sábado, 23 de marzo de 2013

CIELO de lino con asomo de tormentas. Lenta meditación de los pájaros en el árbol. Contorno desfigurado de los objetos en el horizonte y sueño de paz, de idilio, de misterio. 

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Ayer hablaba con Montero Glez de literatura. Estábamos en Sanlúcar y tomábamos un café cuando la tarde terminaba de fundir sus oros con el mar. Aldecoa, Valle-Inclán, Hemingway...todos los escritores a los que se refería Montero parecían cantaores flamencos o toreros en retiro, vestidos de corto. Lo hacía con pasión, mostrando su admiración hacia ellos y, quizás, el deseo de alcanzar en sus libros el resorte de los buenos escritores. Ay, cuánto vale un quejío, el duende, en literatura. De ahí, al mercadeo, "no conozco las modas", decía, "solo la Literatura". Y yo reía con el equilibrio del centro y apuntaba en una libreta algunas impresiones.¿Has leído La lámpara maravillosa?, pregunté. "Soy de Luces", macho, contestó.Reíamos, pensábamos, leíamos en imaginación.


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Me limito a estar y a contemplar, estoicamente a vivir la literatura.   

viernes, 22 de marzo de 2013

Apuntes al natural para su posterior comprensión:

-Hombre ácrono: poeta.

-Extraño a los otros y a uno mismo.

-La espera infinita

-Leer es querer ser la obra, desear ser la obra.

-Novalis a Schelgel: "toda la naturaleza tiene vida y alma".

-La soledad y la tiniebla.

jueves, 21 de marzo de 2013

LA NOCHE, la noche nos coloca al descubierto. Con la desnudez de los astros podemos comenzar a emprender el camino de la búsqueda. Lo primero, desasirse de uno mismo siguiendo el lema de los oráculos. Después, rasgar con el canto las lascas al silencio. 

La noche, la noche nos alumbra cuando orillamos en ella, cuando colocamos nuestro cuerpo lábil en us anchuroso espacio. Espacio, sed de cielo.


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Tras leer con fervor las misivas de M.W. comencé a escribir una carta sin destino. En ella dejaba muy claro que el arte literario o posee emoción y verdad o no es nada. Es la autenticidad que se advierte en cuanto uno coloca los ojos sobe el papel y prosigue de continuo la lectura de un libro. la misma, pero al contario, cuando el poema prpne un encrspamiento de la vanidad y de vacuas palabras. Esa emoción es la literatura vivida y es genio y talento que no se aprende, es decir, es la vida en literatura, como le ocurre a Cervantes o a Montaigne. 

Otra carta de A.M., desde Francia, detona en mí sentimientos contrarios. Una alegría contenida somete al pudor que reina casi siempre. Son notas escasas, breves, pero para un aprendiz como uno suficientes cuando provienen de lectores admirados. Porque ser lector virtuoso es una virtud y una condición para que comience la aristeia y el areté del ars vivendi

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Ante la belleza de naturaleza no cabe pensar en el azar. Dicen los científicos que lo que vemos del espacio es un cinco por ciento de su plena realidad. No tenemos ni la más remota idea del lugar en que vivimos y pretendemos, además, desde nuestra corta inteligencia, entenderlo y explicalo todo. Ahora estoy en la azotea, lanzando mi mirada y, con ella, mi espíritu a la inmensidad que penetra mis ojos. Me desahogo de mí, de la energía acumulada y trato de incardinarme en una armonía de equilibrios y auroras. 
 



 

miércoles, 20 de marzo de 2013

CON Montaigne no deja el lector de caer en la sorpresa. Acude uno a un texto guiado por el título de la misma y, sin saber cómo, el ensayista francés lo va secreteando todo hacia otra luz, hacia otro entendimiento. Leo, por ejemplo, un texto titulado De las vanas sutilezas y subrayo lo siguiente, pues recoge no pocas de las percepciones que uno tiene sobre el afán de sabiduría que existe en el mundo actual, tan ligado al ámbito científico y a la primacia del razonamiento positivista: "Puede decirse, con verdad, que hay ignorancia analfabeta, la cual va antes de la ciencia; y otra doctoral, que viene tras la ciencia: ignorancia que la ciencia hace y engendra, al igual que deshace y destruye la primera".

Cree el hombre que la "ciencia doctoral" es el entendimiento de la supremacía. Todos los que poseen titulaciones académicas, los que han investigado profusamente sobre un tema, los que se ensalzan como conocedores de esta o aquella disciplina porque conocen la técnica porque han leído libros sobre el asunto de marras, todos, en defnitiva, los que aplican al arte y a la vida el rigor de la ciencia creen comprenderla y dominarla. No pueden estar más equivocados en mi opinión. Si es sucede es porque se ha producido un envilecmiento de la vanidad, un encrespamiento del ego. El dominio o pensar que uno domina una disciplina artística es síntoma de la egolatría más absoluta.  

Esta postura puede que sea válida para el estudio de una disciplina o para comprender, con más profundidad, el qué de ciertas realidades; pero no sucede así en el arte. El exceso de técnica en el arte empobrece, deja el brillo a escondidas. Es más, a veces, hace desaparecer el arte hasta reducirlo a una fría y monótona ejecución técnica. Conocer la técnica no es conocer la esencia y el arte, por mucho avance que tengamos en los procedimientos; todavía y siempre el arte encierra un misterio. El que no lo entienda así tan solo reproducirá falsetas vacuas, plantillas frígidas de espíritu. Perecerán con su propio autor, nada más, no se incardinarán en el devenir del hombre. 

Es el propio Montaigne quien lo explica para mi sorpresa. Coincido con su apeciación de un tiempo a esta parte y así quedó escrito en su momento. Dice Montaigne: "La poesía popular y puramente natural tiene unos ingenuos encantos por los que puede compararse con la principal belleza de la poesía perfecta según el arte; como puede verse por los villancicos de Gascuña y por las canciones traídas de las naciones que no conocen ciencia alguna, ni siquiera la escritura. A la poesía mediocre que se detiene entre las dos, se la desdeña sin concedérsele honor ni valor". 


martes, 19 de marzo de 2013

TODO, hasta el momento, ha sido una yuxtaposición que busca su armonía.

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Bien pudiéramos tomar este verso de Virgilio como un etopeya de  la figura del poeta:

"Mens immota manet, lachrimae volvuntur inanes".

Su alma parece inmutable, sus lágrimas corren en vano. 

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Hoy he ido a montar en bicileta en homenaje a Tolstói. Había leído con emoción cómo, en los letargos espirituales, el escritor se dedicaba a aprender a montar en bicicleta por el campo. Hoy he sido Tolstói:. Hoy estaba poseído por un letargo espiritual del que no me recupero. 
Se han sucedido varias estampas en la vida que suponen un cambio, una verdad que debe revelarse al fin. Me resisto a que eso suceda, pero la evidencia es tal que la verdad supera los conceptos.

lunes, 18 de marzo de 2013

En De amicitia, de Cicerón, existe una defensa del amor por encima de los intereses particulares. El latín lo proclama con más armonía: "Amor enim, ex quo amicitia nominata, princeps est ad benevolentiam coniungendam". En ese mundo romano, el concepto de fides era uno de los principios fundamentales para poder desarrollar la confianza en el otro, es decir, la fides para alcanzar la honestidad, la honradez, el compromiso, la recta moral, todos los elementos que conformaban, para Cicerón, la consciencia misma del individuo. 
Toda vez que el individuo desarrollaba esa virtud individual se podía entregar al otro en la confianza sin ambages. Junto a la fides estaba la constantia, la incesante búsqueda de la virtud, la firmeza en el juicio sobre lo que supone el amor en acción hacia el otro, sobre eso mismo que tanto escasea en estos siglos de avances tecnológicos y retrocesos sentimentales.  

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En la prosa de Tolstói se impregnan las ideas con un estilo mineral, rayano en lo agrícola. Una sintaxis que arranca siempre del lector un ímpetu extraño, procedente de un discurso cargado de verdad, de una propuesta insoslayable. Observo las fotos en Yásnaia poliana, del escritor andando vestido con harapos, con la barba de patriarca bíblico, con las manos desgastada de ayudar a los campesinoa a segar. Ama montar en bicicleta.


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El poeta es un filósofo, quiere provocar la armonía entre lo nombrado y lo que nombra, entre palabra e idea. Y es en el traycto, en la búsqueda de esa nominación del mundo cuando el poeta ejerce un magisterio estético que es ético.   

domingo, 17 de marzo de 2013

AYER, en una librería, en el pueblo, año de 2013, después de que en el mundo occidental podamos leer la palabra de Platón o el verso de Rilke, abrí uno de los libros de poemas que acaban de publicar. El autor, F.L., es alabado por muchos. Qué triste lo que hacen con la poesía y qué bárbaros los no-poetas.

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HOY son las seis de la madrugada y leo a Tólstoi. Comencé a escribir cuando terminé de leer aquellos pasajes en que Lev se refiere a vivir, a ser. Son ahora las ocho de la mañana. Sigo leyendo. Vida. Plenitud. Somnolencia. 


Al final, terminé comprando Diarios (1895-1910) de Lev Tolstói, en la edición y traducción de Selma Ancira. En la primera página puede percibir uno la hondura de pensamiento y la extraordinaria sensibilidad del escritor ruso en cada palabra, en cada tramo de la realidad que nombra; se refiere a la vida vrdadera con estas palabras: "Lo que hay de confuso en su concepción proviene de que la gente no reconoce que vivir es participar en el proceso de perfeccionamiento de uno mismo y de la vida. Ser mejor y mejorar la vida".

De Tolstói asombra el humanismo que empapa sus escritos. Desde su más estricto entendimiento individual, siempre hay en su paabra una proyección hacia lo humano; eso es un magisteio en extinción, que nada tiene que ver con la literatura actual: "La vida verdadera está en el mvimiento hacia delante, en el mejoramiento de uno mismo y en el mejoramiento  de la vida del mundo a través del mejoramiento de los otros seres humanos". 

Estremecido, después de leer la entrada del día 26 de febrero, escrita en Moscú ("Enterramos a Vániechka...), salgo a dar un paseo a la playa. La desembocadura muestra, al fondo, junto a la silueta de Doñana, una neblinosa prsencia que se introduce en el alma, que se introduce en la vida misma.     



sábado, 16 de marzo de 2013

VISIONES y símbolos. Escribe Dante al final de Vita nuova: "Después de este soneto se me apareció una maravillosa  visión, en la cual vi cosas que me indujeron a no hablar más de aquella bendita hasta que no pudiese tratar de ella más dignamente". María Zambrano señalaba la virtuosa conjugación de la prosa y el verso en este volumen y destacaba, igualmente, la hondura cabalística y simbólica de las páginas: Amor, Naturaleza, Poesía.

Estamos en Sanlúcar de Barrameda y el único libro que traigo conmigo es un libro de literatura actual; es el volumen de las Obras completas, de Dante, editadas por la BAC. Me dirijo a las páginas de Vita Nuova, escritas en 1293 y probablemente consideradas la primera creación literaria del excelso poeta italiano. Incluso hay quien ve en ellas una suerte de pórtico para la Commedia. En cualquier caso, qué contemporáneo es Dante.

Aunque, después de releer Vita nuova, parece que se hace necesaria la lectura de la obra más platónica de Dante, Convivio. Un banquete es el alimento del alma y del cuerpo: "Hay que huir de la alabanza propia como de un mal accidental, porque no se puede uno alabar si que tal alabanza se convierta mayormente en infamia". 

jueves, 14 de marzo de 2013

CADA vez más, hay una multitud ajena en mí mismo, aunque todos dancen alrededor de un mismo centro del que sé ya cuáles son sus infinitos.

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El tiempo es el devenir de la claridad. 

martes, 12 de marzo de 2013

EL problema para Bach era el siguiente: "Es posible hacer una auténtica polifonía armónica?". Es más, pensaba, ¿es posible una armonía que suscite las apariencias de la polifonía?". 

La suerte de un poema está sujeta a la conjunción de estos dos términos: polifonía y armonía o, si se quiere, armonía polifónica. El poema aglutina el tiempo, no lo narra; el poema condensa el espacio, no lo describe; el poema armoniza el yo con su condición categorial, no lo sustantiva. 

El poema, murmullo de la transparencia, convierte la palabra en deseo musical; el poema, rito de silencio, trasciende el significado de la palabra al misterio y a la pura energía ancestral.  

lunes, 11 de marzo de 2013

TODA expresión de suprema belleza es un divino centro que engendra infinitos círculos”. Sí, es un texto de Valle-Inclán perteneciente a uno de los libros más luminosos que uno puede leer de la literatura española y al que poco o nada se dedican los que deben hacerlo, los que deben sonsacar de la maleza las luces de la palabra literaria. La lámpara maravillosa alumbra esta tarde yerma de cromátcias estampas con sus escultóricas frases y sus edificaciones esenciales; ejercicios espirituales, se subtitula y con ellos ejerzo el mío propio, dejandolo ir de aquí a acullá de la palabra poética. 

El centro, es el centro indudable rodeado, cómo no, de círculos, circunferencias y circunloquios con los que la palabra merodea a su alrededor; la palabra y la consciencia del lector y del escritor.Porque pertenece a otro mecanismo lo poético, Valle-Inclán escribe con delicia lo siguiente: 

 “El verbo de los poetas, como el de los santos, no requiere descifrarse por gramática para mover las almas. Su esencia es el milagro musical.”


El autor de Luces de Bohemia sutiliza dos acciones fundamentales: la meditación y la contemplación, para orillar a un espcaio inadvertido para el creador, a saber: "El Alma Creadora está fuera del tiempo, de su misma esencia son los atributos, y uno es la Belleza". 
En ese espacio opaco para el ser hasta que lo desvela la consciencia es en el que la "lámpara" comienza a alumbrar. ¿Recuerda la antorcha, la lumbre con la que uno baja? En palabras del autor: 
"La lámpara que se enciende para conocerla es la misma que se enciende para conocer a Dios: La Contemplación. Y así como es máxima en la mística teológica que ha de ser primero la experiencia y luego la teoría, máxima ha de ser para la doctrina estética amar todas las cosas en una comunión gozosa, y luego inquirir la razón y la norma de su esencia bella". 

 Nada de esto tiene vínculo con la erudición, con lo que Montaigne desestimaba en defensa del conocer, del conocimiento puro de la esencia. Prosigue Valle-Inclán y con él diluyo mi verbo en estas notas sueltas de invierno:

"Pero siempre del significado sensitivo del mundo, como acontece con la conciencia mística, se les alcanzará más a los humildes que a los doctos, aun cuando estos pueden también entrever alguna luz, si no se buscan a sí mismos ni hacen caso de su artificiosa sabiduría.  



domingo, 10 de marzo de 2013

AMANECE, que no es poco. Contemplo cómo la luz del astro va tejiendo la medida de los objetos a los ojos. Cómo lo hace me resulta poético: natural, pausado, con claridad. Cuando la luz en la mañana comienza a edificar el mundo para el hombre, ya ha querido ofrecer lo profundo en la noche. Haz y envés, discurso y llama doble.
Entonces el hombre es Jano y sus ojos son el retorno de la claridad. Como la música, puede ser vista y escuchada sin sonidos, tan soo proclamando en la consciencia su figura. 

Así quisiera la palabra que escribo; una palabra que brotara en silencio, de las raíces sumergidas, desde lo profundo, hasta tornar la realidad en una figuración y en una ensoñación. Anhelo que la metamorfosis que proclama la palabra poética ocurriera sin aspavientos, pero removiéndolo todo para el que se enfrente a ella. Una palabra que nombre lo antiguo de forma nueva, verba que traduzca el sentir de un individuo, el parecer de un solo hombre en la consciencia colectiva del mortal. 
 Desde lo individual devenir en pluralidad, desde la pluralidad arrancar a lo individual su esencia.  

  

sábado, 9 de marzo de 2013

SUCEDE cuando el diálogo es fructífero, esto es, cuando se produce un diálogo verdadero: soy incapaz de escribir a continuación. Necesito alejarme de los ecos y de las palabras del otro. En puridad, me ocurre lo mismo cuando realizo una lectura de Cervantes o de Thomas Mann, se hace necesario un tiempo de espera, pues la consciencia tiene que ubicar los conceptos y las palabras en el lugar en que nunca hubo nada o en el que había marros e imprecisiones. Podríamos decir que la palabra, cuando brota de la verdad y de la justicia, sea esta oral o escrita, es un bálsamo, el bálsamo del mortal. Lo demás es silencio.   

Lo más grato de todo diálogo es confirmar que el interlocutor es fundamental para que la palabra, siempre dudosa, siempre matizable, es sometida no al yo esencial sino al tú esencial. No somos nosotros más que cuando a través de la catarsis de la palabra somos otros. Y eso sucede con el diálogo, con la forma de comunicación que escogió Platón para presentar sus teorías. 

Decía que necesito que alguien sacuda mis incertidumbres para poder renacer de nuevo en las creencias. Es un ejercicio fundamental, con el que el ego se enfuerece y nos tiraniza, pero con el que necesitamos regresar a lo profundo de nosotros mismos con la lumbre y la antorcha de las ideas. Por desgracia, escasean los interlocutors de este tipo, los que destapan la consciencia y meten sus manos en la mollera de uno, pues las reuniones y cenáculos de literatos, de supuestos literartos, organizan festivales de la vanidad, hogueras de la egolatría. 

Escasean los interlocutores porque el individuo contemporáneo ha perdido su consciencia de mortal, de estado de vigilia permanente. Es el tiempo del camino de lo venidero, del abandono del espíritu de este tiempo para ahondar y caminar por el espíritu de la profundidad. Eso o el abandono del centro indudable. 

viernes, 8 de marzo de 2013


SI los actos son puros y participan de la verdad son, por tanto, actos de justicia. Platón pensaba de la Idea al mundo y por ello creía que la relación entre lo uno y lo otro era de presencia del absoluto. Así, si alguna acción, algún hombre, alguna creación participaba de lo justo, lo bello o lo verdadero mantenía un relación proporcional con la idea ilimitada. El camino a la inversa, de lo particular a la Idea, conlleva una relación de participación de lo minúsculo en lo mayúsculo. Es decir, presencia y participación de y con el absoluto.

Para Platón, el filósofo, a pesar de su estado de contemplación insuperable, pues, suponemos que ha llegado a vislumbrar las ideas puras, debe volver a alumbrar a los demás. A pesar de todos los mitos mistéricos que se encierran en esta recomendación de Platón en su República, el filósofo debía, finalmente, acceder al ámbito público, pues no estaba cargado de ninguna falacia, sino de verdad plena. Por este motivo, porque los filósofos llevaban la justicia a un mundo organizado justamente, Platón recomienda que sean ellos los verdaderos gobernantes.

Sucede lo propio con la literatura.  Afirma Platón en Timeo 27d: “¿Qué es el ser eterno, el que no tiene nacimiento? ¿Y qué es lo que nace y perece, pero nunca es realmente?".


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Schopenhauer enseñó con suma claridad las características y virtudes de la música en relación con las demás artes y manifestaciones del hombre. Nunca olvidaré esta afirmación: “la música, al trascender las ideas, es totalmente independiente del mundo fenoménico, lo ignora absolutamente y, en cierto modo, podría existir aunque el mundo no existiese, lo que no puede decirse de las demás artes”.

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El silencio rotundo y la soledad sonora edifican, en el ser de cada uno, un mundo ajeno. Ese mundo, objetividad del espíritu, lleva al poeta a desear ser otro mientras está siendo. También a no temer la exposición pública, es más, la desea ya que su palabra está impregnada de verdad y de justicia y de belleza. Estos deseos deben ser proyectados en lo público cuando se produzca el momento, con fervor y fidelidad. No son búsquedas y necesidades de la vanidad, para el que ha contemplado la idea no existe su propio sujeto: es otro, se sabe otro, perpetuado en la verdad.  

jueves, 7 de marzo de 2013

LA transparencia, Dios, ...clamaba el poeta. Hay un desierto invisible a los ojos por el que poeta deambula: es su vida, la vida ajena. Ese desierto es la plenitud otorgada, en la que no hay límites previos, ya que es el propio poeta el que los marca y el que los traspasa. Depende todo de su consciencia.
Para deambular por ese desierto invisible, de música silente, el poeta mantiene la fidelidad en el silencio y la soledad, así como en las amanecidas que cícliamente le advierten su presencia mortal. Ante ese reino de lo ignoto, la palabra debe ser semilla.    


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Lo primero que hizo E. al ver el naranja fue intentar escaparse de mis brazos para agarrar el libro. Parecía que ella estaba ya a la espera de esa cubierta, aun sin saber que ella misma es materia y forma de la poesía.

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Una de las vetas de este Trópico se titula Cuestión de desnudez. Nació por el deseo de escribir sobre la desnudez de la estética poética que tan necesaria creo para la poesía, para comprender con pureza el discurso de lo poético.
Hoy, en el frescor de las palabras de J.R.J., leo conmocionado lo siguiente: "Lo desnudo siempre es nuevo. Lo vestido, más viejo cada vez".

Esta síntesis recoge con exactitud la idea central de mis intenciones pretéritas: no ir arropando la palabra, sino conducirla a la desnudez, a su desnudez, a la desnudez de la propia palabra. 

miércoles, 6 de marzo de 2013

DESDE esta mañana me invade un miedo enorme, que nunca antes había atravesado mi cuerpo y mi alma. Es un miedo gozoso, pero sobre todo un terror que zumba y zumba en el silencio. Pareciera una consciencia ajena a este cuerpo mío, a estas manos mías que pretenden la alfarería del espíritu. Ars vivendi...

Para contrarrestar esta sensación amontono encima de la mesa algunos libros: Dante, Montaigne, Lucrecio, Platón, Rilke,...leo, leo y leo. Es lo único que entiendo y que soporto en estos días. Leer: actuación viviente. 

martes, 5 de marzo de 2013

...una vida y el adiós. Canto errante, armonía sin alcance: poesía. La palabra y el mundo. Misterio.

lunes, 4 de marzo de 2013

LAS más de las veces afirmo que la música siempre es conocimiento iniciático y que, a diferencia de otras manifestaciones artísticas, es misterio, enigma y siempre verdad. Por eso conmueve en el espíritu hasta desgajarlo de sí mismo; es la única manifestación humana que proviene de la matemática y de la aritmética y que demuestra que el fundamento del arte no reside en la técnica sino en otra dimensión, indescriptible, en lo que solo es cognoscible. Por esto mismo, sólo los genios y maestros logran proyectarlo en su obra hasta la orilla de la humanidad.

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En Escocia el paisaje se trueca el alma de tal manera que solo podía uno mantenerse erguido y solemne ante aquellos acordes de Naturaleza. Las montañas, las laderas, los riachuelos atravesándolo dolorido y perenne, los verdes armonizados por un cielo siempre mesurado y húmedo. Y el silencio sobrecogedor, necesariamente meditabundo y poliédrico que se entremetía en la respiración. 
Las figuras en el horizonte adquieren en Escocia una sublime estancia. El olor, el olor era sacramental y primitivo. Parecía conducir a un origen ya olvidado de nosotros mismos, al silencio en que restallan las música prendida del origen.  

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Caravaggio es uno de los pintores, si no el mejor, que se ha valido de los efectos de la música. Baste contemplar la figura, extasiada y mediúmnica, andrógina y mortal,  que se ofrece en "Joven tocando el láud". Belleza, matemáticas, naturaleza, amor idealizado: "Voi sapete ch'io v'amo"...

domingo, 3 de marzo de 2013

LA alegría toda de los árboles, de la tierra, de la luz y de todo lo creado. Chestnye startsi.

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La poesía verdadera es esotérica, proviene de lo profundo, de dentro; no sucede como con otras artes, no es un oficio aprendido. Por eso, no hay peor consideración para un poeta que la que se resume en la expresión "tener oficio"

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Nuestra consciencia se guarda en un templo individual. El mortal que escoge a sus maestros, al hilo de Ariadna, despierta y alumbra esos estados latente en el espíritu. Así, hasta que lo convertimos todo en sentido unívoco, indudable. 

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HOY, asiento violentamente cuando leo en un pasaje de Luz de vísperas, la novela de Mauricio Wiesenthal: "La obra se impone a la vida del artista. Le esclaviza, le somete, puede incluso matarlo. El pobre artista no tiene nada que hacer...hasta el punto que se convierte en un simple médium de esas intuiciones". 



sábado, 2 de marzo de 2013

UN lector-escritor, eso es todo. Un lector que vuelca sus energías y ambiciones en leer, leer con tino y virtud. Es tanto este ejercicio que ocupa toda una vida y la justifica, a pesar de los conatos de escritura a los que pudiera llegar uno. Meros ensayos, meras bagatelas al lado del fundamental ejercicio de leer. Leer es vivir. Leer para vivir, como decía Flaubert.


En estas décadas es dificilísimo ser un buen lector, pues existe demasiada confusión, cuantiosas publicaciones nefandas, un torrente de medios de comunicación que se alza en defensa de los mismos escritores de su grupo y ,cada vez más, la inexistencia de interlocutores que hagan crecer las lectura dentro de uno. Porque las lecturas se avivan en la memoria, se recuperan dentro de uno cuando se produce el milagro del diálogo entre dos mortales.  

Han confundido a la masa convenciéndolos o haciéndoles creer que el acto de leer es un acto de entretenimiento que pertenece a lo culto. El que lee un libro siente que vive por encima de la medianía, que pertenece a otro estaus social, a pesar de que el libro sea un tóxico elemento para su vida. No importa qué sustancie el libro, es únicamente el acto de leer. La lectura encierra todavía una impronta culta para la sociedad, pero los avenidos e intermitentes lectores están creyéndose pequeños demiurgos. Así las cosas, el lector verdadero, ese que considero lector de vida, lector de las obras capitales del espíritu humano, ha terminado en un rincón de la sociedad, aislado, inservible total. Es un peligro para el resto, pues evidencia el derrumbe cultural y libresco al que ya hemos asistido. Él mismo, ante la falta de interlocución y de diálogo, renuncia al malgasto de energías y a la revolución: es resistencia silenciosa.
 El lector puro es el que deja en evidencia al grupo que se piensa lector. Con tan solo su memoria ese grupo termina siendo humo, fantasmagoría. No me refiero con ello a la memorización de títulos y obras, antes al contrario, apunto a la capacidad de profundizar y pensar los textos. he aquí la cuestión matriz de todo. Sin embargo, el lector prefiere el silencio y seguir poseyendo la consciencia alejada de mera doxa.       
Es complicado que el lector contemporáneo pueda hablar con un interlocutor, pongamos por caso, de los filósofos griegos o de que alguien, en algún momento de la conversación, se dirija hacia la literatura de Cervantes o de Thomas Mann o de J.R.J. o de Dante sin caer en clichés o en manidas impresiones.

Existen lectores y escritores de oficio: eso es una calamidad. La literatura exige un grado de fervor y de fidelidad desconcidos para los que públicamente exhiben sus palabras. En la literatura se produce un llamamiento a la libertad y a la verdad irrenunciable. Eso mismo, esta esencia, es la que falta en el panorama de los allegados a la literatura, entre los que creen que sus opiniones están construyendo el devenir de la palabra y de la ficción.

A la lectura llega uno desnudo en cuerpo y alma. El único sustento que posee el lector es la intuición y el ansia de verdad y de belleza. Podríamos afirmar que la conjunción de verdad y belleza en la obra literaria es lo que se llama Justicia literaria, esa evidencia inexplicable por el resto. Con estas premisas, cuando el lector comienza una lectura, rápidamente comprueba si el libro de marras merece la atención y la vida otorgadas. Es así cómo el lector se va transformando con los años, se hace más incisivo, selecciona los libros, vuelve sobre los mismos textos...así, hasta tejer un tablero de vida, un telar de referencias literarias, filsóficas, artísticas y científicas, en general, que sustentan su propia vida y que resplandecen en sus propias palabras. 

El proceso de transformación del lector es muy parecido al del escritor: ambos abandonan su ego y entregan sus días a las palabras de otro. Aun distintos, los dos conviven en el mismo territorio, en un trópico infinito, pero siempre colmado de vida.  


  

viernes, 1 de marzo de 2013

ESTAS palabras de H. Hesse, escritas en su prodigioso Lecturas para minutos, me han recordado esta mañana de lino a J.R.J.: "El genio, allí donde surge, o acaba estrangulado por los que le rodean o es él quien les tiraniza a ellos; le aclaman unánimemente como la flor de la humanidad y, sin embargo, provoca en todas partes miseria y confusión, aparece siempre aislado, condenado a la soledad, no es hereditario y presenta siempre cierta tendencia a abandonarse a sí mismo". Las anoto en este diario como un ritual de silencio que parece confirmar algunas impresiones sobre cómo la crítica literaria y los llamdos estudiosos de la literatura han querido verter la trama y la historia de los poetas.

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Últimamente escribo cuando la madrugada va llegando a su coda y las luces primeras comienzan a abordar los objetos y las ideas. En ese tránsito de la noche al día es cuando mejor entiendo algunas cuestiones de la vida. Me acerco a un neblinoso origen, a un lugar del que no puedo renegar su presenca. Sucede todo con una naturalidad que ambiciono cuando comienzo a escribir. Esa naturalidad, que incluye una fusión de lo uno en lo otro, es la que deseo en el pensamiento y en la palabra que trata de expresarlo. Así, todo parece un vuelo hacia un lejano esplendor de auroras y rocíos inaugurales.  

Hoy he recordado algunos versos de "Introducción" con los que William Blake da comienzo a Songs of experience (1794), libro que releo ahora en la traducción de José Luis Caramés y Santiago González Corugedo: 

¡Oh tierra, oh tierra, regresa!
Levántate el rocío de la hierba;
la noche se ha agtado,
y la aurora
se levanta de entre la masa de los sueños.


Al recordar estos versos, me he dirigido a las baldas para rescatar el menudo libro del poeta de marras. Leo la composición al completo y no puedo dejar de transcribir, en este diario de invierno, el fabuloso comienzo del mismo poema. Este comienzo lo emparento con algunas de las cuestiones que trato en Ars vivendi y caigo en la cuenta de que no he nombrado a Blake en el libro, a pesar de que algunas de sus ideas y creaciones están presentes en el volumen: 

¡Escuchad la voz del Bardo! 
Es aquel que ve presente, pasado y futuro;
es aquel cuyos oídos escucharon
la palabra sagrada
que caminaba entre los árboles antiguos,

...podríamos escribir muchas líneas sobe la significación de estos versos, pues en ellos se encierra buena parte de la concepción romántica de la poesía con la que afino mi estética y con la que trato de renovar la concepción meramente superficial y banal de la lírica.


Es más, escribió Blake unos versos cargados de simbolismo, -como la mayoría de su producción-, que los tengo como una especie de abracadabra, de fórmula ritual que explica a la perfección la naturaleza poética y del poeta mismo, a saber:

¿A dónde vuelas, oh ser hermoso? ¿En qué lugar buscas contento?
Hacia el lejano esplendor, hacia allí me apresuro, pues es cierto que de aquel lugar vine.
O si no habré dormido eternamente y no habré sentido el rocío de la aurora.   

jueves, 28 de febrero de 2013


ME encuentro como decía J.R.J.: "secreto y transparencia".  El poeta se hace espectador de su vida: la contempla como un río quieto. Esta sutil y profunda postura, debe conducirlo hacia el límite. Escribo el límite y no su límite, pues el poeta evoca con su palabra la naturaleza del mortal.

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Zibaldone, de Leopradi. Leo el texto en italiano, en la edición de dos tomos de Mondadori publicada en el año 83. Esto complica mucho la lectura, pues el libro es un tapiz de citas, reflexiones, ideas, pareceres atinados, pero profundos. Una prosa enrevesada, que se muestra circundante, perifrástica. Sin embargo, las palabras de Leopardi siempre encierran un sendero escondido, una significación profunda, exenta de palabras accesorias, que el lector advierte tan pronto como termina de leer cualquier enunciado. 

"la natura ha dato i suoi piaceri a tutti i sensi". 

Toda una filosofía. Recuedo a Hume, pero también a Berkeley. Cómo no a Aristóteles. Cuánta verdad concentrada y qué vrtud en este verbo. Sucede como con Montaigne, palabras, palabras que destruyen los límites sintácticos de lo inmediato. 

Naturaleza ha dotad de placeres a todos los sentidos. Esta línea forma parte de un escrito en que Leopardi disputa la belleza natural y la belleza artifical. Sobre todo la belleza artifical del sueño y de la maginación. En ese punto, expande el problema a la predispoción del espíritu humano para recibir esa belleza. He aquí, en mi opinión, uno de los temas fundamentales de la naturaleza artística y de su existencia en las sociedades. Sería un tema demasiado amplio para dejar, únicamente, un par de líneas sobre este asunto en el diario. Sin embargo, prosigio leyendo a Leopardi con mucho agrado y asintiendo: 

"Laddove la belleza  naturale o atfiziale non fa effetto se l´anima non si mette in una certa dispozione da riceverlo, e perciò il piacere che dà si riconosce per intellettuale".
  
*** 

Leo, entre otros poemas, The cantos, de Ezra Pound, en la traducción de José Vázquez Amaral. En el "Cantar IV" escribe Pound: 

Across the Adige, by Stefano, Madonna in hortulo,
As Cavalcanti had seen her. 
 The Centaur´s heel plants in the earth loam.
And we sit here...
there in the arena...

Al otro lado del Adige, por Stefano, Madonna in hortulo,
Como la vio Cavalcanti.

El talón del centauro se hunde e suelo musgoso.
y nosotros aquí sentados...
aquí en la arena...  

***
¿...y qué mejor paseo por la "Alameda verde" de J.R.J. para comenzar la mañana? Las razones luminosas: 

"La poesía no es sucesiva, como la ciencia. Un poeta no continúa a otro poeta, sino que recrea, revivie, aísla y cierra en sí mismo `toda´ la poesía".

miércoles, 27 de febrero de 2013

Matriz de improntas y de huellas, la poesía devuelve el canto originario.

*** 

Resulta que Ars vivendi fue un título profético, pues el libro, lejos de esclarecer qué es la literatura,  me está poniendo en claro muchas de las evidentes naturalezas humanas que uno no acababa de comprender. Los comportamientos de los allegados, de los que uno pensaba compañeros en la ética y en la estética, de los que ni siquiera habían asomado por mi vida de ninguna manera ni por ninguna razón, no dejan de definir una verdad y un límite. 

Hay en la condición humana un rumor invisible que se perpetra en las interioridades pero que, llegado el momento, refulge y sale y acosa, para lo bueno y para lo malo.¿No es el hombre demediada virtud?  

Decía que encontraba una verdad en todo esto una verdad grata. Y un límite, pues creo que los individuos están demasiado acogidos a sus egos y vanidades. ¿No ha sido esto así siempre?, me preguntaba ayer, cuando terminaba de leer a Quintiliano y repasaba los mecanismos de la retórica antigua.
Los discursos cargados de loas son tan sospechosos como los que se acogen a la malevolencia. Ni a unos ni a otros debería atender nadie y, mucho menos, pensar que en esos discursos habita una verdad. 

Tan solo un límite, esa es la enseñanza, un límite que yo creía más alejado del yo, más apartado de la respuesta inmediata; un límite que establece la medida de los hombres respecto a las ideas. Pues si las grandes ideas (establecidas en las grandes palabras y afinidades) han sustanciado y definido lo que somos y hasta dónde somos, debemos medir nuestras acciones y nuestras palabras en ellas mismas.  

*** 

Me alegro ahora tanto de mis silencios públicos, tanto. Los recuerdo con ambición, a pesar de que dudé de ellos cuando los ejercía. Soy un legionario, desde su étimo, del silencio. Callo y otorgo. Solo cuando convierto el aire en fonema y palabra y sintaxis trato de ofrecer las dádivas de la verdad, de mi verdad, claro. 

***

En la actitud del hombre contemporáneo frente al arte hay una pretensión desbocada que lo conduce a un error, a una restricción: el límite para el hombre se establece desde sí mismo; todo lo que no puede razonar, todo lo que no permite su inteligencia es límite. El resto es nada.  

El límite es fin, pero también principio: origen y finitud. Prefiero tener el límite como una causa primera desde la que se establecen los "límites" (la medida de las artes, del pensamiento, de las manifestaciones humanas) y por la que nos es posible hablar, entender, razonar, hablar, escribir, componer música. Nosotros no generamos la consciencia para la creación, sino que cuando atendemos a los límites nutricios es cuando la creación trata de azotar los corsés en los que se siente atrapado. Por esto mismo, la obra artística clásica es la que percute y ensancha la consciencia del nuevo límite. 
El límite como elemento primerizo, anterior a nosotros, como naturaleza preexistente que nos hace humanos y nos hace contener nuestra propia conciencia de incapacidad. 

No existe lo que pensamos nosotros, sino que pensamos lo que existe hasta donde nos permite el raciocinio humano.  Sería demasiado pretencioso creer que el mundo solo es lo que uno puede llegar a concebir en los términos restringidos de su razón.Este asunto, tan antiguo, es una postura de la consciencia del mortal, cuyo estado natural es el de la vigilia de su propio ser.




martes, 26 de febrero de 2013


TODA la tarde en el bosque de símbolos del poema "Correspondencias", de Baudelaire:

Naturaleza es templo

bosque de símbolos

tenebrosa y profunda unidad

domingo, 24 de febrero de 2013

QUÉ encierra la mente humana sigue siendo, después de siglos, un enigma. Nadie trazará los límites por los que puede encaminarse una mente sola, una sola inteligencia que se desprende del común raciocinio y de la norma pensante. Una sola palabra será suficiente para testimoniar que la mente existió en donde nunca antes una mente había sido.Una palabra incognoscible incluso para el que la escribe, incluso para el que la escribe.

*** 

También en mí es domingo y es mañana y es canto del jilguero.

*** 

Ayer leía otra vez Libro del desasosiego, ya que Pessoa es un ejemplo del escritor que se aleja de todo ruido proveniente de la masas. Pessoa legó una lección encarnada en el silencio y la soledad, esto es, en el naufragio viviente de lo cotidiano. 
Porque aunque te mantengas alejado de esas voces, aunque persistas en la lejana tranquilidad de ti mismo, los ecos maliciosos desean penetrar en esa estancia. Es cierto que serán maliciosos para los que así los entiendan, porque no debe perturbar en un punto la fidelidad a la literatura. Más que malicisosas, parecen voces y opiniones fantasmales. La literatura es ley, justicia, razón de vida. 

Leía, ayer, estas palabras de Pessoa y hoy vuelvo a reescribirlas, por ciertas y verdaderas: "Volver puramente literaria la receptividad de los sentidos y las emociones, cuando acaso se rebajan a aparecer; convertirlas en materia aparecida para con ella esculpir estatuas de palabras fluidas...". 

*** 

En una entrevista a Ezra Pound, el poeta termina afirmando que "solo tengo la certeza de mi gran incertidumbre". Después de las últimas intervenciones de la entrevistadora, concluye el poeta: "He perdido el poder de llegar al fondo de mi pensamiento con palabras. Es todo tan difícil, tan inútil.."

Pound fue por un tiempo Pound, pero después del encierro y el retiro en Santa Isabel, comprendió en toda su dimensión que el hombre es Uno, que no hay estaciones temporales y sucesivas para el mortal, sino una fluida corriente del ser con la que el poeta debe armonizar su palabra. 

sábado, 23 de febrero de 2013

SEÑOR, escuchemos a Dante en el susurro de su Commedia:

Vosotros que tenéis la mente sana
observad la doctrina que se esconde
bajo el velo de versos enigmáticos.


viernes, 22 de febrero de 2013

EXTRAÑADO de todo, escucho voces que provienen de un confín. Un límite que reside dentro de mí mismso y que es un deber sacudir y azotar para comprobar hasta dónde llega el ser. Depende del límite nuestra esencia. 
Es un rito que desarrollo en silencio y que proviene del murmullo de la transparencia. 

 

jueves, 21 de febrero de 2013

ES Platón, en Banquete 211e, quien nos alumbra. El centro es indudable, solo los que se revuelven y atemorizan nunca lo han sido. Porque el centro es el ser, el ser otro. Un estar siendo. El que tenga ojos que escuche:

"-¿Qué debemos imaginar, pues, si le fuera posible a alguno ver la belleza en sí, pura, limpia, sin mezcla y no infectada de carnes humanas, ni de colores ni, en suma, de otras muchas fruslerías mortales y pudiera contemplar la divina belleza en sí, específicamente única?

[...]

¿O no crees que solo entonces, cuando vea la belleza con lo que es visible le será posible engendrar, no ya imágenes de virtud, al no estar en contacto con una imagen, sino virtudes verdaderas, ya que está en contacto con la verdad?"  

*** 

La verdad no se encuentra, no tiene topografía, es utópica. La verdad poética se es.Ser verdad es estar en el centro. 

martes, 19 de febrero de 2013


Parece que, en las primeras horas del día, cuando uno comienza a levantar no solo su cuerpo sino su espíritu, cuando el cuerpo deja de ser una escala horizontal para convertirse en erguida presencia, el mundo, todavía, contuviera los ecos de la noche y las causas primeras de lo bello.
La razón pertenece aún a la ensoñación y no ha fijado su atención a las banales manías ni a las cotidianas acciones. Navega por los sueños, su reacción se acoge a los mecanismos de la vigilia, del duermevela. En ellos, en esa transición de lo soñado a lo que pensamos vivido ocurre el mundo de otra forma, se muestra el mundo de otra manera a los ojos y al alma. Encaminarse a la esencia de esa frontera entre la consciencia y la inconsciencia, la noche y el día, el silencio y la palabra, es tarea del poeta. Él traza una trayectoria en que refulge el fuego de la creación.  

***

Reviso algunos cuadernos. Clara fontana, Cuaderno del caminante o Cuaderno de Leonardo y compruebo que son más los intentos de escribir que la escritura consumada. La mayoría comenzaron su andadura en Italia o en Londres. Al abrir sus páginas y al observar la caligrafía que los tatúa, he deseado tomar para mi memoria aquellos días de azules palaciegos o aquellas tardes de grises paseos por la ribera del río. Ni uno ni otro me siento ahora, soy ajeno a lo que fui y a lo que estoy siendo. Jung decía: “yo soy este haz de lo realizado y lo pasado”. Esta inconsistencia del presente es necesaria y fundamental para la creación artística, aunque conlleve incomprensiones de los allegados y acaso del que lee ahora estas anotaciones.  

Porque quizás existe una idea arquetípica de todo en el inconsciente y las visiones del poeta no sean más que fenómenos creativos que, a pesar de parecer lo contrario, objetivan lo subjetivo. Hoy no creo que la lírica sea el género más subjetivo y personal de creación, sino el que acerca, de la forma más plena, lo subjetivo a la objetiva realidad que traspasa las razones empíricas. No dice lo que siente un individuo, sino lo que la humanidad. La poesía que explica a un solo individuo termina en la lamentable vanidad a la que tan acostumbrados nos tienen los bardos contemporáneos.

Es muy lábil la frontera entre el individuo y la consciencia de lo mortal y, en demasiados casos, nunca se logra descender a la condición de mortal. El miedo, el terror a lo sublime, ya lo trajimos aquí.

Ningún científico ni ningún antropólogo, sea este de la especialidad que sea, ha logrado explicar por qué un poema y el porqué del mismo; de una pintura o de una composición musical. No lo harán nunca, la materia que menciono pertenece a otras razones que, precisamente, no contienen causas permanentes e idénticas.

Cuando el poeta concilia, con todas las rémoras de nuestro entendimiento, con su palabra y con la ayuda del ritmo musical ese universal que nos hace mortales desde su percepción subjetiva, surge la emoción y lo que llamamos misterio poético. Es una revelación de símbolos y visiones.

De una manera o de otra, el hombre persigue el bien, la verdad y la belleza. Puede que a la contra o puede incluso dudar de esta iniciativa connatural para situarse y creer justamente en lo contrario. Pero, en cualquier caso, siempre son referencias estos términos y estas actuaciones para el mortal y en el arte. 


lunes, 18 de febrero de 2013

EL que pensara que escribir consiste en apoderarse de algo está equivocado, cae en marros. Escribir es solo ofrecer un testimnio, una confesión que resuena en la bóveda interna de un solo individuo. 
Solo nos llegan los ecos de ese concierto entre la música y la razón. Nada más: ecos, rastros, apenas una figuración de no se sabe qué.

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Creo absolutamente en el misterio. Es más, la poesía es el misterio.     

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..."la lengua de las flores y de las cosas mudas", escribe Baudelaire. 

domingo, 17 de febrero de 2013

ESCRIBÍA en la terraza del apartamento que orilla el Mediterráneo, allí, en Málaga. M.C. decidió ir con E. a dar un paseo mientras uno terminaba de pergeñar en el cuaderno el poema de tema petrarquesco. Tenía encima de la mesa el volumen de Quevedo con que ando estos días reflexionando y tomando algunas decisiones estéticas. Lo abrí al azar, movido por la sonata de brisas y melodramas que solo la calma del Mediterráneo otorga cuando uno lo contempla. Había una quietud acogedora, que incitaba a sentir una complacencia de lo calmo y armonioso.dejé el libro, la escritura, me dejé a mí mismo en esa navegación fastuosa de silencios y auroras.


***

Había una quietud acogedora, que incitaba a sentir una complacencia de lo calmo y armonioso. Leía entonces a Quevedo: "mas lo de los poetas fue muy de ver, que de puro locos querían hacer creer a Dios que era Júpiter, y que por él decían ellos todas las cosas". Reía con el pasaje y pensaba en la cantidad de poetas actuales que condenan las mafias políticas y religiosas cuando ellos mismos son capos de la mercancía literaria.

*** 

Me sorprende que el Sueño de la muerte, el último de los cinco libros o tratados visionarios y alegóricos, esté iniciado por unos versos de Lucrecio.

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El poeta es la conjunción de visiones y símbolos.  

viernes, 15 de febrero de 2013

LEO Sueños y discursos, de Quevedo. Siempre  me resultó un libro enigmático, rayano en la estirpe de textos visionarios, como las obras artísticas que, de repente, parecen mostrar la visión desgajada del raciocinio puro y técnico; esas pinturas de El Bosco o las series de pinturas negras de Goya o las composiciones de Paganini inspiradas por sus sueños y tantas otras que es en vano nombrar. 

Desde el comienzo lo hago con unas risotadas que casi despiertan a E. Ella se asoma para observar qué sucede y yo le muestro la portada del manuscrito del Sueño del Infierno, Alguacil endemoniado, Infierno, El mundo por de dentro y El sueño de la muerte

Me detengo en un pasaje de El mundo por de dentro (ay, poeta) y leo lo siguiente sin dejar de sonreír de pura melancolía: 
"Así que no son lo que parecen ni lo que se llaman: Hipócritas en el nombre y en el hecho. [...] De suerte que todo el hombre es mentira por cualquier parte que lo examines, si no es que ignorante tú, crea a las apariencias"

jueves, 14 de febrero de 2013

SIEMPRE que paseo con E. comprendo mejor la vida. Ayer estábamos los dos paseando por la tarde cuando todavía el sol se regodeaba por las esquinas del aire. Nos acompañaba un silencio de trino y parecíamos estar disfrutando de nuestra mutua compañía. Éramos nosotros mismos al albur de nuestros pasos, sin más mediaciones que la visión vespertina del mundo que nos acogía. El viento pegaba en el flequillo y nos despeinaba, pero E. levantaba su manita para volver a colocárselo y reía. Qué aprendizaje, me decía, qué lección de impunidad.

Recordé, cuando E. decidió dormir un rato, a R. Walser y también a Rilke. En la vida de Walser, el paseo fue una incisiva acción que influía incluso en el ritmo de su prosa. Escribía como si estuviera paseando entre aquellos montículos de nieve, escribía amparado por la respiración entrecortada de un paseo que, de repente, se convierte en marcha forzada. Rilke paseaba por el acantilado de Duino cuando necesitaba alejarse de sí mismo, cuando necesitaba volver a encontrar el ser que lo hacía poeta.

El paseo, el paseo sin norte ni brújula, sin destinos prefijados. La vida misma, me digo, la vida acompasada por el compás de nuestros cortos pasos, por el compás de un pequeño avance que especula con nosotros en un supuesto avance que siempre tiene un retorno. 

E. dspertó con sigilo. Me lanzó una mirada con el recogimiento y la satsfacción de haber estado juntos, en la tarde, quizás ensoñando lo que de momento es la realidad para ella. Me pregunto si esa realidad no es, en puridad, la misma que me azota y me devuelve la melancolía de ahora. Fuimos, los dos, encumbradas melodías de la tarde sonando en la armonía tácita del amor.  

  

martes, 12 de febrero de 2013

CREO en la verdad que se transmite más allá de la palabra. Es así porque me lo ha enseñado el ejercicio de lector, acaso la condición que más amo y a la que más debo. El lector puro no entiende de prejuicios. Le basta tan solo un breve encuentro con el texto para desestimarlo o adentrarse en el mismo. El lector no duda de su consciencia cuando realiza su acción irrevocable: leer. Antes al contrario, fluye, sintoniza, siente, experimenta, se transforma en la lectura.

No debería existir el pudor en el lector que acaba de regodearse con un párrafo o que se ha deleitado con unas palabras escritas por otro hombre. Por ejemplo, hace ya algunos años, leí la carta encíclica titulada Caritas in veritate, de Benedicto XVI. En ella, puede uno leer espléndidos pasajes que, con el tiempo, arrojan sedimentos a la memoria y al espíritu. Además, ofrece la posibilidad de entablar diálogos internos muy copiosos y profundos. Casi al final de la misma, se reflexiona sobre la influencia del materialismo y de la tecnología en la vida contemporánea. Transcribo un subrayado que, si hubiera sido escrito por Sennet o Steiner o Goethe, sería aplaudido sin remiendos: 

"El desarrollo debe abarcar, además de un progreso material, uno espiritual, [...] No hay desarrollo pleno ni bien común universal sin el bien espiritual y moral de las personas, consideradas en su totalidad de alma y cuerpo. [...] El absolutismo de la técnica tiende a producir una incapacidad de percibir todo aquello que no se explica con la pura materia". 

Esto mismo, trasvasado al territorio de la estética artística, es muy valioso, porque así percibo últimamente las obras literarias, pictóricas y musicales. Cuando J.R.J. señalaba el "misterio" como la esencia del poema, estaba otorgando una especial significación a la comunicación artística entendida como un acto poseído por razones distintas a la mera expresión. Es el "voltaje" de Pound, esto es, una numinosa visión que se produce cuando en la obra anida ese misterio. 

En estas décadas, se han confundido expresión y creación. Si bien es cierto que millones de personas expresan, -sobre todo en Internet-, sin más, la creación ha quedado relegada a una intelectualidad errónea y viciada, marcada por el mercantilismo del arte como producto (odio este término) cultural. Y, lo que es aún peor, esta disolución de la creación artística y de su defensa, ha provocado que hoy cualquiera que exprese se sienta creador, que cualquiera que escriba una frase ingeniosa se sienta escritor. Es así ya que la publicación inmediata, la expresión extendida a un número amplio de lectores en Internet le hace creer al individuo que su acción es completa y es cierta. Esto mismo ocurre por la falta de autoridades morales con las que poder medir las actitudes individuales. Hay una ausencia y un vacío de maestros.    

Así las cosas, los poetas de este tiempo, los escritores, los músicos, como decía, someten sus creaciones a un ajuste técnico tan profundo que dejan la obra sin el halo y el verdor de la creación primera. Tan solo hay que leer algunos poemas de la primitiva lírica para percatarse de esta desaparición del encanto poético. Puede ocurrir que habiten en las obras artística demasiada "intelectualidad", es decir, que se encuentren sometidas a la tiranía de la razón técnica y material. Si el hombre trata de explicarlo todo a través de la razón empírica, es entendible que trate de hacer lo propio con la obra artística. Creen que la explicación racional del producto es superior al razonamiento luminoso del fruto. Estamos en esa tesitura antigua de lo racional frente a lo espiritual. Y en ella, se han confundido demasiados términos y conceptos.    

En muchas ocasiones, he esrito que hay poetas que, cuando leen belleza, eternidad, silencio, aurora o noche, señalan esos vocablos como antiguallas y palabrejas que poco tienen que decir en el discurso poético actual, sin detenerse en el diálogo que pudieran estar ofreciendo con textos universales. Ellos prefieren, por el contrario, utilizar otros términos que me permito omitir, por consabidos y que por ello se les cite en suplementos, bitácoras o tertulias como el ingenioso poeta de la actualidad. En resumen, a los escritores actuales tan solo les importan ellos mismos; la Literatura queda aneja a sus vidas, es algo circunstancial, no existe en sus consciencias. 

Entre unos y otros se encontrará la virtud, pienso. Aunque, de un tiempo a esta parte, puede que haya comenzado a creer con Jung que se hace necesario el gobierno del espíritu de la profundidad para que nos rescate del espíritu del tiempo. Si esa acción de la consciencia detona en el poeta la creación verbal con insinuaciones abisales y del espíritu nunca abarcadas, estaremos renovando el discurso de la razón luminosa del verbo. 

El lector debe mantenerse en su trópico sin inmutarse. Pues hay quien elogia la lectura de un libro insustancial y condena lo que considera fruto del sectarismo y de una falsa institución. En cualquier caso, estoy con Wiesenthal: 
"Me dolía en el alma comprobar que mis contemporáneos hablaban de Tolstoi como si fuese un rastro arqueológico perdido en la oscuridad de los siglos. [...] Me daba cuenta de que, en el escaparate del mundo materialista moderno, hay expertos en ensombrecer y ocultar. [...] Creo que los jóvenes del siglo XXI ya han tenido tiempo suficiente para descubrir la falacia de aquellos vendedores de plástico que querían sustitutir la literatura por juegos de palabras y pretendían transmutar los valores a base de devaluaciones. [...] La paideia antigua, al valorar a los clásicos, influyó decisivamente en la formación de lo jóvenes europeos, conviertiéndonos en hombres de carácter; más preocupados por la autoridad moral y el destino de nuestra cultura que por las modas y las experiencias oportunistas del mercado del arte contemporáneo. Afortunadamente teníamos a los viejos maestros para darnos cuenta de la exigencia de formación, paciencia y trabajo que reclama el oficio intelectual.[...]".  

Me pregunto, como joven del siglo XXI, ¿dónde han quedado los maestros sino en la antigüedad; quién la autoridad moral más allá de los escritores antiguos?

Concluyo estas líneas escritas en la madrugada, con la voz de mi querido Wiesenthal, siempre tan incisivo y contundente: 

"Hemos creado un mundo capaz de globalizar una enorme riqueza material, pero somos incapaces de globalizar la infinita riqueza moral y espiritual que tenemos en nuestra ciencia y en nuestra cultura". 
        

lunes, 11 de febrero de 2013

ACABO de terminar de escuchar a Monteverdi en honor a Eugenio Trías. Murió un filósofo, escritor y melómano cuya palabra expandió los límites del ser. Sit tibi terra levis

domingo, 10 de febrero de 2013

DESDE su étimo, "confesar" significa admitir alguna cuestión frente a otros, es decir, hacer pública la palabra que testimonia alguna acción individual. Pienso en ello cuando comienzo a escribir en este diario, en la fría mañana de invierno de dos mil trece, cuando E. y M.C. duermen todavía y la casa parece recogida en su melancólica presencia, los libros no están aún entonando la armonía de sus páginas y la luz, la lábil luz que amanece, comienza apenas a penetrar entre las rendijas de los ventanales. Esa luz entra cadenciosamenente; primero arropando a un objeto; luego expandiendo su cuerpo por entre las baldosas del suelo. Allí comienza a restallar una luminosidad que me despabila de esta ensoñación. Es entonces cuando comienzo a confesar una verdad, mi verdad, sobre la vida. 

La vida para un hombre es su vida. Entre la universalidad y la individualidad se dirime su propia consciencia. Es una continua contraposición de perspectivas: esto o lo uno, mi o el tiempo. Mi, el, este, Lo, yo, el hombre mismo. Quizás, el escritor que encuentra la tonalidad en la que se conjugan las dos dimensiones del individuo es el que completa con su canto o con su palabra la confesión más plena y verdadera. Esa confesión no debería decirnos únicamente lo que hay del escritor de marras en concreto, sino lo que hubiera de cualquier mortal que se acercara al tema en cuestión. El escritor o el poeta tienen la responsabilidad ética-estética de no decir de cualquier modo, no vejar al verbo con cualquier expresión, sino lustrarlo, renovarlo, nombrar con la creación misma y profunda. Lo uno y lo individual, lo finito frente a lo infinito, lo decible y lo inefable.


He distinguido entre palabra y canto. La primera le pertenece al escritor. Al que mantiene su constante manía de escribir a diario: novelas, nivolas, diarios, narraciones varias. Algunas de estas creaciones pudieran acercarse al canto, que es la poesía. El canto es un sucedáneo intermedio entre la palabra y la música, una armonización del verbo y de la música. No puede someterse a ningún método, no hay en él visibles arquitecturas que puedan imitarse sin más, sin caer en ridículos, pero, cuando nombra desde el centro indudable, logra lo que nunca logrará la palabra del escritor. El canto es polifónico, la palabra monódica. 

Por tanto, hoy, en esta mañana de confesiones a la luz del sur, podría llegar a la convicción de que el individuo es monódico y que el ser es polifónico. Palabra y canto. A cada uno, su expresión, su creación: palabra y canto. 



   
 

sábado, 9 de febrero de 2013

ESTE diario es, cada vez más, un piélago de escritos diversos. Quizás esto mismo debiera ser la esencia de la escritura que solo se persigue a ella misma. De la escritura que trata de figurar la silueta del ser de un individuo que las impulsa al espacio en blanco. Textos independientes que, si se unieran en algún momento, solo dejarían la huella y el rastro de un individuo inquieto, explorador del centro indudable. Nada más y basta con ello, pienso.

El ejercicio mismo de la escritura es una posición estética (idea que trajimos ayer al diario) en la que se destruye más de lo que se edifica. 

Hoy, por ejemplo, comencé a escribr en el cuaderno de marrón unas notas que escribían la lectura de Jung. Dicen esas líneas (palimpsesto, intertexto): "El camino de lo venidero arranca cuando se impone el espíritu de la profundidad sobre el espíritu del tiempo". "Esto sucede a través de símbolos y de visiones", proseguía:

VISIÓN ---------------------Fundamentos: Imagen, Metonimia, Metáfora (tropos y figuras retóricas).


SÍMBOLO -----------------de una realidad velada: la realidad del ser. Esencia del centro indudable.

La poesía concilia estos mundos paralelos, opuestos, complementarios.

***

Como el alquimista parte de la materia y en ella opera con la sabiduría inefable, así el poeta.

viernes, 8 de febrero de 2013

QUIEN mejor nos conoce debería no conocernos de nada. Ser un misterio estético para todos, un ser cifrado en lo imprevisible, que se acoge a las fórmulas estéticas. Ser un ser estético colmado de ensueños. Todos los yoes que deambulan por el mundo son creaciones: la esencia es silenciosa e invisible. 

***

Es inefable la descripción de nuestro ser individual.  

***

Me encuentro en el punto en que ya no sé qué es el tiempo, ya no sé más que vivir en el sueño,  en el laberinto profundo de un sueño.


jueves, 7 de febrero de 2013

LA poesía concilia los opuestos. Diluye el tiempo de lo contemporáneo en el tiempo de lo imperecedero.

*** 

El poeta termina, irrevocablemente, renunciando al mundo y a la palabra. 

*** 

Toda la obra como una glosa de una palabra quimérica. Toda la obra una glosa de otra palabra originaria que jamás fue escrita. 




EL símbolo es a la poesía como la idea a la palabra. 

***

"EL paso a lo trascendente se produce cuando las facultades humanas -inteligencia, voluntad, amor humano- tropiezan con un límite, y el ser humano permanece en ese umbral, más allá del cual no puede dar un paso, y esto sin apartarse , sin saber lo que desea y tenso en la espera", escribe Simone Weil.

Asiento, asiento con la cabeza tras su lectura en este día aciago. Un día cargado de imposibilidades y demasiadas inquietudes que han acabado en nada. Leo a Simone despacio, con lentitud con el libro de Jung a su lado y cragado de misterios y esperanzas. 

*** 

Poseo una imaginación poco dada a la fantasía. La fuerza de mi imaginación contempla la realidad y desde ella arranca hasta parajes y alamedas del espíritu. Quizás la imaginación sucumba ante lo contemplado hasta convertirlo en símbolo. Armonía y Naturaleza son sus estaciones.

*** 
Lectura de Jung. Notas de la lectura de El libro rojo

1. El camino de lo venidero.
2. Imágenes de lo errante.
3. Reencuentro.
4. Símbolo
5. Origen.
6. Dios.
7. Visiones...
8. Espíritu de la profunidad. pasaje crucial del libro; para el ser.
9. Desierto: símbolo del "en sí mismo" que reverdece y renueva.
10. Despertar. 

El camino de lo venidero se anuncia cuando se impone el espíritu de la profundidad. este espíritu se manifiestacon visiones y  a través de símbolos. el suprasentido es lo distinto al espiritu de este tiempo. 

El espíritu de la profundidad tensiona a que el receptor actúe con acciones y actitudes que llevan la revelación a ser asumida y comprendida.
 
 


martes, 5 de febrero de 2013

ES quizás el ruido del mundo que vive por de dentro. 

La vida pasa por el alma, pero, para ese ascenso, el hombre debe hundirse primero en su origen. 

Esta acción soporta un ascenso a la soledad plena.

C.G.Jung anuncia en su desconcertante y maravilloso Libro rojo que no es el yo el que sustancia el alma sino que es el alma la que sustancia al yo. Por eso, cuando el anhelo de ser se repliega sobre uno mismo  puede convocarse el encuentro con el alma misma: ahí sucede un cataclismo para el individuo. 

La poesía hace comprensible lo no comprensible. 


El propio Jung lo advirtió, "quien mira desde lo interior sabe que todo es nuevo". Así, para poder mirar desde el interior debe uno conducir toda su consciencia a lo interno, al silencio sonoro, en la soledad amena y ser allí sin ser nada. 

lunes, 4 de febrero de 2013

¿NO será escribir una errata para el ser?

***  

Cualquier cosa nombrada pertenece al límite en que puede actuar la palabra, es decir, la consciencia humana, pero ¿qué sucede con lo meramente intuido e inefable, cuál es su naturaleza a qué consciencia pertenece?

domingo, 3 de febrero de 2013

NO he podido dormir esta madrugada. Estaba en la hora más silenciosa de mi noche y me hacía una pregunta después de todo, ¿debo escribir?. El insomnio reflejaba la inquietud del espíritu. Ideas contrapuestas, el intento de ahondar en las certezas para desmontarlas y la necesidad de alimentar el cuerpo con la soledad de la noche. Tenía por delante el poema que voy pergeñando desde hace unos días en el cuaderno de marrón Actos de templanza. El poema ha ido tomando demasiado cuerpo: ecos de Petrarca, ángulos de J.R.J., minucias y miserias sobre todo, ritmo fallido, música inexistente. Mediocridad. 

Cuando desistía ya del cerco de la noche, tomé el Diccionario de Ramón Andrés para comprobar si el autor había añadido alguna información relevante sobre Er. El relato de este guerrero armenio aparece, nada más y nada menos, que al final de la República, de Platón y siempre lo he tenido como una clave misteriosa, ininterpretable para mi corta consciencia. Er viaja al Cielo, por sus fisuras, después de abandoanr su cuerpo y es allí donde escucha la armonía de las esferas. Sin embargo, el acto que más me conmociona es la desvinculación entre el alma y el cuerpo del guerrero. Deja su cuerpo para ser pleno, deja de ser para ser esencia. 

Er se eleva a las esferas despojado de su cuerpo, únicamente siendo alma; pero Er regresa, como Orfeo, ha explorado el mundo velado, como Tántalo, para contar lo que ha visto. He aquí la paradoja a la que sucumbo. 


No podemos olvidar que, en esa visión del cosmos que abriga Er, describe el trabajo de las Moiras o Parcas, aun estando estas escondidas a los ojos, aun existiendo en el haz de luz del cosmos. Láquesis, Cloto y Átropos, esto es, los pasados, los presentes y los futuros: pluralidades del alma.  Sea como fuere, es la música el sustento enigmático que ordena nuestro destino, la música que también reside, cuando estamos delante de una verdad, en lo poético. 

Es el relato de un viaje vertical, interior, al mundo que acogemos dentro de cada uno y que está velado a los ojos y a la inmediata visión. Ese mundo nos acoge perennemente y es en él donde somos realmente lo que no podemos ser aquí: esa experiencia solo puede comunicarse mediante la creación artística. Son plurales pasados, plurales presentes y plurales futuros conjugados con el acorde que transgrede los límites primeros y eventuales. 


No puede ser la insufiencia una queja, antes al contario, la felicidad de saberse imposible para esa tarea. El mismo Rilke denunciaba las quejas de los poetas que no conducen más que a la triste vanidad. Decía en unos versos, que proceden de Réquiem por un poeta,  que el poeta tenía la naturalea y la necesidad:

de transformarse, duros, en palabras
como el cantero de una catedral
se transforma en la calma de la piedra...  


A esa calma la llamo "consciencia" y la consciencia es el estado pleno del ser en el cosmos. Quizás en ese estado es cuando se escucha la armonía de las esferas, el telar de las Moiras, nuestros pasos transformándose y cuando nos vemos, a lo lejos, a nosotros mismos ajenos con el cuerpo muerto sobre la pira de los versos. Al seguir vivos y reencontrarnos, al seguir siendo mortales, dudamos de todo.


Cuando uno escribe silencio y soledad está parafraseando lo que Rilke en Cartas a un joven poeta: "nadie puede aconsejarle ni ayudarle, nadie. Hay sólo un único medio. Entre en usted. Examine ese fundamento que usted llama escribir; ponga a prueba si extiende sus raíces hasta el lugar más profundo de su corazón; reconozca si se moriría usted si se le privara de escribir. Esto, sobre todo: pregúntese en la hora más silenciosa de su noche ¿debo escribir?". 

No he podido dormir esta madrugada. Estaba en la hora más silenciosa de mi noche y me hacía una pregunta después de todo...


      

sábado, 2 de febrero de 2013

«TIEMPO es el paso de nuestra conciencia por la eternidad», ... dice J.R.J. 

Esa acción produce en el poeta la crisis de su consciencia. Es el poeta el hombre demediado entre la eternidad que nombra y la finitud de su consciencia. Justamente, en esa fisura incognoscible, la mentira puede ser la verdad. En ese espacio surge un canto, desde un centro, cuya armonía descifra los ecos inefables.

***

Como no tengo el talento ni la inteligencia para decir con mis palabras el todo y la mentira, utilizo versos ajenos, aprendo muchísimo de los poetas, de los versos cristalinos que se dirigen a la consciencia y que fueron escritos, -ah, maravilla-, hace ya unos siglos y también hoy. Versos que se entienden como antiguos, como si ya no siguieran diciendo qué somos y qué nos sustancia. 

Por tanto, los versos de Petrarca son la forma poética del todo y la mentira; una forma más, claro. Es, además, el tema central de los poetas que han ido hurgando en el centro indudable, territorio que Petrarca nomina como "eternidad indivisible" (eternità raccolta e´ntera). Qué emoción me embarga en estos momentos de revelación; dicen los versos del poeta de Arezzo en su Triunfo de la eternidad

Lo que grava y oprime nuestro pecho:
"antes", "después", "ayer", "mañana" o "noche",
todo se esfumará como una sombra.

No existirán más "fue", "será", ni "era",
solo es "en presente", "ahora" y "hoy"
solo la "eternidad indivisible";

como si fuesen llanas las montañas
que la vista impedían, no sabréis
dónde apoyar recuerdos y esperanzas;

[...]

Podríamos estar dialogando sobre estos versos hasta la muerte y más allá, ¿no es cierto? Pues ellos pertenecen a esa corriente cristalina de auroras y noches ocultas. Sí, Heráclito, sí Parménides, sí, Platón...pero estos versos son cantos, salmodias, armonías musicales que razonan poéticamente.  

***

No puedo dejar de mencionar una relación de estos versos con J.R.J. En uno de los pasajes de la Alameda verde, -aquel axioma de la eternidad indivisible para el poeta de Leyenda-,  afirmaba:

«Mi alma corre, agua pura, entre una orilla de oro de recuerdo y otra dorada de esperanza». 

Estoy seguro de la lectura de J.R.J. de los versos de Petrarca que acabo de destacar, "donde apoyar recuerdos y esperanzas", y de la  interpretación que J.R.J. realizó de los mismos. 

Para que el canto del poeta llegue a permanecer, y es esa su ética-estética, la fuerza teleológica, debe conformarse con una ínfima consciencia de lo nombrado. San Agustín, en sus Confesiones, escribe: «En el fluir del tiempo hay algo que permanece: la atención de una conciencia que se extiende hacia el pasado, por la memoria; y hacia el futuro, por la expectación». 

***


Lo mismo, los mimso, ...la poesía verdadre ae siempre la misma y distinta, voz natural y diversa, pura y compleja, real y reflectante. Estación perenne, encuentro momentáneo, revelación de la poesía. Sigo con J.R.J., con unas palabras que encabezan el capítulo VI de Ideolojía

«Lo permanente nos mira sólo con el alma de lo sucesivo que ha pasado por su cuerpo».


***


No debemos olvidar la ética-estética, verdadera matriz del origen de la naturaleza del poeta. De la confluencia y armonía de estos términos en la vida y obra del poeta depende la verdad, es decir, el todo, de su Obra, que es su Vida:

«El deber del poeta es vijilar con su conciencia de hombre su divinidad inconciente, así el drama del poeta es que tiene que descifrar el secreto hermoso del mundo cantando».
Yo me quisiera detener
en cada cosa bella,
hasta morir con ella;
...y con ella, en lo eterno, renacer.

J.R.J., 1911, "Los cuadernos" 2, Unidad.

viernes, 1 de febrero de 2013

PASO la mañana leyendo a Petrarca. Estoy, con su palabra, presintiendo el centro. Leo Triumphi. Releo Triumphi. Vuelvo a leerlos. Su música, la palabra establecida en una verdad sonora, materia de la razón poética, me conduce a un estado de ensimismamiento. Petrarca es un poeta en el pleno sentido del término, poeta esencial que se encauzó por todas los posibles cantos de la poesía. Moderno y antiguo, perenne voz en la amalgama contemporánea de ralas poesías. 

Una poesía que brota de fuente limpia y serena, proveniente del huerto deseado de la razón poética. Ella desvela lo que somos en plenitud, desvela lo que presentimos y apenas intuimos. Ellla recoge lo velado a lo ojos, pero no al espíritu:

Ma ben veggio che ´l mondo m´à schernito,
e sento quel ch´i´ sono e quel c´i´fui
[...]

 De fondo suena Monteverdi, Zefiro torna e di soavi accenti.  

né "fia", né "fu", né "mai", né "inanzi" o "´ndietro",
chú mana vita fanno varia e ´nferma!