jueves, 12 de diciembre de 2013

SI BIEN el teatro, lo dramático, desde Valle y Lorca, en nuestras letras, sobre todo desde la muerte del primero, ha dejado casi de renovarse y de centellear literariamente para los lectores (pues, otra cosa es el texto como espectáculo y representación), si bien la narrativa actual (con la excepción de dos o tres plumas) es un dechado de impertinencias, leo tan solo poesía y ensayo. Es más, me parecen que son dos géneros que, cuando brotan verdaderos, comparten muchos aspectos de su carta de naturaleza. 
Sucede así con los libros de Ramón Andrés, pero también con el volumen que leo sin cesura intitulado El concepto del alma en la antigua Grecia de Jan n. Bremmer. 

Al socaire de las notas anteriores caigo en la cuenta de que la novela ha caído en un desnorte absoluto porque ha cedido a las convenciones de os géneros audiovisuales como series de televisión o guiones cinematográficos. Incluso los antiguos lectores de novelas prefieren ahora pasar las horas que antes dedicaban a la lectura atentos al desarrollo de una serie televisiva. Tengo para mí que estamos ante una moda más y que la novela, como ocurrió desde su nacimiento y en el resto de etapas de su evolución, queda al servicio de los baremos económicos y sociales. Me entristece todo esto porque, en el camino, hemos perdido lectores notables, sobresalientes. 




lunes, 9 de diciembre de 2013

I

ESTA anchura del mundo, doblegada
a mis manos; el tierno paraíso
de la aurora, con ángeles de albores;
tú, mujer, que te enciendes y te apagas
como una mariposa siempre nueva,
me mostráis, por caminos inocentes,
la unidad de mi alma y de mi cuerpo [...]


Es el poema que comienza  el conjunto  titulado Cántico espiritual (Recital de poesía dado en el grupo Álea el día 6 de marzo de 1942), de Blas de Otero. Tienen estos versos un aire de conversión a la manera de Claudio Rodríguez en Don de la ebriedad. En uno y en otro anida un afán de lirismo inusitado que conlleva una veneración de lo celeste y mezcolanza entre lo físico y lo trascendente. 

El libro anuncia el comienzo de su producción lírica y con ello los temas y la estética que no abandonará a pesar de los desvíos y la diversificación de su voz. Blas de Otero resulta un poeta poliédrico al final de su obra, íntimo y excesivamente social. Sin embargo, en estas composiciones primerizas, en estos tanteos tan cercanos a la literatura de san Juan de la Cruz y de fray Luis hay una verdad que cuelga de su boca. No importan los versos que rubattean explícitamente con los modelos escogidos, pues desprenden, a pesar de ello, el fundamento del misterio en poesía. Sus versos proceden de una verdad que el lector siente en lo íntimo, en el único lugar en que puede ser la palabra poética. En ese vergel del espíritu, estos versos encuentran acomodo a pesar de sus incipientes balbuceos, de sus cantos ligados a lo ya escrito. 

Hasta la llegada de Ángel fieramente humano (1947-1949), en estos primigenios cantos espirituales, podemos leer, en mi caso, con devoción y aprendizaje, unas excelentes liras. Composiciones escritas al albur de la mejor tradición y en la que el poeta va forjando su palabra, su propia dimensión; con la que va dialogando con frutos y redobles de personalidad. Es una lección de aprendizaje para uno y una confirmación. Con versos del poeta:

Cántico espiritual
sobre el barro que asienta mi garganta. 

*** 

Los libros de Ramón Andrés pasan desapercibidos para los lectores actuales españoles pero, con el tiempo, alcanzarán la medida de su naturaleza. Son fascinaciones las páginas del autor, indagaciones cargadas de emoción e inteligencia. El relato de la belleza por parte de un hombre que jamás abandona el centro indudable de la poesía. Centrado, al comienzo,  en la figura del pintor  Fabritius y en la conformación de la pintura en que asoma el perfil de un luthier en una esquina titulado Vista de Delft, el volumen ahonda en las figuras de Vermeer y Spinoza, siempre a través de la mirada convulsa y polifónica de las artes y de la ciencia. En un pasaje de El luthier de Delft, último título de Andrés, puede uno hallar una síntesis fastuosa de la mentalidad del hombre del siglo XVII, a saber:

"Pensar los fenómenos luminosos, comprobar el aumento o de la deformación de los objetos a través de un cristal o de un juego de coordenadas, fue una tentación del pasado, modificar la realidad y crear dimensiones que cuestionaran la lógica, una atracción. Razón e ilusión. Fascinaba a los maestros del Norte observar que, distintamente a la muerte, el mundo es flexibilidad y cambio, todo él paradójico, compuesto de superficies irracionales pero igualmente posibles y habitables. Como si la lógica aristotélica y la geometría euclidiana no tuvieran aplicación en un pensamiento que vive únicamente para modificar y, sobre todo, cuestionar".

Este fenómeno se entiende como la anamorfosis, es decir, la tentación al abismo de la extrañeza inicial para el que contempla. La realidad sigue en su totalidad, pero velada a la mirada común y general. Únicamente, dice Andrés, "permite ver la realidad desde un lugar determinado". 

No debe conducir estas premisas a un mero trampantojo, pues estamos ante la deconstrucción de la razón empírica que se alza como verdad y método de conocimiento. Frente a esta, debemos acudir, en el arte, a las razones luminosos, del espíritu. Esto mismo lo resume Ramón Andrés de forma excelsa: "La razón nos burla, y a veces miente deliberadamente. Cuando afirmamos convencidos, estamos bajo sospecha. El mismo efecto que produce la curvatura de un cristal en los ojos lo causan las creencias en nuestra mente, las ideas, la política, el arte". 

En efecto, el arte nos muestra la lucha entre las leyes de la geometría y del espíritu. Encontrar el aurea mediocritas  de esa confrontación ha estado al alcance de pocas mentalidades a lo largo de la historia de la humanidad. Sin embargo, hay testimonios de esas iluminaciones, de esos tanteos. 

Es una geometría de la alucinación que culmina en una forma artística, impregnada de la vivencia del individuo. Pareciera que el creador asiste, a escondidas, a la batalla que se produce en su sesera entre la razón que lo determina y confunde y la pulsión, el voltaje, con Pound, que lo enciende.  De la trascendencia de esa realidad surge el arte. Las certidumbres terminan sometidas a otras leyes que, al deformarlas y tensionarlas, las conduce a una nada aparente. Así, para el espíritu anclado en la inmediatez de la realidad, la poesía, el arte tañido desde el barro de la garganta primigenia dirá muy poco, acaso nada. Prefieren los bardos seguir en sus primeros relampagueos de lo que creen la realidad. 







sábado, 7 de diciembre de 2013

ESTOY con Jünger en que las bibliotecas son zonas idóneas para crear un microclima para el espíritu. Espacios del saber y espacios del ser a un tiempo, armonizados en la disposición y en el recogimiento, pues las bibliotecas conforman un territorio individual. Las bibliotecas colectivas son una entelequia, el bibliófilo posee su biblioteca, única,  pues esta se configura como una extensión y expansión de sí mismo.

***

Quien desconoce la tradición desconoce la originalidad. A diferencia del la comunicación verbal y paraverbal que resulta innata en el hombre, la comunicación y, con ello, la creación literaria es artificial. Se aprende a escribir literatura a través de la lectura ejemplar de textos literarios. Al menos, esto fue así en la antigüedad grecolatina, en la época en que se veneraban aún los textos modélicos y ejemplares que no solo debían ser leídos, sino copiados y comprendidos en toda su complejidad. Asimilar esos textos, en su sentido y forma, era un ejercicio básico en el mundo de las artes liberales. 
Estos ejercicios, en la actualidad, han desaparecido. La posmodernidad presupone de soslayo que el escritor, si ha comenzado a entregarse a la palabra, cual vitae iter, es porque ha leído lo suficiente. Parece, sin embargo, que tenemos que tener todas las dudas posibles sobre este hecho. 

Una de las épocas magistrales en este sentido, que supo trenzar lo culto con lo popular, lo ilustrado con lo vivencial, lo sagrado con lo profano fue el Renacimiento. Cada vez más, la tengo como la época matriz de la cultura occidental. Así lo entiendo, ya que si durante la Edad Media, como describe con excelencia Curtius, es cierto que no se interrumpió la traducción de textos latinos ni tampoco la transmisión de saberes y conocimientos, fue, en la época renacentista, cuando ese saber se asimiló plenamente. En esta acción favorece, tal y como advirtió Dante, la evolución de las lenguas romances, De vulgari eloquentiae
El latín, los textos escritos en lenguas clásicas comienzan a ser vertidos a las lenguas romances y, con ello, los textos comienzan a ser pensados, escritos e interpretados. Con una lengua nueva, una nueva cosmovisión estética del mundo.  Es excepcional, entre otros avatares, la relación de las propias lenguas romances, sobre todo, las que se trenzan entre el italiano y el español. Garcilaso importa la música de Petrarca a la lengua española, giros, secuencias, tópicos, vocablos, imágenes, estrofas... pero inaugura una propia cadencia, singular, personal, insólita en las letras hispánicas hasta el momento. "Imitación" desde la creación, lectura creativa, escribir la lectura creando literatura.            

Y tal es el caso de un poeta al que admiro profundamente y al que, con el tiempo, mis días se proyectan en su estoico y sosegado verbo. Fray Luis de León supo convertirse en un poeta neolatino en romance. El agustino tenía para él que la incorporación de las fuentes italianas había sido decisiva para la evolución de la lengua romance; él mismo, con De los nombres de Cristo, acciona un revulsivo en el devenir de la lengua española. Sin embargo, su indagación en las fuentes clásicas directamente se sobrepuso a estas cuestiones. La fontana original de las nuevas letras, la música del cauce originario de la palabra poética es lo que el fraile deseaba en su lírica. Si bien Petrarca había tamizado a través de su palabra y su composición gran parte de las fuentes latinas y griegas, es cierto que no dejaba de ser un filtro de esa cultura. En efecto, una propuesta personal, grande, pero de un individuo. Fray Luis anhelaba la lectura directa de los textos y no solo eso, sino la incorporación, en sus creaciones, de esos modelos como la horma formal y temática de su poesía.             
Así las cosas, me sorprende cuando los poetas actuales hablan de fray Luis o de Garcilaso o de cualesquiera de los poetas renacentistas sin haberlos leídos, en principio, y sin conocer cuáles eran las exigencias estéticas de los mismos. Es más, en estos ejercicios comprende uno mejor el alcance de posteriores generaciones o grupos de poetas como, por ejemplo, los del 27, pues si hacemos la comparativa entre los poetas que desarrollan la renovación de la lírica renacentista y los de la llamada generación del 27, probablemente comenzaríamos a sonreír por la disparidad en el alcance, la indagación, la propuesta, la formulación, la complejidad de unos poemas y otros. Tengo para mí que la enseñanza ética y estética de Fray Luis aún sigo sin entenderla con profundidad a pesar de mi incesante admiración. Qué maestría en sus liras y al tiempo que capacidad de traer, en su ritmo y en su música, la música de los otros. 

La música de los otros, la originalidad naciente desde la tradición, pues el poeta se inserta en un género, en unas convenciones que deben ser exploradas más allá de épocas y modas, de poetas que se alzan en una fama momentánea y  a los que todos quieren imitar sin más. Habrá que leer como quien busca la vida misma en esas letras, como quien posee la inmediata necesidad de encontrar una bóveda amplia, anchurosa, inabarcable, exigente y universal en la que incardinar el leve canto de la vida leve.   
 

jueves, 5 de diciembre de 2013

martes, 3 de diciembre de 2013

SÍMBOLO y número en comunión armónica. Destreza de la memoria del hombre en aprehender un sucedido que aún no ha tomado cuerpo, esto es, geometría. El arte reside y está en la geometría del espíritu; es número y gracia del espíritu. Es el instante mismo de la creación, el estado abisal en que tan solo los privilegiados escogen y seleccionan la materia y el cauce. Sea consciente o inconscientemente, poco importa el estado embrionario de ejecución.    

Recuerda Ramón Andrés, en Johann Sebastian Bach. Los días, las ideas y los libros, un pasaje fabuloso de Juan Bermudo, a saber: "La música, en su idea de totalidad, reside en la capacidad de pensarla en silencio". 
Así la poesía posee una música que debe poseerse en la consciencia antes de su epifanía. El poeta tañe y memoriza el decir sonoro y tántrico de la palabra antes de escribirla. Existe, por tanto, unos instantes, unos estados que encauzan la conformación en la memoria, -entendida esta como la confluencia de tiempos y estados-, de un futuro decir. Estamos ante una proyección de la geometría universal e infinita en la proporción mortal y mínima del hombre. La poesía que se levanta contra este estado original es pasajeramente inconsútil en su idea, irrisoria, caduca manifestación de la vanidad.Pues, ¿qué esta nombrando esa manifestación alejada de la naturaleza verbal? No creo en la contrapoesía, ni en lo que busque a la contra el origen, pues evidencia una clara presencia de vanidad. Existe una fuerza teleológica de la poesía que, si no es comprendida en su música, provoca precisamente afanes contrarios. En poesía no puede escribirse más que a favor de la armonía.       

Pascal planteaba una pregunta capital para tratar de comprender la dimensión de la poesía: "¿Dónde está la eternidad de mi tiempo? ¿Qué es el hombre en el infinito?". Bien pudiera responderse estas preguntas con una secuencia musical del propio Bach, pues, cualquiera de las composiciones ilustres de este u otro compositor rinde, en buena medida, respuesta a esa pregunta como ninguna otra disciplina. Si hay un arte del hombre en el infinito es la música y la música, en el raciocinio secuencial y monódico del hombre, es la palabra.  

La poesía, por contra, alienta el raciocinio de lo minúsculo; explora e indaga quizás con más incisiva presencia la fenomenología del hombre. Una multitud en la unidad o la unidad en la polifonía del universo como ya planteó Lucrecio siglos atrás o quizás como quiso comprenderlo Boecio en La consolación de la filosofía. En estas actitudes reside la diferencia entre el arte y el sucedáneo artístico que tan común es en la actualidad. Quizás, las miras de los que buscan ese concierto que explica al hombre como un elemento ornamental en el universo desembocan de forma connatural en su consciencia. 

De un tiempo a esta parte, he defendido la idea de la naturalidad en el arte. Una idea confundida y mal interpretada por los que desean la claridad en la expresión asimilada esta a un acto comunicativo entendido por cualquier hombre. No es esa, claro está, la idea de naturalidad entendida desde la propia esencia del universo. Lo natural es lo que condensa lo plural, lo natural es lo que brota como resultado del encuentro entre lo infinito y lo finito, de la coincidencia y génesis del sentido del génesis. Un génesis que explica el génesis de la consciencia. 

La dialéctica, como explica Ramón Andrés, entre lo irracional del daimon y lo racional de la técnica. Cuando eso se produce, el artista ofrece un cumplimiento de esa confrontación: la obra de arte. Con ella, la naturalidad queda orbitada en los términos que nos han percutido en la consciencia desde antiguo: Verdad, Belleza y Bien. Esta es la naturalidad de la obra artística; una producción surgida desde el centro indudable de la verdad poética, que solo se percibe en la misma dimensión en que fue gestada, es decir, en el espíritu sensible y mental del lector; una Verdad que se armoniza en proporciones de Belleza y de armonías conjeturales que desprenden, siempre y en cada lectura, el estado del Bien originario.   

      


domingo, 1 de diciembre de 2013

EL cuaderno permanece abierto encima de la mesa. Hay en él notas, borradores, poemas incipientes de cuerpos desfigurados. Algunas entradas de museo del periodo en que vivimos en Italia; boletos de tren, servilletas de papel de restaurantes con nombres de postín, la foto del mejor spritz tomado en Trieste.    
A su lado, una pila de libros nuevos que acaban de asomar sus hocicos en la biblioteca. Las poesías completas de Blas de Otero, los libros proféticos de William Blake, el magnífico libro de mi admirado Ramón Andrés, la nueva novela de Ricardo Piglia, entre otros volúmenes de ensayos variados sobre el alma en Grecia o los animales-instrumentos en la escultura antigua. temas diversos, variados títulos que establecen una rayuela por la que desprenderse y dejarse. 
Libros, cuadernos que contienen formas del espíritu y manifestaciones demediadas del hombre. Pues el hombre, en su mortalidad, deja de batirse en lo circundante para desprenderse en lo permanente. El libro es el formato de la permanencia; negro sobre blanco, luz en la oscuridad, moldes descifrados, connotativas letras de una experiencia individual que flamea en lo universal. 


 

jueves, 28 de noviembre de 2013

HAY
un
légamo
en
la
noche.
Recuerdo a William Blake. Las visiones. Salgo a pasear la oscuridad del parque que está cerca de casa. No voy solo, voy conmigo, que soy otro.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

LA Tempesta di mare, de Vivaldi. El concierto mesura el arco de la vida. Diáfana, la mañana recorre los entresijos de los arpegios. Uno se va con ellos, encrespado, sonoro, taciturno. Es la vida y sus designios, porque lo que sublima es justicia con lo mortal. 

martes, 26 de noviembre de 2013

ASÍ lo escribió Valle-Inclán: "Nuestros sentidos solamente son gusanos de luz sobre el místico y encumbrado sendero por donde la humana consciencia transmigra en las cosas, [...], convertidas en intuiciones eternas parecen despojadas de su sentido efímero". 

Estas palabras pertenecen a  La lámpara maravillosa y no se está refiriendo don Ramón María a la poesía ni al arte, cosa que expondremos a la postre, sino a la vida misma, a la vida del mortal, a su vigilia, como manifestaban los griegos. Así las cosas, esta secuencia del escritor gallego es una manifestación tan manifiesta y verdadera de verdad que ajusta a lo nimio la poesía y al hombre-poeta de este tiempo que corre acelerado y sin norte. 

Escribo estas notas en la mañana de invierno. Suena Beethoven, concretamente  el Adagio molto e cantabile de la Novena sinfonía; sin dudas, un pasaje de prodigio ensombrecido por la grandeza y sonoridad del tema principal de esta composición. Sin embargo, como los textos de Valle-Inclán, a poco que uno se atiene a la quietud y al estarse en uno desde la armonía, entiende que en este fragmento, como en los textos del gallego, anidan verdades múltiples y múltiples moradas de lo bello. 

Decía que Valle prosigue en este fragmento hasta extenderse en consideraciones estéticas aun habiendo partido de lo ético. Leemos: "El poeta, como el místico, ha de tener percepciones más allá del límite que marcan los sentidos. [...] Acaso el don profético no sea la visión de lo venidero, sino una más perfecta visión que del momento fugaz de nuestra vida consigue el alma quebrantando sus lazos con la carne."  

¿No son estas percepciones del escritor de marras las que notamos y sentimos con la lectura de los textos de san Juan de la Cruz, de Baudelaire, de Rilke, de Hölderlin, de Novalis, de Juan Ramón Jiménez o del propio Valle? ¿No está, en ese despojo de lo efímero, la permanencia del texto con su verdad y esplendorosa belleza? 

Estas ideas de vínculo entre lo místico y lo material, entre la poesía y lo eterno siempre me recuerdan a la musas y a Virgilio: "Musae poetarum patronae sunt. Musica est grata Musis", escribió el autor de Eneida. Claramente, las Musas representaban, para el mundo antiguo, esa vivencia de lo venidero que arrancaba en lo pasado. La consciencia plenaria del poeta es la que consigue la estática estación sin Tiempos. Todo uno, todo eternidad del verbo. 

Por último, en La lámpara maravillosa, el lector queda atosigado de tanta belleza expresada y de tan prodigioso agrupamiento de certezas irrevocables. Evoca tanta placidez este texto y tanto deleite; para mí, tantas certezas alejadas de lo que por lo menudo me encuentro en poetas contemporáneos que solo añoran la vanagloria, que solo desean el silabeo de lo infame. Pues el arte forma parte del tránsito, el arte desde la pureza del espíritu y de la estética: "El Arte es nuncio de aquel divino conocimiento cuando alumbra un ideal de consciencia, una razón de quietud y un imán de centro, plenarios de vida, de verdad y de luz.    
  

domingo, 24 de noviembre de 2013

QUÉ  sucede en los ojos
cuando la claridad penetra...
qué derrumbe sufrimos
cuando eleva el amor
su plegaria en nosotros.  

*** 

El mundo corre  asaz lisonjero cuando brota de la verdad y la armonía desde individuo a la palabra.

*** 

Leo a Francisco de Medrano, también a Gutierre de Cetina, Barahona de Soto, Francisco de Espinosa y Francisco de Rioja. En todos ellos puede percibirse la música del idioma, la música y la cadencia del idioma en poesía. Esa cadencia ,-que ha desaparecido de los poemas escritos en las últimas décadas-, me reconcilia con la palabra poética. No hablo de virtuosismos, ni de retóricos recursos utilizados albur de la inconsciencia; antes al contrario, hablo de la edificiación de la palabra poética desde el convencimiento ético y estético. De ellos brota y en sus obras se percibe.     

Con el tiempo y, sobre todo, con las lecturas, caigo en la cuenta de que lo más reconocible y evidente en una obra literaria deben ser la claridad y la verdad que transmite, sean estas transmitidas de una u otra forma poética. La naturalidad como principio dador de la estética. 
Si en los poemas no anida esa verdad (conjugación armónica de humildad, armonía, justicia, belleza, verdad, música, bien) pasarán como una estación cualquiera. Poco dirán pasados los años y, menos aún, las décadas. 


DA lástima la altura moral de los que carroñean en la literatura actual; una lástima infame que, para uno que reverencia la literatura, lo que hace es reafirma la soledad y el silencio de la lectura y la creación. 

jueves, 21 de noviembre de 2013

SUCEDE cuando el escritor se olvida de su obra, es decir, cuando van por delante los caballos de la vanagloria. A pesar de la calidad literaria, de los buenos recursos y del buen decir, la actitud del autor, ese otro halo de misterio literario, empaña su presencia y eco. Ha sucedido desde antiguo y, cuando uno termina de leer y de reflexionar, cae en la cuenta de que la obra de mayores trascendencias se gestó en el seno del silencio y de la soledad nutricios. Como Rilke o Hölderlin, acaso como san Juan de la Cruz, tan solo escuchando el latido rítmico del corazón. Porque si no escuchas lo interno, para nada vale lo externo; si no escuchas la verdad íntima, dentro de ti, es que no conoces la verdad del hombre, de todos; si no sometes tu vivencia a la polifonía que te habita y la comprendes, no habrás entendido la naturaleza de la literatura.  


Decido que, puestos a escoger, reduzco el tiempo de escritura para favorecer al de la lectura. Las horas amordazan desde hace unas semanas y, cuando repaso las notas de este diario, poco me importan. Es como un despacho del espíritu, una musculación de la consciencia. Aunque, ben visto, quizás lo que uno cree mera circunstancia es realmente lo sustancial, lo primordial. Esa es la dicotomía con que se encuentra el hombre por su condición de mortal; siempre queda a expensas de otra realidad, siempre piensa que, con el tiempo, llegará a escribir o a leer o a mostrar tal o cual pretensión. El tiempo demuestra precisamente que todo eso es mentira y falso. 
Todavía hay quien dice que escribe en una bitácora para calentar la muñeca, como ejercicio de estilo. Y cuando uno lee alguna página de un libro publicado percibe que existía más verdad y belleza en la endeble pretensión que en la supuesta obra literaria. En esos casos siempre se dice uno que la literatura actual está repleta de ególatras, pero pienso que siempre ha sido así, de este modo, no es novedad, la relación entre los creadores. Aunque sí hay diferencias entre otros tiempos y este que vivimos, sobre todo, en el resultado último, porque la mayoría de las veces, todo queda en un compadreo infame que mal que bien provoca risa  y esperpento.        

miércoles, 20 de noviembre de 2013

DE VUELTA a la vida, esa es la sensación cuando me pongo a leer todas las noches.

domingo, 17 de noviembre de 2013

YA la madrugada se presencia de nuevo. Es un tiempo de transiciones en que lo más sonoro es lo más silencioso., en que uno es todo sin ser nada. Murmullo de la transparencia. Rito de silencio.

sábado, 16 de noviembre de 2013

ME ha encantado la novela de Antonio Prieto titulada El embajador. Si los novelistas españoles tuvieran el arrojo y la inteligencia de escritores como Prieto la prosa española hubiera encontrado otros derroteros menos sublevados y más emboscados en la propia literatura. De la novela (publicada en 1988) pueden destacarse muchas cosas, pero subrayo los ecos cervantinos cuando el narrador no deja de ampararse en la parodia de los acontecimientos. Por otro lado, toda la escritura es un ejercicio de estilo y de precisión, de una exigencia tremebunda; maneja una cantidad de datos personales, históricos, literarios que solo alguien como él, especialista y lúcido, inteligente y creativo, puede llegar a armonizar. Novela olvidada, sin menciones, sin reseñas, sin pupilos posteriores, sin reivindicaciones de ningún tipo. Son fascinantes los años en Venecia de don Diego de la mano de Pietro Aretino y el retrato que realiza de aquellas décadas de paradiso terrestre que se respiraba en Venecia. Este, como otras tantas estampas, convierten la lectura de El embajador en una reconciliación con la novela. 

Al tiempo, releo algunas páginas de Pietro Citati. Este autor me fascina, me trastoca la encomienda de lector y se convierte, con cada página, en un modelo de escritura. Citati indaga en Dante, somete su juicio con Leopardi, pero sugiere, al mismo tiempo, un diálogo imaginario con Apuleyo. 

He recordado a la Sibila de Cumas. Está representada en un mosaico en la catedral de Siena. Una sibila deífoba, que el propio Miguel Ángel representó en la Capilla Sixtina. En la colina de Cuma, en las cuevas, la profetisa armonizaba las sombras y la luz, era platónicamente al mundo. La sibila sabía transitar el inframundo e incluso guió a Eneas por el Hades.  Tengo en la mano una espiga de trigo. 

viernes, 15 de noviembre de 2013

NO HAY más que mirar cómo exhala la tierra la blancura de la mañana para retirarse de la palabra y del verbo todo. Las contemplaciones conducen al inefable territorio de la consciencia. Someterse a la ausencia de uno mismo, a la inexistencia de todo tu cuerpo y todo tu pensamiento es meditación necesaria. Cuando eso sucede, la palabra se renueva, la palabra poética que sale al encuentro del mundo. 

jueves, 14 de noviembre de 2013

DESDE las palabras finales de las Confesiones de San Agustín hasta los versos que cierran la Commedia de Dante pareciera que el hombre medieval hubiera sufrido una metamorfosis, al menos, una scientia desultoria del espíritu.  Quedó fijado y consolidado el devenir de las instrucciones griegas, neoplatónicas, en la forma de entender lo natural y lo sobrenatural. Sin embargo, Dante transfirió en este universo inamovible uno de los mayores talentos que ha existido entre nosotros. Podemos leer en Dante:

Qual è colüi che sognando vede,
che dopo ´l sogno la passione impressa
rimane, e l´ñ altro a la mente non riede,

Rimane, permanece la pasión transmutada en la visión úmnica del mundo, la visión en que los límites del raciocinio quedan desfigurados y en que las certezas se vuelven temblores y saqueos al espíritu.  La memoria de toda la experiencia se reduce a un voltaje, a una chispa a una gota de la inmensidad. El poeta entonces comprende su corta labor y es cuando comienza la humildad a impregnarlo todo. Porque, por encima de todo y de todas sus virtudes, Dante es humildad ante la realidad toda y su palabra una ceremonia de la revelación y de la sumisiones.  

martes, 12 de noviembre de 2013

E. prefiere la K.545 de Mozart por encima de cualquier música. Juega, todas las tardes, con un teclado y le gustan sobre todo los sonidos agudos. Cuando lleva su dedo a las escalas agudas lo hace lentamente, pero cuando se dirige a los graves, casi aporrea el teclado. Ríe muchísimo y yo con ella. Cuando selecciono algunas músicas (hablo de Alla turca, Para Elisa, Marcha Húngara o Nocturnos) ya dice: "otra". Sé que esa palabrita significa que vuelva a poner la K.545. Nada más ponerla, ella vuelve a sonreír y a ladear su cabeza de un lado a otro. Los que creyeron conocer la composición la llamaron Sonata facile o Semplice y es eso mismo lo que me indica que la composición abriga exactamente esa naturalidad inalcanzable por el adulto. Creo que Mozart vivió constantemente en la dimensión infantiloide de la realidad.   

Cuando el episodio concluye y E. solicita otros juegos, me quedo pensando en todo ello y en todo logro entender la existencia de algo que solo E. vive plenamente. Uno se siente mermado a pesar de que nos parezca a los adultos todo lo contrario; de la realidad tengo por seguro que E. la recibe en la polifonía original que jamás volverá a entender mi sesera.y por ello la observo, río cuando ríe, me vuelco cuando se vuelca y, por supuesto, sigo escuchando, ahora en la mañana en que escribo estas letras, los secretos de la K.545 que no entiendo.    

sábado, 9 de noviembre de 2013

ES la luz. Tan henchida y soberana como arcano es el tiempo.

*** 

El paisaje, a los ojos, remienda el mundo. Lo hace con lentitud y, cuando el que contempla asume su minúscula presencia, acontece el prodigio.

*** 

Leer es pervivir más allá del tiempo que te hacina. Despliegas tus sentidos a las letras, a ellas les das todo tu tiempo, todo tu cuerpo, todo lo que estás siendo. Cuando no hay entrega a la lectura no hay literatura, sino juicio y vanidad. Es por ello por lo que el lector reverencia y congracia su suerte con el texto cuando este transmite una verdad. La historia de la lírica es la de una verdad limpia e infinita.  

viernes, 8 de noviembre de 2013

EL crisol de la mañana, porque la mañana es noche y glauca melodía, despierta melodiosamente. Venimos del sueño, pero en el sueño prevalecemos a pesar de las luces y los reflejos del día. Tan solo el amor, la palabra, la armonía conjunta de la tierra y el cielo nos detonan un sentir, un sentir profundo de no se sabe dónde. Ese misterio lo inunda todo cuando el arte es natural y natural es la persona que lo edifica. 




jueves, 7 de noviembre de 2013

UNO y otro poeta asumen las destrezas de la técnica. Aplican con método este recurso y aquel acento rítmico, este retrúecano y aquella sinestesia, un encabalgamiento suave que pretende encabalgar al siguiente verso y hacerlo discursivo y meditativo  al son versal de los acentos. Conocen al dedillo las particularidades del silabeo, del ritmo, de la métrica. Han leído a grandes autores y conocen, casi de plantilla, los versos señeros que atestiguan la música de los versos. Toda la tópica clásica está en sus molleras; de cualquier tema arrancan con ejemplos de relumbre. 

Sin embargo, uno empieza a componer y otro, desde el inicio, a crear. El primero consigue una pieza ordenada, ajustada a lo correcto, una composición a la que no se le puede poner falta en cuestiones formales. El otro, sin embargo, es una luminaria de misterios. La palabra del primero quedará en nada, en eco de la forma que persigue; la del segundo, será fértil por siempre, creación verdadera. El primero es versificador; el segundo, poeta. 
Qué los diferencia es el qué de la literatura y probablemente la esencia de esa manifestación sea una armonía entre lo endógeno y lo exógeno para la palabra poética. 

lunes, 4 de noviembre de 2013

ESTE otoño asoma su rictus con cadencia de melancolía y no dejo de meditar sobre la amistad y el comportamiento humano con los otros humanos. Me aparto de la sentencia de Spinoza para no caer en prejuicios, pues pretendo partir de la consciencia de la bondad. 
Sin embargo, todo resulta miserias, vanidades, falsedades, irrupciones a la cadencia del otoño. Ello va minando el comportamiento posterior, las acciones con los nuevos allegados a nuestras vidas. Ya no nos creemos nada de nadie, inferimos que, detrás de las palabras de los demás se encierra alguna pretensión vanidosa. 

Hay pocos actos más verdaderos y límpidos que los de naturaleza y ocurren a cada momento, en cada instante, silenciosamente, sin alharacas, sin bruscas transiciones, sin levantar ningún vuelo. Es la naturalidad del mundo frente a lo artificial del hombre. Este artificio se ha trasladado al mundo del arte, de la creación artística. Sea cual sea la disciplina, prepondera lo artificioso y ello es, la mayor de las veces, un signo de vanagloria. El artista que empaña la creación con virtuosismos innecesarios e inadecuados, poco pertinentes, está mostrando su afán de prevalecer por encima de la creación misma, de hacerse notar como un pequeño demiurgo que anhela el furor de los que posteriormente leen, contemplan, escuchan. Por contra, el genio se funde, se hace polifonía al brotar de la obra; se hace inapreciable, solo latente, es en sustrato, materia misma ya de la creación.  

  




sábado, 2 de noviembre de 2013

ARMONÍA VOCÁLICA: dícese de la cadencia propia de la poesía del poeta que tiene un templo en el oído, pues convierte en sagrado lo sonoro. Por desgracia, la poesía de estas décadas está escrita con sordina y apenas se acerca a la palabra en cualquiera de su virtudes. Sea sonido o sintagma, enunciado o estrofa la composición ha de someterse al principio de la música, a la marca de la estirpe de Orfeo.      

jueves, 31 de octubre de 2013

EN POCAS ocasiones un texto llega a poseer la gracia de la forma por la idea y de la idea por la forma. Eso sucede, sin remiendos, en las Coplas de Jorge Manrique. Es una creación axial en nuestra literatura, de resonancias inequívocas en las letras posteriores al medievo en la obra de aquellos autores que han evocado las palabras manriqueñas. Porque Manrique instauró, entre otras cuestiones, un decir, un estilo pleno. Más allá de toda influencia, para uno sigue siendo  una relectura siempre fructífera, muy fértil, pues estamos ante un texto lírico que amolda música, palabra y pensamiento como pocos. 

Si estuviera escrito en otra lengua, algunos de los vates de la literatura actual saldría al caso para lucir su rara y especial selección, pero ocurre todo lo contrario; pocos, por no decir casi ninguno, hace referencia a la grandeza del texto y a la cosmovisión que ofrece y que tan fulgurante es para un lector de poesía. Y es que creo que el lector sin virtud es el que se enfrenta, si es que lo hace, a los textos clásicos cargado de prejuicios, sin espíritu libre; y el escritor que logra llegar al centro indudable de la poesía el que revisita lo que otros dejaron marcado con sus propias luces.  

Las virtutes antiguas se aprendían gracias a la imitatio y esta se desarrollaba al calor de los exempla, esto es, de los fragmentos esenciales. Esa imitatio no pertenecía solo al orden estético sino que debía incorporar el ejercicio del espíritu del individuo hacia la edificación de una ética. En este sentido, la virtus aspiraba a una vitium de orden moral. Estamos ante una escisión de la literatura y de la filosofía que tanto ha empobrecido a las artes liberales en que terminaron la literatura y sus géneros. 

Pienso, con estos mimbres, que Borges, Hölderlin, Pound o Thomas Mann utilizaron a todas luces las estrategias de la literatura antigua; así Quevedo, Gracián, Garcilaso  o Bécquer, entre otros tantos. Defiendo la imitatio en su vertiente antigua pues considero que nunca se ha conseguido en la literatura más altura y más limpieza que cuando un autor muestra su estirpe con sus propias luminarias. Si es cierto que la llamada posmodernidad ha enfatizado su desarrollo en la originalidad del autor, pero pienso que, al desvirtuarse ese concepto, los literatos deben comenzar allí donde estuvo el origen: en la copia, la memoria, la imitación de la virtud estética y ética de los fragmentos esenciales. Qué grandeza en fray Luis, aun estando latente Horacio en cada uno de sus versos; qué delicadeza la de Garcilaso, aun estando Petrarca en cada sílaba; qué verdad en Cervantes, aun sonando en sus líneas la rueca de la literatura anterior más diversa. La literatura es siempre celebración de la literatura.     

martes, 29 de octubre de 2013

Leo. Acción total que se impone con el tiempo. "Canto XI" de El Purgatorio:

No es el ruido mundano más que un soplo
de viento, ahora de un lado, ahora del otro,
y muda el nombre como cambia el rumbo.


Unos inmensos versos de Petrarca en una obra, Triunfos, que cada vez más resulta más insoslayable y necesaria. Leemos en el "Triunfo del Tiempo":

Soy el mismo que, antes que la tierra
fuese creada, rueda noche y día
por la ruta redonda e infinita".

Termino con la música del ser de Dante:

Non è 'l mondan romore altro ch´un fiato
di vento, ch, or vien quinci e or vien quindi,
e muta nome perchè muta lato.

domingo, 27 de octubre de 2013

EN Salamanca recordé la exquisita décima de fray Luis de León, -o atribuida a fray Luis, que no atinan los filólogos a discernir el entuerto- , titulada “Al salir de la cárcel”:

Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado
[…]

La recordé justamente por el sentido contrario que desprendió aquella breve estancia. Fue todo verdad y esencia, diálogo y concesión. Todo fue alejamiento de la podredumbre y de la vanidad que como norma rodea la literatura. Fue una verdad vivida. 

Son versos reveladores, que transmiten sosiego ante situaciones adversas y que tan bien pudieran ajustarse a los tiempos actuales, a las vivencias personales de esta tontuna que rodea a los aspirantes a literatos, a los que prefieren quedarse en el lupanar de su consciencia, de su miseria, antes que leer, aprender, leer, aprender de forma incesante. 

***


Uno, dos, tres, cuatro…elementos recibo en la mano. Los agarro con la derecha y los paso a la izquierda. Los reviso, los toco con cuidado, observo las pequeñas fisuras que poseen. Uno de ellos es semitransparente y parece tener dentro de sí otro elemento. El resto es monocromo a los ojos, pero infinito cuando los respiro. Todos están dentro de mí, siempre lo estuvieron. Esto no es más que contemplaciones y murmullo de la transparencia. 

*** 
Leo el ensayo de Hölderlin titulado "Sobre el modo de proceder del espíritu poético". Es un texto cargado símbolos y de claves que el lector debe descifrar. Siempre se muestra Hölderlin como un extraño al ejercicio de la poesía y eso lo demuestra con la enrevesada sintaxis y, en general, indeterminación de sus apreciaciones. Sin embargo, existen pasajes que cristalizan momento de claridad expresivas, a saber: 
"En un grado presiente el poeta su lenguaje y, con él, el verdadero cumplimiento de la actual poesía y, a la vez, de toda poesía.
Ha sido dicho que en este grado entra en juego una nueva reflexión, la cual es, para el espíritu del poeta y de su venidero poema, arte vivificante, tal como, para la sensación originaria del poeta y de su poema, ha sido arte que da espíritu. El producto de esta reflexión creativa es el lenguaje".

No deja de insistir Hölderlin en la dicotomía entre lo individual del poeta y lo universal del poema, de lo material del poeta y de lo infinito del poema, de la actualidad a la que es limitado el poeta y la permanencia en que se instala la poesía. El momento de conformación y de comunión entre una y otra dimensión de la palabra poética es el devenir del poeta en el devenir del espíritu poético. 
  

jueves, 24 de octubre de 2013

SUENA Ave regina de Guillaume Dufay y mantengo en el recuerdo los días en Salamanca. Poesía, poesía y vida trenzados en un sentir permanente. La memoria se expande hasta el encuentro con el origen. Gracias a otros poetas me voy convenciendo de la naturaleza de la palabra poética. De su vivencia ancestral, de su música de agua. Cada vez más alejado de mí, más siendo otro. 

Porque la literatura ha sido siempre una corriente alterna, una estación de eternidades. Es eso lo que hallo en la lectura de Eternidades de JRJ en la edición añeja y deliciosa de Renacimiento. El poeta de Moguer está, a cada momento, recordando la plenitud de la poesía y lo hace, además, con la creación. Del poeta moguereño me atrae la consciencia de la elaboración no de la palabra sino de la palabra poética. En este cauce, JRJ tuvo a Goethe y a Swedenborg como alumbramientos. Quizás no alcanzó a desasirse por entero como otros poetas, pero desde luego, en nuestra lírica, consiguió vislumbrar de cerca el centro indudable de la poesía.

En cuanto he vuelto de Salamanca he abierto un libro de María Zambrano. He leído por aquí y por allí, por esta página y por esta otra, espigando deliberadamente un itinerario de lecturas. En todas he percibido pureza y verdad sobre la poesía como pocas veces los poetas demuestran. Claudio Rodríguez, también fray Luis me han acompañado desde la vuelta. 

He pensado en la Ginestra de Leopardi y en las encinas con que Platón trataba de enseñar las contemplaciones, estas contemplaciones del trópico de la mancha. Y he acabado releyendo a san Juan de la Cruz y a Calderón de la Barca. Una especie de confirmación me deleitaba, una suerte de indagación perpetua que no puedo soslayar y que, rodeado de poetas, no hace más que agrandarse y ocuparlo todo. 


domingo, 20 de octubre de 2013

LLEVO unas semanas reflexionando sobre el tópico de la consolatio. La consolación es el encuentro entre el dolor y la razón. Todos los que han trabajado con este concepto en sus obras han intentado establecer una división entre este mundo y otros mundos. La tierra, por ende, es el destierro; el destino verdadero y puro está en otro lugar o quizás es utopía y solo reside en la misma idea.

Así la emoción del infinito –que es el razonamiento de esa utopía- no puede expresarse sino después, cuando ya no se siente. Ante la imposibilidad de comprender lo que no se muestra ni desvela, el poeta necesita sobrevivir, subsistir en la sabiduría que interpreta y rememora esa realidad nonata.

El poema, entonces, es un intento de relatar el encuentro entre la razón y el dolor, la razón luminosa y el dolor connatural del mortal que sabe de su condición.

sábado, 19 de octubre de 2013

Sosiego. Pulcro meditar. Elipsis. Trato de soslayar las manifestaciones externas. Desvincularme de todo: no deseo nada ajeno. Pretendo encontrar, si es que existe, el eco que retumba en mí. Dentro de mí. En el viaje vertical que todos debieran hacer. En la transformación el ego en pluralidad.  Sosiego y la calma de la respiración. 
Cuanto más me acerco a lo social más me alejo de lo verdadero. La multitud es falsedad. La justicia reside en uno mismo y se encuentra cuando todo gira alrededor de armonía, pues cuando te fundes con armonía no eres ya por siempre. 


martes, 15 de octubre de 2013

LOS días restan, sea cual sea el baremo en la consciencia. Y la estulticia más aún. La rutina es el vertedero de la levedad, de la insoportable levedad. Ante este montículo de sinrazones solo cabe ondear las sílabas de la poesía: reconstitución del espíritu. 


A veces pienso que todo es una figuración. Hoy le decía a E., cuando la tarde sofocaba en violáceos y azules, que mirara una luz a la que denominamos "estrella". Una estrella, le decía con énfasis; pero E. no mostraba ningún interés. Miraba y apenas prestaba atención a mi entusiasmo... una figuración, sombreados rostros en ruinas circulares. E. parece entender todo esto, captarlo con soltura, a veces, con risotadas que hacen evidenciar mi tontuna ante el mundo. Uno tiene la sensación de haber perdido su capacidad. No solo de haberla perdido sin de posicionarse como si ya lo entendiera todo, con prepotencia, con vanidad, con ímpetu. Qué claridad la de E. ante el mundo; el aire en su rostro, la tierra a sus ojos, la piel de sus padres, la música de un piano. Todo connatural a ella, todo le pertenece sin más ni más. Ella deviene del mundo, de la naturaleza misma del mundo y todavía permanece en ella el origen del que nos alejamos con la condición de mortales.    

domingo, 13 de octubre de 2013

LA grisura del otoño comienza asomar su cuerpo. Lo hace por las mañanas, refrescando el aire, tomando el sentir con que uno accede al cotidiano quehacer. Pareciera que las acciones se vuelven más solemnes cuando llega el frío y que los individuos se vuelcan sobre sí mismos resguardándose de las inclemencias del porvenir. 

El otoño es una mandolina que tañe un melodioso recogimiento. Una mandolina penetrante, que punza en el interior mismo del tuétano. Una, dos, tres notas sagaces que arrancan un espasmo ante el ciclo de naturaleza. 

***

El escritor siente la cambiante magnitud de la expresión. Su vida se va completando con lecturas y desde ellas va edificando su propia palabra. Su voz nace siempre entre las obras leídas que ya son parte de sí, de su forma de entendimiento del fenómeno literario. La creación ex nihilo es una imposibilidad en la literatura, pero siempre corre el riesgo el creador de concluir en un vacío, esto es, en la creación que no comunica nada pues solo está creada para él. Ese es el límite de armonía y esa es la esencia de las obras clásica y esenciales; el poeta debe tener consciencia del límite en que su obra deja de ser comunicación creativa y se convierte en mero expresar de sus sensaciones. tanto en la escasa virtud como en el exceso de referentes que el lector, como hombre, no conoce, el poeta se encamina en el cauce glauco del equilibrio y la verdad. 

Desde la retórica y poética antiguas, los que han tratado de auscultar el qué de la literatura han advertido que se produce un proceso de intensificación entre la concepción del mundo, la recopilación de los datos que el individuo piensa que es el mundo y la expresión posterior. En ese paso, revelado tal vez, anida el misterio. En ese punto es en donde la crítica nada podrá ofrecer verdadero, en el que tan solo el poeta, de forma individual, siente e intuye, nada más. 

Deberíamos conformarnos, pues, con la descripción de la existencia de ese proceso que desde antiguo ha preocupado al creador. Iniciación, revelación, inspiración...del sentimiento de lo vivido (entendiendo vivido en amplias connotaciones) el poeta expresa creando. Ese es el paso fundamental: la expresión se hace creación. 

De su novedosa visión surge una novedosa expresión. De su novísima manera de entender el mundo se origina una expresión nonata que se alza creación pura. Cómo sucede será enigma siempre; acaso el poeta solo puede transmitir la realidad de lo sucedido sin saber qué sucedió. 


jueves, 10 de octubre de 2013

LA literatura es palabra, pero no solo palabra. Es manifestación. Discurso. Comunicación. Por su naturaleza, quizás la forma de creación más cercana al hombre, al hombre con las manos en la tierra, con el rostro al viento, con las minucias y paradojas que anidan en su entraña. 
La música pertenece a otra dimensión del ser, pero la literatura es la que alcanza esa catarsis de realidad más atinada y ajustada. 
Esta reflexión es fruto de la lectura de la Poética de Aristóteles y de su concepto de mimesis, de esa consistente teoría que tan ampliamente se ha desplegado en las teorías literarias de occidente hasta nuestros días. De una o de otra forma, todos los teóricos o los que han tratado de establecer el qué de la literatura han surcado el menudo libelo de Aristóteles. A la contra o a favor de sus postulados, los lectores se han posicionado sin remiendos. Aún recuerdo lo que afirmaba el filósofo y la distinción que establece entre Historia y Poesía.  

Con claridad, el filósofo indaga en la esencia de la literatura y quizás lo hizo con más tino que Platón, pues este último encauzó su pensamiento sobre todo, y así lo pienso, en la lírica. Para uno, Aristóteles escribe acerca de la poesía, pero Platón es poesía en sí.   

Platón mismo era poeta, lírico, músico, tocante del aulós mágico y mistérico y eso se traslada en sus teorías. Aristóteles, sin embargo, punzó en la naturaleza de la palabra narrativa, épica, dramática, poética, literaria en general. La literatura es mimesis de las acciones y de los modos de ejecutarlas en referencia al hombre. Esa es su maravilla y precisamente su restricción. La palabra es el fundamento para el hombre y para la literatura, no así para la música y, en parte, para la poesía.  

En Aristóteles leo la inteligencia aplicada a lo literario; en Platón, el devenir del cauce mágico de la poesía. Haz y envés de la consciencia para el mortal.

miércoles, 9 de octubre de 2013

LA palabra poética
excede la memoria
porque su tiempo eterno

no cumple olvidos.

martes, 8 de octubre de 2013

ESCRIBIó Pessoa un hermoso y recoleto texto que condensa toda una teoría de la vida y de las ideas. Incluso cabe añadir que podríamos extraer de su lectura una lección de estética. Pensaba en estas disquisiciones cuando terminaba de releer un párrafo del portugués:

"Hay una erudición del conocimiento, que es propiamente lo que se llama erudición, y hay una erudición del entendimiento, que es lo que se llama cultura. Pero hay también una erudición de la sensibilidad".

Pasadas las líneas, el poeta portugués ahonda en estas precisiones tan propias de su escritura y de su  cosmovisión: 

"La erudición de la sensibilidad nada tiene que ver con la experiencia de la vida. La experiencia de la vida nada enseña, lo mismo que la historia nada enseña".

Estas apreciaciones comienzan a tomar otros aires y a presentar exploraciones semánticas que es lo que más me fascinan de Pessoa. La inalterable sensación del ensueño, la maníaca lucha contra la ensoñación a que someten los sentidos y la palabra misma, en definitiva, del impulso en que Pessoa comienza a recorrer de la filosofía a la literatura filtrando en una lo que fecunda la otra: 

"La verdadera experiencia consiste en restringir el contacto con la realidad y aumentar el análisis de ese contacto. Así, la sensibilidad se ensancha y profundiza, porque en nosotros está todo; basta que los busquemos y lo sepamos buscar". 

 



domingo, 6 de octubre de 2013

HEMOS acompasado, los tres, nuestros contagios y lo peor de todo es que uno se ve incapaz absoluto. Desde hace unos días, E. comenzó con malestares que se han ido expandiendo en ella misma y en nosotros. Ha sido una caída conjunta, una caja de música que suena impenitente con la misma melodía. 

La bailarina más pequeña es la que más nos preocupa. Nos miramos recelosos, con la sensación de no estar seguros y convencidos de que estamos respondiendo a las situaciones que se presentan.

Una gran turbación que se suma a la molicie que la fiebre y el virus provocó en uno desde hace unos días. Un derrumbe total, como no recuerdo nunca, me fulminó. En horizontal, traté de leer alguna página. Al hacerlo y, sobre todo, al desarrollarse todo tan confusamente entorné el rostro hacia un cuaderno que descansa en la mesa, junto a la cama, y escribí un adverbio.

Hoy he leído ese vocablo escrito con caligrafía de tembleque, acaso de senectud anticipada. Recordé todos esos libros que tanto me fascinan sobre lectores empedernidos y la atinada palabra que usó Boswell para declarar cómo leía el doctor Samuel Johnson. Con todo esto en la mollera y la mirada estacionada de turbio en turbio buscando el claro en el claro, estipulé la categoría leer febrículamente.  

*** 

Porque los textos literarios que anidan en otros textos literarios me parecen una fascinación. En primer lugar, porque observo qué leen los autores predilectos; en segundo lugar, para aprender cómo dialogar con ellos, cómo establecer la polifonía textual negro sobre blanco.
Cervantes fue el escritor, en nuestra literatura,  que más abiertamente colocó las tripas de lo leído en los ojos de los lectores. Todo ello, obviando las antiquísimas tradiciones orientales e indias y el concepto de gran arraigo en occidente de imitatio. Creo que esa es una de las enajenaciones que sufre el lector de El Quijote, las capas de textos y de literatura a la que se enfrenta y que llegan a confundirlo con su mundo de referencia.
Así leo, así escribo. El posterior anhelo de encontrar en todo ello la voz propia (a sabiendas de que en este rasero en donde se encuentran los que perduran), lo que se llama, en ocasiones, el estilo, puede o no darse nunca. Pero no debe importar eso, no debe ejercer ninguna interferencia si lo que se ejecuta es noble y verdadero, pero sobre todo, fiel a la literatura y a la vida.
Siempre las glosas, las visitas a otros textos y, sobre todo, el ejercicio de la buena lectura, han alimentado a los autores de culto. Desde la antigua Grecia, Platón irradió una sentencia que luego recuperó el autor de marras. El lema que presentaba la torre en la que se recluyó mi admirado Montaigne presentaba la siguiente sentencia: "Que sais-je?".  





jueves, 3 de octubre de 2013

LA belleza restaura el sentir de armonía; la justicia revela el ser de la verdad. La belleza figura la estación permanente en los textos vertidos con iluminada razón.

miércoles, 2 de octubre de 2013

ESTA mañana, el campo exhalaba un vaho de prodigios. Todavía resonaba la música del verso de Machado que estuve leyendo. El olivo, el olivo solitario que condensa todas las figuraciones de la noche. Un glauco meditar con la palabra sosegada. 

***

Un amigo me escribe y me dice que A.M.M. está escribiendo en estos días sobre Thomas Bernhard y que lo elogia desmesuradamente, como si nunca antes nadie lo hubiera hecho. Es cierto que los lectores de Bernhard son entusiastas de su prosa y de su propuesta estética y ética. Uno llegó a sus libros gracias a otros lectores y esa es la esencia del lector.
A poco que se arrime el lector a cualquiera de sus producciones advierte que está ante una obra literaria alejada de todos los convencionalismos establecidos alrededor de la literatura. Bernhard es narrativa pura, el correlato en prosa a un poeta verdadero que no tiene parangón en la prosa hispánica. Uno de los primeros en traerlo a las letras españolas fue Javier Marías quizás el autor más bernhardiano de los últimos tiempos y el que mejor ha incorporado los logros en las técnica narrativa en nuestra novela.   

***
La mañana seguía con su estado de consciencia blanquecino. El olor de la tierra húmeda, las figuras de las lomas apenas advirtiéndose entre el campo, el sonido impoluto de la luz de amanecida. Resunean los versos del poeta: 

Olivo solitario, 
lejos del olivar, junto a la fuente,
olivo hospitalario
que das tu sombra a un hombre pensativo 
y a un agua transparente.
Al borde del camino que blanquea,
guarde tus verdes ramas, viejo olivo,
la diosa de ojos glaucos, Atenea.

martes, 1 de octubre de 2013

AHORA, cada vez que contemplo la lluvia, pienso en los números y en las letras. Se aviene la realidad como un compendió sesgado del tiempo del hombre. JRJ advirtió esta circunstancia con una claridad fastuosa: nos iremos y los pájaros seguirán cantando, los pájaros que simbolizan el eterno canto de la aurora.


domingo, 29 de septiembre de 2013

EL PREDOMINIO del verbo "leer" en este diario no es ninguna eventualidad. Es el ejercicio coronario que lo encauza todo.  Leer, en su étimo más profundo, significa leer entre líneas, esto es, interpretar la realidad entre lo aparente y lo insinuado. No otro fin posee la creación artística, abrir un arco inmenso de bellezas y armonías.

*** 

La literatura es la letra por antonomasia y ella es la prolongación del ser que la impulsa.

viernes, 27 de septiembre de 2013

EL escritor termina por desear el conocimiento de los principios de la literatura, no de los actos literarios en las obras, de las palabras exactas y empleadas, sino del origen y causa de los mismos. La literatura es un arte, completo, global, de la palabra. Una manifestación estética del verbo amparada por los resortes éticos del escritor. La literatura consiente una lengua velada, autotélica. Ella misma es el misterio nombrado.  

*** 

Aquí, en el despacho 
en que trabajo por las tardes, 
llega la luz del sur. 
Lo hace sigilosamente 
procurando medir la forma 
de los cuerpos sin ser 
notada a los ojos. 
Es una cálida luz, dulce, 
medidamente verdadera. 

Mi mano roza su fatuo perfume 
cuando sujeto unos papeles
al aire de esta soledad 
y se atestigua, en las sombras, 
su proyección atlántica. 

Su forma y el otoño 
son la medida justa 
de este aire reminiscente de marismas y humedales. 
Todo ello ocurriendo en el cuerpo, 
en la memoria que lo empaña 
todo y todo lo entristece. 

***

El tiempo de lectura queda sujeto a los mismos textos. Los he convertido en un tablero de ilusiones, una tabulación de los símbolos. Antes realizaba lecturas en horizontal, ahora comprendo que la literatura es cuestión de verticalidades en el individuo. 




jueves, 26 de septiembre de 2013

ESTE es un espacio de retales, de encuentros entre fragmentos de lecturas, pensamientos, idearios que no terminan casi nunca más que un breve conato de ensayo o en delirio de verdad. Leo en un libro:  

“Estamos en la posición de un niño que entra en una biblioteca llena con libros en muchos lenguajes diferentes. El niño sabe que en esos libros debe haber algo escrito, pero no sabe qué. Sospecha levemente que hay un orden misterioso en el ordenamiento de esos libros, pero no sabe cuál es. Me parece que esa debería ser la actitud de los seres humanos más inteligentes hacia Dios. Vemos el universo maravillosamente ordenado, y obedecemos ciertas leyes, pero sólo entendemos levemente esas leyes". 

Es una definición bella de la verdad, de la búsqueda. Incluso una apuesta decidida del entendimiento de la estética como la forma en que el mundo se nos ofrece. Son palabras de Einstein recogidas en el libro Glimpses of the Great, de G. S. Viereck. Con ellas voy confirmando la putrefacción de la literatura actual y la bienaventuranza de otras disciplinas que siguen arrojando luz. Pretendida soledad que, con el tiempo, más sabrosa y fructífera te ofreces. 






miércoles, 25 de septiembre de 2013

ABRO la Divina Comedia, exactamente por el inicio de Paraíso. Tengo anotada a lápiz la estructura de cada estación. En este caso, he dibujado un esquema de los nueve cielos: Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Júpiter, Saturno, Estrellas fijas,  Primer cielo móvil, cristalino. El Paraíso lo cierra y culmina el cielo inmóvil o Empíreo, donde habitan los bienaventurados, los ángeles y la Luz. Por lo demás, las ilustraciones de Botticelli no hacen más que añadir incógnitas y símbolos al texto.   

Desde el primer cielo, los ángeles comienzan a habitar y a convivir con el protagonista. Todo gira en torno a mitigar los apetitos sensitivos. Ángeles y arcángeles que desembocan en la aparición de un sabio, Santo Tomás (y pienso en los poemas de Rilke, en las pinturas de Klimt, en las esculturas de Bernini, en la música de Bach). Pero, estaba describiendo el momento en que el lector se adentra en las aguas del Paraíso. Un momento de resonancias que nunca más volverán a repetirse ni a simularse con esa vigorosa presencia.  Los versos son proverbiales, sobre todo, cuando el lector ha sucumbido y atravesado Infierno y Purgatorio y ya está casi a punto de la transformación, del paso de la oscuridad a la luz que provoca este libro. Escribe el poeta:

En el cielo que más luz recibe
estuve, y vi unas cosas que no puede
ni sabe repetir quien de allí baja;

porque mientras se acerca a su deseo,
nuestro intelecto tanto profundiza,
que no puede seguirle la memoria.

Anuncia Dante el desasimiento de la consciencia temporal en pos de la consciencia cósmica, de la que aúna todos los elementos del ser en una sola evidencia. Esa evidencia es el origen que nos habita y que la palabra no puede asir en su naturaleza, pues esa esencia es inefable. Es ya el intelecto, la ausencia de límites corpóreos y sensitivos, lo que guía el trayecto y la contemplación. Eso es lo que titulo en este diario "Las contemplaciones", los instantes en que el mortal toma consciencia de sí dejando de ser plenamente. 

La memoria no puede continuar el relato porque la luz carece de relato.


martes, 24 de septiembre de 2013

SI tuviera que definir qué plano o perspectiva utilizo para escribir este diario, no sabría qué contestar. ¿Primer plano o panorámica? ¿Paisaje de fondo o enturbiada claridad? Cierto es que, después de algunos años, llego a estas páginas como lo hago al clarinete y al piano. Pienso que están sordos, que el ébano de enrojecidos reflejos necesita más tiempo, más ahínco y perseverancia. Sin embargo, las horas que puede pasar uno ensayando con el instrumento son siempre horas de asueto, preparatorias para una interpretación pública o para establecer el recordatorio armónico con lo pasado. 

La literatura es siempre actuación. El escritor que lee sus textos es ya todos los lectores. No existen los ensayos previos. Como los días, las horas, el tiempo que concebimos, al igual que existen melodías que no se borran de la memoria, en la escritura anidan giros y palabras y estructuras que mantiene uno casi sin percibir. Quizás el escritor termina siendo ese conjunto reducido de señas lingüísticas. 

De esta forma, si el escritor advierte que posee esa reducida convicción de la palabra por escrito, deberá comenzar a proyectar sus ambiciones sobre lo semántico. Nunca pensé que la literatura fuera un sistema de signos y que estuviera sujeta a las posibilidades sintácticas de la lengua de turno. El instrumento, la lengua, lo es, pero no hay un inmanentismo evidente en la creación.  Así las cosas, el escritor debe ofrecer, en su interior, para sí, una reflexión sobre cómo escribe, qué términos utiliza y de qué forma engarza todos esos giros. En este sentido, podrá comenzar a desasirse de la mecánica del silabeo, de las atmósferas fónicas que tanto embelesan en las prematuras creaciones. Llega el momento de la semántica y esto anuncia que la filosofía, el pensamiento, el ser se van acercando y lo van conformando todo de forma polifónica.  

Es la hora del riesgo absoluto; cuando el escritor deja de controlar su propia creación y se adentra en las iluminaciones y los fogonazos de la imaginación. Hay unos versos excelentes de Boecio que describen este proceso de forma poética:

No buscáis el oro en el verdor de los árboles
ni recogéis perlas entre las vides.
No tendéis las redes en los altos montes
para gustar ricos pescados
ni llegáis al mar Tirreno
si preferís cazar las cabras salvajes.

Por el contrario, el hombre sensato conoce
bien
los lugares secretos bajo las olas del mar.
[...]
Rastrean en lo hondo de la tierra
lo que está más allá de las estrellas.

Son versos que se dirigen quizás hacia otra profundidad del ser humano, de su propio entendimiento, pero que resumen eficazmente lo que trato de describir: el proceso que lleva de la técnica a la verdadera creación. 
Tengo por seguro que en el escritor existe un momento de vislumbre de su mediocridad y que, en tanto este no suceda, todo seguirá enroscado en la vanidad y en la pura egolatría. Éditos o no, los escritores quedan fijados en el reflejo de lo que piensan que es su genio, esto es, siguen escarbando en lo hondo de la tierra cuando lo que deben estar haciendo es contemplar más allá de las estrellas. Pero, qué distinta esta época  (y a lo mejor, todas) de esto que nombro. Hay tanta vanidad, tanta pretensión de estar en actos y en lugares en que se celebra un ritual literario.... son caníbales de la literatura los que anteponen su yo, su ego, su persona a lo literario. No solo no han entendido lo que han leído, si es que han leído algo fructífero, sino que se empeñan en percutir con sus miserias y sus vanaglorias.

Terminen estas notas sueltas alejadas de esto que nombro aquí, por último, y déjense a la sazón de la literatura y el ser que, cuando se convocan desde la belleza, la verdad y la justicia tanto bien produce a los mortales.   




domingo, 22 de septiembre de 2013

VA LLEGANDO la noche. El día se va acompasando en su término y última estación. Con ellos, algo de mí sucumbe y se entrega. Es un confín, una ensoñación que desde hace meses supura en mi consciencia. 

Cada vez me incumbe menos la escritura y me acostumbro a vivir, a ir sometiendo el sonido del verbo al silencio polifónico del interior. Pareciera que con la lectura es suficiente y que todo lo demás es aledaño, pantomima, encrespadas acciones del ego. Leer, verbo de belleza ética y moral. 

Ser y estar plenamente, en la piel de E., en el olor del campo, en la caída de la luz donde el sur se hace sigilosa delicia. 

sábado, 21 de septiembre de 2013

LA del alba, la de la noche,
el crujir del descenso de la helada
en el cuerpo; un canto, dos,
tres, de los pájaros, el mar en quietura
son formas de la belleza inalterables...

Son infinitas esas maneras de estar de lo bello para el hombre. La cultura es la forma estética 
del pensamiento, pero debería brotar con la naturalidad con que amanece cada día para nosotros. Esa naturalidad consustancial es lo que Platón llamaba Verdad. Y la fuerza que combina la belleza y la verdad es la Justicia. No se escogen estos vectores, no se aprenden con el tiempo ni de ellos somos poseedores si no hemos nacido en la armonía, si no vamos siendo en armonía. 

El ejercicio de la poesía entraña una salmodia y una plegaria: ser la palabra misma. La palabra natural, la que dice con el convencimiento del alba, con la rudeza del frío, con los intervalos del canto de los pájaros, con la anchura infinita del mar. Es la palabra y a ella hay que someter el juicio. 

Siempre tengo reverencia por la literatura que ofrece esa justicia y ella permite la intertextualidad, la polifonía de voces en el texto, el diálogo, escribir la lectura. Es mi propio ejercicio de la consciencia. Como un diminuto individuo me acerco a los textos y los escribo, los anoto, los someto a la punta de la consciencia a pesar de mi corto entendimiento y de mi fallida lectura. Una y otra vez. Es una lectura más y es el principio de todo. 

Como una lámpara maravillosa, como el círculo que pugna con la cuadratura, el lector asoma a los textos. Allí estamos mientras tantos, dejando allí el destello de las retinas. Es suficiente, absolutamente suficiente.

Con una visión inmutable, advertimos que la obra de belleza se acerca al origen que nos habita. Al leerlas volvemos a vestirlas de luz porque así su hechura lo hace posible. No merman, ni se marchitan estas creaciones, sino que sus ritmos antiguos se renuevan y acrecientan con el nuevo brío de los tiempos. Pasado en el futuro, el futuro proyectado en el pasado. El texto bello es inconsútil al tiempo, es morada de permanencia.  

jueves, 19 de septiembre de 2013

NO corras ni huyas nunca más; detente en lo contemplado. No aligeres el viento que golpea tu rostro ni memorices las constelaciones que ves en la noche. No trates de evadir tu kharma ni de imponer el triste encuentro con la falsedad. Todo lo que ves y todo lo que deseas está en ti. La carrera eres tú mismo, tú solo eres el mundo posible, el destino, el origen te habita.. Desde ti irradia el ser que armoniza tu estación. 

miércoles, 18 de septiembre de 2013

UNA febrícula me adentra en la realidad de forma sinuosa y esperpéntica. Estoy aquí ahora me sitúo allí no me encuentro y esta sintaxis es espéculo de lo que vivo de lo que suenan mis ojos o ven mis ojos y suenan mis manos o tocan mis manos y contemplan mis pies. No hay en esta realidad sucesiones de realidades: todas confluyen en una misma armonía. Placentera armonía.




martes, 17 de septiembre de 2013

ESCUCHABA por la radio a un escritor. Trataba de explicar qué había querido contar en su novela. Una historia por aquí, algunas anécdotas acullá y extravagancias más propias de dramón que de inventiva. El escritor ponía énfasis cuando argumentaba que su novela desentraña un cuadro de Rembrandt que se identifica con la rebelión y la heterodoxia. Mientras este hablaba y el locutor se limita a proferir preguntas sin sustancia alguna, pensaba en el detrimento de la literatura actual. 

No es un lugar común esto que escribo. Es una evidencia objetiva y demostrable. Poeta a poeta, poema a poema, escritor a escritor, novela a novela, podría uno ir cotejando la degradación de los que se piensan literatos.  

En este sentido, creo que una de las rémoras que ha apisonado la literatura contemporánea es el afán de contar -(sí, el verbo que escribí en cursiva hace unas líneas). Contar historia cada vez más enrevesadas, cada más más fantasiosas, cada vez más allegadas a guiones cinematográficos o a series de televisión. La misma piltrafa que los poetas que lucen sus composiciones que llaman discursivas y narrativas.  
Parece que no se terminan de enterar los escritores y los poetas de ahora que, en la literatura, todo esta dicho y nada está dicho, esto es, sobre los mismos temas, como con las mismas vocales y consonantes, se puede todavía hoy edificar desde la singularidad y la innovación. Para ello, el principio es la lectura y el conocimiento de los rudimentos literarios que tanto escasean en las obras de marras. Precisamente resortes que faltan en todo punto. No hay lectores entre los escritores. 

No quiero terminar esta nota sin declarar algo que tengo por certeza  inexorable. Las historias que presentan los poemas o las obras narrativas me importan muy poco, casi nada. Lo que no consiento es que un escritor no tenga reverencia por la lengua y el idioma. El cómo de la literatura es parte del qué de la literatura. 

sábado, 14 de septiembre de 2013

ES una trama extraña la vida. Me levanto cuando el filo de la noche supura en el lucero. Todos los días, al despertarme, leo las palabras que cuelgan del cuadro que tengo en mi habitación; son unos versos de Virgilio: Musae poetarum patronae sunt. Río en demasiadas ocasiones cuando las silabeo y poseo la consciencia de lo que encierran y suponen para mí. Las musas, me repito, las musas...

Las palabras rodean la imagen de una reproducción del mosaico del siglo III que representa al poeta custodiado por las musas. En la mano izquierda, sostiene un rollo con unas inscripciones que apenas si uno se esfuerza en leerlas, podrá encontrarse con las siguientes palabras: 

Musa mihica sasmemora quonumine laesoquidve

Sin embargo, desde el primer momento en que pude ver el mosaico, allí, en Túnez, el misterio siempre ha residido en la postura de la mano derecha, una mano que gesticula y ofrece símbolos.

Desde aquel día no he dejado de buscar una explicación. La mayoría de estudiosos ha pensado que los dos dedos aparecen así porque está sujetando el calamus. Por contra, el objeto no se ve representado. ¿Un juego imaginativo sobre la escritura? ¿Una metáfora del prodigio de escribir? Durante mucho tiempo pensé que el mosaico representa la ausencia del cálamo ya que son las musas, directamente, las que llenan el discurso. El cálamo para el escritor no es más que un invisible objeto cuando llega la música armónica revelada. Otros estudiosos, apuntan a un gesto con que el poeta trata de alejar la mala fortuna. Pero, hace unos días, leí otra interpretación que, por el azar objetivo que supone, me ha dejado meditabundo. . 

Gerard Minaud  propone otras lecturas posicionándose desde el punto de vista matemático y numérico. A saber, estaría indicando con el gesto el número nueve mil ochocientos (número aproximado de versos de la Eneida); también podría estar indicando solo unidades y decenas (pues la otra mano la tiene ocupada) y, por tanto, el número ochenta y tres.  

El prodigio de la cábala llega cuando Minaud explica que la palabra número ochenta y tres es la que sigue al texto antes citado, la palabra que sigue a laesoquidve. Se suprimieron, con la revisión del texto por parte de Varius y Tucca, veintiséis palabras del comienzo. La suma de las suprimidas más los cincuenta y tantos versos del comienzo y las palabras escritas y que aparecen en el mosaico, suman ochenta y dos. 

La palabra ochenta y tres es la que falta y la que está señalando Virgilio. ¿Saben cuál es? Cuando leas este entramado, entenderás mi desconcierto, querido Lucilio.  

DOLENS. 


viernes, 13 de septiembre de 2013

RECUERDO las tardes en que abría el cuaderno de papel pautado y comenzaba a esbozar una armadura musical. Costaba tanto esfuerzo desplegarla: integrarle la tonalidad, ajusticiar la música con sostenidos y bemoles, pensar en la base armónica y, sobre todo, el tempo. Sonaba Bach en la habitación cerrada, paraíso artificial, divina porción de la geometría. Al poco tiempo agarraba el teclado y trataba de entonar la escritura. Un horror casi siempre, una nefasta y paupérrima melodía apenas se podía desentrañar de todo aquello. No me importaba en un punto el valor de aquellas notas ni que nadie pudiera llegar a escucharlas alguna vez. Era un deleite individual, una sopesada manía que provocaba un encuentro. El fruto de ese encuentro es la consciencia de uno mismo.    

Para un genio, esta composición está integrada en su talento. Como un juego, todo es un magma fecundado por su voluntad y su inteligencia. No hay previos tanteos ni sucedáneos en la composición. Viene dada, proviene por entero hasta que su mano la ejecuta sobre el pentagrama. 

La composición poética es muy similar. La materia esencial, la palabra, es solo el último reducto de la acción. Lo que se produce en el origen de la creación poética sucede en la mente del poeta con toda ausencia de verbo. El verbo fue el principio para los mortales, pero no para el demiurgo. El entendimiento del tiempo para el hombre es la consecuencia de su discurso y a la inversa. No así para seres de otras naturalezas. El tiempo es la sintaxis contraída y aglutinada del ser.

Así, con este entendimiento cabalístico, la poesía estará siempre, por naturaleza, desligada de su origen, de la matriz sensorial que la propició. Esa es la virtud a la que puede aspirar un poeta, apenas a resguardas rescoldos del momento ígneo del origen. Un origen habita en el lector cuando lee los textos, que en ocasiones llamamos clásicos, siguen transmitiendo aspectos de esa naturaleza primigenia. El hombre es uno y el lector es uno que se reconoce en ese espéculo verbo desasido.   

En ese punto me encuentro en la lectura de poemas. Es un umbral de piedra todo lo que rodea al ser, al ser de la poesía. 

jueves, 12 de septiembre de 2013

UNA estampa: es un son, una música encendida. Apenas se silabea en silencio, en ese pentagrama secreto de la poesía, el lector forma parte de la composición. Recita el madrigal una y otra vez, sin descanso, sin apenas detenerse en las palabras. Las vihuelas del cuadro de Caravaggio parecen estar sonando; es el ritmo ya quien lo lleva y sustrae. Es el conjunto armónico, la palabra, la música secreta, el silencio lo que estaciona el ser. Mágica escisión del hombre. Lectura, vida, misterio. 


 

martes, 10 de septiembre de 2013

LA VOZ, la voz propia, la identidad que se manifiesta tras el bagaje de las lecturas y la experiencia de la vida. La voz que emerge de uno mismo con su entonada candidez y su intonsa escultura. Esa voz son los ojos que contemplan hacia dentro y que se vuelven nacimiento y rendición; son aspavientos en la nebulosa de la memoria, en la noche de luz y en el huracán de la piel más hermosa de la aurora. 

La voz se alza entre los matorrales del individuo. Tornasolada, erigida como un baluarte, nos pisotea hasta la extenuación y nos deshace para redimirnos y convocarnos al tiempo que no nos pertenece, al tiempo que socava la sombra y la azada, al tiempo de la poesía que es eternidad.   


lunes, 9 de septiembre de 2013

EL POETA lee a otros poetas y comienza a incorporar los recursos que ha aprendido a su discurso. Lo hace explícitamente y con el desdoro de la copia, a caso con el embelesamiento del aprendiz. Poco a poco, una voz se va imponiendo, una voz dadora de armonías. En ese punto, los recursos técnicos que se habían ido aprendiendo por la imitación, dejan de pertenecer a la imitación y a alzarse como giros y discursos propios. La literatura, en este grado de vivencia, se vuelve juego intertextual, pues el poeta sabe que no está señalando realidades nuevas sino formas nuevas de lo mismo. 
Pero, con el tiempo, el poeta advierte que en las formas hay esencia del contenido y que la exploración formal, como quería Platón, contiene parte de lo nombrado. Aquí se terminan las tontunas y las exuberancias. Comienza el verdadero tañido de la poesía. Para los antiguos, la imitatio plena. No la burda copia ni el nefasto amaneramiento. 
Llegados a esta consciencia, la mayoría de poetas enmudecen ante su incapacidad; tan solo unos pocos prosiguen su canto. Eran los que estaban amarrados al mástil cuando cantaban las sirenas, cuando los demás elogiaban los ecos vacuos de un canto peregrino.  

domingo, 8 de septiembre de 2013

LA poesía no se reduce al verso. El verso es puro ritmo, pero la poesía escapa a esa única forma de ser, de aparecer. La poesía es un espíritu, me digo, y el poeta el mentor fenomenológico que la ejecuta. Siempre tendrá el poeta la entraña en sangre viva, pues sabrá, si es verdadero, que está convirtiendo en mezquino una maravilla natural. Dante lo dijo excelsamente en un verso del "Canto XXXIII" del Paraíso:

"de la alta luz que es cierta por sí misma"

Dante ofrece una armoniosa palabra que define la esencia de la poesía, del ser. La poesía se agazapa en la sustancia que es natural en sí, en la naturaleza en que el poeta nada puede transfigurar más que el ofrecimiento al resto de mortales. El poeta rescata esos destellos que ya estaban formados, puros entendimientos en sí. El poeta: 

[...]
!Oh suma luz que tanto sobrepasas
los conceptos mortales, a mi mente
di otro poco, de cómo apareciste,

[...]


viernes, 6 de septiembre de 2013

HOY he tomado entre las manos el libro de Pessoa. Su lectura la realicé en los meses en que viajaba al tren cuando me dirigía al trabajo. Era de madrugada cuando sucedía la costumbre de leer. Con un lápiz, el libro era el panorama que mis ojos confiscaban cada mañana, en cada amanecida. 

Lo inundaba todo aquella lectura y el ser que se agazapaba al final de la misma; el escritor, el creador, el indolente desmesurado. "El arte nos libra ilusoriamente de la sordidez de ser", escribe en Libro del desasosiego, así recuerdo la sentencia a poco que huelo el agrio paso de los días. 

*** 

Cada día, antes de comenzar a escribir en el diario, -que cumplió ya siete años de ininterrumpida cita-, pienso qué hay tras estas letras, qué empuja a esta incesante manía de escribir, de narrar, acaso de establecer qué soy quién somos. 

Con el tiempo, esas ansias se han mantenido, pero ha ido creciendo un estupor enorme por todo lo relativo a lo humano, una aversión fortuita hacia el hombre mismo y su actividades. No sé si con el paso del tiempo se irá moderando esta insatisfacción e incomprensión de todo, pero deseo que así vaya modulándose este asunto. 
¨¨¨¨¨//////////---------------

No deseo escribir más. 

Tengo un anhelo profundo de silencios y de auroras.   
   

miércoles, 4 de septiembre de 2013

DUERMO cuando vivo, vivo cuando sueño. Apenas percibo la lluvia si no golpea mi cara; el aire no existe más que cuando se encrespa, a pesar de estar en mí de continuo.  Soy incapaz de ver la aurora si no está frente a mis ojos, ni la noche, ni el fuego, ni el trazo de un lápiz en un papel. Mi consciencia es corta y está aletargada.  Cuando tengo, deseo; cuando deseo nunca obtengo lo deseado. Lo breve me parece eterno, lo infinito cabe en una gota de agua. Los hombres adultos me aburren y yo mismo creo que aburro a E. Los niños despiertan un trazo del origen, del tiempo más cercano al origen.  
TE PRESIENTO, presiento un fuego alrededor y una luminaria. La vida agazapada en todos los reflejos. Una infinitud, una inmensa y lozana estación de armonía.

lunes, 2 de septiembre de 2013

PRESIENTO que, como decía Borges, la literatura es un sueño dirigido.