sábado, 22 de febrero de 2014

LA acción es parecida. Se arroja uno al papel y comienza a escribir en el diario. Qué lo motiva ni siquiera lo sé, pero sí puedo asegurar que siempre es un afán de verdad y de belleza. Cosa distinta es que eso resulte con el cuerpo y la fragancia de la literatura y que no termine, como es habitual, en adefesio, incluso en una grotesca estampa sin más. Es cierto que la mayoría de las palabras son solo sombras, los ecos proyectados de la figura de quien las escribe. 

Escribir y pensar, pensar y escribir. El autor posee dos consciencias frente a la palabra. La primera consiste en leer el resultado y en confrontarlo con lo que antes había hecho. De esta reflexión casi todos los pensamientos son impuros, están cargados de vanidad y de falsedad. Para los autores que solo se vuelcan en este proceso, es crucial la importancia de un receptor concreto al que, sin quererlo, están escribiendo. La segunda es quizás la escritura verdadera. Es la efímera consciencia del estar escribiendo, estar componiendo, del gerundivo suceso de la creación, sin saber qué. El receptor no importa, lo que no quiere decir que la obra sea subjetividad al extremo, incomprensible,  y nada más. En este cauce la única claridad que percute en la mente del creador es la de la insuficiencia. ¿Insuficiencia de qué? A esta pregunta han tratado de responder las poéticas pero, por encima de ellas, la Filosofía. Qué habita las palabras. Pensar y escribir, escribir y pensar.     

miércoles, 19 de febrero de 2014

ME ACOMODO las gafas bicolor que estreno desde hace unas semanas. Agarro un libro, Al faro, de Virginia Woolf. Comienzo a leer: revolución.

De Parménides me agita cualquier palabra, cualquier pasaje de su Poema. No me extraña que Heidegger o Nietzsche condujeran sus atenciones a leer con detenimiento y reflexión las letras de que conforman los fragmentos allegados hasta nuestros días. Un pasaje que tengo subrayado y que casi recito de memoria es el siguiente:
Fr. 9.
"Pues bien, cuando ya todo denominado luz y noche
quedó, según sus capacidades, en esto y en aquello,
todo está a un tiempo lleno de luz y noche invisible;
de ambas por igual, puesto que nada hay que no sea parte de una o de la otra".

La luz y la noche invisibles, las fuerzas contrarias que atraviesan el día a día y que, con más sensibilidad, percibo a cada momento, el poder de las yeguas desbocadas cabalgando fábulas.

De Pietro Citati ha anotado uno ciertas líneas en este diario. Lo recuerdo cuando estuve absorto durante semanas con su volumen titulado La luz de la noche. Ahora, su biografía de Leopardi ocupará, de nuevo, un lugar de excepción en la pila de libros que me acompaña.

martes, 18 de febrero de 2014

ACTA est fabula...el final de la obra ha llegado, está aquí. Estas son las palabras después de conversar con un amigo y de contemplar en sus ojos una claridad inusitada, que atravesaba los objetos y la carne.
...es un ir desnudándose, un danzar de la edad de la rosa.

domingo, 16 de febrero de 2014

DISFRUTO con la nueva edición de la Fábula de Polifemo y Galatea de Góngora. Recuerdo que, la primera lectura de este texto consistió en una prueba de resistencia inciática. No dejé de leerlo movido por el gusto estético y conceptual de la composición, sino porque no concebía que un estudiante de Filología pasara por la universidad sin haber leído el texto. Justo cuando terminaba los estudios y comencé a leer sin red, motivado únicamente los intereses propios y alejándome de las recomendaciones de los profesores que solo buscaban el beneficio particular, Góngora volvió a ocupar, en la biblioteca personal, un lugar preponderante. Ahora, pasados los años, un conocido realiza una nueva edición de un texto y de un autor que, por los vericuetos de la vida, mantuvo una estrecha y fundamental relación con el Conde Duque de Medina Sidonia. 
Ayer estuvimos en Palacio, en el de los Medina Sidonia. Entrar allí es someterse al juicio de las épocas pasadas. Volvimos a asomarnos al mirador, antaño zona de defensa que desemboca a la llamada Cuesta de Belén, y volvimos  a contemplar el Coto de Doñana ayudados por el amor y la grisura de la tarde. Nos caían algunas gotas de agua pero no les prestamos atención alguna. Muchas veces hemos ido allí, a contemplar la cadencia del río, del cielo, de la desembocadura y ahora lo hacemos, además, pensando en la ficción poética con la que Góngora impregnó, sobre todo, Soledades. Llevaba el volumen en el bolso, lo abrimos y leímos algunos pasajes mientras por competir con el frío y la lluvia era todo oro bruñido al sol de la lírica.   

Afirmaba Hermann Broch, admirado por uno tanto como narrador como poeta, "la poesía es la más extraña de todas las actividades humanas". Como es conocido, este autor fue aprisionado en Altaussee y fue, en esas semanas de prisión, cuando concibió su afamada La muerte de Virgilio.  Las páginas iniciales de esta novela, de esta summa literaria (pues en ella hay drama, lírica y narrativa) las tengo por uno de aquellos arranques que enaltecen a un texto literario. Brindisi, el poeta enfrentando sus ojos a la costa, la muerte, la fiebre, los días, el mar hipnótico, la fuerza militar, el retiro, los versos que pretende arrojar al caldo de las llamas...una panoplia de imágenes sucesivas que perturban sobremanera al lector hasta conseguir una catarsis. Sin embargo, en esta mañana que releo algunos poemas del autor nacido en Viena, recito en silencio:
[...]
"Oh, lenguaje, descriptor para sí mismo indescriptible, que busca
empujando hacia lo indescriptible"
[...] 

Este poeta afirmaba, por lo demás, que la poesía es una actividad irracional del hombre y como tal debe conjugar el raciocinio de la palabra misma con lo irracional del pensamiento que la mueve. Sea cual sea su naturaleza, Broch consideraba, y esto explica muchos aspectos de su obra, que la actividad poética es "la única que sirve para el conocimiento de la muerte". 

sábado, 15 de febrero de 2014

ES así: se produce, se conforma y llega a tus manos. El libro finalmente es una mapa de circunstancias que establece una forma y una disposición. Ayer, mientras J.S.M. volcaba sus ojos en un lugar irreconocible para mí todavía, pensaba en el miedo y el estupor. Quizas no se notara el tembleque de mis manos y quizás alejé la emoción infante de quien todavía no se reconoce cuando le llega a sus manos un libro de poemas. 
Por otra parte, junto al miedo perenne, El umbral de piedra no es más que una estación, un acto de fidelidad por mi parte al silencio, una acción verbal nutrida de la soledad, en la noche, en respuesta a un pulso secreto y a un confín. No hay en él ninguna concesión ni dádiva intencionada. 
En estos casos, las única palabras que consigo consignar son se gratitud. 


En las últimas semanas, me invade un impulso que nunca antes había estado presente con tanta fuerza. Día a día, la idea de escribir una narración, de volcar las palabras para contar, puramente, narrar, se va imponiendo. En estos casos se interpone una cuestión filosófica, ¿qué narrar? Siempre me pareció una falta a la literatura narrar las banalidades y las miserias del hombre, pero quizás, en ello, esté la medida de lo que uno puede llegar a ser; y, en todo caso, supone un ejercicio de exorcismo y de espanto para que el espíritu quede más sosegado. 

De las ediciones de Dante, a la que le tengo más aprecio es a la de la B.A.C. El volumen retiene  el paso de los años y el papel biblia  que los conforma amarillea pletórico. En él están las obras completas, desde La divina Comedia, pasando por Vida Nueva, El Convite, La monarquía, Sobre la lengua vulgar, hasta La Monarquía, Disputa sobre el agua y la tierra, algunas cartas, églogas y rimas. Existen, y las poseo, otras traducciones mejoradas, contemporáneas, mejor trabajadas y con un texto de referencia más solvente, pero este volumen permite algo que los demás no: pasear por la galería de espiritualidades del Dante. 
Comienza leyendo algunos pasajes de la Commedia y, de pronto, un soneto a una desconocida Liseta. Mi fascinación reside en que, sea cual sea el tramo de su palabra, siempre hay una constante de verdad, justicia y belleza poéticas. 





jueves, 13 de febrero de 2014

ME voy conformando con pocas cosas cada vez. Una palabra nueva de E.; su sonrisa de lapislázuli cuando trato de imitarla y ríe y me acaricia y levanta mi sombra de puro contento; observar la lluvia y percibir la humedad del tuétano de la tierra; contemplar y alejarme de las infidelidades a la poesía; leer mucho, todo lo que pueda, leer y releer la literatura y estudiarla, para así pensar que el tiempo no acaba nunca; besar y amar con determinación de siervo herido en la noche; dialogar con el que no entiende de logos para no faltar, al menos, al principio de consciencia de verdad y justicia; mantenerme fiel a la soledad y el silencio, únicos espacios favorables para la estética; también, fidelidad en la amistad, pero, ¿de cuántos amigos hablamos realmente?; como dije antes, leer y releer, como sístole y diástole coronarios; últimamente, tratar de ser profesional en el trabajo al máximo nivel de exigencia, porque entiendo en ello una consagración ética con los demás; comer con delicadeza de siroco; beber buen vino sin más ni más; escribir en este diario que roza el delirio por mi parte y cuyas ramas ya desconozco y pienso, cada vez más, que son inservibles y que están desnortadas; ser siendo y tener la consciencia percuciente de que la vida se derrumba con sucesiones de difuntos en las que pensamos que permanecemos; evocar en las ruinas la extensión de lo que fuimos, porque en el deseo puede encerrase la medida de la eternidad para el hombre.    

***

Literatura es todo texto que convoca a la belleza en sus hechuras y las actualiza en una forma para siempre. 

  
-¿VIVIR?

-Una fastuosa ilusión.

-¿ESCRIBIR?

-Surcos delebles en el tiempo.

-¿ENTONCES?

- En lo que somos, mortales,  jamás podremos advertir la polifonía de lo real.



martes, 11 de febrero de 2014

PARA el mortal, el dolor es siempre pregunta, el placer, respuesta. En la poesía no existe el placer para el mortal, siempre es dolor lo que siente, lo que percibe, pues nunca la poesía habita en el hombre que la consigna en una forma y en una aritmética. Esa es la maldición del poeta, la posesión ensoñada de la poesía. 
LA vida de un escritor es inmenso laberinto hueco. Nadie conoce sus dimensiones ni nunca nadie acompañará al sujeto que lo edificó a recorrer sus cauces y galerías. Cada vez más, soledad y silencio nutricios. 

sábado, 8 de febrero de 2014

SE sucede la lluvia. Su tintineo en los cristales trae el rumor del lino. Gris, aterciopelado, el cielo es un montículo en lo alto que inunda los ojos, los hace restallar de pura contemplación. 

En la mesa, libros. Observo el retrato de Giacomo Leopardi que asoma en la portada de la edición de Zibaldone di pensieri. Levemente esquinado, la rectitud de la pose del poeta me agrada, así como la sinuosa sonrisa que dibuja sus labios. Una nariz pronunciada, el cabello desmelenado y ralo, pero, sobre todo, los ojos...esos ojos cargados de infinito. 


jueves, 6 de febrero de 2014

EN la secuencia titulada "Madrigal", el sujeto lírico expresa a Platero una idea altamente lírica: "Hay, Platero, bellezas culminantes que en vano pretenden otras ocultar". El texto, leído de principio a fin, confronta tres imágenes que terminan  siendo la visión poliédrica de la belleza literaria: una mariposa que, concebida junto a su sombra, es dualidad; el estado de ánimo que vuelca el sujeto al contemplarla y, por último, la propia poesía vivida y encarnada. 

El platonismo del texto resulta sutil tras una lectura inicial, pero edificante en sucesivas relecturas. La mariposa va siendo, a la luz y en las sombras, ser cambiante. Metamorfosis misma que, a pesar de esto, jamás abandona el centro indudable de la poesía, el jardín que se menciona: "Toda se interna en su vuelo, de ella misma a su alma, y se creyera que nada más le importa en el mundo, en el jardín". Esa mariposa es la epítome del silencio y de la soledad connaturales al "poeta verdadero", de ahí la identificación con su vuelo. Volar en solitario para la mariposa es como el "deleite del verso" para el poeta. 

Por último, como siempre pensé que Platero era "la sombra" del sujeto que proyecta J.R.J. en el libro, es decir, otro alter ego del ser ficcional en que se desarrolla toda la naturalidad y la comunicación impropia de los mortales en relación con la naturaleza, estamos ante la contemplación de un ser desdoblado, la mariposa, por otro que igualmente se hace así, hombre demediado. Un juego especular que se concita en un breve pero intenso texto que apunta hacia la poesía "pura y sin ripio", es decir, hacia la poesía que armoniza la palabra y el silencio con la naturalidad y el vuelo de una leve mariposa en el jardín.

Me ha recordado esta lectura a los versos del poema de Rubén Darío que dicen:

En mi jardín se vio una estatua bella 
se juzgó mármol  era carne viva
un alma joven habitaba en ella
sentimental, sensible, sensitiva.  

martes, 4 de febrero de 2014

PASÉ la noche sin dormir y la aproveché para escudriñar la noche misma, los entresijos de la duermevela. Al principio caí en un laberinto ensoñado, de luces y rincones sombríos; con el tiempo, el tiempo en la noche es transfiguración, una luminosa consciencia se hizo llama y encuentro. desde ese punto, ningún recuerdo en la memoria fue posible en la memoria.

Dice un señor que él es "escritor" y que lo propio de un escritor es expresarse en todos los géneros literarios. Entiendo, después de su afirmación, que él se considere un "escritor", ningún escritor deja de ser un escribidor cuando así se considera. En este galimatías que escribo tengo por seguro que el que se siente escritor está ensanchando las dimensiones de su yo, de su ego, de la vanidad y que el escritor puro siempre se siente lector, que es la condición del tú, esto es, de la otredad y de lo cambiante. 

El señor que se siente escritor pasa a sentirse gran escritor y acumular, en las faldas de su egolatría, todos los elogios y también todas las miserias. Por otro lado, el lector y la condición de lector siempre implica un estar siendo, una poliédrica estación del ser. 
   

jueves, 30 de enero de 2014

EL texto se titula "El mejor amigo" y fue escrito por Juan Ramón Jiménez en 1935. En él podemos leer unas declaraciones excitantes, al menos, para quien ame la soledad sonora del encuentro con uno mismo. 

"Te prefiero,[...], para todos los días a cualquier otro amigo hombre. [...] me das la compañía y no me quitas la soledad (esto que también te digo tanto) y, al revés, me consientes la soledad y no me dejas sin compañía".

Se dirige a Platero y es un hermoso letargo lírico que desdobla al sujeto. Es una estampa de dimensiones estéticas plásticas, que desorbitan lo esperado por el lector: "Juntos oímos los pajarillos lejanos, olemos las rosas, bebemos en la fuente, callamos, comemos naranjas, sonreímos, miramos las nubes, nos revolcamos en la yerba; todo eso que dicen por ahí, en las reboticas, que no es propio de hombres". 

El poeta se proyecta, con afán panteísta, sobre la realidad toda, abarcando la realidad en todas las dimensiones posibles, ínfimas e inmarcesibles. Con el predominio de los verbos ("oímos, olemos, bebemos, callamos, comemos, miramos, nos revolcamos") el poeta despliega y agudiza las acciones humanas en apariencia menos trascendentales para revestirlas de solemnidad e importancia.   

Hay, por último, una expresión casi inapreciable por el lector y que tengo para mí como un giro propio del poeta moguereño, a saber: "os gusta también todo eso tan delicado que a mí también me gusta, y no se avergüenzan de ello . Lo delicado, Platero, ¡que problemita!".

El problemita de lo delicado que ha confundido a tantos poetas lectores que quisieron reducir a J.R.J a un barbudo exquisito, hiperestésico y no encontraban al enorme poeta, voz y epítome de la claridad en poesía. 

*** 

En un verso de Luis Rosales leemos:

"Y todo cabe dentro de la verdad"

Es una poética comprimida en un verso de reminiscencias bíblicas y que con tanto tino insertaba Rosales en sus poemas. Sin embargo, me detengo y subrayo un pasaje que entronca con Platero y yo y que, en resumidas cuentas, sugiere la realidad única a la que se refieren los dos poetas de formas tan distintas, a saber:

"[...]
Al llegar este instante he comprendido
que, a veces, es preciso descansar de vivir,
que todo vuelve,
que todo ha de tener, al fin, la estatura de un niño
[...]"


Quizás la poesía, me digo, es una forma múltiple del mismo origen. Transformación y permanencia.





miércoles, 29 de enero de 2014

EN una lápida, no recuerdo si en Mérida o en Roma, leí, hace años, lo siguiente:

Eram quod es, eris quod sum.

Yo era lo que tú eres; tú serás lo que soy.


martes, 28 de enero de 2014

LEO algunos versos de Las ninfas de Fiésole de Boccaccio y, tan pronto lo hago, revolotean al recuerdo las imágenes de los paseos por aquellas tierras italianas. Amor, amor es quien guía mis palabras...pareciera decir el sujeto lírico de este hermoso poema. Amor entendido como epítome del sucinto y recóndito lugar que entorna misterios cuando uno lo contempla, porque si algo es aquella tierra de lomas y cerros oliváceos, de higueras amoldadas a los márgenes del camino, del paraje donde las cañas, las altas cañas, encauzan su melodía al viento, si algo es, si algo son, repito, el trigo, la luz, las piedras milenarias, el río transido de memoria, es contemplación pura.

Emboscado en algunos versos que brotan, como savia, deshuesados y casi yermos, trato de someter las mañanas a la música y el silencio. En ellos estoy más que en ningún otro lugar, otro sitio, a pesar de su desfigura y trazo extinguido. No son nada estos versos mas soy todo en esa nada. Convocatoria, comunión momentánea que con ella misma basta. Y yo sobro todo.  Ser algo en nada. Con la sola presencia en el recuerdo, basta; la sola memoria que casi ya no reconoce lo que fue.    






lunes, 27 de enero de 2014

LO recuerdo hoy porque hace diez años que murió. Murió el poeta de edad, cuando la edad en su vida se hizo tiempo. Ranucio Tomassoni fue un poeta limpio, de honda palabra. Lo conocí en el sur, cuando tomaba los caldos de la tierra en que nací y sus ojos se perdían con el confín del Atlántico entrado al levante.
Con él mantenía una amistad fecunda y, con los años, se había convertido en una referencia para mí. Me fijaba en su porte, en su mirada, en sus versos, en el proceder estiloso de su acento mediterráneo que anhelaba la brillantez del sur.  Sus versos hoy resuenan con virulencia en la figura soñada de su presencia:

Antes seguí deseos y esperanzas;
ahora tengo un espejo ante mis ojos
donde miro y veo mi fracaso;
y todo cuanto puedo me preparo
para el fin de mi vida que es tan corta,
pues apenas fui niño y ya soy viejo. 

domingo, 26 de enero de 2014

UNA música, Corelli; un texto, La vida es sueño de Calderón de la Barca. Como suele ocurrir con las magnas obras artísticas, los lectores, los escuchantes piensan que ya lo han escuchado, que ya lo han leído. Una construcción sintáctica perversa y que simplifica demasiado la naturaleza de la obra de arte. ¿Por qué no, lo percibí, lo escuché? La acción y la consecuencia, qué y cómo; con un tiempo perfecto, cerrado en el pasado, quizás nos estemos acercando a sus propiedades con más acierto, pues  las obras de arte se manifiestan en el otro eventualmente; y lo que de ellas queda de forma permanente es tan solo esencia, recuerdo, aroma. Para humedecer estas reminiscencias, debe uno acudir a las mismas fuentes en las que hundió sus horas de aprendizaje.  

Uno y otro verbo tan solo marcan el comienzo de una relación entre un individuo y otro gracias a una forma artística que los enlaza. Existe, además, un territorio nonato para el uno y el otro, el de las significaciones, esto es, música-texto, autor, lector, significaciones. Este último paradigma crea un razonamiento del mundo que ni el autor ni el lector conocen hasta que se produce el encuentro formal. 

***

Cuando el que reseña un libro o critica una obra o escribe la lectura de otro texto lo hace por otros valores que no son los literarios su texto expele un olor insoportable a podredumbre... tanto como el que desprende el sujeto que reclama que hablen de él. 

***

"Decir que sueño es engaño;
bien sé que despierto soy
¿Yo Segismundo no soy?


La galería de ensoñaciones de un hombre que va siendo una diversidad.  Estamos ante uno de los logros estéticos del arte barroco: la realidad es poliédrica, observable desde los más diversos ángulos. Esa postura conlleva una deformación del mundo, en mejor decir, de la mirada sobre el mundo.  Es la misma interrogante retórica que utiliza Leopardi en el delicioso poema "Il passero solitario":

[...]
"che di quest´anni miei? che di me stesso?"
[...]


Y, en un juego intertextual, cuando comienzo a releer a Petrarca (cosa que realizo a diario, como terapia poética, pues este poeta está junto con Dante en el parnaso personal del que derivan todas las sugestiones poéticas de mi tiempo, del sujeto que escribe estas líneas) me encuentro, decía,  en ese relectura, con los versos siguientes que emparentan y transfiguran en eco la obra de Calderón:

[...]
"Quanti son già felici morti in fasce!
Quanti miseri in ultima vecchiezza!
Alcun dice: "Beato chi non nasce!".

[¿Cuántos murieron, al nacer, felices?
¿Cuántos en la vejez míseros fueron!
¡Dichoso el que no nace!, dijo alguno.]  




  

sábado, 25 de enero de 2014

EL trasunto ficcional en que se proyecta Dante, es decir, el yo lírico que protagoniza la Commedia, se encuentra con tres animales al comienzo de la obra, a saber: una onza, un león y una loba. Simbólicos todos, encarnan las tentaciones iniciales de las que debe huir justo antes del encuentro con Virgilio. La lujuria, la soberbia y la codicia en grado sumo se atraviesan en el camino fragoso y salvaje en que se encuentra inmerso tras la ensoñación. 
El personaje ficcional vislumbra, en ese camino, una figura que se caracteriza por el silencio. Un hombre demediado, que fe mortal y que ahora no lo es.  Con los ojos cargados de lágrimas conmina a Virgilio que lo rescate de dicha afrenta y mencionada estación de su vida. 
Virgilio es la razón luminosa frente al desiderio del mortal. Estamos por tanto en los comienzos del umbral, en el rito iniciático de la obra y, por supuesto, del que la la está leyendo en estos momentos en que tú mismo lees estas palabras. 

viernes, 24 de enero de 2014

LA esterilidad es el estado natural del poeta. Por eso la escritura es un hecho excepcional siempre.

jueves, 23 de enero de 2014

LO tenía anotado en las guardas de una edición de san Juan de la Cruz. Está escrita a lápiz, con letra menuda y una caligrafía que evidencia que la situación (que no recuerdo, que no logro establecer, que no importa en realidad un punto en esta secuencia) no era muy favorable a la escritura sosegada.  Puede leerse:

“Valéry solucionó el problema de las poéticas: `Hay certidumbres inexplicables´”.

Esto mismo me hace recuperar el libro de Valèry que más aprecio, Cahiers. Recuerdo las semanas en que devoraba, -como decía Boswell del Doctor Johnson-, caninamente las páginas del escritor francés. Siempre prodigiosas en el fondo y la forma y ante todo estimulantes, altamente beneficiosas para muscular el intelecto pues lo hace transitar por recovecos que antes no habían sido pensados de la realidad. 

Un estímulo impropio es la poesía. Dice Valèry que estar solo es estar con uno mismo, y que esa acción es siempre ser Dos. Dualidad que Platón mencionaba desde el comienzo de sus pensamientos entroncando con las pretensiones de los presocráticos por establecer las dimensiones del mortal; de la misma forma que el pensamiento oriental se desarrolla en una fuerte confrontación entre uno y otro y la fusión de esos contrarios. 


El individuo es un espacio de posibilidades, un tiempo para el encuentro del uno y el Todo. De esa comunión es posible que algunos mortales propongan experiencias estéticas: el arte. O que nunca tengan la capacidad para desarrollar lo estético aun habiendo tenido notables experiencias éticas y de pensamiento. El propio poeta francés decía: "La posesión del lenguaje está en relación recíproca con la fuerza del pensamiento". 

miércoles, 22 de enero de 2014

AYER, por la tarde, escuchaba "La canción de la tierra" de Gustav Mahler. Mientras sonaba, releía algunos pasajes de Thomas Mann, sobre todo, de las disquisiciones de Tonio Kröger sobre las diferencias en la sensibilidad ante el mundo. Bellezas extrañas las dos, la música conjuraba una secuencia de celestes destellos, armonías mixturadas desde el espíritu exasperado del compositor. 
Mann, por su lado, volcó en este relato buena parte de lo que después sería la mágica escalada a la montaña y, sobre todo, el personaje de Doctor Faustus, Adrian Leverkühn. Tonio es un germen que nació con hechuras de plenitud. 

Un poeta me afirma que acaba de visionar un libro, que todo él está en una visión. ¿No es eso, acaso, suficiente? El poeta en la claridad. El poeta dando brazadas en la perversa forma de la palabra. ¿No será la palabra el encuentro con el caos? 

El sendero de Rilke, en Trieste, era armonía. Su recuerdo, fogonazos de aquella comunión. Recuerdo que nos perdimos por unos momentos junto al acantilado: nunca habíamos estado más plenos y situados. 

En Almería, por la noche, junto a la orilla, dos cuerpos. Se besaban, se amaban, desaparecían en los reflejos del satélite y volvían a aparecer. 

Los senderos se bifurcan hasta expandir el tiempo y el cuerpo en jardines secretos de la noche. 


martes, 21 de enero de 2014

"TAMBIÉN vosotros soñáis con vuestro origen, ¡oh moradores de la tierra!", exclama filosofía al poeta. Metáfora de los dioses presocráticos, Boecio condensa en Filosofía la causa y el origen en una combinación estética portentosa. Prosigue ella misma: "Medita, pues, si los hombres pueden alcanzar el objetivo que buscan por los medios con los medios con que pretenden conseguir la felicidad". Advertencias, apóstrofes de una evidencia superior y tan necesaria para el hombre actual. No hay en Boecio la consolación tal cual sino la necesaria virtud de entender al hombre fuera de sus propios lastres. Leamos: "¿Cómo no concluir que es falsa y engañosa la apariencia de felicidad que transmiten?". 


Hoy es Anton Bruckner el que aroma la mañana. Anoche terminé de leer el relato de Thomas Mann, "Tonio Kröger". Tenía anotaciones en los márgenes que mostraban mi torpe lectura de hace años. Son el rastro de uno de los individuos que he sido y es una huella sospechosa, ¿tanto como la de ahora? Probablemente, el continuo no nos permita la contemplación en su totalidad. 

Uno, dos, tres versos en el papel. Nada más.




   

domingo, 19 de enero de 2014

AQUÍ estoy y estoy en la tarde. Los lomos de los libros son mi paisaje: colores, tamaños, grosores, aritmética desgarrada de la belleza. La diversidad de los libros, sus temas y demás fantasías, las fábulas encerradas en cada página, la música perdida en los poemas que están guardados en la sombra. Todo es un confín a mis ojos. La música de Bach encera la contemplación, el silencio lo atraviesa todo, sin consuelo, sin condolencias, sin nada más que el silbo de la soledad nutricia. La soledad sonora, la músicas callada. 


sábado, 18 de enero de 2014

EL desasosiego es la consecuencia de las contemplaciones. Uno comienza a ahondar en sí mismo, a replegarse como un gusano en metamorfosis para tratar de desplegar unas alas, inmensos alientos del alma. El cuerpo, la cabeza, las extremidades se hacen de otra materia, de la misma materia, con forma dispar. 
Así la literatura, la palabra bella, justa y verdadera. Una verdadera consolación ética para el mortal es lo que propone el verbo, en su principio de razón y de luminosa esencia. Del dolor y la razón. El  encuentro entre el dolor y la razón como epítomes de la condición humana. Finitud y trascendencia. 

Solo el mortal que contempla el final de sí mismo, que atisba el límite, lo trasciende con la razón.      

viernes, 17 de enero de 2014

SI tuviera que escoger, en estas semanas, estos días, a un escritor, diría: "Boecio", como hace poco hubiera pronunciado el nombre de Cervantes o hace años a Montaigne, pues todo es cambiante, máxime el aire que esparce a la contemplación estética. Boecio encarna en estos días la consolación en la literatura y el pensamiento.Una verdadera comunión estética que trasciende sus versos, sus palabras hasta imbricarse en una profundidad desconocida para mí hasta ahora. Es, quizás, la paz y lar armonía de lo bello, la participación momentánea y puntual de la belleza que, para un mísero mortal es vislumbre y trastoque de su corta condición.  

jueves, 16 de enero de 2014

LEO a la intemperie, entre un griterío y un tumulto; alguien se me acerca y me pregunta si puedo leer entre tanto ruido. Lo miro con la felicidad contenida de saber la respuesta y de tener la confirmación de aquella acción. La lectura es acción humana, no pertenece al ocio ni al tiempo libre. Es vida y virtud. Leer es revolución. Rito de silencio. 



miércoles, 15 de enero de 2014

SIGO con los versos de Petrarca, releyendo vorazmente. Como sucede en la parábola bíblica, la tempestad en calma, el espíritu se complace ante lo contemplado. Palabra en armonía sin amarres temporales, sin anquilosamientos, antes al contrario, fértil, inconmensurable y rítmico verbo incendiando el significado del corazón. 

martes, 14 de enero de 2014

CUANDO la poesía brota y aparece, se muda todo en su color y en su esencia. Una tremenda mudez para el resto de palabras; una tan alta y caprichosa orfandad, que quedo en aleteo y en abismo. Suficiencia. Rito de silencio.

domingo, 12 de enero de 2014

NECESITO escribir en esta bitácora el verbo leer. Es el que da vida y sentido a la escritura, la estirpe nutricia de toda letra, palabra, enunciado que se edifique al calor de una idea o una propuesta estética. En estos días, leo un libro soberbio de Richard Tarnas, La pasión de la mente occidental. Las novelas me aburren, son tediosas escrituras que quieren dirigirse a un divertimento vacuo sin ningún contenido estético con el poder de la palabra y sus formas de relación. Los libros los escojo sin pensar ya en el supuesto género que las acoge. Observo más virtuosismo en este ensayo de Tarnas, en cuanto a la estructura y la técnica, que en otros textos supuestamente narrativos. ¿Quién recuerda la lista de las mejores obras narrativas del 2010, por ejemplo?

Sí recuerdo, ahora, en la mañana las páginas que Tarnas le dedica a Petrarca y cómo asimilé lo que analiza este autor del italiano; así como la necesidad, en estas décadas, de que se produzca esto mismo. Me refiero a una reeducación de Europa a través del trato directo con los textos que han configurado lo que somos, el corpus de nuestra identidad ética y estética. Algunos autores ya han brujuleado esta dirección como un cauce necesario para configurar la nueva literatura. Para hablar de nueva literatura debemos tener presente la existencia de un declive. ¿Existe o son ilusiones vagas de un leve lector? Considero esta una etapa de transición, de tanteos, de reconfiguración de la literatura. Observo, además, el ímpetu de los autores por querer convertirse más en afamados ciudadanos de turno que en excelsos creadores solitarios. Quizás, en esta falta de autoridad, de modelo, de paideia literaria resida el marro de los escritores nacientes. 

Me llegan los libros del poeta catalán Enrique Badosa. En concreto, Cuaderno de las ínsulas extrañas, Historias de Venecia y Mapa de Grecia. Voy leyendo los poemas de este último título mencionado y alcanzo a creer que hay mucha verdad literaria en sus versos. El poema que principia el volumen mencionado es un delicado manifiesto estético. Adquirí la primera edición, en Plaza&Janés, del 79, y pienso en la poesía reinante de esas décadas en confrontación con estos textos. El poema titulado "Los límites de Grecia" funciona como obertura de los temas y motivos que atraviesan los poemas posteriores en forma de topotesia:  

[...]
¡Y toda Grecia es centro de luz!
Y más que nunca pregunté, pregunto
qué comienza y qué acaba en la belleza. 



  

jueves, 9 de enero de 2014

TODO está resguardado por una cháchara constante, una hojarasca que trasluce solo la condición humana miserable y deja apartada a los ojos la belleza constante. 




miércoles, 8 de enero de 2014

MIENTRAS tomo el último sorbo aterciopelado y caoba del pal cortado que me acompaña, E. agarra dos libros de la biblioteca. Uno es de T.S. Eliot y otro de Leopardi. Los coge, pone uno encima del otro y le llama la atención el color blanco y el parecido que los dos volúmenes presentan. 
E. ya comienza a construir sus primeros enunciados. Siempre que coge un libro me mira para comprobar que no corro hacia ella para decirle que debe dejarlo en su sitio. En este episodio, ella se adelanta y me los da. Con su dedo señala un verso que tengo subrayado en color azul. "To be conscious is not to be in time". 
El otro subrayado que sorprende a E. es el que tengo junto a algunas anotaciones en el poema de Leopardi intitulado "El pensamiento dominante". De buena gana lo transcribía por entero dada su excelencia, al menos para mi criterio, pero me quedo tan solo con los que se enredaban en os deditos de E.:

"Cualquier hermoso rostro me parece
casi fingida imagen
que a tu rostro imitó. Tú, sola, fuente
de toda donosura;
tú, la sola belleza vedadera".

A ella, sin embargo, cosa natural, le fascina que le entone el poema de Darío: "la princesa está triste...". 

martes, 7 de enero de 2014

DE la película  me ha fascinado todo. Hacía tiempo que no íbamos al cine pero, sobre todo, que no vivíamos en una sala las excelencias del arte cinematográfico. La grande bellezza de Paolo Sorrentino rescata lo mejor de Fellini, al menos, lo que más nos conmueve y emociona del autor italiano y presenta su propuesta estética con un alarde de inteligencia sobrecogedora. Lee la tradición en el mundo contemporáneo. La pudimos ver en versión original, con lo que la película nos conmovió aún más dado nuestro deleite compartido por la lengua de Leopardi. 
Quisiera poder escribir descarnadamente, ofreciendo la omnímoda y vacua forma de vida de los hombres y la anhelante sensación de ser acometidos en el espíritu por una fuerza  insondable, turbadora, que nos empequeñece a cada instante. Eso es lo que hay en la película, la frivolidad de los días de hombres eruditos y cultos junto a sus miniaturas ante la belleza, la gran belleza como búsqueda. El remolino de la mundanidad mixturado con lo sublime, eso es ser hombre e Italia, en sí, es uno de los lugares en que mejor se pueda evidenciar esto mismo en la consciencia de un hombre.   

La música ceremonial, la fotografía excelente de una ciudad no solo amada sino vivida en el tuétano; pues Roma es la ciudad que sigue siendo esto mismo que ofrece la película. Están congraciados los días antiguos con este cine moderno. Salimos de la sala embelesados.  No existe hilo argumental instituido, la película está formada por escenas, situaciones, relatos enlazados, tan solo, por la vida de Gambardella (interpretado por Toni Servillo insuperablemente); esa edificación me causa fascinación y, así, estuvimos dialogando sobre esta y aquella escena, sobre este y aquel detalle, ora un gesto, una palabra, ora una música, una calle, la luz de Roma, que es una luz distinta al espíritu.    

Todavía prosiguen asomando por la memoria algunas de esas escenas; las vuelvo a proyectar  en el interior y todo me parece un carrusel hipnótico de imágenes y músicas  que demuestra que todavía es posible emocionar puramente.  

lunes, 6 de enero de 2014

ARISTEIA como el refugio y el sentido profundo de todas estas palabras. Estas líneas que se acumulan y acumulan son glosas a la realidad contemplada, imaginativas secuencias verbales que ahondan solo en algunos aspectos de lo que sucede; ensanchamiento de lo que sucedió y lo que pudo haber sucedido sin amarres temporales. Una desnudez que transita los espacios del "valor" como fuerza en sí misma. 
Esa podría ser la causa de que alguien decida desembocar en la escritura -y no quede leyendo perpetuamente-. La existencia de un valor o una causa que mueve, areté, y que proviene de una conjunción ajena a nuestra consciencia. Con el tiempo, el escritor se propone conocer las dimensiones y la naturaleza de ese principio. Es esa búsqueda el camino de la literatura y, por tanto, el sujeto debe mantenerse irreductible en su camino sin caer en los cantos de sirena, ni en las penínsulas extrañas, ni en los halagos ni las felicitaciones pasajeras. Su carta de naturaleza pertenece al origen y a él debe dirigirse para encontrarse definitivamente. 

Es el tiempo de congraciarse en la intimidad, con uno mismo, escuchando los ecos despampanantes que acontece en nuestro pecho. La literatura es emoción, vivencia transmitida, una catarsis que debe impregnar la composición; nada de regodeos individuales y piruetas. Si esto no se consigue tan solo estaremos expresando, sin más ni más. Entre la expresión y la creación existe el vacío del talento individual.   
Un combate personal y de permanencia vivido en una sola vida desde una posición integral.  

domingo, 5 de enero de 2014

UN texto que se suma a otro texto; una idea que deviene en otra idea, un acontecimiento verbal en todo caso que incita al pensamiento y que surge del pensamiento. Palabra y realidad, ética vertida en la armonía del verbo.  
Al igual que el filósofo se pregunta qué ama cuando ama o qué es cuando está siendo, el escritor trata de revertir el cauce del tiempo que le toca para levantar las enaguas de lo permanente. Para esa acción solo cuenta con la palabra para expresar y comunicar, he ahí el primer nivel de ficción al que debe someterse. Desde ese punto, todo lo que vaya aconteciendo en las palabras pertenece únicamente al mundo ficcional. 
Ese mundo puede poseer relaciones más o menos explícitas con la realidad del escritor, pero no son en ningún punto necesarias. Esta es la grandeza de la literatura frente a otras artes, la palabra, pues  en el momento en que comienza a  ser escrita o pronunciada se hace independiente del autor o comunicador aun poseyendo una clara personalidad que la ha configurado. 

     


sábado, 4 de enero de 2014

CON Marco Aurelio la lectura se amolda a un sosiego inusitado. Pareciera habitar uno en los moldes de una estación de perennidad, de palabra y advertencia profundas. Tenía subrayados muchos pasajes en el ejemplar, líneas completas, fragmentos por entero. Incluso había anotado un conato de verso o de poema trunco que comenzaba "Esto fue todo lo que soy".  
En efecto, en el Libro II., 2, escribe esto mismo Marco Aurelio: "Esto es todo lo que soy: un poco de carne, un breve hálito vital, y el guía interior". El guía se mantiene como un concepto percuciente durante el resto de la obra. Es más, ese guía es el que provoca la escritura de Meditaciones, el que templa y armoniza las disquisiciones entre cuerpo y el alma. 

Otra de las fascinaciones que mantengo con este autor está ligada al absoluto convencimiento de que la muerte consiste en una disolución de elementos que responden a la causa y armonía de naturaleza: "y nada es malo si es conforme a naturaleza". 

El último tiento me conduce al Libro IV. El escritor condensa su pensamiento en breves sentencias, apotegmas que desprenden un alud de estoicismo deslumbrante.  Epicteto, transmutado de Platón, en la palabra de Marco Aurelio: 

"Eres una pequeña alma que sustenta un cadáver"


El guía es lo que hace inconmesurable la obra de San Agustín, Confesiones y lo que proyecta sus pensamientos y experiencias hasta la actualidad: "¡Ni se te ocurra ser vana, alma mía, ni ensordezcas el oído de tu corazón con el griterío de tu vanidad!". 

Pero, cuando reviso estas líneas que principian un nuevo año, que inciden en las mismas lecturas de siempre con ojos nuevos, me pregunto, en una voltereta ficcional, ¿qué escribo cuando escribo?  

miércoles, 1 de enero de 2014

COMIENZO el año escribiendo en el cuaderno de color rojo, con el pequeño bolígrafo que compramos en Roma y abriendo estas letras a una meditación. Si bien toda la escritura me resulta una metalepsis absoluta, mixtura de vida y ficción, en que las líneas de una se entrecruzan y confunden con los trazos de la otra, declaro mi fe por la lectura. Una fe plena en la lectura como el único resorte para poder convivir en el mundo de la palabra. 
Desde esta credencial, el lector debe tomar en serio los libros sobre los que ejecuta esta acción vital para poder  prender en la consciencia, en la reflexión cotidiana, los artificios de la profunda mirada sobre el mundo. La lectura prepondera el Tú sobre el yo; diluye el ego en cada una de las sílabas que comienza a descodificar. Su mente comienza a desprender de sí todo anclaje y la vanidad, ante la admiración de los leído, se vuelve humildad. 
La literatura ofrece un vidrial para los ojos; un cedazo por el que la palabra sufre una traslocación de significados. En esa anchura significativa el mundo se dimensiona en estaciones y relaciones inauditas para el hombre. Leer es vivir, vivir de forma plena y, por supuesto, más humana que la cotidiana acción rutinaria. 

Así la escritura. Los dedos comienzan su orquestación: la mano dirige los pequeños trazos, el brazo se mueve al compás ternario y binario de las palabras, la espalda, el cuerpo por entero termina realizando un baile cuando un hombre se sienta a escribir. La música interna de esa danza de la escritura recorre los pasadizos de la mente, es la memoria de lo leído mezclada con la capacidad y el talento. De Apuleyo destacan su enorme capacidad de transcribir lo leído de forma nueva; así de fray de Luis, de Dante, de Rilke o de Thoman Mann. Autores sometidos a la convivencia en su mente de lo leído-vivido y la pauta inexplicable de la creación. Una respuesta, una motivación, la necesidad, el impulso, el voltaje...formas de pronunciar el comienzo de una danza, de la escritura. 
Música y memoria, la literatura rescata los días especulares del hombre para el reflejo permanente de la semilla inmortal.


martes, 31 de diciembre de 2013

CADA VEZ me cuesta más trabajó escribir sin un libro por delante. Esta determinación sigue siendo la misma que hace siete años, la misma que me ha llevado a escribir más de mil quinientos textos de todo pelaje. La lectura es el elemento axial y a ella entrego mi fidelidad literaria. No existe literatura ex nihilo.

Estos días me han dejado evidencias que uno no terminaba de asimilar. Comportamientos todos que desprenden falta de humildad y de amor. Anheló la humildad y el amor como elementos axiales de mi vida y de la literatura que, con el tiempo, se están haciendo una misma cosa.

lunes, 30 de diciembre de 2013

DE NUEVO, escribo en la mañana y contemplo la luz entre mis ojos. Los objetos, los cuerpos insinuados en sus formas por el contorno de la luz, las figuras del recuerdo, las mismas ansias de leer, de escribir, de abarcarlo todo para no conquistar nada. Nada en todo, ser algo en nada.

domingo, 29 de diciembre de 2013

EN LA CONVERSACIÓN, los amigos se obcecaban por razonar la existencia de dios, por ir desgranando este dato o aquella otra anécdota que validara el razonamiento narrativo de lo que se ha transmitido, 
las evidencias de su huella antropomórfica. Sin estar del todo de acuerdo con las afirmaciones e incluso sin querer entrar en detalles de la filología veterotestamentaria que determinan con precisión muchas de las creencias que se utilizan como argumentario, terminaba uno por mover la cabeza dando a entender que daba por válidos sus razonamientos. Sin embargo, quise comprobar hasta qué punto hasta qué nivel de sujeción se sitúan los que estudian los textos bíblicos como fieles cuando uno le elimina el sustento alegórico. Le propuse al convidado que pusiera su fe a prueba enfrentándose a un pensamiento: la religión es toda ella una idea transmitida. “¿Dejarías de ser creyente?”, le pregunté.   

***

Cuando el raciocinio del hombre sigue anclado en los rudimentos del mito, cosa natural y humana, las explicaciones de lo que Simone Weil llamaba lo sobrenatural dejan de ser posibles.


*** 

Me voy dando cuenta de que la vanidad conduce a la envidia, pues en pocas ocasiones los ególatras colman sus egos suficientemente. Uno se dirige con el tiempo hacia el despojo de todo rudimento innecesario, de toda alaraca, de toda orquestación pública de su sombra. Y lo hace por de dentro, sin necesitar nada más que la aprobación de su consciencia. Lo voy entendiendo con la llegada de lo venidero, uno entrega dádivas, materiales y espirituales y los demás lo toman como afrentas, gestos a la contra. Tan solo amor, humildad, verdad en los actos, nada más y nada menos, un poco de limpieza en la mirada y el espíritu.    

sábado, 28 de diciembre de 2013

ES la búsqueda de armonía, es la condición del mortal. El origen que habita en nosotros, pues somos materia cósmica del origen:  He venido al mundo para contemplar el Cosmos“, decía Pitágoras de Samos.
Esa es nuestra causa y a ella debemos dirigirnos. Obviamente, la mortalidad instaura ciclos, idas y venidas, retornos, pero siempre tendrás en la consciencia la existencia de la verdad. Tú mismo eres verdad siempre que la vivas en la belleza verdadera. 
Hablábamos de William Blake, del poeta y el visionario; la voz que anunciaba que el mundo se pude ver en un grano de arena y que el Cielo es perceptible en la dimensiones de una flor silvestre; el hombre que anunciaba en poesía que el infinito se contiene en la palma de tu mano. 
Hablamos de armonía, de otra dimensión del ser que no debe configurarse con los contemporáneos, debe edificarse desde la evidente Belleza naciente en lo antiguo. Los versos de Blake: 

Si las puertas de la percepción se depurasen,
todo aparecería a los hombre como realmente es: infinito.
Pues el hombre se ha encerrado en sí mismo hasta ver
todas las cosas a través de las estrechas rendijas de su caverna.

jueves, 26 de diciembre de 2013

NO son los creadores más laureados ni más preteridos, pero tengo para mí que Corelli y Caravaggio comparten alguna misteriosa relación entre sus creaciones; o, quizás, esa relación entre los dos solo se establece en mi mollera con la figuración de la música en las escenas de vihuela tan carnosas, tan vivas, tan desnudamente musicales.  
Los concerti grossi de Corelli, si bien tuvieron fama y difusión en vida, han quedado como antiguallas musicales a los oídos de algunos que no podemos dejar de escucharlas por dulces, penetrantes y platónicas. El diálogo entre el solista y el resto de la orquesta, que anticipó para la música la forma plena de la sonata a la manera de Beethoven o de Mozart, provoca una catarsis en el que escucha. Me imagino siempre asomado a un balcón de un palacio en Venecia con esa música acordada por el desboque del sol entre as aguas, ante la caída de la luz en la diversidad de la laguna, en esa luminosidad demediada con que Caravaggio impregnaba sus cuadros. Sueño esa lentitud en Venecia, en sus puentes, en sus recovecos solitarios, en la cercanía de las aguas y de las figuraciones del cielo en la tierra.   


La música de Corelli es puro estoicismo: la alegría se difunde con la fragancia de la melancolía, conviviendo ambas en el seno del hombre que contempla. Así, Caravaggio, epicúreo y complementario. Michelangelo Merisi di Caravaggio pintaba escenas religiosas en su mayoría pero con la transgresora presencia de la realidad en los ojos, de la realidad abierta, sensual, simbólica, sanguinolenta, la misma realidad que él percibía y vivía. No hay más que contemplar el retrato que le hizo Ottavio Leoni para caer en la cuenta de la magnitud de su desesperanza, pero, igualmente, al observar sus pinturas, sobre todo, las escenas musicales, de la dulzura convocada, la exquisita y exuberante elegancia en la atmósfera. Los cuerpos blanquecinos, los instrumentos, las frutas, las partituras, los labios entreabiertos casi silabeando la música. Todo ello solo puede provenir de una sensibilidad suprema, vertebrada por la melancolía, pero que cuando se despliega es insuperable en sus formas. Me fascinan sus interpretaciones de San Jerónimo, tanto meditando como leyendo. Todo se reduce a un hombre trascendido, simbólicamente rodeado, pero ejecutando una acción humana de alta moral. hay en el músico y el pintor una naturalidad exasperante y deseada, sobresaliente, que de tan natural artificio trastoca al hombre que las interpreta. Porque el arte, cuando se ejecuta desde la verdad es natural y vivido, es justicia encarnada. Todo lo más alejado al artificio en sí y los ornatos del momento. El poeta debe aspirar a que su discurso penetre en el tuétano desconocido de la sensibilidad para trastocarlo todo como si no hubiera sucedido nada en el artificio. El arte natural y armonioso, el decir sibilante y susurrado de la palabra, sin encrespadas sonoridades, sin devaneos formales para que el coro de grillos que cantana a la luna aplaudan y elogien y afamen.   

No se me ocurren palabras mejores y más ajustadas a las sensaciones que uno y otro me transmiten que las que Gracián escribió en Arte de ingenio, Tratado de Agudeza,  "Discurso III, Variedad de la agudeza": "Una agudeza grave por lo sublime de la materia y sutil por el realçado del artificio es acto digno de un Ángel".   

  

miércoles, 25 de diciembre de 2013

QUISIERA que, una vez leídos todos los textos, este diario fuera como la corriente de agua que menciona Heráclito, panta rei Un cuerpo uniforme, coherente en su sentido, estático y casi inamovible, pero atravesado, en su interior, por diversas corrientes de letras que provoquen que, aunque parezca que estemos leyendo el mismo texto, estemos en otro distinto. Ningún texto idéntico al otro, pero naciente de la misma concepción generadora, de la misma e irrenunciable matriz del centro indudable. Ars vivendi en una conjunción y armonía que convocan una música para el espíritu.   

Hasta este punto, camino de los siete años de escritura en un diario ininterrumpido, con miles de enunciados, palabras, creo que la escritura, y con ella, el pensamiento han sufrido un viraje hacia el íntimo meditar. Una meditación es la última estación que persigo, la idea que vertebra que, cada día o cada semana, comience a escribir. Con ese ejercicio me alejo de mis propias sensaciones y tamizo la lectura en la dimensión de la escritura. Cervantes fue clarividente para la literatura y, dejando a un lado el trópico en que se cruzan vida y literatura, nos dejó a las claras en su novela que el lector debía leer activamente y sin más pretensiones que la de escribir la lectura con ingenio. 
Los antiguos, y así los renacentistas y barrocos, románticos y posromanticos, ejercieron de imitadores de los grandes espíritus. Imitación en el sentido de recreación de los moldes que hacen al mortal. Por ello, las obras de estos periodos son inconmensurables a diferencia de las fugaces y avenidas intenciones sociales de la literatura. En la actualidad, ningún texto quedará en el corpus de obras que nombran lo permanente; mucho menos las que hoy poseen la antigua y falsa fama literaria.        

La meditación de un lector es la pretensión última. Que todo quede acordado por la lectura como el principio genésico, pero una lectura creativa y recreativa, alejada de egoísmos que matizan las obras, que sentencian los predicados. Eso es ser ruin y demediado. Leer, leer y participar en la lectura como un niño que está aprendiendo el sonido, la unión, las relaciones de las palabras con el mundo. Porque esa es la literatura verdadera, la palabra justa y bella y virtuosa, la que detona dentro de uno mismo la sensación de que está, cada vez, está uno conociendo la realidad a través de las palabras.  

***

Con el calorcillo humano

Puede huir o pude uno retirarse de lo inconmensurable, pero jamás de la mediocridad. Esta lección la aprendí con la lectura de la "Carta de Lord Chandos" dirigida Francis Bacon. Un texto incisivo, agudo, de preclaras ideas y mejor definición semántica. 
No existe en el abandono el entumecimiento de la mente, sino la perplejidad ante la imposibilidad de concertarse con la dimensión de la Belleza en algunos de sus grados. Esta consciencia, que vertebra el escrito de marras, conduce al escritor a un recogimiento, pero no a una huida. "Toda la existencia se me aparecía, en aquella época, como una gran unidad", afirma el sujeto lírico. Es la demostración de la polifonía vital con la que el mortal encuentra, cuando la razón luminosa lo permite, el vacío, la ínfima presencia de su vida. Eso mismo puede llevarnos a un recogimiento o, quizás, a una perseverancia íntima.     

La sentencia que incardina este texto con otros de la antigüedad y que imprime en su sentido una significación suprema es: "Todo estaba dentro de mí". Lo es porque supone una dilogía. Hay quienes ven en esta afirmación la vanidad encarnada: yo soy todo lo posible y conmigo me basta (la postura más común en el mundo contemporáneo y en el arte contemporáneo). Es la actitud que provoca que al poesía, pongo por caso, haya quedado recluida en camarillas o cenáculos o grupúsculos de profesores o críticos o aficionados que defienden una estética o desdeñan las variantes artísticas por fraudulentas e infames. Por otro lado, los que tañen la soledad sonora en el silencio del aire sin más presencia que su propia voz recogida. 
Pareciera que el poeta hubiera alcanzado otra consciencia que lo conduce a otra articulación de la lengua: "una lengua de cuyas palabra no conozco ni una sola, una lengua en la que me hablan las cosas mudas". 

  

martes, 24 de diciembre de 2013

CUANDO van terminando los calendarios al hombre se le interponen paradas y fondas en el vivir. Pareciera que todos quedaran suspendidos a la espera de otro arranque circular, de otra renovación. El caso es que la circularidad, el eterno retorno, en el tiempo contemporáneo, ha subyugado a la superficialidad más vacua. 
La renovación debe someterse al ser a la evolución circular del propio individuo. Dejar de ser para seguir siendo.
Por causas diversas releo, en estas semanas, muchos de los poemas de Quevedo que abordan este asunto. La relectura de este poeta me está provocando, incluso, un replanteamiento estético sobre la literatura y la creación de la misma. Posee la vida humana una angustia existencial inherente a una condición finita que enfrenta sus ojos a realidades infinitas e incomprensibles. Esa indagación del hombre en lo que rodea su cuerpo y su pensamiento lo conduce a un origen  El poeta:

"Nací desnudo, y solos mis dos ojos
cubiertos los saqué, mas fue de llanto;
volver como nací quiero a la tierra





   

domingo, 22 de diciembre de 2013

NO es el tiempo el que nos atraviesa. La naturaleza de la angustia existencial es puntual en los seres humanos. Algunos tan solo evidencian, con sus carnes, con su decrepitud física, la supuesta acción del antiquísimo tempus irreparabile fugit. Hemos cargado la culpa a un elemento externo que, quizás, es interno. Puede que no sea el tiempo el que nos atraviesa, sino que nosotros mismos somos tiempo atravesado: "soy un fue, y un será, y un es cansado", escribió Quevedo. Versos que aglutinan la consciencia de esa naturaleza vivida del tiempo. El tiempo encarnado, ensimismado con el cuerpo de los hombres pero, sobre todo, con la consciencia de su dimensión.  

En escenas de diario encuentra uno el pensamiento. Ayer, mientas tomaba un café en Sevilla, leía  en un sobre de azúcar, en su envés, unas palabras de Poe: "La ciencia no nos ha enseñado aún si la locura es o no lo más sublime de la inteligencia". Había, en este enunciado, conceptos de una potencia semántica irrefutable: "ciencia, locura, inteligencia". Y eso mismo me llevó a pensar que el trabajo de la inteligencia con el mundo. 
En el Arte de ingenio, Tratado de la agudeza, de Gracián, -obra de inconmensurable valor, obra desconocida en la cultura literaria española-, se diserta de la siguiente forma sobre la perfección del estilo. Me interesan mucho las obras que analizan y reflexionan sobre los cauces de la creación literaria ya que me siento, demasiadas veces, incapaz de nada, torpemente infante en el ejercicio de escribir. Leo, leo, los libros que me ofrecen reflexiones luminosas, análisis que evidencia, a la postre, por dónde han transitado las obras que todavía, más allá del tiempo, siguen actualizando su discurso. Es esta una demostración de que el hombre, en la acción creativa, puede convertirse en un ser subversivo contra el tiempo y su propia naturaleza. Escribe Gracián en la obra de marras, concretamente en el Discurso XLVIII, "De la perfección del estilo común": "Dos cosas hazen perfecto un estilo: lo material de las palabras y lo formal de los pensamientos. Son las vozes lo que las hojas en el árbol, y los conceptos, el fruto".

Hoja de árbol todavía, espero mi fruto acordado, el que quizás nunca llegará. Cultivo, reflexiono, en el huerto deseado de la ficción, la encarnadura de lo que va siendo en mí, de mí mismo, de ese otro yo que parece ordenarlo todo. 
          

viernes, 20 de diciembre de 2013

SUENA la vihuela y el aire se condensa en fibras de sueños. Melancolía arrecia con un fulgor y una fragancia a armonía. Pienso en los instrumentos musicales, en su construcción, en la medida de sus cuerpos, en el olor a madera y a ungüentos y en cómo, desde ellos, se producen las ondas medidas de una abstracción azul cuando una mano los tañe o los agita. Acordado queda el que escucha con la materia y la geometría del alma. 

Los compases van cabalgando la tarde y fundiendo el gris y el viento airado en naufragio del espíritu. Leo, mientras tanto, a Gracián, olvidado letrado del concepto: "preñado ha de ser el verbo, no hinchado; que signifique, no que resuene...". 

jueves, 19 de diciembre de 2013

AL FINAL, en el momento culminante de la literatura. uno siempre está solo. Es connatural al ejercicio de escribir y, creo con el tiempo, a vivir. La única enseñanza relevante de los últimos años y de toda mi vida ha sido el nacimiento de E. Ella descifra, cada día, en cada momento, qué es la vida como antes nunca nada ni nadie me lo había mostrado. Ella contiene todos los enigmas; sus acciones son en plenitud, sus palabras, la mirada quieta de esta mañana, sus manos rozando mi cara, su actitud frente a la naturaleza, los animales, la música, las letras, la lluvia...todo, de una dimensión ya perdida para el hombre adulto. Ella es la suficiencia perdida, el origen encarnado. El resto, el mundo de los lobos y de la vanidad. 

En ella compruebo que nosotros perdimos en el camino gran parte de lo que somos y además, la capacidad de poseer esa consciencia. Por eso la abrazo todos los días, la beso, la adoro, la mimo. Ella es la piel del mundo y el cofre secreto de mi identidad.  

martes, 17 de diciembre de 2013

COMO un temblor, convulsión acaso, como una incipiente llamarada ocurre, a veces, que todo se condensa y unifica a los ojos. Es una mirada polifónica sobre el mundo que se hace mundo mismo, realidad apoltronada en secuencias y artificios. Es así cuando estamos leyendo un poema verdadero o cuando escuchamos los compases de una sonata magistral. El arte es una supuración, en el hombre, de su insuficiencia; una acción subversiva contra su propia naturaleza que, sin embargo, lo concuerda con el todo. 

Leo los poemas de Gutierre de Cetina y vuelvo asombrarme de la naturalidad conseguida en cada verso, en cada palabra, en cada silabeo. Aprendo a leer y escuchar la música del idioma que tanto escasea y que tan rápidamente ha desaparecido de la poesía, incluso de la poesía del latín malicioso. 

domingo, 15 de diciembre de 2013

COMO afirma Dámaso Alonso, la Epístola moral a Fabio es una de esas rarezas que nacen singulares y con una rotundidad inaudita. En muchas ocasiones acudo a la galería de moralidades y acciones humanas que se ensalzan y ,al tiempo, se denuncian en esta interlocución que, si bien está dirigida a Fabio, los receptores se actualizan en cada cual que comienza a leer el texto. Más allá de los temas desarrollados, elogio y aprendo de la cadencia de los tercetos, de la ejecución verbal. Hemos olvidado que la poesía es fenomenología de la palabra y que no es suficiente con la intención del autor, sino con el resultado verbal. 

Poco a poco voy acercándome al manejo de la rima y percibo que cuando esta es utilizada con maestría el texto ahonda y profundiza en el contenido de forma peculiar. Los poemas poseen ritmos de diversa índole, pueden ser verbales o semánticos, de pensamiento,  pero puede que los dos se aglutinen en un fórmula magistral de ejecución. Es eso lo que sucede a este poema, todo en él, todos los recursos son naturales, están perfectamente armonizados como si estas palabras no tuvieran otros desarrollo fonológico, morfosintáctico y léxico que el poema mismo: 

¡Qué muda la virtud por le prudente!
¡Qué redundante y llena de rüido
por el vano, ambicioso y aparente!

Creo que los textos traslucen las vanidades o la humildad de sus ejecutores, también sus insuficiencias. La humildad es la transparencia; la vanidad, lo opaco. Dice el poeta:

Una mediana vida yo posea,
un estilo común y moderado,
que no le note nadie que le vea.

*** 

Existe una estética de la quietud que uno asimila a la naturalidad del estilo. Valle-Inclán declara en La lámpara maravillosa: "Todas las cosas se mueven por estar quietas". En efecto, en las artes existe una fuerza teleológica que vincula el comportamiento humano y la acción estética ante ese impulso.  Es por ello por lo que rehuyo de aquellos fragmentos encriptados a consciencia y que no ofrecen una carga simbólica (que todo texto magistral posee en última instancia) sino un hermetismo vacuo. Un cerrarse en sí. 

Es esta una de las evidencias de la literatura actual. Al estar ausentes de lecturas, los escritores vuelven en sus escritos esos vacíos. Algunos no hacen sino copiar literalmente y ellos se creen valedores de esas ideas. Si uno lee en un libro, en la prensa, en una bitácora una idea debe dar cuentas de esa fuente y construir su propia palabra dando a la luz el germen, no quedando, solo para sí, porque es ridículo (y así lo he visto en muchas ocasiones). Las ideas se tienen y si hemos echado mano de otros compañeros debemos mencionarlos. Esto sucede tanto en el ámbito de la creación como en el ámbito académico. Los dos los he sufrido y siempre he callado y he dejado que el curso de los acontecimientos fueran despojándose de las impresiones iniciales.  
La literatura siempre ha sido palabra en la palabra, no surge ex nihilo en ningún caso. Siempre hay una lectura o una idea o un diálogo o una visión que la origina. Y, como gratitud a ello, tal y como enseñó Cervantes, debemos darle voz en nosotros mismos, hacer florecer la humilitas con el reconocimiento. Es anecdótico que un escritor, cuando cita o parafrasea a un autor de culto, lo haga con la intención de que su textos posea cierta carga erudita. No sucede lo mismo cuando la fuente es un señor de medio pelo, inadvertido, que poco traerá a su ego y a su vanidad.  

*** 

Me conformo con tener la satisfacción de la consciencia. Como escribe Valle-Inclán: "En las creaciones del arte, las imágenes del mundo son adecuaciones al recuerdo donde se nos representan fuera del tiempo, en una visión inmutable". 
Es la visión inmutable la que edifica la literatura; desde donde Dante o Petrarca construyeron sus textos, el ángulo en el que Rilke y Shakespeare, Cervantes o Goethe, Leopardi o Platón obtuvieron el encanto del tiempo que es un nuevo entrever.  


 

viernes, 13 de diciembre de 2013

TODA la poesía, el género pleno para el verbo, es notate verba, signate misteria.

*** 

El cuadro de Holbein y la música de Bach. Uno y otra emparentados por la simbología de la vanidad del hombre, de la fatalidad a la que conduce el exceso y la pretensión el mortal. aparatos desajustados, música que emana de la fontana prohibida, perspectivas, libros, objetos simbólicos; música toda de celeste geometría y estación de prodigios.   

***
Deshumanizada en el término más alejado de lo humano. 

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Un poeta me dijo esta tarde que había decidido encender un fuego esta noche, esta noche de lluvia profética. En ese fuego se revelaban figuras siniestras, volúmenes y volcanes del ego. Las hordas de los que desean apoderarse del pétalo de la rosa y solo llevan en las manos las marcas tintadas del tempus fugit.   

jueves, 12 de diciembre de 2013

SI BIEN el teatro, lo dramático, desde Valle y Lorca, en nuestras letras, sobre todo desde la muerte del primero, ha dejado casi de renovarse y de centellear literariamente para los lectores (pues, otra cosa es el texto como espectáculo y representación), si bien la narrativa actual (con la excepción de dos o tres plumas) es un dechado de impertinencias, leo tan solo poesía y ensayo. Es más, me parecen que son dos géneros que, cuando brotan verdaderos, comparten muchos aspectos de su carta de naturaleza. 
Sucede así con los libros de Ramón Andrés, pero también con el volumen que leo sin cesura intitulado El concepto del alma en la antigua Grecia de Jan n. Bremmer. 

Al socaire de las notas anteriores caigo en la cuenta de que la novela ha caído en un desnorte absoluto porque ha cedido a las convenciones de os géneros audiovisuales como series de televisión o guiones cinematográficos. Incluso los antiguos lectores de novelas prefieren ahora pasar las horas que antes dedicaban a la lectura atentos al desarrollo de una serie televisiva. Tengo para mí que estamos ante una moda más y que la novela, como ocurrió desde su nacimiento y en el resto de etapas de su evolución, queda al servicio de los baremos económicos y sociales. Me entristece todo esto porque, en el camino, hemos perdido lectores notables, sobresalientes. 




lunes, 9 de diciembre de 2013

I

ESTA anchura del mundo, doblegada
a mis manos; el tierno paraíso
de la aurora, con ángeles de albores;
tú, mujer, que te enciendes y te apagas
como una mariposa siempre nueva,
me mostráis, por caminos inocentes,
la unidad de mi alma y de mi cuerpo [...]


Es el poema que comienza  el conjunto  titulado Cántico espiritual (Recital de poesía dado en el grupo Álea el día 6 de marzo de 1942), de Blas de Otero. Tienen estos versos un aire de conversión a la manera de Claudio Rodríguez en Don de la ebriedad. En uno y en otro anida un afán de lirismo inusitado que conlleva una veneración de lo celeste y mezcolanza entre lo físico y lo trascendente. 

El libro anuncia el comienzo de su producción lírica y con ello los temas y la estética que no abandonará a pesar de los desvíos y la diversificación de su voz. Blas de Otero resulta un poeta poliédrico al final de su obra, íntimo y excesivamente social. Sin embargo, en estas composiciones primerizas, en estos tanteos tan cercanos a la literatura de san Juan de la Cruz y de fray Luis hay una verdad que cuelga de su boca. No importan los versos que rubattean explícitamente con los modelos escogidos, pues desprenden, a pesar de ello, el fundamento del misterio en poesía. Sus versos proceden de una verdad que el lector siente en lo íntimo, en el único lugar en que puede ser la palabra poética. En ese vergel del espíritu, estos versos encuentran acomodo a pesar de sus incipientes balbuceos, de sus cantos ligados a lo ya escrito. 

Hasta la llegada de Ángel fieramente humano (1947-1949), en estos primigenios cantos espirituales, podemos leer, en mi caso, con devoción y aprendizaje, unas excelentes liras. Composiciones escritas al albur de la mejor tradición y en la que el poeta va forjando su palabra, su propia dimensión; con la que va dialogando con frutos y redobles de personalidad. Es una lección de aprendizaje para uno y una confirmación. Con versos del poeta:

Cántico espiritual
sobre el barro que asienta mi garganta. 

*** 

Los libros de Ramón Andrés pasan desapercibidos para los lectores actuales españoles pero, con el tiempo, alcanzarán la medida de su naturaleza. Son fascinaciones las páginas del autor, indagaciones cargadas de emoción e inteligencia. El relato de la belleza por parte de un hombre que jamás abandona el centro indudable de la poesía. Centrado, al comienzo,  en la figura del pintor  Fabritius y en la conformación de la pintura en que asoma el perfil de un luthier en una esquina titulado Vista de Delft, el volumen ahonda en las figuras de Vermeer y Spinoza, siempre a través de la mirada convulsa y polifónica de las artes y de la ciencia. En un pasaje de El luthier de Delft, último título de Andrés, puede uno hallar una síntesis fastuosa de la mentalidad del hombre del siglo XVII, a saber:

"Pensar los fenómenos luminosos, comprobar el aumento o de la deformación de los objetos a través de un cristal o de un juego de coordenadas, fue una tentación del pasado, modificar la realidad y crear dimensiones que cuestionaran la lógica, una atracción. Razón e ilusión. Fascinaba a los maestros del Norte observar que, distintamente a la muerte, el mundo es flexibilidad y cambio, todo él paradójico, compuesto de superficies irracionales pero igualmente posibles y habitables. Como si la lógica aristotélica y la geometría euclidiana no tuvieran aplicación en un pensamiento que vive únicamente para modificar y, sobre todo, cuestionar".

Este fenómeno se entiende como la anamorfosis, es decir, la tentación al abismo de la extrañeza inicial para el que contempla. La realidad sigue en su totalidad, pero velada a la mirada común y general. Únicamente, dice Andrés, "permite ver la realidad desde un lugar determinado". 

No debe conducir estas premisas a un mero trampantojo, pues estamos ante la deconstrucción de la razón empírica que se alza como verdad y método de conocimiento. Frente a esta, debemos acudir, en el arte, a las razones luminosos, del espíritu. Esto mismo lo resume Ramón Andrés de forma excelsa: "La razón nos burla, y a veces miente deliberadamente. Cuando afirmamos convencidos, estamos bajo sospecha. El mismo efecto que produce la curvatura de un cristal en los ojos lo causan las creencias en nuestra mente, las ideas, la política, el arte". 

En efecto, el arte nos muestra la lucha entre las leyes de la geometría y del espíritu. Encontrar el aurea mediocritas  de esa confrontación ha estado al alcance de pocas mentalidades a lo largo de la historia de la humanidad. Sin embargo, hay testimonios de esas iluminaciones, de esos tanteos. 

Es una geometría de la alucinación que culmina en una forma artística, impregnada de la vivencia del individuo. Pareciera que el creador asiste, a escondidas, a la batalla que se produce en su sesera entre la razón que lo determina y confunde y la pulsión, el voltaje, con Pound, que lo enciende.  De la trascendencia de esa realidad surge el arte. Las certidumbres terminan sometidas a otras leyes que, al deformarlas y tensionarlas, las conduce a una nada aparente. Así, para el espíritu anclado en la inmediatez de la realidad, la poesía, el arte tañido desde el barro de la garganta primigenia dirá muy poco, acaso nada. Prefieren los bardos seguir en sus primeros relampagueos de lo que creen la realidad. 







sábado, 7 de diciembre de 2013

ESTOY con Jünger en que las bibliotecas son zonas idóneas para crear un microclima para el espíritu. Espacios del saber y espacios del ser a un tiempo, armonizados en la disposición y en el recogimiento, pues las bibliotecas conforman un territorio individual. Las bibliotecas colectivas son una entelequia, el bibliófilo posee su biblioteca, única,  pues esta se configura como una extensión y expansión de sí mismo.

***

Quien desconoce la tradición desconoce la originalidad. A diferencia del la comunicación verbal y paraverbal que resulta innata en el hombre, la comunicación y, con ello, la creación literaria es artificial. Se aprende a escribir literatura a través de la lectura ejemplar de textos literarios. Al menos, esto fue así en la antigüedad grecolatina, en la época en que se veneraban aún los textos modélicos y ejemplares que no solo debían ser leídos, sino copiados y comprendidos en toda su complejidad. Asimilar esos textos, en su sentido y forma, era un ejercicio básico en el mundo de las artes liberales. 
Estos ejercicios, en la actualidad, han desaparecido. La posmodernidad presupone de soslayo que el escritor, si ha comenzado a entregarse a la palabra, cual vitae iter, es porque ha leído lo suficiente. Parece, sin embargo, que tenemos que tener todas las dudas posibles sobre este hecho. 

Una de las épocas magistrales en este sentido, que supo trenzar lo culto con lo popular, lo ilustrado con lo vivencial, lo sagrado con lo profano fue el Renacimiento. Cada vez más, la tengo como la época matriz de la cultura occidental. Así lo entiendo, ya que si durante la Edad Media, como describe con excelencia Curtius, es cierto que no se interrumpió la traducción de textos latinos ni tampoco la transmisión de saberes y conocimientos, fue, en la época renacentista, cuando ese saber se asimiló plenamente. En esta acción favorece, tal y como advirtió Dante, la evolución de las lenguas romances, De vulgari eloquentiae
El latín, los textos escritos en lenguas clásicas comienzan a ser vertidos a las lenguas romances y, con ello, los textos comienzan a ser pensados, escritos e interpretados. Con una lengua nueva, una nueva cosmovisión estética del mundo.  Es excepcional, entre otros avatares, la relación de las propias lenguas romances, sobre todo, las que se trenzan entre el italiano y el español. Garcilaso importa la música de Petrarca a la lengua española, giros, secuencias, tópicos, vocablos, imágenes, estrofas... pero inaugura una propia cadencia, singular, personal, insólita en las letras hispánicas hasta el momento. "Imitación" desde la creación, lectura creativa, escribir la lectura creando literatura.            

Y tal es el caso de un poeta al que admiro profundamente y al que, con el tiempo, mis días se proyectan en su estoico y sosegado verbo. Fray Luis de León supo convertirse en un poeta neolatino en romance. El agustino tenía para él que la incorporación de las fuentes italianas había sido decisiva para la evolución de la lengua romance; él mismo, con De los nombres de Cristo, acciona un revulsivo en el devenir de la lengua española. Sin embargo, su indagación en las fuentes clásicas directamente se sobrepuso a estas cuestiones. La fontana original de las nuevas letras, la música del cauce originario de la palabra poética es lo que el fraile deseaba en su lírica. Si bien Petrarca había tamizado a través de su palabra y su composición gran parte de las fuentes latinas y griegas, es cierto que no dejaba de ser un filtro de esa cultura. En efecto, una propuesta personal, grande, pero de un individuo. Fray Luis anhelaba la lectura directa de los textos y no solo eso, sino la incorporación, en sus creaciones, de esos modelos como la horma formal y temática de su poesía.             
Así las cosas, me sorprende cuando los poetas actuales hablan de fray Luis o de Garcilaso o de cualesquiera de los poetas renacentistas sin haberlos leídos, en principio, y sin conocer cuáles eran las exigencias estéticas de los mismos. Es más, en estos ejercicios comprende uno mejor el alcance de posteriores generaciones o grupos de poetas como, por ejemplo, los del 27, pues si hacemos la comparativa entre los poetas que desarrollan la renovación de la lírica renacentista y los de la llamada generación del 27, probablemente comenzaríamos a sonreír por la disparidad en el alcance, la indagación, la propuesta, la formulación, la complejidad de unos poemas y otros. Tengo para mí que la enseñanza ética y estética de Fray Luis aún sigo sin entenderla con profundidad a pesar de mi incesante admiración. Qué maestría en sus liras y al tiempo que capacidad de traer, en su ritmo y en su música, la música de los otros. 

La música de los otros, la originalidad naciente desde la tradición, pues el poeta se inserta en un género, en unas convenciones que deben ser exploradas más allá de épocas y modas, de poetas que se alzan en una fama momentánea y  a los que todos quieren imitar sin más. Habrá que leer como quien busca la vida misma en esas letras, como quien posee la inmediata necesidad de encontrar una bóveda amplia, anchurosa, inabarcable, exigente y universal en la que incardinar el leve canto de la vida leve.   
 

jueves, 5 de diciembre de 2013

martes, 3 de diciembre de 2013

SÍMBOLO y número en comunión armónica. Destreza de la memoria del hombre en aprehender un sucedido que aún no ha tomado cuerpo, esto es, geometría. El arte reside y está en la geometría del espíritu; es número y gracia del espíritu. Es el instante mismo de la creación, el estado abisal en que tan solo los privilegiados escogen y seleccionan la materia y el cauce. Sea consciente o inconscientemente, poco importa el estado embrionario de ejecución.    

Recuerda Ramón Andrés, en Johann Sebastian Bach. Los días, las ideas y los libros, un pasaje fabuloso de Juan Bermudo, a saber: "La música, en su idea de totalidad, reside en la capacidad de pensarla en silencio". 
Así la poesía posee una música que debe poseerse en la consciencia antes de su epifanía. El poeta tañe y memoriza el decir sonoro y tántrico de la palabra antes de escribirla. Existe, por tanto, unos instantes, unos estados que encauzan la conformación en la memoria, -entendida esta como la confluencia de tiempos y estados-, de un futuro decir. Estamos ante una proyección de la geometría universal e infinita en la proporción mortal y mínima del hombre. La poesía que se levanta contra este estado original es pasajeramente inconsútil en su idea, irrisoria, caduca manifestación de la vanidad.Pues, ¿qué esta nombrando esa manifestación alejada de la naturaleza verbal? No creo en la contrapoesía, ni en lo que busque a la contra el origen, pues evidencia una clara presencia de vanidad. Existe una fuerza teleológica de la poesía que, si no es comprendida en su música, provoca precisamente afanes contrarios. En poesía no puede escribirse más que a favor de la armonía.       

Pascal planteaba una pregunta capital para tratar de comprender la dimensión de la poesía: "¿Dónde está la eternidad de mi tiempo? ¿Qué es el hombre en el infinito?". Bien pudiera responderse estas preguntas con una secuencia musical del propio Bach, pues, cualquiera de las composiciones ilustres de este u otro compositor rinde, en buena medida, respuesta a esa pregunta como ninguna otra disciplina. Si hay un arte del hombre en el infinito es la música y la música, en el raciocinio secuencial y monódico del hombre, es la palabra.  

La poesía, por contra, alienta el raciocinio de lo minúsculo; explora e indaga quizás con más incisiva presencia la fenomenología del hombre. Una multitud en la unidad o la unidad en la polifonía del universo como ya planteó Lucrecio siglos atrás o quizás como quiso comprenderlo Boecio en La consolación de la filosofía. En estas actitudes reside la diferencia entre el arte y el sucedáneo artístico que tan común es en la actualidad. Quizás, las miras de los que buscan ese concierto que explica al hombre como un elemento ornamental en el universo desembocan de forma connatural en su consciencia. 

De un tiempo a esta parte, he defendido la idea de la naturalidad en el arte. Una idea confundida y mal interpretada por los que desean la claridad en la expresión asimilada esta a un acto comunicativo entendido por cualquier hombre. No es esa, claro está, la idea de naturalidad entendida desde la propia esencia del universo. Lo natural es lo que condensa lo plural, lo natural es lo que brota como resultado del encuentro entre lo infinito y lo finito, de la coincidencia y génesis del sentido del génesis. Un génesis que explica el génesis de la consciencia. 

La dialéctica, como explica Ramón Andrés, entre lo irracional del daimon y lo racional de la técnica. Cuando eso se produce, el artista ofrece un cumplimiento de esa confrontación: la obra de arte. Con ella, la naturalidad queda orbitada en los términos que nos han percutido en la consciencia desde antiguo: Verdad, Belleza y Bien. Esta es la naturalidad de la obra artística; una producción surgida desde el centro indudable de la verdad poética, que solo se percibe en la misma dimensión en que fue gestada, es decir, en el espíritu sensible y mental del lector; una Verdad que se armoniza en proporciones de Belleza y de armonías conjeturales que desprenden, siempre y en cada lectura, el estado del Bien originario.   

      


domingo, 1 de diciembre de 2013

EL cuaderno permanece abierto encima de la mesa. Hay en él notas, borradores, poemas incipientes de cuerpos desfigurados. Algunas entradas de museo del periodo en que vivimos en Italia; boletos de tren, servilletas de papel de restaurantes con nombres de postín, la foto del mejor spritz tomado en Trieste.    
A su lado, una pila de libros nuevos que acaban de asomar sus hocicos en la biblioteca. Las poesías completas de Blas de Otero, los libros proféticos de William Blake, el magnífico libro de mi admirado Ramón Andrés, la nueva novela de Ricardo Piglia, entre otros volúmenes de ensayos variados sobre el alma en Grecia o los animales-instrumentos en la escultura antigua. temas diversos, variados títulos que establecen una rayuela por la que desprenderse y dejarse. 
Libros, cuadernos que contienen formas del espíritu y manifestaciones demediadas del hombre. Pues el hombre, en su mortalidad, deja de batirse en lo circundante para desprenderse en lo permanente. El libro es el formato de la permanencia; negro sobre blanco, luz en la oscuridad, moldes descifrados, connotativas letras de una experiencia individual que flamea en lo universal.