jueves, 19 de abril de 2012


CREO que a todos nos llega un momento de desasosiego con el que los actos y las palabras dejan de tener lo que creíamos que era un sentido en la vida. Y se queda uno, de repente, en un archipiélago de razones y motivos que no encuentran el elemento que los armonice. Escribe uno casi a diario, lee los más de los días enfervorizado, ama a sus allegados y amigos, ensueña la presencia de E. agazapada entre los brazos temblorosos y todo, en ocasiones, sufre una desfiguración y una extrañeza desconcertantes. Es quizás lo que considero la consciencia de la consciencia, esto es, la objetividad anhelada que se instaura en el mortal.
Si bien es cierto que estos momentos de desasosiego se hacen notar como fogonazos esporádicos, también lo es que cuando uno retorna de ese estado de aturdimiento, parece que, con Pedro Salinas, todo es más claro y todo brota con una limpia claridad y una renovada presencia. Una estación surgida sobre la que no cabe dudas y en la que uno comienza a notar cómo brotan las raíces en la tierra en la que quisiera estar enraizado por siempre.
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EL tesoro de la poesía es su secreta unidad.
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UNA correspondencia entre los seres y los mundos, la palabra poética es fundacional en tanto que conlleva a un conocimiento de una realidad análoga. Ese desvelo va unido a una disolución del desconocimiento previo. La poesía es un movimiento múltiple, rítmico, que sobrepasa los límites los sistemas de filosofía o religión. La poesía es a un tiempo sagrada permanencia y razón luminosa; es la sustancia que atraviesa a un verbo y a otro. Ese es el motivo por el que encontramos, en los textos bíblicos o védicos un elemento superior que es el que posibilita que podamos leer esos textos como textos poéticos.
Esta capacidad de la palabra poética por permanecer más allá de las formas preconcebidas, de los géneros y convenciones e, incluso, de los territorios ideológicos, como la religión y la filosofía, es lo que llamo lo poético.
De esta forma, he comenzado a valorar la escritura en prosa participa de la poesía que impregna el mundo. El mundo es un compendio de ritmos y símbolos: es un poema. Y el poeta trata de encontrar, dentro de sí, la correspondencia y la analogía que lo armonice con la realidad.  El origen está en la naturaleza; el amor es la pujanza de los contrarios. 

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HOY, sumo unos versos de San Juan a la búsqueda de la razón poética. Si el otro día hablaba del intuicionismo, ahora recojo dos versos del poeta carmelita que resumen, en verso, toda una teoría de pensamiento: 

"[...]Para venir a lo que no sabes
has de ir por donde no sabes [...]"

Pertenecen a unos avisos ("Los siguientes versillos declaran el modo de subir por la senda al monte de perfección, y dan aviso para no ir por los dos caminos torcidos") que aparecen en la Subida del monte Carmelo. El poeta, que residió y escribió en Sanlúcar de Barrameda,  prefigura, en este poema, algunas de las propiedades que consigna como "Noche del sentido", pero en estos dos versos, establece un método de conocimiento que se asemeja demasiado a la razón luminosa, el intuicionismo, el entendimiento poético de la realidad. Los leo y releo, como si en ellos anidara una verdad palpitante que tan solo percibo de soslayo; los memorizo y me quedo un tiempo pensando en la senda que marca, la senda en la que no existen certezas absolutas, la senda en la que todo se intuye, se atisba. 
"Ir" y "venir", escribe; acción verbal. "Lo", sustituye a la materia de conocimiento: una realidad desconocida en su esencia, pero presentida para poder buscarla; "donde", el camino dantesco de iniciación. ¿ Es "Lo" la permanencia y "donde" la transformación? 

lunes, 16 de abril de 2012


A.MACHADO encontró en Bergson un nuevo método de conocimiento: era el intuicionismo. JRJ lo hizo explícito en y con  Espacio. Un método que no poseía ninguna de las condiciones que se espera de un método racional o positivista. Machado comprendió, con los simbolistas, que la realidad es una cifra de otro mundo, de otra realidad que es a la que la poesía, como manifestación de lo humano, debe aspirar.

Creo con convicción que los autores de la Generación del 27 ayudaron al desprestigio del concepto romántico de la creación por la falta de profundidad en sus lecturas, estudios e inquietudes. Cernuda se acercó a Hölderlin, pero equivocó ese legado en sus poemas; Salinas, Guillén o Altolaguirre hicieron tanteos superficiales. Solo JRJ, todo él, supo proseguir con esa corriente infinita a la que, cada vez, me apego más en la búsqueda originaria de no sé qué materia y sustancia. Si bien los de la Generación del 27 o del 25 o de las vanguardias remozaron una vertiente de la poesía, para la poesía posterior, con acierto y magnitud, en ese punto fueron un filtro negativo.  

Todo es un viaje vertical hacia el centro del centro, hacia uno mismo, hacia donde uno no se ha encontrado todavía y solo puede descender en solitario, sin ayuda de nadie y sin nadie que lo observe; como Orfeo, la mirada se convierte en la impostura.  De ese descenso circular, si el ser que habita es poeta, lograrás la palabra encendida e inequívoca, pero si no logras el desgarro interno y vivido, solo serás reflejo, sombra pasajera sin figura. Por este motivo, la poesía se muestra con mucha claridad y es precisamente esa claridad la que ciega a la mayoría, la que provoca la confusión, pues no se debe mirar con los ojos, desde el exterior, sino desde los ojos velados que poseemos por dentro, con los ojos que consienten la grandeza y no entienden de límites ni de prebendas ni de exaltaciones ególatras, sino de la fraternidad de la poesía.    




domingo, 15 de abril de 2012

EL sonido lo apreciamos en lo interno, es en lo profundo donde la música nos sacude. Podemos cerrar los ojos, guardar nuestras manos y apagar nuestra boca, sin embargo, el oído media y actúa entre el día y la noche, entre el sueño y la realidad. La música nos llega involuntariamente, la música que descifra. 
A oscuras, paralelamente, como unas raíces ocultas, el oído atraviesa nuestra mente; a su altura se manifiesta una respiración que comienza a tomar el cuerpo de una polifonía. Una respiración del mundo en nuestra respiración, un ritmo oculto hasta entonces con el que iniciamos un trayecto sin principio y del que no tenemos otra certeza más que su armónica belleza impalpable. Se consigue solo en nosotros, cuando hacemos de nuestro pecho una bóveda del mundo, una cúpula en que resuenas los sonidos del mundo. Se consigue cuando el individuo está limpio y en calma, solo así conseguirá crear más allá de la comunicación y la expresión.   

El poema es la piedra ígnea del magma vivido.

La palabra no consiente armónicos, su verdad es unívoca y eso la empobrece;el pensamiento puede ser polifónico, pero la palabra le impide razonar con virtud, por eso el poeta busca otro razonamiento, el de lo poético. La palabra no puede ser polifónica, su cuerpo físico se lo impide; la palabra solo se escucha y pronuncia solitariamente, no puede unirse a otras voces al unísono para enriquecerse y acoplarse con el ritmo del mundo.        

sábado, 14 de abril de 2012

CON la escritura de un diario, un hombre va trazando, aun sin advertirlo, los hechos inconexos de una vida. Al tiempo, los lee como si hubiera existido una trama que los hubiera ido trenzando. Cuando el señor comienza a leer, al cabo del tiempo,  todos los escritos, como si hubiera una relación entre ellos, como si hubiera sido su propia vida la que ha urdido la composición de esas palabras, descubre que todo lo que imaginó que estaba escribiendo sobre su vida, no le pertenece y que tan solo cuando se ha convertido en lector ha comprendido la soledad que lo acompaña.




viernes, 13 de abril de 2012

HOY es uno de esos días en que me complazco con la mudez. Todas las palabras sobrevienen como un añadido innecesario. He paseado un rato por la tarde, he leído un puñado de páginas, entre ellas, el poema de Machado dedicado a la encina y las páginas de Mainer que descifran a  Baroja; he visto cómo el cuerpo de E. se intuye en las figuraciones de la piel de la madre y cómo responde cada vez que la nombro; hemos escuchado música, con Léo Delibes; he leído unas páginas bellas que me emocionan y evocan un recuerdo bello; he pensado en la luz y en el  aire que abrigaba mi cuerpo; he anotado varias notas de una futura narración en un cuaderno y he visto los roces del sol entre las nubes; he escuchado los acordes de Bach y he pensado, por momentos, en la Vida Nueva, de Dante; he habitado las noches de Virgilio y mi cuerpo ha dejado de ser mío por unos instantes. Todo, todo lo que la memoria procura es materia de los sueños y del entendimiento, todo es encarnadura de la mortalidad.  

jueves, 12 de abril de 2012

EN el estadio en que se encuentra la cultura es fácil dispersarse y mantener opiniones paradójicas y contradictorias, pues los artistas han olvidado que el tiempo de sus vidas no es el de su arte."Palabra en el tiempo", nos dijo Machado o "extraer el tesoro de la inmensidad y dejarlo en la eternidad", sentenciaba JRJ.  
En esta época que carece, como advierte Wiesenthal, de autoridades morales, es todavía más maleable el juicio de los que son creadores o comienzan a serlo. Estas aguas turbulentas de la cultura, que se mezclan con avidez con la vanidad y la egolatría, son un mal endémico para la creación artística.
Desde hace un tiempo, mantengo la tesis de que el artista debe mantenerse en soledad y silencio para que su obra brote, -si es que lo hace-, y edifique un mundo soberanamente propio, singular y rico. Estas declaraciones, en más de una ocasión, me han llevado a que me consideren un aislado, un impertinente o un joven que pretende desmarcarse de todo por simple afán de llamar la atención; incluso, los silencios en las conversaciones pueden ser interpretados como una falta de respeto o de ideas para mantener un diálogo. Esta idea, que para algunos puede parecer nueva, es una evidencia a poco que uno lea a los grandes autores de la tradición. Si uno lee con atención a Rilke, Tólstoi o JRJ, si uno estudia la obra de Miguel Ángel o las pinturas de Velázquez, si uno advierte la vida de Beethoven o de Bach, podrá extraer, de ese ejercicio, estas conclusiones sin demasiados esfuerzos.     
Escribo, hoy, en el diario, estas líneas, porque me parece que los intelectuales son los que aparecen en la sociedad en el momento preciso y con las palabras justas para reivindicar lo que nunca debe ser transmutado por las modas y las tendencias pasajeras que pretenden anular e infravalorar las creaciones con postulados totalmente volátiles. No existe en el arte el concepto de superación, como tampoco existe en la filosofía. No pueden ser superados los presocráticos ni los pintores flamencos; no podrán superarse las pinturas de la  Capilla sixtina como tampoco una escultra de Bernini; a los artistas se reinterpretan con nuevas propuestas estéticas que entroncan con su naturaleza original: esa es la esencia del arte, transformación y permanencia.   
Es obvio que, para poder reinterpretar y conocer la obra de un autor de otra época, es necesario un ápice de inteligencia y sensibilidad que guíe, de forma inteligente, la nueva propuesta artística. Ante este vacío y el triunfo de la hipocresía en los artistas y en el mundo que rodea el arte, ha reunido Vargas Llosa una serie de artículos que se muestran rotundos ante este estado "espectacular" de la cultura, ante esta confusión entre conocimiento y cultura.  Lo ha titulado La civilización del espectáculo y en él podemos leer párrafos como el que sigue y con el que nos sentimos identificados: "Hasta que, de pronto, empecé a sentir que muchos artistas, pensadores y escritores contemporáneos me estaban tomando el pelo. Y que no era un hecho aislado, casual y transitivo, sino un verdadero proceso del que parecían cómplices, además de ciertos creadores, sus críticos, editores, galeristas, productores, y un público de papanatas inconscientes a los que aquellos manipulaban a su gusto, haciéndoles tragar gato por liebre, por razones crematísticas a veces y a veces por pura frivolidad". Cuánto me identifico con estas aseveraciones del escritor peruano y cuánto me alegra que, de vez en cuando, algún intelectual de casta, salga a la luz pública para que, los que creen estar en la historia de la cultura, vayan tomando nota de la miseria y la penuria de sus creaciones vacuas, paupérrimas y yermas. decía antes que un intelectual aparece en el momento preciso con las palabras justas: estoy deseando terminar la lectura de este libro escrito por un hombre comprometido verdaderamente con la cultura desde que comenzó a escribir. 


Por último, no puedo dejar de señalar una sentencia que, leída con atención, resume la decadencia a la que asistimos. Vargas Llosa, quizás sin advertirlo, está reivindicando la postura romántica ante la manifestación cultural, pues distingue entre el conocimiento y la cultura entendida esta como un modo de vida, un arte de la vida. Afirma el escritor peruano: "hoy no se escribe para la eternidad". Si esta afirmación la pusiéramos en boca de Novalis o de Hölderlin, pasaría como una manifestación acorde con los postulados del movimiento romántico. Todo esto me alegra por momentos y me trae una luz y una confirmación de lo que, cada vez, va siendo más evidente, pero también una enseñanza profunda, pues hoy, más que nunca, es muy fácil caer en marros, desvíos, confusiones y prebendas que conducen, claro está, a la nada y el olvido, al reino de las vanidades destructoras de la esencia artística que solo pretenden ensalzar un yo finito y fugitivo sin más. 

martes, 10 de abril de 2012


E. no deja dormir a M.C. y, casi sin quererlo, termina por despertarme. La noto, siento su pequeño cuerpo al trasluz de mis manos cuando abrigo la piel que la esconde. E. provoca que tenga que levantarme de la cama y no hacer otra cosa que leer, aunque sea de madrugada. De pronto, JRJ.     
La mañana se la entrego a JRJ; él me otorga el gozo de leer y de vivir. Su grandeza nos abruma, pero es plenitud de la lectura unas líneas esclarecedoras. El 24 de abril de 1953: “Lo eterno no se puede medir por el momento humano”. Y, el 28 de abril, dictó: “Todos los grandes poetas han tocado todo. El Romanticismo ha existido en todas las épocas”. 

Admirado, compruebo que lo poético, -que comenzaba a intuir y atisbar con demasiada torpeza-, encarna una realidad de la poesía y que M. Z. estaba explicando, con Vita Nuova, de Dante, esto mismo que el poeta explica con rotundidad: “ Poesía es todo. El problema es prosa y verso”.  No puede uno, por tanto, al tener consciencia de la naturaleza de lo poético, entregar su palabra a la mera expresión de acontecimientos o al superficial discurso de la egolatría. 
Cuántos cuadernos sobran por ser mudos y no poseer un ser que los anime, cuántos poetas podríamos podar sin miedo al exceso, cuántos versos y recitadores formarán parte del olvido necesario. Aunque, es cierto, que es la poesía misma la que se encarga de encontrarse con los poetas. Los poetas no ejercen su voluntad con la poesía, es ella la que los escoge.   

lunes, 9 de abril de 2012


EL arranque de Vida, de Torres Villarroel, siempre me pareció un antídoto para situarnos a ras de tierra: “Mi vida, ni en su vida ni en su muerte, merece más honras ni más epitafios que el olvido y el silencio”. Esta declaración que principia el inicio de uno de los libros más singulares y olvidados al tiempo de nuestra literatura, siempre, repito, me ha despertado una satisfacción por estar leyendo lo que realmente pienso de la vida corriente y ordinaria. Es más, pensé en que mi epitafio podría estar escrito ya con estas mismas palabras del escritor salmantino. Silencio, olvido, marginalidad, no porque lo que nos rodee no merezca la pena, sino porque nosotros mismos significamos muy poco, casi nada, para el mundo. Eso es el desasosiego.
En efecto, Pessoa es el autor que concilio con Villarroel. Libro de desasosiego fue, hace unos años, un libro capital en la forja de una cosmovisión que todavía perdura para la vida y para la manera de entender la literatura: “la conciencia de la inconsciencia de la vida es el más antiguo impuesto de la inteligencia. Hay inteligencias inconscientes…brillos del espíritu, cadenas del entendimiento, voces y filosofía que tienen el mismo entendimiento que los reflejos corporales […]”. De un tiempo a esta parte, considero que la consciencia es una fuerza teleológica que lo imanta todo hacia el origen de los reflejos. Esos reflejos, en la virtud platónica, no son más que extravíos y desasosiegos continuos, pues a nada conducen y nada son en esencia, sin embargo, en el mundo contemporáneo, han sustituido a la virtud verdadera. Y no son pocos los aduladores y los corifeos de estas manifestaciones. Incluso hay quien, poseyendo la virtud ancestral del poeta, sucumbe estrépito ante estas zarandajas pasajeras.     

Más aún, Villarroel puede ser hermanado con Mario Levrero y su libro El discurso del vacío: “Hay un fluir, un ritmo una forma aparente vacía; el discurso podría tratar cualquier tema, cualquier imagen, cualquier pensamiento. Esa indiferencia es sospechosa; presiento que tras la apariencia de vacío hay muchas, demasiadas cosas.  Lo que me asusta es no poder huir de ese ritmo, de esa forma que fluye sin desvelar sus contenidos”. No es difícil caer en esa espiral, que señala Levrero, del ritmo y de la repetición y de la aparente forma que, sin remiendos, cae en un vacío del vacío, tanto en ética como en la estética. Para un escritor, el vacío es un subterfugio engañoso, pues nada sustancia ni encarna sus formas y, cuando no se tiene la consciencia a la que lama Pessoa, todo es vicio y perversión de lo uno y lo diverso. 

Me recordaron en Barcelona, no con poca sorpresa por mi parte, a Cioran. Del autor rumano me embelesan sus páginas de El libro de las quimeras, pues en ellas exalta la música como el único elemento que realmente no reconcilia con la naturaleza verdadera y originaria que habita en nosotros. No existe para Cioran, -y para mí con él-, otro método de vuelta y capacitación como la música. En Cioran, las musas y el caos se hacen uno: “quien no haya tenido la sensación de la desaparición del mundo, como realidad limitada, objetiva, separada, quien no haya tenido la sensación de absorber el mundo durante sus éxtasis musicales, sus trepidaciones y vibraciones, nunca entenderá el significado de esa vivencia en la que todo se reduce a una universalidad sonora, continua, ascensional, que evoluciona hacia lo alto en un placentero caos”. La música ordenando la materia que somos, la música extrayendo la esencia que portamos con el orden beneplácito de la armonía.

Borges, por último, cree que la palabra poética fue perdiendo su componente mágico, su balbuceo de mundo primitivo en que fondo y forma, como la música, era una misma cosa. Y si bien es cierto que él, en sus prólogos, venía a repetirnos esta idea de continuo, también es cierto que Borges era Borges cuando dejaba de serlo y que su palabra es su vida, su vacío, acaso la figuración ascensional de lo que atisbó a decir en armonía. No solo el argentino sino los grandes poetas de antaño, impregnaron la poesía de un halo épico que, en realidad, escondía las hazañas internas de la humanidad. 

domingo, 8 de abril de 2012


HABLAMOS de la misma naturaleza. Por eso, como hicieron los románticos, hay que instaurar una hermenéutica que comience desde el origen, sin mediación de opiniones externas, de forma individual. Hay que escribir provenientes del vacío de interpretaciones.
No hay falacia en el mundo griego, sino inagotable fuente de conocimiento. Es ir más allá, traspasar el primer encuentro engañoso y especular hasta adentrarse en la profundidad; pensar en el enigma del oráculo délfico y repensar la respuesta, pues en ella seguimos siendo. Solo hay verdad en el canto originario. 
  
Hijas de Zeus y Mnemosine, (la nobleza y la memoria), las  Musas son el símbolo de la naturaleza, ellas son la representación de la naturaleza para el arte.  Nacen de las noches de amor y descienden de Urano y Gea (Cielo y Tierra). Pero, sobre todas estas cuestiones, se ha olvidado el elemento capital: provienen de Harmonía y ellas pertenecen a la estirpe de Apolo y Orfeo (Calíope es su madre). Las Musas, es decir, el canto, la música, eran las que rodeaban el Caos y las que proponen una cosmogonía, la que proponen  el límite ordenado y armónico a la materia informe.

María Zambrano dijo que la danza de las Musas incita a ordenar el pensamiento humano. Ese orden, cuando alcanza la belleza, es arte.  En cualquier caso, es el enigma de la música que rodea la creación artística y la naturaleza misma lo que pensamos; la mousiké que Platón interpretaba como todo lo relativo al humanismo.
  
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EN el libro de A.M., En otra casa (La Isla de Siltolá, 2012), hay una prosa viva y pausada. Un equilibrio de la emoción que apunta a una reflexión que aúna la palabra y la realidad. Una lectura plácida, bien acompasada, con la que el lector no puede disimular que le encantaría, las más de las veces, contemplar lo que le rodea con ese temple y con esas palabras. 

sábado, 7 de abril de 2012

TODA la tarde leyendo Fedro, de Platón. Cargado de emociones, subrayo un pasaje inicial en que Sócrates se dirige a Fedro como “filólogo”, pero no, -como bien apunta E. Lledó-, en el sentido de aquel que busca sentido dentro de la realidad verbal, sino el que se cuestiona la vida y la muerte de la lengua mediante la escritura. Esta era la idea que quise expresar hace unos días y que encuentro, hoy, de nuevo, en Platón, el temblor que siente el poeta cuando tiene presente el magma vivífico de la palabra que crea.


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VOY terminando la lectura de Aire de Dylan, de Vila-Matas y de las Nuevas separatas de Literatura, Arte y Música, de J.C; de la misma manera soporto las líneas de Sterne y su soporífero Viaje sentimental. Claro, después de Platón, todo parece un ágape, una parada o asueto para oxigenar o dejarse ir por otros derroteros menos exigentes. Qué necesaria la lectura rotunda, la que vertebra y demedia al lector de turno y en qué migajas queda lo que algunos consideran fundamental. Unas participan de la palabra, otras son la palabra misma.
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VIVIR como un arte que busca su forma; vivir en la mortalidad, con la finitud en el nacimiento; donar al yo una forma expresiva que lo emparente con lo original y navegar los ecos de la música que Orfeo interpretó después de haber descubierto el Hades. Pues Orfeo no descendió por amor, sino para transmitir a los mortales el camino de vuelta de la muerte y así romper la naturaleza del mortal.

viernes, 6 de abril de 2012

HAY un ímpetu latente que solo logro presentir. Quizás, esta mañana, al contemplar la claridad del cielo o las formas cubistas de las nubes o el aire que brotaba con una limpieza de azucena o el sueño que todavía fruncía mis ojos, estaba forzando la conciencia. No sé bien si fue un sueño o un intento fracasado de ensoñación.
Estaba leyendo un pasaje de La Fábula del Genil, de Pedro de Espinosa. Con este autor mantengo un compromiso moral, ya que a él me une su estancia en Sanlúcar de Barrameda. En esta ciudad, que es en donde nací, Espinosa desarrolló buena parte de su vida,-treinta y cinco años-, junto al Duque de Medina Sidonia. Los versos son de una limpieza sonora envidiable, poseen una música cautiva similar al ímpetu escondido al que me refiero: 

"Hay blancos lirios, verdes mirabeles
y azules, guarnecidos alhelíes,
y allí las clavellinas y claveles 
parecen sementera de rubíes."


..."sementera de rubíes", esta transposición semántica hace que reflexione sobre la lengua poética. Hay poetas que, aun siendo herméticos, devuelven al idioma una música y una significación nonata que los hace verdaderos artesanos del idioma. No son impostados, ni amanerados, ni pretenden endulzar el oído de los que escuchan ávidos de retruécanos y malabarismos con las palabras. En estos versos hay música del idioma, está presente la cadencia de la lengua que los acoge y eso no es común. 
Uno, que aprende con lentitud y desde la ignorancia, anota este y aquel verso, este y aquel recurso, no con la intención pueril de imitarlos, sino de que, a fuerza de repetirlos, terminen formando parte del acervo literario de mi memoria. Porque es la memoria la sementera de lo poético, de donde la inspiración recoge los aires de la fantasía a la que se refería Leopardi en el fragmento traducido. No existen preferencias de épocas o autores, prejuicios que desarraiguen a tal o cual poeta antes de leerlos. Lo poético puede estar presente en cualquier etapa e idioma, pues no pertenece al tiempo en que fue escrito. Lo poético, si es verdadero y puro,  prevalece y persiste más allá de las décadas en que fue compuesto; por mucho que el poeta quiera encontrar el origen en su propia vida, el poema es fruto de un territorio común, la humanidad consciente de la mortalidad. El poeta debe poblar su memoria con versos que evoquen la naturaleza cumplida de la palabra verdadera.     

jueves, 5 de abril de 2012

CUANDO me preguntan por un poema moderno, en ocasiones, respondo El Cristo de Velázquez, de Unamuno. Esta tirada de versos endecasílabos contiene todas las características con que los autores contemporáneos alardean de modernidad. Aunque, claro está, hay versos de Unamuno que resumen toda la obra de cualquiera de estos poetas de actualidad. Creo que, si alguien se instala en la tradición de la literatura, puede entender el momento que le tocó vivir, incluso puede llegar a comprender la altura de la literatura actual. Alguien que haya leído a los autores que son la literatura, podrá comprenderla, atisbarla, sea cual sea el año de vida que llamamos contemporánea. No así al contrario, hay quienes pretenden llegar a la literatura desde los autores actuales. Es un ejercicio imposible desde sus principios.
Estas notas tienen un claro resumen, el escritor se va haciendo mediante sus lecturas y su escritura, pero, dadas las circunstancias, considero que el escritor se la juega, sobre todo al comienzo, en la selección las lecturas.

Uno debe conducir su criterio de la forma más solitaria posible, pues los grupúsculos terminan engreídos y aparnasiados ellos mismos. Al final, los grupos o tertulias o cenáculos lo que hacen es leerse a ellos mismos o a los escritores afines a sus idearios. Nada más lejos de lo nutricio. Una lectura atenta, en soledad, descoloca al escritor de su posición y lo hace dudar ante sí mismo y sus creencias estéticas. Comienza, entonces, el estado de creación: la duda, la búsqueda, el tanteo, la mixtura de tradiciones.

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GRAN parte de los poemas escritos por Unamuno fueron concebidos durante viajes en tren, como el propio poema señalado, que lo escribió, en parte, cuando viajaba entre Oropesa y Navalmoral. Esta curiosidad la anoté hace algunos veranos, cuando cruzábamos Italia, en tren, desde el norte hasta el sur. En el tren encuentra uno un almacén de vidas y circunstancias agolpadas por el azar que alimenta, las más de las veces, un extrañamiento en el poeta. No olvidaré el vagón del tren que nos condujo a Trieste cargado con dos o tres mochileros que recitaban, en voz alta, poemas y versos de Rilke. ¿Qué sucedió aquella noche de tormentas para que aquella estampa se confabulara ante nuestros ojos?


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SUBRAYO, esta mañana, un pasaje de Leopardi que se suma a los de María Zambrano, JRJ o Novalis sobre la razón poética. ¿No es una confirmación, acaso de todo?

“La stessa essenziale inimicizia della ragione colla natura, la pone in necessità di perfettamente conocerla, il che non si può senza sentirla. Come può ella combattere un nemico que non consca punto? Ora la natura in quanto natura è tutta quanta essenzialmente poetica. Da che natura e ragione sono nemiche per essenza, l´una depende o è legata essenzialmente coll´altra, come lo sono tutti i contrari: e non si può considerar l´una isolatamente dall´altra”.

En este pasaje maravilloso, Leopardi escribe sobre la fusión de los contrarios. En este caso, los supuestamente contrarios son la naturaleza y la razón. Leopardi lleva esta disputa filosófica al terreno de la poesía y lo hace con el magisterio con que nos tiene acostumbrados: “la naturaleza en cuanto naturaleza es toda esencialmente poética”. Y esa naturaleza lo que otorga es un entendimiento razonado de la naturaleza y, por tanto, de lo poético. ¿No es todo, en definitiva, la razón luminosa, la razón poética, la razón de la palabra poética; no estaban, desde Platón, indagando en la misma esencia a la que se refiere Leopardi?
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EL poeta no escribe para los lectores de hoy, el tiempo de la poesía no es el de la vida, aunque se nutra de ella como hombre mortal.
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SI alguien leyera solo a Platón, durante toda su vida, podría crear una obra literaria inmensa, bella, diversa. ¿Con qué otros autores o creadores sucede eso?

miércoles, 4 de abril de 2012


LEOPARDI, en Zibaldone, es intrincado, confuso, elíptico, hermético, pero en este libro demuestra lo que JRJ o Goethe, su Obra es inmensidad inabarcable y, en cualquiera de sus páginas, encuentra uno una mina en la que puede excavar hasta la extenuación. Son hombres que quizás perdieron la consciencia de la dimensión de sus obras. Pasajes, fragmentos, párrafos referidos a las lecturas, las ideas más controvertidas y personales, como Paul Valèry en sus Cahiers, la Obra establece un cauce dorado de reflejos infinitos. 

Puede uno, además, ver reflejados, en esas aguas cristalinas, distintos autores o pensadores en las palabras del italiano. Por ejemplo, hoy abro de nuevo Zibaldone y compruebo que en él anida lo que Bécquer entendía como "duermevela" o estado de evocación que solo el poeta puede poner en funcionamiento. Escucho a Bécquer como ayer había escuchado a Goethe en Leopardi y como ayer pude entender por qué el poema titulado "El infinito" comienza con una contemplación muy determinada.
Puede que todo esto no sea más que aproximaciones momentáneas, jugueteos que se desmayarán pasados los días, pero la experiencia es grata y reconfortante, tanto como asomarse a un abismo que apenas intuíamos. Con M. comento las palabras escogidas, las elipsis, y ella me ayuda a componer el párrafo que traduce estas palabras: “Più volte m´è accaduto di addormentarmi con alcuni versi o parole in bocca, ch´io avrò ripetute spesso dentro la gironata, o dentro qualche ora prima del sonno, o vero coll´aria di qualche cantilena in mente; dormiré pensando o sognando tutt´altro, e risvegliarmi ripetendo fra me gli stessi versi o parole, o colla stess´aria nella fantasia.”  Las más de las veces me ha sucedido que, al adormecerme con algunos versos o palabras en la boca, que había repetido frecuentemente durante el día, o en cualquier hora antes del sueño o, incluso, con el tono de alguna cantinela en la mente, al  dormir pensándolos o soñándolos,  he vuelto a despertarme del sueño repitiendo para mí los mismos versos o palabras con el mecanismo de la fantasía”. Toma Leopardi este suceso como un acto involuntario, como  un suceso hijo de la fantasía y de la imaginación en la que no podemos operar con nuestra voluntad y consciencia. Es así como el peta se observa recogido y sacudido por las fuerzas internas de la creación, por aquellas fases en las que el poeta verdadero solo sabe de la lentitud y el estupor por lo bello.  
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HAY un aforismo de Novalis que resume el ideario del alemán y del espíritu romántico más verdadero: “Buscamos por todas partes lo absoluto, y siempre y sólo encontramos cosas”. La búsqueda del absoluto partiendo de la realidad más inmediata, la vivificación literaria de lo que se conoce como perpetuum mobile, la escritura de lo que trasciende los objetos, todos, aun siendo la palabra objeto físico, ¿no es ese el territorio en que el poeta sufre y goza, muda y grita, armoniza y concierta lo que hay de perpetuo en su contemplación?
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EN el fragmento de Leopardi, la fantasía se había convertido en la fuerza interna que llevaba al artista a la creación que supera las limitaciones espacio-temporales. Ahora, que leo unos pasajes de Discursos, de Schleiemacher, anoto en el diario las siguientes conclusiones: “ Sabed que la fantasía es lo supremo y lo más originario en el hombre […] Sabed que es vuestra fantasía lo que os crea un mundo”. 

martes, 3 de abril de 2012

SEGUIMOS traduciendo por deleite y complicidad y sin más aspiraciones que la satisfacción individual,  algunos pasajes de Zibaldone di pensieri a pesar de la dificultad sintáctica y la hondura de pensamiento de Leopardi. Nos reconforta realizar ese trabajo juntos, como orfebres de las palabras o alquimistas que buscan no se sabe qué respuesta. ¿Qué encierra este pasaje escrito el 25 de julio de 1820?:
"Qualunque cosa ci richiama l´idea dell´infinito è piacevole per questo, quando anche non per altro. cos`un filare o un viale d´alberi di cui non arriviamo a scoprire il fine. Questo effetto è come quello della grandezza, ma tanto maggiore quanto questa è determinata, e quella si può considerare come una grandezza incircoscritta. Ci piacerà anche più quel viale quanto sarà più spazioso, più se sarà scoperto, arieggiato e illuminato, che se sarà chiuso al di spre, o poco arieggiato, ed oscuro, almeno quando l´idea di una grandezza infinita che ci deve presentare deriva da quella grandezza che cade sotto i sensi, e non è opera totalmente dell`immaginazione, la qualecome ho detto, si compiace alcune volte del circoscritto, e di non  vedere più che tanto per potere immaginare ec". 
"Cualquier cosa que evoca la idea del infinito es placentera por esto mismo, cuando no lo es por otro motivo. Así, un camino o un sendero de árboles del que no alcanzamos a intuir su fin. Este efecto es como aquel de la grandeza, pero más grande cuando esta está determinada y aquella se puede considerar como una grandeza sin límites. Nos gustará más aún aquel camino cuanto más espacioso sea, cuanto más explorado, aireado y luminoso, pero no tanto si se cierra en lo ininteligible o es poco explorado y oscuro, por lo que, al menos, cuando la idea de una grandeza infinita, que se nos presenta, deriva de aquella grandeza que sea hace sensitiva, y no es obra de la imaginación, la cual, como he dicho, se complace uno, en ocasiones, de lo delimitado y de no ver más que aquello que se puede imaginar".
     

INVADE el mundo una tristeza de lluvia desnuda, una melancólica estación interna de fuegos y de auroras que, dispersas, en archipiélagos, trata de decir el mundo en su infinidad. 

***
LA poesía es una reconciliación momentánea, en el tiempo y en el espacio, del hombre con el mundo. Depende de la armonía que habite en el poema, de la fidelidad de la palabra establecida, así de misteriosa y edificante será al leerla. 
El poeta pierde la conciencia propia para entregarla a la corriente de la poesía; un poema es una entrega, una meditación colectiva del ser escrita por un hombre que, debido a la ceremonia de la poesía, se abandona y se hace palabra. 
La vida del poeta no debe aparecer más que en sus poemas o escritos sobre poesía; la vida, dependiente de una ética estética, no debería tener existencia más allá de la palabra que convoca a la poesía. Todo lo demás es superfluo, innecesario, banal, inconsciencia. El poeta encauza su vida en un arte de la vida que entiende que el mundo, al completo, todo él, es un poema y como tal está repleto de ritmos y de símbolos. 
Como un acto de fe escribimos del alma, sin conocer con exactitud la materia de los sueños y las pulsiones que sustancian el poema. Ritmo, silabeo, símbolos desde dentro de un hombre que se precipita en la búsqueda del ritmo, el silabeo y los símbolos de la tierra.

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HOY, A.M.M., en Escrito en un instante,  escribe unas líneas que dicen, de forma eficiente, lo que pienso de la crítica literaria actual. Destaco en negrita las palabras clave. Estas acciones sincrónicas me sorprenden cada vez menos, pues parece que todo encaja y va encontrando su puesto en el mundo. 
Me ha parecido honesto transcribirlas aquí, pues me identifico con sus pareceres y su conclusión: “Curioso el destino de los estudios literarios: a lo largo de decenios se han ido volviendo, en las universidades, cada vez más ininteligibles, convertidos en jerga, fosilizados por ortodoxias sucesivas cada vez más intolerantes, más herméticas, cada vez más ajenas a la filología, es decir, literalmente, al amor por la palabra, a la aproximación iluminadora y entusiasta a las obras escritas.  Todo modas, una tras otra: marxismo, lacanismo, estructuralismo, postestructuralismo, postcolonialismo, etc.”. 

lunes, 2 de abril de 2012


ESTOS días, en cuanto me levanto, los comienzo con unas ansias de escribir incontrolables. Unas ansias incipientes, que casi suenan en el abrir de los párpados como una música de sueño. 
He soñado que bajaba por las escaleras con una férula llameante y que justo cuando llegaba al salón de casa, justo cuando me disponía a abrir uno de los libros que había dejado encima de la mesa, alguien me esperaba sentado; alguien sin rostro, alguien que hablaba con mi tono de voz y que me enseñaba mis propias manos. 
Es un sueño de iniciación, de reconciliación conmigo, que me persigue y sacude y somete en estos días de tranquilidad literaria, pero de desasosiego interno. Nunca creo estar cumpliendo mi compromiso con la literatura y, como Prometeo, la llama en la férula trata de levantar mi conciencia. 

***
EN la pila de libros, el primero de todos, Biblioteca, de Apolodoro. Esta miscelánea, a veces narración y otras descripción, en ocasiones relato mítico y, en otras, resumen de lo crucial en el mundo griego, me parece un compendio maravilloso para dejarse llevar mientras la lluvia construye, golpeando en los cristales, una ráfaga de grises y de linos en el cielo. Este libro contiene un espíritu, una cosmovisión. Pocos volúmenes, en la historia de la literatura, palpitan tanto como este aun no perteneciendo a ningún género literario, aun aglutinando en él la prosa, el relato, la cadencia lírica, esto es, lo poético. 

Como sucede con la lectura del “Cantar XXVII”, de Pound, en que comienza a brotar la voz de Cavalcanti en la Pound y la de este entroncando con el Renacimiento: “Formando di disio nuova persona”, así con Coleridge en Biographia literaria. Coleridge, al tratar los poemas de Wordsworth y la entereza del poeta frente a la poesía, termina apuntando hacia una dicotomía que, hace poco, salió a nuestro encuentro. Se trata de la expresión y de la creación. Sin embargo, Coleridge, con la templanza y el estilo que lo caracterizan, resuelve el problema con más lucidez. Para empezar, no dirime entre mera expresión y creación, sino que enfrenta a los poetas cuyo verbo es “una mezcla de volición consciente con adornos del habla que degeneran en criaturas hijas de un propósito arbitrario, fríos artificios técnicos y mero ornamento”, de los que, con su genio, distinguen la estirpe de la verdad y, al mismo tiempo, se alejan de la falsedad. 
Todo ello, ambas condiciones, que uno pensaba que se resumía a expresión y creación, quedan perfectamente definidas entre los poetas que hacen de la poesía mórphosis y los que hacen poíesis. O mera transformación del habla o creación de la verdad poética en sí misma.   

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EL poema titulado La apología del obispo Blougran, traducido por el recién difunto Carlos Pujol, cierra el episodio de lecturas en la mañana. Un verso se solapa a mis pensamientos: “Impotentes, lo contemplamos todo,”, We look on helplessly.  

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...pero el misterio me lo entrega Leopardi, en Zibaldone: "Oh infinita vanità del vero!". Oh, infinita vanidad de lo verdadero.  

domingo, 1 de abril de 2012

CON E., que se deja notar con sus movimientos, comienza el origen. El nacimiento proviene de lo oculto, es en la oscuridad interna, cavernaria, donde los hombres vamos haciéndonos humanos. Todo nos llega a los sentidos a través de los ecos y del agua. ¿No será que seguimos siendo de continuo un ser a punto de nacer? 
Creo que nuestra condición es la misma que E., que nuestro entendimiento de la vida poco se ha desarrollado. Un estado acuático, de ecos y reflejos, sonidos que provienen desde  las afueras que nunca seremos capaces de interpretar debidamente.

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OFRECE Leopardi, en su prosa, destellos luminosos que acrecientan la dimensión de su obra y de su pensamiento. Es uno de esos autores que vincula el pensamiento y la creación siempre teniendo en cuenta que los mecanismos de una disciplina  y otra son bien distintos. En puridad, no lo son tanto, pues en sus poemas siguen percutiendo las mismas inquietudes que lo asedian para escribir en prosa. Es lo poético, lo que consigue los escritores que escogían los cauces más oportunos para crear y expresar sus dudas, sus inquietudes, sus criterios. En todo caso, una y otra forma de creación poseen una misma raíz originaria: el respeto a la palabra como cauce de conocimiento de una realidad invisible a los ojos y al entendimiento. 
  
EL 18 de abril de 1822 escribió Leopardi, en Zibaldone di pensieri: "Rinunziare o sbandire una nuova parola o una sua nuova significazione (per forestiera o barbara ch´ella sia), quando la nostra lingua non abbia 
l´equivalente,  non l´abbia così precisa, e ricevuta in quel proprio e determinato senso; non è altro, e non può esser meno che rinunziare o sbandire, e trattar de barbara e illecita una nuova idea, e un nuovo concetto dello spirito umano". Después de leer el pasaje varias veces y de estar acostumbrado a los enredos sintácticos y semánticos de la prosa de Leopardi, trato de traducirlo para poseer de lleno el idioma de otro hombre, las palabras de alguien que elevó el espíritu hasta donde nunca lo haré jamás.    

"Renunciar o  renegar de una palabra nueva o de un nuevo significado de ésta (por extranjera o bárbara que sea), cuando nuestra lengua no posee la palabra equivalente o no la tiene con ese sentido concreto y no es recibida en aquel justo y determinado sentido; no es otra cosa, y no puede ser menos que renunciar o renegar, tratar como bárbara o ilícita una nueva idea y un nuevo concepto del espíritu humano".

Después de esta traducción, pienso en Ezra Pound, en The Cantos y comprendo, ahora, la génesis de su creación literaria, qué lo estimuló para almendrar sus poemas con términos de otras lenguas, con palabras de otros idiomas: estaba aceptando la nueva idea y el nuevo concepto del espíritu humano. Y al comprender momentáneamente algunos aspectos de la creación de estos autores, voy confirmando que uno termina leyendo a una serie de escritores que forman una única galaxia, un cosmos en que el origen es común y continuo, transformación y permanencia, en que el origen está dentro de cada uno y de cada hombre que desvela, en aletheia, la realidad.   
         

sábado, 31 de marzo de 2012

EN 1953, JRJ dictó un seminario de doctorado sobre el Modernismo. La lectura de esos apuntes ofrece al lector una poética juanramoniana, pues en JRJ, la poética es múltiple y diversa, una suerte de centro sobre el que giran distintos astros y satélites. Quiero decir que los escritores, cuando meditan y reflexionan sobre la literatura, propenden a explicarse a sí mismos. En el caso de los grandes escritores, cuando comienzan a abordar un aspecto de lo literario, es innegable que están ahondando en qué es la literatura en su literatura y qué ofrece su literatura en la gran corriente de la Literatura. Si el escritor es digno y muestra fidelidad, tomará consciencia de su incapacidad de inmediato, de su corta propuesta estética y de sus marros éticos.  

El viernes 27 de noviembre de 1953, JRJ dedicó algunas horas a declarar sus pareceres sobre temas generales e ideas que seguían siendo, a pesar de su edad, obsesiones imperturbables. Entre sus declaraciones, podemos leer los siguiente: "Es lo indecible. Dios, amor, la belleza, la poesía son inefables. No se pueden describir con exactitud. múltiples definiciones -ninguna precisa-. Cosas que se explican por símbolos o aproximaciones. La razón es para la ciencia, la filosofía. La poesía no es esencialmente razón sino pasión o rapto -inefabilidad-. Solo puede describirse por alusiones. Lo absoluto es lo inefable, que no se puede definir". La cosa misma, la palabra, su palabra, la rosa, el himno, el decir oculto.  

No puedo sentirme más en armonía con estas definiciones que intentan aclarar qué sustancia la palabra poética. JRJ atina, como de costumbre, en dirimir entre la razón de la ciencia y, acaso de la filosofía, y la razón de la poesía, pero, ¿no es esta dicotomía la que explica María Zambrano en El hombre y lo divino con la razón luminosa? 

Para el escritor el tiempo está atravesado por sus lecturas. Las lecturas se van seleccionando y trenzando para intentar comprender una esencia y construir un entendimiento.  
Hay poetas que participan de la literatura, pero hay poetas que son, ellos mismos, la poesía.

jueves, 29 de marzo de 2012


COLOR de yerba oscura, color de fuego en la noche, de aire de encina. Palabras, palabras, la soledad del mar llena de sol. Una bóveda celeste que figura un jardín de cielo.

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LAS palabras de Hermann  Broch en su bella y hermosa obra La muerte de Virgilio: “un campesino que ama la paz del ser terrenal”. Virgilio había sido expulsado de su origen, sustraído del apego al terruño. Se encontraba en el sueño de la muerte; era sueño ya, todo él, de la muerte; eran un signo en su frente los brazos del sueño del destino. Aun así, en esa limítrofe situación de vida y de muerte, persistió en el centro indudable. Puede que, al morir, Virgilio se hiciera ceniza y humus de ese centro al que debemos recurrir de continuo y del que jamás debemos apartarnos.    

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RECUERDO lo que apuntabas de JRJ. Quizás, la muerte es la última soledad y por eso, su cercanía, su existencia ya en nosotros, su encarnadura, es la soledad gozosa. 

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SÍ humaniza, pues la palabra es lo único que nos hace humanos. Y si la palabra es trascendida por los otros, otorga vida, vivifica lo pensado.  

miércoles, 28 de marzo de 2012

NATURAM expellas furca tamen usque recurret, dejó escrito Horacio en una de sus Epístolas. Es la actualización de la transformación y de la permanencia, de la estancia y la vuelta inmóvil. Somos una sucesión de lo mismo, una continua transformación que no advierte su inmovilidad. Es por eso por lo que la creación edifica sobre la misma tierra cada vez y siempre, impregnada de la tierra que vuelve y retorna allí donde hay fertilidad. La fertilidad de la palabra reside en el entendimiento y el respeto de la palabra poética.   

A veces, se encuentra uno con alguien que encarna el espíritu griego del apego a la tierra, la añoranza antigua de sentir en las manos el vibrar y la humedad de la tierra. Esos individuos de privilegio, que viven transmutados por las ideas antiguas, son seres fascinantes, que desprenden un halo de pureza y claridad. No cabe más que dialogar con ellos, abrirse a ellos, para que su conocimiento y cosmovisión invadan nuestro corto entendimiento. En ese intercambio, se hace inevitable repensar el origen y cantar la alabanza de estar en el mundo junto a ellos.  

Todavía recuerdo los pasos y las palabras. He podido dormir poco debido al cansancio, a un terrible cansancio del alma, pues hubiera estado en ese tránsito por décadas, toda la vida...cuánto cuesta apartarse del lado de la luz.  El tiempo se anula y se reconcentra y aparece una claridad en la espesura del bosque que anuncia una aurora, una luminosa melodía que contiene los ecos de Orfeo, los ecos que señalan el tiempo del círculo y del retorno a la oscuridad de las raíces.   

   

martes, 27 de marzo de 2012


LO primero, la luz en los ojos del cielo raso y velado del horizonte. El cambio de cielo lo interpretamos como un símbolo que amparó las horas posteriores. El paseo por un dédalo ensoñado, sin rumbo; con el norteo de la poesía era suficiente. Al fondo, Platón jugaba con unas figuras: estuvimos toda la tarde siguiendo esos reflejos.

***
DESPUÉS de hablar de poesía siento una irreprimible necesidad de silencio y reflexión. Enjuicio lo que dije, sopeso los errores y, sobre todo, comienzo a apropiarme de las enseñanzas de los demás, de los que cada vez son menos para intentar incluirlas en mi propio imaginario. 
La lectura es el encuentro de la enseñanza en solitario; el diálogo nos humaniza, pues necesitamos del interlocutor válido para que se produzca, nazca, el conocimiento.
En la lectura y en un puñado de individuos que se cruzan en la vida, puede uno, acaso, encontrar el fuego dialógico del conocimiento. Para ello, debe estar y ser abierto al aprendizaje, desasirse del yo, de las limitaciones del individu, pero  cuántos ensalzan su ego por encima de todo, incluida la palabra. 
Llego de Barcelona como de un trance, un pasaje fortuito, pero grato y cargado de emoción. Se esboza en mis labios una satisfacción por haber mantenido la fidelidad y el respeto a la poesía, que es la palabra en estado musical, por haber danzado conjuntamente alrededor de lo poético para celebrar su existencia. Quizás sea eso lo único que consiga en esta vida.    

domingo, 25 de marzo de 2012

HAY una veladura que se discierne con la aurora. En la amanecida del sueño y la consciencia, la palabra es fértil conocimiento.

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EL silencio es una franja del origen que habita en nosotros. El poeta está deseoso de vivir ese territorio velado a los ojos y a todos los sentidos. Como Orfeo, pretende tañer su instrumento, la palabra, pero para ello deberá impregnarlo de la sustancia musical. Así, si la palabra es verdadera y pura y musical trascenderá lo vedado y otorgará conocimiento: una cosmogonía; si es yerma y superficial, caerá en la espiral de los olvidos inmediatos y perpetuos.  

 


viernes, 23 de marzo de 2012

En Crátilo, de Platón, podemos leer:"El conocimiento de la palabra lleva al de la cosa".

jueves, 22 de marzo de 2012

SIN sorpresas, compruebo que JRJ había leído a Petrarca. Al menos, esa es la conclusión a la que llego después de releer algunas páginas de Petrarca. Eso me alegra y me aviva a seguir leyendo Triumphi. Es más, hay una declaración de JRJ, en La Alameda verde, que coincide con un verso de Petrarca en Triumphus eternitatis. 
En cuanto leí el verso de Petrarca pensé en JRJ y ello me condujo a una certeza, a esa certeza que advierte el poeta italiano que nunca debe ser abandonada por efímera y fugaz y confusa que nos parezca. La misma certeza que jamás abandonó JRJ y que hace que, sin hormas del Tiempo, los dos dialoguen en la corriente eterna en que no existen las estridencias.  

miércoles, 21 de marzo de 2012

E. se muestra demasiado traviesa en la mañana. Cuando MC lo advierte y comienza a cambiar su rictus, se me ocurre que sería conveniente comenzar a escuchar a Bach. Algunas Cantatas comienzan a invadirnos y con la armonía, E., que todavía vive en el origen, esto es, en el agua, deja de agiatr su cuerpo menudo. Ante esta respuesta, nos preguntamos, mirándonos sorprendidos, qué nos hace humanos y qué hace a la música la sublime melodía de nuestra existencia. 

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ME lo he preguntado en demasiadas ocasiones, pero no logro llegar a ninguna conclusión. ¿Qué soñamos durante nuestra estancia en el útero materno? Si los sueños se configuran desde la experiencia, ¿qué sustancia los sueños de un bebé? 

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LLEGÓ a casa el libro del profesor J.C. que presentaré en Lebrija. Nuevas separatas de Literatura, Arte y Música. Con la prosa esculpida y diáfana que posee el escritor, leo con deleite los capítulos dedicados a Fernando Villalón y a Manolo Halcón. Resultan amenas y paradójicas las relaciones entre Villalón y Cernuda. Literatura, Arte, Música en un libro en que puede uno espigar por aquí y acullá sin desmayo. 

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EL lunes, a Barcelona. El asunto que me lleva hasta allí, la poesía. ¿Qué hay de poesía en mi vida?


martes, 20 de marzo de 2012

EN el Libro IV, de Geórgicas, Virgilio ofrece un buen número de líneas que tiene a la miel y a las abejas como elementos centrales. Me acuerdo de la importancia de las abejas y de su símbolos en la obra de Antonio Machado y también en la de Borges, por no citar la cábala y la alquimia. Comienzo a establecer vínculos entre los escritores, porque trato de encontrar qué fue el origen de esta atención que ha permanecido durante siglos. Virgilio le pregunta a las Musas qué causa y qué razón existe en el origen de los enjambres y de las abejas y de los insectos, en realidad, de todos los elementos naturales. Es, sin duda, de los tres mencionados, el que dirigió su literatura a las profundidades y raíces de la tierra. Borges y Machado usaron las palabras como símbolos con el fin de trascender la realidad, de encontrar un apoyo semántico que los llevara hacia donde no podían ir meramente con el silabeo sin más. Sin embargo, Virgilio se nos muestra manchado de tierra, vivo, cenital, puro. 

Este pasaje de las abejas termina con Orfeo. Aristeo ha perdido la especie de las abejas y pretende recuperarla. Para ello, con el consentimiento de su madre, Cirene, decide ir hasta donde vive Proteo y le expone su participación involuntaria en la muerte de Eurídice, causa que llevó a Orfeo a eliminar sus abejas. Después de la narración de la bajada de Orfeo a los infiernos, aprende a dejar en putrefacción a los animales para que de ellos broten, de nuevo, nubes y nubes de abejas vivas. Anoto de inmediato: muerte y vida nueva. 

Hay, en todo el libro, una fuerza telúrica que conduce a las entrañas. ¿No quiso Virgilio, en Brindisi, apunto de morir, quemar sus manuscritos de la Eneida porque tenía la consciencia de que su obra estaba inconclusa? ¿No era, él mismo, una especie extinta, como las abejas, que, gracias a sus irrenunciables vocación y coherencia brota aún como esas nubes de abejas recién salidas de las entrañas de un animal? 

Quisiera ser como Aristeo, como el que busca la especie originaria y extinguida de la palabra, del zumbido permanente. Y realizar una invocación a Orfeo para que devuelva, aunque sea a mis ojos tristes, la grandeza de una especie derruida, la especie poética, tal que Aristeo: "cuando la novena aurora brillaba ya en el cielo, hace a Orfeo las ofrendas y vuelve a ver el sagrado bosque. Y en aquel punto contemplan sus ojos un prodigio repentino y maravilloso de contar". 
Quisiera reencontarme en el lugar en que Orfeo estuvo siete meses implorando la vuelta de Eurídice, en el lugar en que: " lloró él al pie de una aérea roca amasando a los tigres y arrastrando con su canto a las encinas". Debajo de una encina, cercano a un olivo, escuchando el tañido de su lira e inundando mis sentidos del zumbido originario de las entrañas vivas. 


lunes, 19 de marzo de 2012

AIREAR el diario con otras inquietudes y alejarme de donde nunca debiera alejarme suponen un esfuerzo y una deseo que aún no tengo como primordial. Así, cuando comienzo a anotar algunas líneas, que menudean en la consciencia, o a dejar por escrito alguna impresión de lo vivido, no puedo más que abocarme al espacio de lo poético. 
Creo, además, que durante un tiempo, he estado escribiendo sobre la poesía: qué es y para qué existe en esta vida nuestra. Considero que mis palabras han sido, en la mayoría de los casos, marros y equívocos, desaciertos que poco han sumado a dilucidar nada más que lo que pienso íntimamente. Inicio, tanteos, sugerencias que tendrán que seguir afinando su sentido y ahondando en lo que no tiene fin. 
Incluso tengo por seguro que he nombrado equivocadamente la materia de marras, pues no he escrito estas semanas sobre la poesía, sino sobre lo poético. Lo poético entendido como una sustancia que traspasa los géneros literarios y las convenciones formales; lo poético como una esencia que impregna la literatura en cualquiera de sus manifestaciones, aunque, a decir verdad, es, en la poesía, en donde mejor sucede y es.Lo poético no se identifica con esa búsqueda formal que los estudiosos han querido verter sobre las palabras. Lo poético sucede únicamente en cada individuo y aquel que no logra hacerse bóveda de lo poético, bóveda interna, acaso jamás comprenderá la salida de la aurora. El don de la palabra es el don del silencio y la palabra poética, la que razona lo poético en los actos concretos, solo puede mostrar una leve página del himno, una lábil mención de esa inmensidad, una diminuta porción de la grandeza interna a que somete la naturaleza recobrada y originaria de lo poético. 

*** 

AL borde, la palabra, el sueño creador. La duermevela de la que hablaba Bécquer. Es, desde esa limítrofe estación del ser, desde donde la palabra puede ser reveladora, donde la palabra encuentra un lugar de apariciones apropiado a su naturaleza trascendente. Esas palabras vienen cercadas y nimbadas por juegos de sombras; las figuras no encuentran sus contornos; todo parece ser aun siendo en su absoluto. 
Si esa palabra es pura y se pone en los labios y se escribe como del alma, brotará incandescente, alada, musical. Recogerá, ella misma, lo que fue y está siendo en el futuro, pues pensaremos que de ella vivimos y en ella somos; y el lector, al leerlas, al recitarlas, las vivirá de nuevo como puras y no tendrá duda de su naturaleza, no tendrá dudas de su necesidad de existencia, pues habita, por instantes, en el centro indudable de la poesía que otorga lo poético.        

sábado, 17 de marzo de 2012

AYER estuve todo el tiempo pensando en E. Imaginaba sus gestos, su rictus, el calor de sus manos diminutas entre las mías y me quedé meditabundo, intentando imaginar qué palabras serán las primeras que lleguen a su consciencia.

***
DICE Novalis que el poeta entiende mejor la naturaleza que el científico. Utiliza este aserto pues considera que el poeta entiende que, en cada acto de la realidad, en cada concreción de la misma,  se desprende un afán de infinito. Esa dimensión está velada a los ojos, no existe para  quienes acuden a nombrar lo inmediato sin advertir lo permanente. Y, en ese trabajo de nombrar el misterio, el poeta es un crisol de armonías que encuentra en la soledad su bóveda.   

***

REVISO el "Cuaderno de Leonardo". Poemas, algunos apuntes, notas sueltas escritas en Bérgamo. Me apetece que, en este cuaderno, aparezca algún fragmento de Zibaldone, de Leopardi. Transcribo del italiano un pasaje hermoso, que habla de la claridad y del magisterio de la naturaleza. Al término de este ejercicio, ofuscado, voy corriendo a las baldas en que reposan los libros de Hölderlin, pues recuerdo un poema del alemán titulado "A los jóvenes poetas". En ese prodigioso poema, tantas veces leído, aparecen los dos versos siguientes:

[...]
"no dejéis la virtud, imitad a los griegos.
[...]
pedid solo consejo a la naturaleza".


 

jueves, 15 de marzo de 2012

NO entiendo la creación sin reflexión, la palabra poética sin el ser. Poesía, ritmo de pensamiento, reflexión estética, lugar de apariciones del hombre y de sus ecos.

martes, 13 de marzo de 2012

TODA la mañana y la tarde arrimado a la consolación. Comencé a leer con brío y a esbozar en el cuaderno nuevos apuntes. Lo hacía mientras pensaba en un trance, en una estación que acaso hubiera vivido de un tiempo a esta parte. Conmovido por ello, con el estupor de la contrariedad y el desasosiego, he mirado al horizonte entregando mis ojos, he contemplado la noche sin figura, he querido morar donde el misterio.  

lunes, 12 de marzo de 2012

AHORA comprendo tantas cosas aun sin entenderlas, comprendo gozoso el viaje concéntrico de Dante y más aún la noche luminosa de Novalis; comprendo la respiración de Rilke y más aún la cárdena navegación de Leopardi al infinito. También comprendo que Parménides tenía por pensamiento experimentar lo verdadero en su esencia y saber la verdad en dicha experiencia esencial. Esa es la definición de la literatura: leer y escribir desde la experimentación en la esencia.  

Hace pocas semanas insistía en el concepto de vivificación y Parménides eleva aún más el concepto al utilizar  "experimentar". Experimentar incluye la vivificación, pero la sobrepasa. Experimentar consiste en aprehender la condición irrenunciable del arte de vivir en el centro indudable. Felicidad con ello, vida nueva.   

domingo, 11 de marzo de 2012

LA nostalgia de una experiencia no vivida.

*** 

La tristeza que ofrece la consciencia del impedimento. Tristeza infinita. Tristeza del aire y de la tierra.

***

INVADIDO por un afán y anhelo de lo invisible e impalpable, medito en estos días más que escribo. Llegó el silencio con su manto de prodigios y la palabra enmudece en su cuerpo caoba. Mis ojos, mis ojos ajados de melancolía y un rictus demediado ofrece mi rostro. Extrañeza cercana a la exasperación. Incluso una fátiga y un ardor de impotencia.

¿Dónde soy, en estos días, dónde habito sin conocimiento? ¿Qué extraño aire azota mi cuerpo y me descompone en la tierra? ¿Qué debo decir y cómo?

sábado, 10 de marzo de 2012

VOLAR a lo más alto, hacia la atalaya de la razón luminosa, la primera virtud. Volar sin compañía, sin sufrir la compañía de la especie, la segunda; la tercera, apuntar con el pico hacia dentro, hacia el aire, hacia el cielo, hacia donde el misterio. La cuarta, no poseer color alguno, matiz ni figura a lo sentidos, no ser minucia ni estación fugitiva; la quinta, cantar suavemente...con la naturalidad del aire. 

viernes, 9 de marzo de 2012

BREVEDAD. ¿Acaso la literatura se reduce al acto de escribir, a las horas de la escritura? ¿Dónde, entonces, la lectura, la luz, el cielo prendido de hogueras, la respiración, la nostalgia de lo invisible? 


*** 
DESEO ser un pájaro solitario para ver el vuelo a lo lejos, para apreciar la vida desde fuera, sin sentirme parte de ella, sin caer en renuncios; para  no sentirme arropado por nada, para estar solo a la intemperie y ser en la respiración de la naturaleza: pura evocación sin más ni más.    

jueves, 8 de marzo de 2012


TAMBIÉN hoy escribo como un ritual sagrado, un rito de paso que me hace en la otredad. Vuelvo hoy a escribir en la mañana como un punto, un cruce individual hacia lo universal, pues ni siquiera esta lengua, esta forma de comunicación, me pertenece. El que escribe es un servicial amante de la palabra, de una palabra que él no ha creado, sino de la que se sirve para expresarse. Por eso la palabra es solo un medio más de expresión, para el poeta, su axioma, un cauce dado del que tan solo podemos incidir en la semántica. 
El poeta crea un lenguaje del espíritu a través de los significados nonatos en un mecanismo establecido y fijo, va de lo finito a la busca de lo infinito, va de lo cerrado a la busca de lo abierto, de lo suyo a lo universal.

***     

ANIDA, en esas pinturas, una cualidad que se me antoja poética. Como disciplinas artísticas, la pintura y la poesía han compartido más de un territorio estético durante sus distintos estadios y evoluciones. Al ver estas pinturas, casi de soslayo, una facultad poética ha venido al encuentro para su entendimiento.
Rooms by the sea, de E. Hopper, propone eso mismo que escribía anteriormente: una habitación abierta al mar, la cerrada luz de unas paredes fundidas con la luz abierta del mar, el blanco del blanco, la noche de la noche.      

miércoles, 7 de marzo de 2012

LA palabra poética es sugerente y carece de relación con la cantidad. Ella misma es síntesis, holística, y con tan solo una palabra basta. La obra de un poeta pudiera resumirse a un puñado de palabras articuladas por el ritmo y la música. Sugerencia, connotación, presencia del ser, la palabra poética es renovación cada vez y siempre.    

martes, 6 de marzo de 2012

EN los dos últimos días, el cuerpo venció al alma. Escondidas, las fuerzas de la emoción van apocopándose hasta retirar cualquier incentivo para la escritura. Leo con lentitud y subrayo algunos pasajes que unen la vida de Schiller y Goethe. Hablan de la claridad y eso me hace sonreír; dialogan sobre la expresión clara, pero enigmática. 
Nada de lo velado puede ser entendido con tan solo observarlo. Hay que profundizar, fijar, penetrar, ahondar, habitar, vivir, contemplar la palabra; y cuando seamos ella misma, parte de su naturaleza, nombrada realidad hacia dentro, entonces dejaremos de ser para entenderlo todo.    

domingo, 4 de marzo de 2012

LA verdadera palabra es, por su propia naturaleza, poética.

*** 
SERÍA dichoso si pudiera compartir, por la gracia de la cuántica, lo que Novalis llamaba Symphilosophieren:
filosofar a la vez, en grupo, con otros que pongan por delante el abismo que no contemplo por mí mismo. Un rubor placentero me recorre cuando pienso en la reunión que mantenían, en Jena, Schelgel, Fichte, Hegel, Schelling,  Herder y el propio Novalis. El método se concreta en la Geselligkeit, una suerte de lectura conjunta que se desarrolla a través de cartas. ¿Por qué ya no se escriben  cartas?
 


sábado, 3 de marzo de 2012


ESCRIBÍA uno, en las últimas semanas, vivificación de la poesía y hoy, casi sin notarlo, Novalis ha conciliado esa fusión que tanto anhelo. Él prefiere hablar de “fuerza vital”, a saber, aquella que capta el mundo en todas sus dimensiones, sin excluir ni una ni a otra, ni lo visible ni lo invisible,  sino fundiéndolas y armonizándolas. En última instancia, Novalis, utiliza la expresión “fuerza configuradora” para referirse a aquella voluntad individual que transforma el mundo al captarlo.
Cuando llevo estas ideas a mi escritorio, estoy convencido de que la literatura es un acto de creencias y fidelidades irrenunciables, de las que uno no debe apartarse jamás sea cual sea la comprensión social o externa de sus razones, pues, si eso sucede, dejaríamos de ser y estar en el mundo. En Novalis: “Todo saber termina y empieza en la creencia”.
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JRJ puso, al frente de Platero y yo, en 1917, una cita de Novalis cuando los demás se dejaban impresionar por modas pasajeras de principios de siglo. Esa es la diferencia entre un poeta y un escribiente, cuando en España nadie había leído a Novalis, ya que no estaba traducido al español, JRJ lo había aprehendido en la lentitud de su inteligencia: “Donde quiera que haya niños, existe una Edad de Oro”.  

viernes, 2 de marzo de 2012


LIBROS, libros llegan a casa. Hemos dejado de comprar libros en librerías de nuevo, tan solo algún volumen en italiano, rediciones de clásicos o traducciones actualizadas, ensayos y algún que otro diccionario actual. Para hacerse con un cuerpo bibliográfico sólido hay que comprar en librerías de viejo. Hoy llegaron los libros de Emilia de Zuleta, Lázaro Carreter, Amado Alonso, Rafael de Balbín y López Estrada. Parece que estamos comprando reliquias, le digo a M.C., cuando, en realidad, nos hacemos con lo indispensable en la casa de dos filólogos.

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ORDENO los libros de antropología y mitología. Rescato un libro de Robert Graves y, al abrirlo, asoman desoxigenadas unas líneas que había subrayado en el momento de la lectura. Las leo recordando la diosa blanca del escritor que tanto gustaba de vivir en España: “La obligación primordial del escritor consiste en trabajar, sin concederse tregua, en, desde, con y sobre la palabra”.

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CUANDO necesito conciliarme con el mundo, quiero decir, conmigo mismo, con lo cenital y sustancioso, con lo que brota de la esencia pura de la tierra, escucho la Suite nº 1 para Violonchello, de Bach.  

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El 25 de septiembre de 1823, escribe Leopardi en Zibaldone di pensieri:  “Superiorità della natura sulla ragione, dell´assuefazione sulla riflessione”. El párrafo que completa y ahonda en esta reflexión está cargado de una reticencia que persigue a Leopardi en buena parte de su obra: la necesidad de entregarse a lo irreflexivo.  
Es el miedo de la razón poética que sacude a todo poeta cuando su palabra comienza a verter significados que no solo remiten a realidades objetivas para los sentidos, sino que simbolizan realidades veladas, indescriptibles para los sentidos; cuando comienza la palabra a ser poiesis, creación,  únicamente para el reino de la palabra poética.

jueves, 1 de marzo de 2012

DEL encuentro del otro día con Goethe, Eckermann y Wiesenthal,  pude dejar anotadas en el cuaderno unas palabras que, desde entonces, tengo por paradigma siempre que comienzo a escribir: "¿Qué hay más importante que los temas, y qué sería toda la teoría del arte sin ellos? Cualquier talento se echa a perder cuando los temas que plasma carecen de valor. Hay muy pocos artistas que tengan ese punto y que sepan lo mucho que contribuiría a la paz de su espíritu".   

LEYENDO esta mañana Triumphi, de Petrarca, caigo en la cuenta de que ayer estaba describiendo el triunfo del tiempo. La ajenidad a la que me refería está en la conciencia de saberse día trasnochado en la vida. Es la claridad de esa condición la que me provoca desesperadamente un sollozo y el anhelo de la consolación.
Advierte Francesco Petrarca que la muerte en vida concibe dos condiciones: una la fama y otra el nacimiento mismo. Aunque si analizamos estas dos vertientes del triunfo del tiempo, podremos llegar a la siguiente conclusión, a saber, sobre el nacimiento no puede el hombre actuar con su voluntad, pues le viene dada. Sin embargo, en la fama, bien dice Petrarca: “chiamasi Fama, ed è morir secondo,/ né più che contra ´l primo è alcun riparo”, esto es, y lo que llaman Fama es otra muerte, la segunda muerte, tan igual a la primera, inevitable.¿No es acaso esto mismo lo que grita Segismundo a los cielos?
El concepto de la Fama, en la época de Petrarca, estaba cargado de toda una cosmivisión medieval tan alejada de nuestro tiempo. Pero, en el centro del término, anida una condición que se mantiene perenne y portentosa. Es una advertencia dirigida a los que sufren el engaño de creerse en mejor condición por el hecho de que lo social los marque o destaque. Esa cualidad es muy discutible y peligrosa, sobre todo en lo referente a la Literatura. Decía JRJ que el poeta verdadero no debía tener más fama que un científico, pero que sí tenía que trabajar en silencio y soledad como el científico. 

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"Cuaderno de Leonardo" sigue expandiendo su territorio. Agotado el cuaderno que compré en Roma, he tenido que continuar en otro cuaderno titulado "Clara fontana". Es uno cuaderno de tapas marrones que compré en Cádiz y que presenta una pequeña mueca en la portada que así lo titula, Clairefontaine. Los cuadernos, que no dejan de serlo aunque en ellos se escriban poesía,  pueden continuar el espíritu de los otros, pueden compartir deseos estéticos. Es lo que ha ocurrido, cosa impensable cuando comencé, con estos dos cuadernos que descansan uno encima del otro, como si quisiera que fueran compartiendo tonalidad a pesar de sus diferencias. Son demasiados ya los poemas que van conformando una suma poética, pero, me pregunto, ¿cuál es el límite en un libro de poemas? ¿Quién decide que un libro de poemas deba tener veinte o treinta y no más o menos composiciones? ¿No será que la fontana deja de brotar clara cuando se muda el ser de la inspiración?