jueves, 28 de febrero de 2013


ME encuentro como decía J.R.J.: "secreto y transparencia".  El poeta se hace espectador de su vida: la contempla como un río quieto. Esta sutil y profunda postura, debe conducirlo hacia el límite. Escribo el límite y no su límite, pues el poeta evoca con su palabra la naturaleza del mortal.

*** 

Zibaldone, de Leopradi. Leo el texto en italiano, en la edición de dos tomos de Mondadori publicada en el año 83. Esto complica mucho la lectura, pues el libro es un tapiz de citas, reflexiones, ideas, pareceres atinados, pero profundos. Una prosa enrevesada, que se muestra circundante, perifrástica. Sin embargo, las palabras de Leopardi siempre encierran un sendero escondido, una significación profunda, exenta de palabras accesorias, que el lector advierte tan pronto como termina de leer cualquier enunciado. 

"la natura ha dato i suoi piaceri a tutti i sensi". 

Toda una filosofía. Recuedo a Hume, pero también a Berkeley. Cómo no a Aristóteles. Cuánta verdad concentrada y qué vrtud en este verbo. Sucede como con Montaigne, palabras, palabras que destruyen los límites sintácticos de lo inmediato. 

Naturaleza ha dotad de placeres a todos los sentidos. Esta línea forma parte de un escrito en que Leopardi disputa la belleza natural y la belleza artifical. Sobre todo la belleza artifical del sueño y de la maginación. En ese punto, expande el problema a la predispoción del espíritu humano para recibir esa belleza. He aquí, en mi opinión, uno de los temas fundamentales de la naturaleza artística y de su existencia en las sociedades. Sería un tema demasiado amplio para dejar, únicamente, un par de líneas sobre este asunto en el diario. Sin embargo, prosigio leyendo a Leopardi con mucho agrado y asintiendo: 

"Laddove la belleza  naturale o atfiziale non fa effetto se l´anima non si mette in una certa dispozione da riceverlo, e perciò il piacere che dà si riconosce per intellettuale".
  
*** 

Leo, entre otros poemas, The cantos, de Ezra Pound, en la traducción de José Vázquez Amaral. En el "Cantar IV" escribe Pound: 

Across the Adige, by Stefano, Madonna in hortulo,
As Cavalcanti had seen her. 
 The Centaur´s heel plants in the earth loam.
And we sit here...
there in the arena...

Al otro lado del Adige, por Stefano, Madonna in hortulo,
Como la vio Cavalcanti.

El talón del centauro se hunde e suelo musgoso.
y nosotros aquí sentados...
aquí en la arena...  

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¿...y qué mejor paseo por la "Alameda verde" de J.R.J. para comenzar la mañana? Las razones luminosas: 

"La poesía no es sucesiva, como la ciencia. Un poeta no continúa a otro poeta, sino que recrea, revivie, aísla y cierra en sí mismo `toda´ la poesía".

miércoles, 27 de febrero de 2013

Matriz de improntas y de huellas, la poesía devuelve el canto originario.

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Resulta que Ars vivendi fue un título profético, pues el libro, lejos de esclarecer qué es la literatura,  me está poniendo en claro muchas de las evidentes naturalezas humanas que uno no acababa de comprender. Los comportamientos de los allegados, de los que uno pensaba compañeros en la ética y en la estética, de los que ni siquiera habían asomado por mi vida de ninguna manera ni por ninguna razón, no dejan de definir una verdad y un límite. 

Hay en la condición humana un rumor invisible que se perpetra en las interioridades pero que, llegado el momento, refulge y sale y acosa, para lo bueno y para lo malo.¿No es el hombre demediada virtud?  

Decía que encontraba una verdad en todo esto una verdad grata. Y un límite, pues creo que los individuos están demasiado acogidos a sus egos y vanidades. ¿No ha sido esto así siempre?, me preguntaba ayer, cuando terminaba de leer a Quintiliano y repasaba los mecanismos de la retórica antigua.
Los discursos cargados de loas son tan sospechosos como los que se acogen a la malevolencia. Ni a unos ni a otros debería atender nadie y, mucho menos, pensar que en esos discursos habita una verdad. 

Tan solo un límite, esa es la enseñanza, un límite que yo creía más alejado del yo, más apartado de la respuesta inmediata; un límite que establece la medida de los hombres respecto a las ideas. Pues si las grandes ideas (establecidas en las grandes palabras y afinidades) han sustanciado y definido lo que somos y hasta dónde somos, debemos medir nuestras acciones y nuestras palabras en ellas mismas.  

*** 

Me alegro ahora tanto de mis silencios públicos, tanto. Los recuerdo con ambición, a pesar de que dudé de ellos cuando los ejercía. Soy un legionario, desde su étimo, del silencio. Callo y otorgo. Solo cuando convierto el aire en fonema y palabra y sintaxis trato de ofrecer las dádivas de la verdad, de mi verdad, claro. 

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En la actitud del hombre contemporáneo frente al arte hay una pretensión desbocada que lo conduce a un error, a una restricción: el límite para el hombre se establece desde sí mismo; todo lo que no puede razonar, todo lo que no permite su inteligencia es límite. El resto es nada.  

El límite es fin, pero también principio: origen y finitud. Prefiero tener el límite como una causa primera desde la que se establecen los "límites" (la medida de las artes, del pensamiento, de las manifestaciones humanas) y por la que nos es posible hablar, entender, razonar, hablar, escribir, componer música. Nosotros no generamos la consciencia para la creación, sino que cuando atendemos a los límites nutricios es cuando la creación trata de azotar los corsés en los que se siente atrapado. Por esto mismo, la obra artística clásica es la que percute y ensancha la consciencia del nuevo límite. 
El límite como elemento primerizo, anterior a nosotros, como naturaleza preexistente que nos hace humanos y nos hace contener nuestra propia conciencia de incapacidad. 

No existe lo que pensamos nosotros, sino que pensamos lo que existe hasta donde nos permite el raciocinio humano.  Sería demasiado pretencioso creer que el mundo solo es lo que uno puede llegar a concebir en los términos restringidos de su razón.Este asunto, tan antiguo, es una postura de la consciencia del mortal, cuyo estado natural es el de la vigilia de su propio ser.




martes, 26 de febrero de 2013


TODA la tarde en el bosque de símbolos del poema "Correspondencias", de Baudelaire:

Naturaleza es templo

bosque de símbolos

tenebrosa y profunda unidad

domingo, 24 de febrero de 2013

QUÉ encierra la mente humana sigue siendo, después de siglos, un enigma. Nadie trazará los límites por los que puede encaminarse una mente sola, una sola inteligencia que se desprende del común raciocinio y de la norma pensante. Una sola palabra será suficiente para testimoniar que la mente existió en donde nunca antes una mente había sido.Una palabra incognoscible incluso para el que la escribe, incluso para el que la escribe.

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También en mí es domingo y es mañana y es canto del jilguero.

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Ayer leía otra vez Libro del desasosiego, ya que Pessoa es un ejemplo del escritor que se aleja de todo ruido proveniente de la masas. Pessoa legó una lección encarnada en el silencio y la soledad, esto es, en el naufragio viviente de lo cotidiano. 
Porque aunque te mantengas alejado de esas voces, aunque persistas en la lejana tranquilidad de ti mismo, los ecos maliciosos desean penetrar en esa estancia. Es cierto que serán maliciosos para los que así los entiendan, porque no debe perturbar en un punto la fidelidad a la literatura. Más que malicisosas, parecen voces y opiniones fantasmales. La literatura es ley, justicia, razón de vida. 

Leía, ayer, estas palabras de Pessoa y hoy vuelvo a reescribirlas, por ciertas y verdaderas: "Volver puramente literaria la receptividad de los sentidos y las emociones, cuando acaso se rebajan a aparecer; convertirlas en materia aparecida para con ella esculpir estatuas de palabras fluidas...". 

*** 

En una entrevista a Ezra Pound, el poeta termina afirmando que "solo tengo la certeza de mi gran incertidumbre". Después de las últimas intervenciones de la entrevistadora, concluye el poeta: "He perdido el poder de llegar al fondo de mi pensamiento con palabras. Es todo tan difícil, tan inútil.."

Pound fue por un tiempo Pound, pero después del encierro y el retiro en Santa Isabel, comprendió en toda su dimensión que el hombre es Uno, que no hay estaciones temporales y sucesivas para el mortal, sino una fluida corriente del ser con la que el poeta debe armonizar su palabra. 

sábado, 23 de febrero de 2013

SEÑOR, escuchemos a Dante en el susurro de su Commedia:

Vosotros que tenéis la mente sana
observad la doctrina que se esconde
bajo el velo de versos enigmáticos.


viernes, 22 de febrero de 2013

EXTRAÑADO de todo, escucho voces que provienen de un confín. Un límite que reside dentro de mí mismso y que es un deber sacudir y azotar para comprobar hasta dónde llega el ser. Depende del límite nuestra esencia. 
Es un rito que desarrollo en silencio y que proviene del murmullo de la transparencia. 

 

jueves, 21 de febrero de 2013

ES Platón, en Banquete 211e, quien nos alumbra. El centro es indudable, solo los que se revuelven y atemorizan nunca lo han sido. Porque el centro es el ser, el ser otro. Un estar siendo. El que tenga ojos que escuche:

"-¿Qué debemos imaginar, pues, si le fuera posible a alguno ver la belleza en sí, pura, limpia, sin mezcla y no infectada de carnes humanas, ni de colores ni, en suma, de otras muchas fruslerías mortales y pudiera contemplar la divina belleza en sí, específicamente única?

[...]

¿O no crees que solo entonces, cuando vea la belleza con lo que es visible le será posible engendrar, no ya imágenes de virtud, al no estar en contacto con una imagen, sino virtudes verdaderas, ya que está en contacto con la verdad?"  

*** 

La verdad no se encuentra, no tiene topografía, es utópica. La verdad poética se es.Ser verdad es estar en el centro. 

martes, 19 de febrero de 2013


Parece que, en las primeras horas del día, cuando uno comienza a levantar no solo su cuerpo sino su espíritu, cuando el cuerpo deja de ser una escala horizontal para convertirse en erguida presencia, el mundo, todavía, contuviera los ecos de la noche y las causas primeras de lo bello.
La razón pertenece aún a la ensoñación y no ha fijado su atención a las banales manías ni a las cotidianas acciones. Navega por los sueños, su reacción se acoge a los mecanismos de la vigilia, del duermevela. En ellos, en esa transición de lo soñado a lo que pensamos vivido ocurre el mundo de otra forma, se muestra el mundo de otra manera a los ojos y al alma. Encaminarse a la esencia de esa frontera entre la consciencia y la inconsciencia, la noche y el día, el silencio y la palabra, es tarea del poeta. Él traza una trayectoria en que refulge el fuego de la creación.  

***

Reviso algunos cuadernos. Clara fontana, Cuaderno del caminante o Cuaderno de Leonardo y compruebo que son más los intentos de escribir que la escritura consumada. La mayoría comenzaron su andadura en Italia o en Londres. Al abrir sus páginas y al observar la caligrafía que los tatúa, he deseado tomar para mi memoria aquellos días de azules palaciegos o aquellas tardes de grises paseos por la ribera del río. Ni uno ni otro me siento ahora, soy ajeno a lo que fui y a lo que estoy siendo. Jung decía: “yo soy este haz de lo realizado y lo pasado”. Esta inconsistencia del presente es necesaria y fundamental para la creación artística, aunque conlleve incomprensiones de los allegados y acaso del que lee ahora estas anotaciones.  

Porque quizás existe una idea arquetípica de todo en el inconsciente y las visiones del poeta no sean más que fenómenos creativos que, a pesar de parecer lo contrario, objetivan lo subjetivo. Hoy no creo que la lírica sea el género más subjetivo y personal de creación, sino el que acerca, de la forma más plena, lo subjetivo a la objetiva realidad que traspasa las razones empíricas. No dice lo que siente un individuo, sino lo que la humanidad. La poesía que explica a un solo individuo termina en la lamentable vanidad a la que tan acostumbrados nos tienen los bardos contemporáneos.

Es muy lábil la frontera entre el individuo y la consciencia de lo mortal y, en demasiados casos, nunca se logra descender a la condición de mortal. El miedo, el terror a lo sublime, ya lo trajimos aquí.

Ningún científico ni ningún antropólogo, sea este de la especialidad que sea, ha logrado explicar por qué un poema y el porqué del mismo; de una pintura o de una composición musical. No lo harán nunca, la materia que menciono pertenece a otras razones que, precisamente, no contienen causas permanentes e idénticas.

Cuando el poeta concilia, con todas las rémoras de nuestro entendimiento, con su palabra y con la ayuda del ritmo musical ese universal que nos hace mortales desde su percepción subjetiva, surge la emoción y lo que llamamos misterio poético. Es una revelación de símbolos y visiones.

De una manera o de otra, el hombre persigue el bien, la verdad y la belleza. Puede que a la contra o puede incluso dudar de esta iniciativa connatural para situarse y creer justamente en lo contrario. Pero, en cualquier caso, siempre son referencias estos términos y estas actuaciones para el mortal y en el arte. 


lunes, 18 de febrero de 2013

EL que pensara que escribir consiste en apoderarse de algo está equivocado, cae en marros. Escribir es solo ofrecer un testimnio, una confesión que resuena en la bóveda interna de un solo individuo. 
Solo nos llegan los ecos de ese concierto entre la música y la razón. Nada más: ecos, rastros, apenas una figuración de no se sabe qué.

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Creo absolutamente en el misterio. Es más, la poesía es el misterio.     

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..."la lengua de las flores y de las cosas mudas", escribe Baudelaire. 

domingo, 17 de febrero de 2013

ESCRIBÍA en la terraza del apartamento que orilla el Mediterráneo, allí, en Málaga. M.C. decidió ir con E. a dar un paseo mientras uno terminaba de pergeñar en el cuaderno el poema de tema petrarquesco. Tenía encima de la mesa el volumen de Quevedo con que ando estos días reflexionando y tomando algunas decisiones estéticas. Lo abrí al azar, movido por la sonata de brisas y melodramas que solo la calma del Mediterráneo otorga cuando uno lo contempla. Había una quietud acogedora, que incitaba a sentir una complacencia de lo calmo y armonioso.dejé el libro, la escritura, me dejé a mí mismo en esa navegación fastuosa de silencios y auroras.


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Había una quietud acogedora, que incitaba a sentir una complacencia de lo calmo y armonioso. Leía entonces a Quevedo: "mas lo de los poetas fue muy de ver, que de puro locos querían hacer creer a Dios que era Júpiter, y que por él decían ellos todas las cosas". Reía con el pasaje y pensaba en la cantidad de poetas actuales que condenan las mafias políticas y religiosas cuando ellos mismos son capos de la mercancía literaria.

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Me sorprende que el Sueño de la muerte, el último de los cinco libros o tratados visionarios y alegóricos, esté iniciado por unos versos de Lucrecio.

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El poeta es la conjunción de visiones y símbolos.  

viernes, 15 de febrero de 2013

LEO Sueños y discursos, de Quevedo. Siempre  me resultó un libro enigmático, rayano en la estirpe de textos visionarios, como las obras artísticas que, de repente, parecen mostrar la visión desgajada del raciocinio puro y técnico; esas pinturas de El Bosco o las series de pinturas negras de Goya o las composiciones de Paganini inspiradas por sus sueños y tantas otras que es en vano nombrar. 

Desde el comienzo lo hago con unas risotadas que casi despiertan a E. Ella se asoma para observar qué sucede y yo le muestro la portada del manuscrito del Sueño del Infierno, Alguacil endemoniado, Infierno, El mundo por de dentro y El sueño de la muerte. 

Me detengo en un pasaje de El mundo por de dentro (ay, poeta) y leo lo siguiente sin dejar de sonreír de pura melancolía: 
"Así que no son lo que parecen ni lo que se llaman: Hipócritas en el nombre y en el hecho. [...] De suerte que todo el hombre es mentira por cualquier parte que lo examines, si no es que ignorante tú, crea a las apariencias". 

jueves, 14 de febrero de 2013

SIEMPRE que paseo con E. comprendo mejor la vida. Ayer estábamos los dos paseando por la tarde cuando todavía el sol se regodeaba por las esquinas del aire. Nos acompañaba un silencio de trino y parecíamos estar disfrutando de nuestra mutua compañía. Éramos nosotros mismos al albur de nuestros pasos, sin más mediaciones que la visión vespertina del mundo que nos acogía. El viento pegaba en el flequillo y nos despeinaba, pero E. levantaba su manita para volver a colocárselo y reía. Qué aprendizaje, me decía, qué lección de impunidad.

Recordé, cuando E. decidió dormir un rato, a R. Walser y también a Rilke. En la vida de Walser, el paseo fue una incisiva acción que influía incluso en el ritmo de su prosa. Escribía como si estuviera paseando entre aquellos montículos de nieve, escribía amparado por la respiración entrecortada de un paseo que, de repente, se convierte en marcha forzada. Rilke paseaba por el acantilado de Duino cuando necesitaba alejarse de sí mismo, cuando necesitaba volver a encontrar el ser que lo hacía poeta.

El paseo, el paseo sin norte ni brújula, sin destinos prefijados. La vida misma, me digo, la vida acompasada por el compás de nuestros cortos pasos, por el compás de un pequeño avance que especula con nosotros en un supuesto avance que siempre tiene un retorno. 

E. dspertó con sigilo. Me lanzó una mirada con el recogimiento y la satsfacción de haber estado juntos, en la tarde, quizás ensoñando lo que de momento es la realidad para ella. Me pregunto si esa realidad no es, en puridad, la misma que me azota y me devuelve la melancolía de ahora. Fuimos, los dos, encumbradas melodías de la tarde sonando en la armonía tácita del amor.  

  

martes, 12 de febrero de 2013

CREO en la verdad que se transmite más allá de la palabra. Es así porque me lo ha enseñado el ejercicio de lector, acaso la condición que más amo y a la que más debo. El lector puro no entiende de prejuicios. Le basta tan solo un breve encuentro con el texto para desestimarlo o adentrarse en el mismo. El lector no duda de su consciencia cuando realiza su acción irrevocable: leer. Antes al contrario, fluye, sintoniza, siente, experimenta, se transforma en la lectura.

No debería existir el pudor en el lector que acaba de regodearse con un párrafo o que se ha deleitado con unas palabras escritas por otro hombre. Por ejemplo, hace ya algunos años, leí la carta encíclica titulada Caritas in veritate, de Benedicto XVI. En ella, puede uno leer espléndidos pasajes que, con el tiempo, arrojan sedimentos a la memoria y al espíritu. Además, ofrece la posibilidad de entablar diálogos internos muy copiosos y profundos. Casi al final de la misma, se reflexiona sobre la influencia del materialismo y de la tecnología en la vida contemporánea. Transcribo un subrayado que, si hubiera sido escrito por Sennet o Steiner o Goethe, sería aplaudido sin remiendos: 

"El desarrollo debe abarcar, además de un progreso material, uno espiritual, [...] No hay desarrollo pleno ni bien común universal sin el bien espiritual y moral de las personas, consideradas en su totalidad de alma y cuerpo. [...] El absolutismo de la técnica tiende a producir una incapacidad de percibir todo aquello que no se explica con la pura materia". 

Esto mismo, trasvasado al territorio de la estética artística, es muy valioso, porque así percibo últimamente las obras literarias, pictóricas y musicales. Cuando J.R.J. señalaba el "misterio" como la esencia del poema, estaba otorgando una especial significación a la comunicación artística entendida como un acto poseído por razones distintas a la mera expresión. Es el "voltaje" de Pound, esto es, una numinosa visión que se produce cuando en la obra anida ese misterio. 

En estas décadas, se han confundido expresión y creación. Si bien es cierto que millones de personas expresan, -sobre todo en Internet-, sin más, la creación ha quedado relegada a una intelectualidad errónea y viciada, marcada por el mercantilismo del arte como producto (odio este término) cultural. Y, lo que es aún peor, esta disolución de la creación artística y de su defensa, ha provocado que hoy cualquiera que exprese se sienta creador, que cualquiera que escriba una frase ingeniosa se sienta escritor. Es así ya que la publicación inmediata, la expresión extendida a un número amplio de lectores en Internet le hace creer al individuo que su acción es completa y es cierta. Esto mismo ocurre por la falta de autoridades morales con las que poder medir las actitudes individuales. Hay una ausencia y un vacío de maestros.    

Así las cosas, los poetas de este tiempo, los escritores, los músicos, como decía, someten sus creaciones a un ajuste técnico tan profundo que dejan la obra sin el halo y el verdor de la creación primera. Tan solo hay que leer algunos poemas de la primitiva lírica para percatarse de esta desaparición del encanto poético. Puede ocurrir que habiten en las obras artística demasiada "intelectualidad", es decir, que se encuentren sometidas a la tiranía de la razón técnica y material. Si el hombre trata de explicarlo todo a través de la razón empírica, es entendible que trate de hacer lo propio con la obra artística. Creen que la explicación racional del producto es superior al razonamiento luminoso del fruto. Estamos en esa tesitura antigua de lo racional frente a lo espiritual. Y en ella, se han confundido demasiados términos y conceptos.    

En muchas ocasiones, he esrito que hay poetas que, cuando leen belleza, eternidad, silencio, aurora o noche, señalan esos vocablos como antiguallas y palabrejas que poco tienen que decir en el discurso poético actual, sin detenerse en el diálogo que pudieran estar ofreciendo con textos universales. Ellos prefieren, por el contrario, utilizar otros términos que me permito omitir, por consabidos y que por ello se les cite en suplementos, bitácoras o tertulias como el ingenioso poeta de la actualidad. En resumen, a los escritores actuales tan solo les importan ellos mismos; la Literatura queda aneja a sus vidas, es algo circunstancial, no existe en sus consciencias. 

Entre unos y otros se encontrará la virtud, pienso. Aunque, de un tiempo a esta parte, puede que haya comenzado a creer con Jung que se hace necesario el gobierno del espíritu de la profundidad para que nos rescate del espíritu del tiempo. Si esa acción de la consciencia detona en el poeta la creación verbal con insinuaciones abisales y del espíritu nunca abarcadas, estaremos renovando el discurso de la razón luminosa del verbo. 

El lector debe mantenerse en su trópico sin inmutarse. Pues hay quien elogia la lectura de un libro insustancial y condena lo que considera fruto del sectarismo y de una falsa institución. En cualquier caso, estoy con Wiesenthal: 
"Me dolía en el alma comprobar que mis contemporáneos hablaban de Tolstoi como si fuese un rastro arqueológico perdido en la oscuridad de los siglos. [...] Me daba cuenta de que, en el escaparate del mundo materialista moderno, hay expertos en ensombrecer y ocultar. [...] Creo que los jóvenes del siglo XXI ya han tenido tiempo suficiente para descubrir la falacia de aquellos vendedores de plástico que querían sustitutir la literatura por juegos de palabras y pretendían transmutar los valores a base de devaluaciones. [...] La paideia antigua, al valorar a los clásicos, influyó decisivamente en la formación de lo jóvenes europeos, conviertiéndonos en hombres de carácter; más preocupados por la autoridad moral y el destino de nuestra cultura que por las modas y las experiencias oportunistas del mercado del arte contemporáneo. Afortunadamente teníamos a los viejos maestros para darnos cuenta de la exigencia de formación, paciencia y trabajo que reclama el oficio intelectual.[...]".  

Me pregunto, como joven del siglo XXI, ¿dónde han quedado los maestros sino en la antigüedad; quién la autoridad moral más allá de los escritores antiguos?

Concluyo estas líneas escritas en la madrugada, con la voz de mi querido Wiesenthal, siempre tan incisivo y contundente: 

"Hemos creado un mundo capaz de globalizar una enorme riqueza material, pero somos incapaces de globalizar la infinita riqueza moral y espiritual que tenemos en nuestra ciencia y en nuestra cultura". 
        

lunes, 11 de febrero de 2013

ACABO de terminar de escuchar a Monteverdi en honor a Eugenio Trías. Murió un filósofo, escritor y melómano cuya palabra expandió los límites del ser. Sit tibi terra levis. 

domingo, 10 de febrero de 2013

DESDE su étimo, "confesar" significa admitir alguna cuestión frente a otros, es decir, hacer pública la palabra que testimonia alguna acción individual. Pienso en ello cuando comienzo a escribir en este diario, en la fría mañana de invierno de dos mil trece, cuando E. y M.C. duermen todavía y la casa parece recogida en su melancólica presencia, los libros no están aún entonando la armonía de sus páginas y la luz, la lábil luz que amanece, comienza apenas a penetrar entre las rendijas de los ventanales. Esa luz entra cadenciosamenente; primero arropando a un objeto; luego expandiendo su cuerpo por entre las baldosas del suelo. Allí comienza a restallar una luminosidad que me despabila de esta ensoñación. Es entonces cuando comienzo a confesar una verdad, mi verdad, sobre la vida. 

La vida para un hombre es su vida. Entre la universalidad y la individualidad se dirime su propia consciencia. Es una continua contraposición de perspectivas: esto o lo uno, mi o el tiempo. Mi, el, este, Lo, yo, el hombre mismo. Quizás, el escritor que encuentra la tonalidad en la que se conjugan las dos dimensiones del individuo es el que completa con su canto o con su palabra la confesión más plena y verdadera. Esa confesión no debería decirnos únicamente lo que hay del escritor de marras en concreto, sino lo que hubiera de cualquier mortal que se acercara al tema en cuestión. El escritor o el poeta tienen la responsabilidad ética-estética de no decir de cualquier modo, no vejar al verbo con cualquier expresión, sino lustrarlo, renovarlo, nombrar con la creación misma y profunda. Lo uno y lo individual, lo finito frente a lo infinito, lo decible y lo inefable.


He distinguido entre palabra y canto. La primera le pertenece al escritor. Al que mantiene su constante manía de escribir a diario: novelas, nivolas, diarios, narraciones varias. Algunas de estas creaciones pudieran acercarse al canto, que es la poesía. El canto es un sucedáneo intermedio entre la palabra y la música, una armonización del verbo y de la música. No puede someterse a ningún método, no hay en él visibles arquitecturas que puedan imitarse sin más, sin caer en ridículos, pero, cuando nombra desde el centro indudable, logra lo que nunca logrará la palabra del escritor. El canto es polifónico, la palabra monódica. 

Por tanto, hoy, en esta mañana de confesiones a la luz del sur, podría llegar a la convicción de que el individuo es monódico y que el ser es polifónico. Palabra y canto. A cada uno, su expresión, su creación: palabra y canto. 



   
 

sábado, 9 de febrero de 2013

ESTE diario es, cada vez más, un piélago de escritos diversos. Quizás esto mismo debiera ser la esencia de la escritura que solo se persigue a ella misma. De la escritura que trata de figurar la silueta del ser de un individuo que las impulsa al espacio en blanco. Textos independientes que, si se unieran en algún momento, solo dejarían la huella y el rastro de un individuo inquieto, explorador del centro indudable. Nada más y basta con ello, pienso.

El ejercicio mismo de la escritura es una posición estética (idea que trajimos ayer al diario) en la que se destruye más de lo que se edifica. 

Hoy, por ejemplo, comencé a escribr en el cuaderno de marrón unas notas que escribían la lectura de Jung. Dicen esas líneas (palimpsesto, intertexto): "El camino de lo venidero arranca cuando se impone el espíritu de la profundidad sobre el espíritu del tiempo". "Esto sucede a través de símbolos y de visiones", proseguía:

VISIÓN ---------------------Fundamentos: Imagen, Metonimia, Metáfora (tropos y figuras retóricas).


SÍMBOLO -----------------de una realidad velada: la realidad del ser. Esencia del centro indudable.

La poesía concilia estos mundos paralelos, opuestos, complementarios.

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Como el alquimista parte de la materia y en ella opera con la sabiduría inefable, así el poeta.

viernes, 8 de febrero de 2013

QUIEN mejor nos conoce debería no conocernos de nada. Ser un misterio estético para todos, un ser cifrado en lo imprevisible, que se acoge a las fórmulas estéticas. Ser un ser estético colmado de ensueños. Todos los yoes que deambulan por el mundo son creaciones: la esencia es silenciosa e invisible. 

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Es inefable la descripción de nuestro ser individual.  

***

Me encuentro en el punto en que ya no sé qué es el tiempo, ya no sé más que vivir en el sueño,  en el laberinto profundo de un sueño.


jueves, 7 de febrero de 2013

LA poesía concilia los opuestos. Diluye el tiempo de lo contemporáneo en el tiempo de lo imperecedero.

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El poeta termina, irrevocablemente, renunciando al mundo y a la palabra. 

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Toda la obra como una glosa de una palabra quimérica. Toda la obra una glosa de otra palabra originaria que jamás fue escrita. 




EL símbolo es a la poesía como la idea a la palabra. 

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"EL paso a lo trascendente se produce cuando las facultades humanas -inteligencia, voluntad, amor humano- tropiezan con un límite, y el ser humano permanece en ese umbral, más allá del cual no puede dar un paso, y esto sin apartarse , sin saber lo que desea y tenso en la espera", escribe Simone Weil.

Asiento, asiento con la cabeza tras su lectura en este día aciago. Un día cargado de imposibilidades y demasiadas inquietudes que han acabado en nada. Leo a Simone despacio, con lentitud con el libro de Jung a su lado y cragado de misterios y esperanzas. 

*** 

Poseo una imaginación poco dada a la fantasía. La fuerza de mi imaginación contempla la realidad y desde ella arranca hasta parajes y alamedas del espíritu. Quizás la imaginación sucumba ante lo contemplado hasta convertirlo en símbolo. Armonía y Naturaleza son sus estaciones.

*** 
Lectura de Jung. Notas de la lectura de El libro rojo. 

1. El camino de lo venidero.
2. Imágenes de lo errante.
3. Reencuentro.
4. Símbolo
5. Origen.
6. Dios.
7. Visiones...
8. Espíritu de la profunidad. pasaje crucial del libro; para el ser.
9. Desierto: símbolo del "en sí mismo" que reverdece y renueva.
10. Despertar. 

El camino de lo venidero se anuncia cuando se impone el espíritu de la profundidad. este espíritu se manifiestacon visiones y  a través de símbolos. el suprasentido es lo distinto al espiritu de este tiempo. 

El espíritu de la profundidad tensiona a que el receptor actúe con acciones y actitudes que llevan la revelación a ser asumida y comprendida.
 
 


martes, 5 de febrero de 2013

ES quizás el ruido del mundo que vive por de dentro. 

La vida pasa por el alma, pero, para ese ascenso, el hombre debe hundirse primero en su origen. 

Esta acción soporta un ascenso a la soledad plena.

C.G.Jung anuncia en su desconcertante y maravilloso Libro rojo que no es el yo el que sustancia el alma sino que es el alma la que sustancia al yo. Por eso, cuando el anhelo de ser se repliega sobre uno mismo  puede convocarse el encuentro con el alma misma: ahí sucede un cataclismo para el individuo. 

La poesía hace comprensible lo no comprensible. 


El propio Jung lo advirtió, "quien mira desde lo interior sabe que todo es nuevo". Así, para poder mirar desde el interior debe uno conducir toda su consciencia a lo interno, al silencio sonoro, en la soledad amena y ser allí sin ser nada. 

lunes, 4 de febrero de 2013

¿NO será escribir una errata para el ser?

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Cualquier cosa nombrada pertenece al límite en que puede actuar la palabra, es decir, la consciencia humana, pero ¿qué sucede con lo meramente intuido e inefable, cuál es su naturaleza a qué consciencia pertenece?

domingo, 3 de febrero de 2013

NO he podido dormir esta madrugada. Estaba en la hora más silenciosa de mi noche y me hacía una pregunta después de todo, ¿debo escribir?. El insomnio reflejaba la inquietud del espíritu. Ideas contrapuestas, el intento de ahondar en las certezas para desmontarlas y la necesidad de alimentar el cuerpo con la soledad de la noche. Tenía por delante el poema que voy pergeñando desde hace unos días en el cuaderno de marrón Actos de templanza. El poema ha ido tomando demasiado cuerpo: ecos de Petrarca, ángulos de J.R.J., minucias y miserias sobre todo, ritmo fallido, música inexistente. Mediocridad. 

Cuando desistía ya del cerco de la noche, tomé el Diccionario de Ramón Andrés para comprobar si el autor había añadido alguna información relevante sobre Er. El relato de este guerrero armenio aparece, nada más y nada menos, que al final de la República, de Platón y siempre lo he tenido como una clave misteriosa, ininterpretable para mi corta consciencia. Er viaja al Cielo, por sus fisuras, después de abandoanr su cuerpo y es allí donde escucha la armonía de las esferas. Sin embargo, el acto que más me conmociona es la desvinculación entre el alma y el cuerpo del guerrero. Deja su cuerpo para ser pleno, deja de ser para ser esencia. 

Er se eleva a las esferas despojado de su cuerpo, únicamente siendo alma; pero Er regresa, como Orfeo, ha explorado el mundo velado, como Tántalo, para contar lo que ha visto. He aquí la paradoja a la que sucumbo. 


No podemos olvidar que, en esa visión del cosmos que abriga Er, describe el trabajo de las Moiras o Parcas, aun estando estas escondidas a los ojos, aun existiendo en el haz de luz del cosmos. Láquesis, Cloto y Átropos, esto es, los pasados, los presentes y los futuros: pluralidades del alma.  Sea como fuere, es la música el sustento enigmático que ordena nuestro destino, la música que también reside, cuando estamos delante de una verdad, en lo poético. 

Es el relato de un viaje vertical, interior, al mundo que acogemos dentro de cada uno y que está velado a los ojos y a la inmediata visión. Ese mundo nos acoge perennemente y es en él donde somos realmente lo que no podemos ser aquí: esa experiencia solo puede comunicarse mediante la creación artística. Son plurales pasados, plurales presentes y plurales futuros conjugados con el acorde que transgrede los límites primeros y eventuales. 


No puede ser la insufiencia una queja, antes al contario, la felicidad de saberse imposible para esa tarea. El mismo Rilke denunciaba las quejas de los poetas que no conducen más que a la triste vanidad. Decía en unos versos, que proceden de Réquiem por un poeta,  que el poeta tenía la naturalea y la necesidad:

de transformarse, duros, en palabras
como el cantero de una catedral
se transforma en la calma de la piedra...  


A esa calma la llamo "consciencia" y la consciencia es el estado pleno del ser en el cosmos. Quizás en ese estado es cuando se escucha la armonía de las esferas, el telar de las Moiras, nuestros pasos transformándose y cuando nos vemos, a lo lejos, a nosotros mismos ajenos con el cuerpo muerto sobre la pira de los versos. Al seguir vivos y reencontrarnos, al seguir siendo mortales, dudamos de todo.


Cuando uno escribe silencio y soledad está parafraseando lo que Rilke en Cartas a un joven poeta: "nadie puede aconsejarle ni ayudarle, nadie. Hay sólo un único medio. Entre en usted. Examine ese fundamento que usted llama escribir; ponga a prueba si extiende sus raíces hasta el lugar más profundo de su corazón; reconozca si se moriría usted si se le privara de escribir. Esto, sobre todo: pregúntese en la hora más silenciosa de su noche ¿debo escribir?". 

No he podido dormir esta madrugada. Estaba en la hora más silenciosa de mi noche y me hacía una pregunta después de todo...


      

sábado, 2 de febrero de 2013

«TIEMPO es el paso de nuestra conciencia por la eternidad», ... dice J.R.J. 

Esa acción produce en el poeta la crisis de su consciencia. Es el poeta el hombre demediado entre la eternidad que nombra y la finitud de su consciencia. Justamente, en esa fisura incognoscible, la mentira puede ser la verdad. En ese espacio surge un canto, desde un centro, cuya armonía descifra los ecos inefables.

***

Como no tengo el talento ni la inteligencia para decir con mis palabras el todo y la mentira, utilizo versos ajenos, aprendo muchísimo de los poetas, de los versos cristalinos que se dirigen a la consciencia y que fueron escritos, -ah, maravilla-, hace ya unos siglos y también hoy. Versos que se entienden como antiguos, como si ya no siguieran diciendo qué somos y qué nos sustancia. 

Por tanto, los versos de Petrarca son la forma poética del todo y la mentira; una forma más, claro. Es, además, el tema central de los poetas que han ido hurgando en el centro indudable, territorio que Petrarca nomina como "eternidad indivisible" (eternità raccolta e´ntera). Qué emoción me embarga en estos momentos de revelación; dicen los versos del poeta de Arezzo en su Triunfo de la eternidad: 

Lo que grava y oprime nuestro pecho:
"antes", "después", "ayer", "mañana" o "noche",
todo se esfumará como una sombra.

No existirán más "fue", "será", ni "era",
solo es "en presente", "ahora" y "hoy"
solo la "eternidad indivisible";

como si fuesen llanas las montañas
que la vista impedían, no sabréis
dónde apoyar recuerdos y esperanzas;

[...]

Podríamos estar dialogando sobre estos versos hasta la muerte y más allá, ¿no es cierto? Pues ellos pertenecen a esa corriente cristalina de auroras y noches ocultas. Sí, Heráclito, sí Parménides, sí, Platón...pero estos versos son cantos, salmodias, armonías musicales que razonan poéticamente.  

***

No puedo dejar de mencionar una relación de estos versos con J.R.J. En uno de los pasajes de la Alameda verde, -aquel axioma de la eternidad indivisible para el poeta de Leyenda-,  afirmaba:

«Mi alma corre, agua pura, entre una orilla de oro de recuerdo y otra dorada de esperanza». 

Estoy seguro de la lectura de J.R.J. de los versos de Petrarca que acabo de destacar, "donde apoyar recuerdos y esperanzas", y de la  interpretación que J.R.J. realizó de los mismos. 

Para que el canto del poeta llegue a permanecer, y es esa su ética-estética, la fuerza teleológica, debe conformarse con una ínfima consciencia de lo nombrado. San Agustín, en sus Confesiones, escribe: «En el fluir del tiempo hay algo que permanece: la atención de una conciencia que se extiende hacia el pasado, por la memoria; y hacia el futuro, por la expectación». 

***


Lo mismo, los mimso, ...la poesía verdadre ae siempre la misma y distinta, voz natural y diversa, pura y compleja, real y reflectante. Estación perenne, encuentro momentáneo, revelación de la poesía. Sigo con J.R.J., con unas palabras que encabezan el capítulo VI de Ideolojía: 

«Lo permanente nos mira sólo con el alma de lo sucesivo que ha pasado por su cuerpo».


***


No debemos olvidar la ética-estética, verdadera matriz del origen de la naturaleza del poeta. De la confluencia y armonía de estos términos en la vida y obra del poeta depende la verdad, es decir, el todo, de su Obra, que es su Vida:

«El deber del poeta es vijilar con su conciencia de hombre su divinidad inconciente, así el drama del poeta es que tiene que descifrar el secreto hermoso del mundo cantando».
Yo me quisiera detener
en cada cosa bella,
hasta morir con ella;
...y con ella, en lo eterno, renacer.

J.R.J., 1911, "Los cuadernos" 2, Unidad.

viernes, 1 de febrero de 2013

PASO la mañana leyendo a Petrarca. Estoy, con su palabra, presintiendo el centro. Leo Triumphi. Releo Triumphi. Vuelvo a leerlos. Su música, la palabra establecida en una verdad sonora, materia de la razón poética, me conduce a un estado de ensimismamiento. Petrarca es un poeta en el pleno sentido del término, poeta esencial que se encauzó por todas los posibles cantos de la poesía. Moderno y antiguo, perenne voz en la amalgama contemporánea de ralas poesías. 

Una poesía que brota de fuente limpia y serena, proveniente del huerto deseado de la razón poética. Ella desvela lo que somos en plenitud, desvela lo que presentimos y apenas intuimos. Ellla recoge lo velado a lo ojos, pero no al espíritu:

Ma ben veggio che ´l mondo m´à schernito,
e sento quel ch´i´ sono e quel c´i´fui
[...]

 De fondo suena Monteverdi, Zefiro torna e di soavi accenti.  

né "fia", né "fu", né "mai", né "inanzi" o "´ndietro",
chú mana vita fanno varia e ´nferma!



jueves, 31 de enero de 2013

LA tarde me deja al encuentro de Antonio Machado. Hacía bastantes meses que no volvía a la salmodia de sus versos. Hoy, espigando entre algunos poemas, me encuentro con subrayados antiguos que se vuelven nuevos, con palabras escritas en los márgenes que parecían estar burilando una fervorosa lectura. Releo expresiones que, en su momento, formaron parte de la lectura atenta y consciente; por ejemplo, habla el poeta, en "La Noria", de un poeta, metonimia de un corazón maduro cuyos atributos son  "de sombra y ciencia". 

De sombra y ciencia es la condición del ser humano, esto es, la confluencia de las sombras y de la ciencia en el hombre lo hace mortal.  


Por otro lado, leo en "Nuevas Canciones" un poema conocido, pero que hoy se ha sumado a algunas convicciones estéticas y éticas con su nítida voz: 

No es el yo fundamental
eso que busca el poeta,
sino el tú esencial. 


No he podido más que excitarme al leer estos versos después de la reciente lectura de J.R.J.. Escribe A. Machado en "Arte Poética":

[...]
Roto en tu espejo tu mejor idilio,
y vuelto ya de espaldas a la vida,
ha de ser tu oración de la mañana:
¡Oh para ser ahorcado hermoso día!


Cierro el libro con la emoción de la lectura y el regocijo de la memoria. Una memoria henchida de lagunas y de albos recuerdos del que voy siendo. El último poema que leo del poeta es el siguiente:

"Sólo recuerdo la emoción de las cosas,
y se me olvida todo lo demás;
muchas son las lagunas de mi memoria". 





miércoles, 30 de enero de 2013

LA poesía es una revelación evidente, cierta, natural, nisteriosa y plena. Es más viva que cualquier  nervio, más palpable que cualquier textura. Ella es razón luminosa; es el Ser revelado.

***

B-----E--------L---L-----------E------------Z--------------A.

***

C
E
N
T
R
O 
INDUDABLE

***

V
    E
       R
           D
               A
                   D Y E
                             S
                                E
                                   N
                                      C
                                         I
                                           A

martes, 29 de enero de 2013

ESTA mañana, en el paseo matutino con E., terminé de leer Idilios, de J.R.J. Nos habíamos sentado en un parque. E. y uno tras haber paseado un largo rato. E. observaba cómo jugaban algunos niños; yo, requisaba las minucias que un gorrión había abandonado junto a nosotros. Los dos allí, armoniosamente allí. 

*** 

El centro indudable nunca ha existido ni lo hará, todo él es un presagio idílico. 

*** 

El centro indudable es la evidencia de la inexistencia en el mundo. Todo en él es ajeno a lo mortal, a lo finito. Plácida presencia de Armonía y Naturaleza.

lunes, 28 de enero de 2013

ESCRIBIÓ Marcial en un hermoso epigrama: "El librito que lees en público, Fidentino, es mío; pero cuando lo lees mal, empieza a ser tuyo". Ocurre tantas veces la lectura sesgada y de la mayoría de autores, que el epigrama de Marcial estaría en boca de muchos si estuvieran vivos. ¿No es así, Valle?

Porque la transparencia es siempre un  murmullo sinuoso, que se muestra con tanta claridad que ciega y desordena la consciencia. Hay que tener, precisamente en la consciencia, la intuición de su existencia para darle cabida, para dejar que fluya dentro de uno mismo con toda su certeza y profundidad. Dante metaforizó todo este proceso en la Commedia: un pasaje guiado, de círculos, esferas, de silencios, soledades, advertencias de reticencia ante lo que parece y no es, ascenso y descenso, recorrido empedrado, ejercicio espiritual, amor, luz, estación total.    
UN y dos y ...suenan las palabras en la memoria de aquellas clases de solfeo cerca del mar. El profesor nos conminaba a levantar los brazos armoniosamente para que acariciáramos las ondas que emitíamos aún con voz blanca. Un y dos y ...había en ello una reconciliación con la anchura del mundo: parecía quedarse en los límites ternarios de aquellos niños. Un y dos y...volvíamos a aquella satisfacción, una y otra vez, de corrido, casi diseccionando el aire cargado de salitre que todavía pervive oxigenado en la memoria.

*** 

Distingo, de forma natural, los diálogos de las conversaciones. El diálogo lo prefiero enre dos personas, dos solos interlocutores; es la forma que prefiero para fructiferar en la palabra y el pensamiento. La conversación es más confusa, digresiva, casi siempe termina en un sucedáneo de distintos pareceres únicamente mostrados en público pero que casi no provoca reflexión o ahondamiento. 
Con respecto a ls silencios en las conversaciones recuerdo la lectura de Tao Te Ching:

"ser parco en palabras es acorde con la Naturaleza"



La lectura de este libro alumbra la grisácea mañana. Es un libro de estímulos inauditos, que detonan palabras y pensamientos que nunca antes habían desembocado en la mente de uno. Leo, con detenimiento, lo que había subrayado hace unos años. Recuerdo solo algunas frases, ciertas sentencias. Asombro. Unidad:

"por eso con el permanente no-ser
se contempla la esencia escondida (del Tao);
con el permanente ser
se contemplan meros indicios (del Tao)".

Esencia e indicios, la demediada condición del hombre; la lucha permanente de la consciencia.

*** 

J.R.J. da leccion es de filosofía mediante sus versos. Es uno de los poetas que hizo de la palabra poética pensamiento. De la palabra hermanada con la esencia, tan ligada a ella, tan cercana a ella, la estación de un nuevo fundamento. Puede uno leer en Idilios (La Isla de Siltolá, 2013) poemas como este:

¿La pintura?
Tu carne
desnuda.

 -¿La música?
Mi alma
desnuda.-

...la carne como la figuración y representación de lo material; la música, emparentada con el alma, con lo no figurado, con lo que está por debajo de todas las cosas, pero que es fundamento.El ser y el no ser permanente. La lámpara maravillosa. 

domingo, 27 de enero de 2013

HOY, E. me ha comentado que ha estado con A. a la sombra de una encina. ¿Qué hacíais?, le pegunté. Nada, respondió. Dialogábamos. Me ha dicho que le gusta los ojillos menudos de A. y que tiene unas manos redondeadas. Su piel, como la mía, -me ha repetido-, es un jeroglífico de ensueños.    A.   E. ...

*** 

HOY el mundo es un completo Idilio.

*** 
 ¿J.R.J. un aburrido, melancólico? Creo que era un divertidísimo señor con el que me hubiera reído mucho. Lo que sucede es que los que se acercaban a él, -siempre puclro de condescendencias a la impureza-, notaban que el personaje los obviaba.  Era la verdad toda irrenunciable.

*** 

Mudó la tarde de color las cosas 
y todo fue distinto [...]

Escribe J.R.J. Lo he leído esta mañana, cargado de emoción. La mañana transmutó sus tonos mientras la niebla se evadía hacia no se sabe qué certeza. Todo había mudado la color y fue distinto. Yo fui otro, mas fui más yo que nunca antes. Todo mudó: la mañana, la tarde, el color de las cosas que dictan las figuras a los ojos. Era ya sin ojos y sin figura. Sustancia plena. Merodeba en un centro que solo aroma su cuerpo con la verdad y la certeza. era una isla entonces, una isla desierta nimbada de idilios. Allí, siempre.  
 

sábado, 26 de enero de 2013


ESTOY aquí y estoy en la tristeza.
Vengo a ti, tierra, para ser la tierra,
para perder el hombre que me habita
y ser algo en la nada y ser algo en el todo
el aire, el fuego, el canto de la encina.


La calle melodiosa de un jardín de cipreses,
el cielo tan lejano de los pasos en tierra,
las hojas crujideras del silencio nocturno
y el salmo derruido de un profundo lamento
en plena soledad del canto en la semilla.   

viernes, 25 de enero de 2013

SIEMPRE que escucho a Beethoven anhelo que la prosa adquiera la sofocante y virtuosa manera del alemán para dictarle el mundo al otro.

Si Mozart sublima la claridad, Beethoven vertebra la  esencia.


jueves, 24 de enero de 2013

ESCRIBO con solo un dedo mientras sostengo a E. Ella no deja de abrir y golpear el libro de Valéry. Juega, juega con la cinta que sirve para separar las páginas, para dejar marcada la página por la que uno iba leyendo o a la que uno acudió por última vez. Cuánto desearía leer como juega E. 

Abre sin querer el volumen por la selección de textos que tratan sobre la conciencia y leo: "es una operación que tiende a trasladar una respuesta de origen no declarado. Lo que acabo de ser, necesita de lo que fui antes y éste exige lo que voy a ser". Y concluye: "La conciencia es percibir lo posible". 

martes, 22 de enero de 2013

HASTA hace poco tiempo, comenzaba a escribir tan solo en un Trópico. Antes, todo era uno; ahora, uno, todo es plural. No puede ser de otra manera. Un centro que es todos los centros. Quizás antes era también una pluralidad encubierta, diluida por lo que pensaba que era un todo. Y quizás, antes el uno todo era un todo plural. Sea como fuere, el uno y el todo, cosa antiquísima para que el contempla Naturaleza, se va distorsionando y, a la vez, confundiendo en las palabras. 

Siento que todo es una cuestión de desnudez de la cosa en sí. No tocadla más, que así es. No tocadla más, que así está siendo. 

Por todo, la palabra poética es siempre un murmullo de la transparencia, de lo que, en ocasiones, nombramos como claridad, naturalidad. Esa evidencia, porque la claridad es evidente siempre, posee unos ritos de silencio y soledad. Estalla, podríamos decir, en la soledad sonora; es ahí el poeta bóveda que recOge los ecos. 

Así que, cuando hace unos años comenzaba a escribir tomado por la efervescencia de lo literario, creyendo que solo la literatura era la fuerza teleológica que me motivaba a orillar en un cuaderno en blanco, estaba en posesión de fuerzas contrarias, ya que pertenecía y pertenezco a un rito del que soy ajeno, pero que se convoca en la palabra. Era plural y era uno, un uno plural, repleto de contrarios, de ritos, de murmullos, de desnudez, de cantos de la semilla, quizás, dirigidos por las contemplaciones: la consciencia inefable del estar siendo en el centro indudable.    
A POCO que uno va adentrándose en una obra artística, va poseyéndolo la consciencia de su insuficiencia para abarcar la Belleza. Quiero decir que el impedimento para que se produzca la comunión entre las formas y las sensibilidades está en el hombre. La materia artística, ya desgajada de su creador, toma la dimensión a la que no podemos acceder sin más. Por este motivo, el creador ya no se reconoce en ella, nada en ella le pertenece, ni nada de ella refleja algo de lo que fue. Ser algo en nada es pertenecer al todo de la contemplación. 

  

domingo, 20 de enero de 2013

Allí, allí, con lo nunca nombrado 
y quedará sin nombre; 
 [...]

Desde que me regalaron los actos de templanza he comenzado a escribir poemas lentamente. Vienen como del rayo, a fogonazos limpios, imprecisos, pero cerrados. Una página, un arranque, versos sueltos. La templanza en sí, el canto de la semilla. 

sábado, 19 de enero de 2013

"Lo poético sucede únicamente en cada individuo y aquel que no logra hacerse bóveda de lo poético, bóveda interna, acaso jamás comprenderá la salida de la aurora de la razón poética", escribí hace unos años mientras meditaba qué era vivir y qué era la literatura para, finalmente, caer en la cuenta de que eran el haz y el envés de la misma razón.  

***
En la Plaza de Santa Croce, frente a Dante, también leí a solas, el poema de Leopardi Sopra il monumento di Dante che si preparava in Firenze. Es este un poema que siempre me emocionó y al que recurro no en pocas ocasiones. Así, frente a sus creaciones más profundas y perennes, se mantiene este poema tan ceñido a una circunstancia, pero tan abierto y plurisignificativo.

***

Ya ha tomado cuerpo y presencia. Eso me abruma y colapsa todas las reflexiones. Conozco los síntomas de estos días preparatorios y antecesores a la nueva llegada, pero, aun sabiendo de su latigazo, todo vuelve a repetirse. Lo leo, releo, pero no me encuentro. Reviso y apenas reconozco al mortal que fui. Son todo presencias especulares del verbo, sugerencias. Eso sí, aromadas de verdad y sinceridad. 










viernes, 18 de enero de 2013

HOY me han aleccionado sobre el agradecimiento y la educación cuando en realidad yo mismo debiera haber sido el agradecimiento puro. Tenía miedo y una tremenda sensación de insensatez que me dejó sin capacidad de reacción. 

El centro indudable implica una transición en el que el poeta debe poseer plena consciencia. Ver en la oscuridad, intuir lo que no parece nada, ser algo en nada, dejar de ser para ser plenamente. En ese limbo intermedio, incluso los que poseen virtudes se hacen ciegos. Es ahí donde ser es querer ser. He recordado el pasaje del Evangelio:

 «La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está limpio, todo tu cuerpo será luminoso», San mateo, VI, 22.

Así en la literatura. 






jueves, 17 de enero de 2013

NADIE entiende al poeta, nadie. Y, lo más grave, él no sabe explicarse. Se acepta o no se acepta su naturaleza.  Él y todos, claro.
LA verdad siempre es dolor, pero cuando penetra en la consciencia, se hace Armonía.

*** 

NO le vale al poeta con describir el mundo: tiene que volver a hacerlo.

*** 

Naturaleza encierra el tiempo cíclico: renace de continuo. O, eso es lo que parece y todo es trayectoria incesante de lo mismo.

 



Tú te remontas por encima
de las cosas, murmullo eres
de la transparencia.
[...]

miércoles, 16 de enero de 2013

TODA la noche en vela, sin dejar de pensar fuera de mí. Escuchaba la respiración de E. en el silencio que nos arropaba. Era una cadenciosa y lenta manifestación de su ser: respirar, inspirar, donar al mundo, ser el mundo dentro de uno.  Acompasado, trataba de mantener su ritmo, pero los órganos, el cuerpo, delimitan nuestra presencia. 

Al cabo de un tiempo, me levanté de la cama parsimonisamente. Bajé al salón de la casa, encendí la luz y me vi a mí msmo leyendo en el butacón: no había subido a dormir entonces. Allí, ajeno de mí, leía una novela predilecta de Thomas Mann, Doktor Faustus. Mantenía un lápiz en la mano derecha y la mirada, aunque cansada, fija en las letras del voluminoso libro. La escena era de estupor y de maravilla. 

*** 

El escritor cree que su creación se produce ex nihilo. Sin embargo, a poco que la consciencia asoma en su contemplación, percibe que la obra estuvo ahí, en otro espacio que era su propia existencia; en un tiempo que no se vive en el exterior:  es el tiemp del ser. 
Quiero decir que el escritor desnuda lo invisible, despoja de artificios lo evidente que se manifiesta del ser para la estética. La creación es un proceso de desvelamiento continuo, de casi posesión inadvertida e inexplicable. Por este motivo, un libro de poemas contiene pocos o ningún poema verdadero; visto así, la prosa de una novela fuerza de continuo la naturalidad de la creación y se conforma con pocos pasajes puros y abisales.  


martes, 15 de enero de 2013

HACE un tiempo, algunos rehuían de las bitácoras porque suponían una mancha en su carrera de escritor; lo veían como un ejercicio. Hoy, esos mismos, quieren cobrar o recibir donativos por ello.

*** 

Esta tarde, después de leer algunas reseas sobre novelistas contemporáneos, decidi agarrar una novela de Thomas Mann. En efecto, El Doktor Faustus me sigue resultando la obra paradigmática, por sus temas y formas, del novelista alemán. En ella pueden leerse pasajes de este tipo: "Del encuentro de la grandeza de la muerte, añadía, nace una objetividad hasta cierto punto convencional, cuya soberana belleza supera  la del más desenfrenado subjetivismo porque en ella lo exclusivamente personal, el dominio de una tradición llevada a su más alta cumbre, se supera a su vez y, en plena grandeza espiritual, accede a lo mítico y a lo colectivo".

Páginas psteriores, Mann sigue ahondando en la dialéctica de lo subjetivo y de lo objetivo: "lo subjetivo y lo objetivo se entrelazan hasta el punto de no ser posible distinguir uno de otro. Lo subjetivo surge de lo objetivo, adquiere su carácter y viceversa. Lo subjetivo se formaliza en objetividad y vuelve a adquirir espontaneidad, dinamismo, como decimos, por obra del genio".

*** 
 
Reflexión y abismo, silencio, silencio nutricio. Un gran terror ante mis actos y mis palabras.   

 

sábado, 12 de enero de 2013

DORADO, como el sur al levante, se mostraba ayer el océano. Mi memoria no recordaba nada parecido, pero, ¿acaso contiene la memoria lo nuevo? La sensación fue de reconocimiento, no de extrañeza ni de turbación, sino de asunción y renacimiento. Fue la vida intacta ante los ojos y la consciencia.

viernes, 11 de enero de 2013

ESCRIBIR sin haber leído es como cruzar por una cuerda floja sin tener conocimiento del abismo que nos espera, agazapado, si cayésemos al perder el equilibrio. La escritura es una cuestión de equilibrio emocional en que el espíritu y lo sensible se armonizan a cada paso, conjuntamente, para dar en una melodía polifónica. Es así como he ampliado el devenir de este diario a nuevas dimensones expresivas, pues consideraba que se había mustiado en demasía, que se había convertido, -este diario, digo-, en una triste melodía monódica. 

El deseo de crear armónicos con la palabra es en sí una entelequia y una aspiración del verbo. La palabra solo puede armonizar la semántica, que no es poco, y, acaso, crear la sensación fugitiva de sonidos y esperanzas fónicas. Pero bien saben el lector y el escritor que, con el tiempo, las preferencias entre lo sonoro de la palabra y los sentidos de la palabra van determinando el tipo de escritos o de poesía que uno va pergeñando. Aunque es cierto que esta decisión no procura, ni mucho menos, que el poeta sea poeta y que su poesía sea poesía.

En una ocasión dije que el poeta joven comienza a escribir como un niño pequeño que acaba de conocer y descubrir el poderío sonoro de las palabras. Su vocalización todavía pertenece al asombro más que a una identidad, a una personalidad que se ajusta a lo nombrado. De esta manera, el poeta joven prefiere las sonoridades, las huecas piruetas verbales que poco dicen de lo esencial.  E., por ejemplo, me viene enseñando diariamente que el hombre es homo ludens en todos sus aspectos, incluida la poesía. Ella trata de ser poeta también: nombra con balbuceos lo circundante, a veces, con más criterio que los poetas adultos.

Sin embargo, un sueño oculto, un susurro permanente, un murmullo de la transparencia va tomando posición en la consciencia. Se va apoderando de la vida mima. Ese territorio interno es la encarnadura del silencio en uno mismo, la vivencia de la soledad polifónica...la soledad sonora, claro está. Así que, a medida que esta posición estética (que es, en puridad, éticamente pura) el poeta comprende su medida ante lo nombrado. Es ,en ese momento, cuando se produce la crisis absoluta de la consciencia, la crisis que provoca espanto, terror, miedo ante la labr de seguir libando en lo invisible. 

Es, en ese punto, en el que me encuentro cuando escribo estas letras en el Diario, tendiendo en cuenta, eso sí, que el canto debe provenir siempre de la semilla.

jueves, 10 de enero de 2013

HOY he deseado poseer el balbuceo de E. con toda su verdad y su desnudez. La he mirado al escucharla y ella me ha devueto la mirada y una sonrisa. Verdad, pureza, claridad, me digo meditabundo. E. ríe y sueña y observa el mundo, quizás vive much más que uno, patética y temorosa nota al margen. 

miércoles, 9 de enero de 2013

RILKE estuvo por primera vez en Venecia en 1908. Lo hizo en las callejuelas que enredan los sestieri de Dorsoduro y Santa Croce originados desde Zattere al Ponte Lungo. Se hospedó exactamente en el número 1471. Allí está la casa en que Rilke vivió esos días con las hermanas Romanelli, especialmente con Adelmina, Mimí en las cartas del poeta. 
Allí paseé la última vez que estuve en Italia. Durante varias horas recorrí las callejuelas aledañas (en Venecia, el término callejuela es inexacto, como ocurre con todo lo que se nombre de Venecia), tomando café, por unos momentos, leyendo algunos poemas, en otros. 
Aquí, hoy, amparado por el estruendo del rito de silencio que anida en la mañana neblinosa, han venido a la memoria las palabras que le dedicó Rilke a Mimí en una rotunda despedida y cierre de las relaciones sentimenales que se habían proferido. Escribió Rilke:

"no olvide nunca que pertenezco a la soledad; que no he de tener necesidad de nadie; que incluso toda mi fuerza nace de ese desapego. Y le aseguró, Mimí, le suplico, como a todos los que me aman, que amen mi soledad. De no ser así, tendría que esconderme a sus ojos y a sus manos, como un animal salvaje que se esconde de la caza de sus enemigos". 

El escritor pertenece a la soledad. No hay en ello tara mental ni carencia de cariños familiares, como piensan algunos estudiosos: es la naturaleza del hombre que vive el arte, que trasvasa el arte a la vida y la vida al arte. Es una acción plenamente solitaria, que no podría darse de otra manera, pues su naturaleza esencial es esa misma , tanto como la vida ascética, tanto como la meditación, la contemplación y el infinito del cosmos. 


Hoy me he quedado impresionado con un pasaje de la vida de Rilke en Duino. Al comienzo de su estancia en el castillo de Duino, no solo paseaba por el sendero que conduce al acantilado que desemboca en la playa Sistiana, sino que por las tardes dedicaba el tiempo a traducir junto a la princesa María un libro en italiano, aporovechando el conocimiento de la compañera. ¿Qué libro traducían lentamente, soneto a soneto, contraponiendo el soniquete del italiano a la dureza sintáctica del alemán y que fue el libro más cercano al origen de las Elegías? Para mi asombro, Vita Nuova, de Dante.

En el viaje a Trieste teníamos muy claro que debíamos dirigir nuestros pasos a Duino. Allí recorrimos el sendero que realizaba Rilke diariamente y en el que, según cuenta el propio poeta, escuchó, de entre las hendiduras de las rocas, una voz exterior, reveladora, inspiradora, del viento: 

"¿Quién, si yo gritara, me oiría desde los coros de los ángeles?". 

Es así como daba comienzo la revelación de las Elegías, de la primera elegía en concreto. 

En esta composición hay, además, un verso que acaba de alumbrar la mañana y de despojarme de todo en este ocioso día:
 [...]
"Porque lo bello no es otra cosa
que el comienzo de lo terrible". 
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En el comentario que realiza Rilke a la princesa María destaca un término en alemán. Dice Antonio Pau que "eigenmächtig" viene a significar "con fuerza propia", esto es, no sucedió que Rilke creara el comienzo del poema, sino que estaba ya ahí, ya estaba creado: él solo tuvo que revelarlo a los hombres. Esta escena explica, a la perfección, qué entiendo por Cuestión de desnudez y evidencia, pr otro lado, l que llamo la existencia de la estirpe de Orfeo. 

En cualquier caso, Rilke tuvo conocimiento, o en mejor decir, consciencia del lado oculto, misterioso, trascendente del mundo. Lo que en alemán se dice Weltinnenraum, es decir, "el espacio interior del mundo" de donde solo podemos decir los ecos, las sombras, las sugerentes presencias. El propio Rilke afirmó: "nosotros somos las abejas de lo invisble. Libamos desesperadamente la miel de lo invisible para acumularla en la gran colmena de oro de lo visible". Es el murmullo de la transparencia, el rito de silencio que provoca la contemplación interna y profunda de uno mismo. 

martes, 8 de enero de 2013


PABLO d´Ors apunta a una cuestión fundamental para el ejercicio literario, a pesar de que su libro, Biografía del silencio, reflexione sobre la meditación sin más, a saber: "es maravilloso constatar cómo conseguimos grandes cambios en la quietud más absoluta". Es precisamente la indagación del silencio y de la soledad sonora la que confiere a la estancia la sensación de movimiento, el álgebra del movimiento de los astros en uno mismo. No podemos obviar que el universo es un movimiento perpetuo que no notamos en noostros más que cuando ejercitamos la contemplación: que es hacerse paisaje, dejarse uno mismo olvidado. Sólo basta leer a fray Luis de León para caer en la cuenta de la belleza de sus poemas. 
En esa ciscunstancia, el propio Pablo atisba que: "hay más bien una suerte de instalación en un no-lugar. Ese no-lugar es el ahora, el instante es la instancia".

Ocurre con la creación literaria como con la meditación. De pronto, observa uno la existencia voluminosa que se agazapaba dentro de uno mismo. Para edificarla y sacarla a la luz es necesario, en principio, tener consciencia de ello únicamente en el silencio y en la soledad. De esta manera, el escritor tendrá establecido un sendero, que se difumina al instante, en que poder traer el canto a los hombres. Como Orfeo, la experiencia interna, vivida solo por él y jamás comunicable por extenso, será la materia de la vida. Escribe Pablo d´Ors: "La virtud del escritor radica únicamente en estar ahí cuando el libro se escribe, eso es todo". Todo y demasiado, "estar ahí" supone una estación preclara del ser para el escritor. 


Me agradan mucho los pasajes del libro en que se propone un abandono de toda rémora para interpretar abiertamente la realidad: "a la vida no hay que añadirle nada para que sea vida y, todavía más, que todo lo que le añadimos la desvitaliza". Eso es lo que ocurre cuando el poeta vuelca su vida en reuniones y cenáculos, la desvitaliza. Para colmo, luego trata de llevarla a lo poético creyendo que su vida, la añadida circunstancia superfical, es el centro de la poesía. 

Una de las claves del libro, Biografía del silencio, está en esta sentencia: "Mirar algo no lo camba, pero nos cambia a nosotros". La mirada que ausculta la quietud; el ser que se moviliza ante la dimensión inaprensible; la posterior transformación. Hace unos años esciribí, en este diario, que la literatura es la manifestación de la transformación y de la permanencia. Hoy sigo creyéndoo abiertamente.

 Es una confirmación a la que me aferro de un tiempo a esta parte. El arte cohabita con la espritualidad y estas dos dimensiones parecen hermandas por el Amor. El Amor, al mismo tiempo, está transido de Belleza y de Verdad. Así, estos términos y las posteriores consecuencias en la vida de uno, terminan por tornarse en realidades concretas con las que debe trabajar el poeta para trascenderlas. En cualquier caso, estamos ante la cuestión ancestral del yo que, com anuncia Pablo: "Ser lo que uno es ha pasado a convertirse en el máximo desafío".

En esa búsqueda de lo que soy medito, escribo, vivo lo que creo vida, escribo lo que creo literatura, medito lo profundo y necesario siempre alejandome de las tentativas, de los subterfugios que aparentemente son más beneficios. Todo ello en silencio, en soledad, desplegando un yo que me abandona. 

Entendidos estos parámetros como lo que afirma d´Ors: "no se trata de egoísmo o de indiferencia, sino de simple responsabilidad. Hay que responder de lo propio. En el tribunal de nuestra consciencia, tenemos que dar cuenta de lo que hemos recibido. De lo que vamos a dejar en el mundo antes de morir y abandonarlo".

lunes, 7 de enero de 2013

Entre las zonas de los columbarios y la Casa de Mitreo, en Mérida, hay un paseo de tierra, colmado de pinos y cipreses, que contiene unas tablillas con textos de Séneca, Cicerón y Epicuro. Fue un paseo breve, pero de inmensa belleza el hecho de arrimarnos a esos letrerillos con letras menudas que contenían las verdades de los autores antiguos. Destacaban las palabras de Séneca que, allí, encimando la tiera fría, en medio de un monte y de la piedra romana, parecía adquirir un halo de verdad más nítido que nunca. La vida, el tiempo, las ilusiorias manifestaciones de la verdad, la conjugación de lo pasado, lo venido y lo que está por llegar como el murmullo de la transparencia y la consciencia de ser algo en nada.   
 
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El mundo no es un impedimento para la literatura, el único impedimento es el hombre.

domingo, 6 de enero de 2013

EL frío en Mérida no nos hizo retroceder en nuestras pretensiones a pesar de que E., arropada hasta los ojos, me mirara en busca de alguna explicación a la dureza del paseo. Ya he dicho que E. ha venido a confirmar demasiadas cosas, la primera, la vocación literaria, si es que así puede llamarse a este impulso o arranque irrevocable de escribir. Vocación puramente interna que, sobre todo, brota al contacto con otros textos literarios, pero que, con el tiempo, se ha desplegado en las manifestaciones que a consciencia se observa en la realidad sensible. Es eso que llamo las contemplaciones, lo que personal e individualmente concibo como las contemplaciones.

E. ha venido a ensanchar los senderos de esas manifestaciones que se ofrecen a los ojos. Sus pies en la calzada romana, sus manos diminutas tocando el mármol que M.C. le acercaba como si estuviera trayendo la piedra filosofal, los ojos de E. clavados en la escena del teatro y las dimensiones de la tragedia antigua y las teselas que ofrecían una disposición aritmética que llamamos, por convención, figuras y mitos. La ignorancia aparente de E. ante las teselas, que ofrecían una imagen figurativa, es la misma que poseo yo cuando observo la noche y los astros. Teselas de mármol en la tierra, teselas de luz en el cielo. 

El que vea en un hijo un problema para seguir leyendo y escribiendo es que no estaba situado en la directriz de lo verdadero que surge desde dentro. Esa directirz es inexpugnable a cualquier circunstancia, es más, se hace fuerte y más honda cuando se encuentra achicada y asediada por el tiempo mundano. Un hijo no viene sino a confirmar la búsqueda del sentido de lo que somos. Es vida de vida, una acción que aúna lo material y lo espiritual en el hombre, entre dos hombres y que desarrolla quizás lo que nos ha vnculado desde nuestro origen: el amor. 

A partir de estos días, lo que parece en la realidad rémora para poder escribir, debo convertirlo en materia literaria. Lo que parezca un impedimento, será palanca estética, lo que remede a un lastre será brío y resurgimiento. la realidad sucede fuera de nosostros y el individuo debe hacerla llegar a su espíritu a través del alambique de la consciencia, por ese motivo todo es filtro y renuncia, excepto lo que si dejamos fuera de nosostros, lo literario, nos hiciera estallar y desaparecer,es decir, nos hiciera deja de ser. 

sábado, 5 de enero de 2013

 PUEDE el escritor atisbar cuál es la naturaleza indudable de la sustancia artística, pero existe un ir más allá que conduce al interior nunca explorado de uno mismo, allí donde se resguardan las incógnitas del hombre. La pregunta esencial y que decide la dimensión de la obra del escritor, -y del artista verdadero en general-,: ¿cuál  es la naturaleza del centro indudable?



viernes, 4 de enero de 2013

HACER sonar la voz que habita dentro de uno mismo...
ACALLADO por mi mísera condición. 

Reflexión absoluta de todo.

Lo primero, lo más nefasto: el yo.

miércoles, 2 de enero de 2013

Poseído por las dudas y por las incetidumbres de las preguntas axiales, ¿quién soy y qué me sustancia?

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¿Qué fue antes del Big Bang?