante, compruebo cómo la literatura es un discurso que no entiende de bullicios, como afirmó Octavio Paz. Es toda ella silencio y meditación, una palabra edificada lentamente, con mesura, con cadencia. Si es poesía no deberá caer en el amaneramiento porque entonces se situará demasiado cerca del bullicio y el sinsentido de las palabras al aire. Escasean las argumentaciones en las conversaciones, todo se ha relegado a meras afirmaciones que se han escuchado o leído de paso y que se repiten machaconamente sin saber qué quiere decirse. Pienso que un hombre, a fin de cuentas, dispone de tres o cuatro argumentaciones rotundas y que esas mismas son las que lo guían en su pensamiento durante toda su vida. Así que los que vociferan sin más perspectivas que las ideas consabidas Eso no tiene ningún parecido con la palabra poética, antes al contrario, es el envés en que ninguna creación quisiera reflejarse ni de donde quisiera proceder. Es el origen de un pensamiento trascendente, que elimina los límites y establece otros aun siendo estos indefinidos.

Todas las obras que han pretendido alzarse como reflejo de la realidad han fracasado en el dictado del tiempo, pues la realidad no puede trasvasarse a la literatura sin tener en cuenta la naturaleza misma del lenguaje poético. Así sucederá con poetas como L.G.M, F.B.R.y adláteres, hojas volanderas, pliegos sueltos de la literatura Por este motivo, algunos creadores se han confundido de género literario y así, algunos deberían dedicarse a la crónica social, a la redacción de ensayos sesudos que analicen la sociedad o de realizar reportajes fotográficos de los acontecimientos que suceden en la rúa. Otros podrán coger su obra como panfleto.

La poesía posee otra naturaleza, le pese a quien le pese, y solo la reducen a denuncia y a mera palabra social quienes no podrán conocerla nunca en lo profundo de su esencia.